Lunes 13 marzo 2000 - Nº 1410 |
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Los réditos en las urnas de la xenofobia Los sucesos racistas de El Ejido, silenciados en la campaña, condicionan el resultado electoral, muy favorable al PP T. CONSTENLA, El Ejido
Los disturbios de El Ejido dieron la vuelta al mundo, pero durante la
campaña se silenciaron. Las referencias políticas escasearon,
a pesar de que la pugna entre PSOE y PP en Almería dependía
en gran medida de sus posiciones ante lo ocurrido en el municipio, el segundo
en número de electores (36.965, de los que votaron 23.390, el 63,26%)
de la provincia.
La cita de ayer, que se desarrolló sin incidentes, midió
algo más que las preferencias sobre el inquilino de La Moncloa o
de San Telmo (sede de la Presidencia de la Junta de Andalucía).
Fue un termómetro para calibrar si el alcalde goza del respaldo
del que presume y si el discurso de rechazo al extranjero fermenta en las
urnas. Y el respaldo fue total: el PP pasó del 46,54% en 1996 al
64,12% ayer. Es decir, de 10.458 electores a 14.873. Los socialistas bajaron
más de 15 puntos: del 41,33% al 26,11; mientras IU cayó del
8,79 al 2,37.
Con Sergio, de 20 años, ha funcionado. Reside en la barriada
de Santa María del Águila, embrión de las movilizaciones
espontáneas de condena por el crimen de Encarnación López,
cometido supuestamente por Lebsir Fahim, que derivaron en ataques racistas
contra los bienes de magrebíes el pasado 5 de febrero. Cuando se
estrenó como elector en los comicios municipales de 1999 apoyó
al PSOE: "La primera y la última. Los socialistas no han hablado
muy bien de este pueblo". Ayer votó al PP: "El alcalde ha hecho
lo que tenía que hacer".
Su testimonio contradice a Juan Enciso, que desligó "los sucesos
de unas elecciones democráticas", instantes después de votar
en el colegio Gabriela Mistral. Después de votar, pronosticó
un claro avance de su formación en Almería, pidió
la reforma de la Ley de Extranjería como una "necesidad" imperiosa
del nuevo Gobierno y aseguró que "muchos socialistas honrados y
transparentes" figuran entre las 40.000 firmas de apoyo que dice haber
recogido.
"Cambiarían las cosas si los inmigrantes votaran", plantea con
firmeza Abdelhafid Arrachidi. La presidenta de la mesa del colegio del
Círculo Cultural desistió, a la tercera tentativa, de pronunciar
su nombre: "Abdel... Abdel... Abdel...". Los magrebíes que, como
él, pueden votar -obtuvo la nacionalidad española tras casarse
con una ejidense- son sólo 200. A Arrachidi, copropietario de dos
locutorios telefónicos destrozados en febrero, no le convence ningún
partido; ha optado por "el menos malo". Censura a la derecha por utilizar
a los inmigrantes como "moneda de cambio para ganar votos" y a la izquierda
por su "cobardía" y su "timidez" ante los actos racistas. Pero si
alguien despierta su rabia es el alcalde: "Fomenta el racismo desde las
instituciones".
Su desaliento ante el futuro es palpable: "Aquí no hay posibilidad de crear un clima favorable de respeto hacia otras culturas". Abdelhafid y Elena, una de las pocas parejas mixtas de El Ejido, piensan en irse. No quieren que sus tres hijos crezcan en un lugar donde "se desprecia a una parte de su identidad". |
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