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17 junio 
2000 - Nº 1506

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Abajo los pobres 

EDUARDO HARO TECGLEN 

El borrador de la Ley de Extranjería, que va a salir, hace sospechar que una gran canallada va a suceder. En vigor la ley anterior, votada por el Parlamento (hasta por Pujol, que ahora se retira), los inmigrantes acudieron a los centros a solicitar su amparo: dieron sus nombres, sus direcciones, y es posible que estas listas sirvan para deportarles. Se puede pedir, como poco, que la ley se cumpla para quienes la acataron, sin que otra tenga efectos retroactivos. El Gobierno tiene un delegado para la Inmigración, que depende del Ministerio del Interior y sigue, por lo tanto, su política dura: Fernández Miranda (de la democracia hereditaria) asegura que los derechos fundamentales se van a respetar. Pero se expulsará a los "ilegales" en 48 horas, sin recurso. Una forma nueva de derechos humanos. El mismo día se avanza un proyecto, lo que se llama un globo sonda: los jubilados tendrán que pagar parte de las medicinas de la Seguridad Social. Si no pueden, que no las consuman.
 
 

Estoy convencido de que en España hay más gasto sanitario de lo preciso, y no excluyo los que usan la medicina privada. Así se han hecho inmensas fortunas, derivadas hacia otros negocios de envergadura. Los gastos en medicamentos de los pobres, recortados continuamente por las obligaciones de los "genéricos" y de las listas de espera, que no son más que una manera de disminuir los gastos sociales, van a sufrir un nuevo asalto. La decisión de atacar a los dos grupos más desgraciados de la sociedad, el de los inmigrantes y el de los blancos pobres, representa una forma clásica del pensamiento de la derecha. Es eterno, sólo que ellos y sus coristas dicen que es la izquierda lo que es arcaico. Cualquier otra definición, cualquier balbuceo de justicia inmanente, como hace Fernández Miranda, no tiene sentido fuera de la derecha.
 
 

Llamarse centro es una mascarada cuando sirve para esta caída de águila imperial sobre las presas más fáciles. Es aún peor hacer lo mismo y llamarse de izquierdas. No ignoro que en este país hay una mayoría de derecha; ha votado en ese sentido, y quizá la dureza con los inmigrantes ha sido un estímulo. La cuestión de los jubilados puede ser un fastidio, pero se compensa por la reducción de impuestos a las personas de mayores ingresos. Pero se pensó que de esos ingresos altos y no sólo de la burguesía media saliera lo necesario para atender a quien lo necesita. Era un principio de la democracia, el de la justicia distributiva, el reparto de la riqueza: se fue. 

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