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2000 - Nº 1505

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El Gobierno quiere estrenar en enero la nueva Ley de Extranjería aunque no haya consenso 

El delegado para la Inmigración admite que el reglamento de la normativa vigente no se redactará 

PATRICIA ORTEGA DOLZ, Madrid 
El delegado del Gobierno para la Inmigración, Enrique Fernández-Miranda, anunció ayer en rueda de prensa que la intención del Gobierno es que la nueva Ley de Extranjería, cuyo borrador se hizo público el miércoles, entre en vigor el 1 de enero próximo, sin más demoras, y, llegado el caso, sin necesidad de consenso. En esta línea, Fernández-Miranda no tuvo reparo en admitir abiertamente que el reglamento de la actual ley, aún sin redactar pese a que la normativa establece que deberá estar aprobado antes del próximo 2 de agosto, ni siquiera llegará a ver la luz. Todos los esfuerzos del Ejecutivo se concentrarán en sacar adelante la pretendida reforma, pese a las voces en contra de los partidos de izquierda, los sindicatos y las ONG. 
 
Enrique Fernández Miranda, ayer, 
durante la rueda de prensa (Efe).
Ha empezado la cuenta atrás. El 30 de junio, el Consejo de Ministros aprobará el proyecto de ley que pretende modificar, de arriba abajo, la actual Ley de Extranjería, aprobada hace apenas seis meses. El debate parlamentario comenzará en septiembre. Y la nueva normativa (mucho más dura que la vigente) entrará en vigor el 1 de enero de 2001.
 
 

Pese a la polémica desatada -sólo CiU y Coalición Canaria garantizan de entrada su apoyo al Gobierno, en contraste con la dura respuesta del PSOE, IU, sindicatos, organizaciones sociales y otras formaciones políticas-, Fernández-Miranda insistió en la intención dialogante del Ejecutivo. Pero no ocultó que el consenso que busca será muy difícil de alcanzar, sobre todo cuando la reforma es rechazada por "regresiva" y por abrir las puertas a la "explotación" laboral de los inmigrantes.
 
 

De hecho, el delegado del Gobierno para la Inmigración admitió la oposición radical a esta reforma de Izquierda Unida, Bloque Nacionalista Gallego (BNG) e Iniciativa per Catalunya. Y lo hizo después de que Felipe Alcáraz, portavoz de IU en el Congreso, se apresurara a advertir al Ejecutivo de que si no desarrolla el reglamento de la actual ley en los seis meses que estipula la normativa- el plazo finaliza el 2 de agosto-, su grupo emprenderá acciones políticas y legales.
 
 

Fernández-Miranda mostró a continuación su sorpresa por la respuesta del Grupo Parlamentario Socialista tras una primera lectura del borrador. "A veces [el PSOE] parece dispuesto a hablar de la reforma y otras no. No sabría en que bloque de actitudes situarlo; es un caso aparte", afirmó.
 
 

Manuel Chaves, presidente de la comisión política del PSOE, le dejó enseguida las cosas claras: "Esta reforma no es propia de un país democrático. Sería una ley retrógrada, situada mucho más abajo de las legislaciones más atrasadas de la Unión Europea".
 
 

Aun así, el delegado del Gobierno considera suficiente un plazo de 15 días, que es lo que resta hasta el 30 de junio, cuando el borrador será aprobado en el Consejo de Ministros, para que tanto las fuerzas políticas como los sindicatos y las organizaciones no gubernamentales estudien la propuesta, manifiesten sus opiniones "y hagan las aportaciones que consideren oportunas".
 
 

Según Fernández-Miranda, presentar el anteproyecto para que lo apruebe el Consejo de Ministros "no supone la aprobación de ninguna ley, sino la expresión política que hace públicas las intenciones del Gobierno".
 
 

El delegado se detuvo en defender algunas modificaciones polémicas que recoge el borrador, como la concesión de la residencia permanente y los derechos sociales. Con la nueva ley, para obtener la residencia permanente habrá que acreditar una estancia ininterrumpida en España de cinco años, frente a los dos años de ahora. Según Fernández-Miranda, esto será así porque "no estamos en sintonía con la Unión Europea". Se trataría, dijo, de unificar criterios en materia de inmigración. Y puso como ejemplo "la situación de beneficio en la que se encuentra España con respecto a Francia", donde se exige 10 años de estancia ininterrumpida para obtener el permiso de residencia permanente.
 
 

Fernández-Miranda rechazó asimismo las acusaciones de que el borrador incurre en la vulneración de determinados derechos sociales. De este modo, afirmó con rotundidad que "la reforma de la Ley de Extranjería no recorta ningún derecho fundamental", y argumentó que "se mantiene el derecho a la vida como derecho fundamental". De ahí, argumentó, la insistencia del Gobierno en el control de las fronteras y en la erradicación de las mafias, "que sí vulneran tales derechos".
 
 

Asimismo, se refirió al derecho a la integridad física y arguyó que la reforma garantiza el derecho a la asistencia sanitaria para todas los extranjeros que se encuentran en España, independientemente de su situación.
 
 

Enrique Fernández Miranda volvió a enfatizar la idea de que hay que distinguir entre dos tipos de residentes extranjeros: los "trabajadores estables" y los "temporeros"; es decir, entre los inmigrantes que residan legalmente en España con un contrato de trabajo estable y los que vengan a trabajar una temporada y permanezcan en el país mientras dure el contrato.
 
 

Frente a las críticas de sindicatos y ONG, el delegado alegó que España tiene una capacidad limitada de acogida y de trabajo. "Tenemos que saber cuál es nuestra capacidad de acogida real", dijo.
 
 

Y dio un dato. Tras el actual proceso de regularización se podrá medir cuál podría ser el contingente anual: "Entonces habrá en España un número muy importante de residentes, lo que obligará a calcular muy bien". "Necesitamos extranjeros, el fenómeno de la inmigración es positivo, pero tenemos que saber hasta dónde podemos llegar". 

El ex portavoz del PP cree que algunas medidas del borrador son inconstitucionales 

EP, Madrid 
El ex diputado Diego Jordano, portavoz del Grupo Popular en el Congreso cuando, en la anterior legislatura, se negoció con la oposición la vigente Ley de Extranjería, aseguró ayer que algunas de las modificaciones que pretende impulsar el Gobierno en estos momentos son inconstitucionales.
 
 

Concretamente, Jordano subrayó que la actual ley, aprobada el pasado mes de diciembre con la única oposición de su partido, no es "caprichosa" cuando se plantea la discusión sobre los derechos de los inmigrantes, porque simplemente se asume que no puede negarse el derecho de reunión o el de huelga, que tiene toda persona en un país democrático por el simple hecho de ser persona. "Da la impresión de que reformar este tipo de derechos choca claramente con el marco constitucional", dijo Jordano, quien añadió que la Constitución no es un texto autónomo porque está incardinada en la Declaración Universal de los Derechos Humanos y, por tanto, cualquier negación de los derechos que se reconocen en ese texto o en el Tratado de Roma va contra la Constitución.
 
 

Jordano advirtió también de que algunas penas administrativas que ahora se plantean "no resuelven nada" porque sólo se podrá castigar, por ejemplo, a los tranportistas, y no a los traficantes. Y habría que valorar muy seriamente, en su opinión, si es conveniente aplicar el Convenio de Dublín en un país como España, que recibe 60 millones de turistas al año. 

CiU y Coalición Canaria, los más proclives a la reforma 

EL PAÍS, Madrid 
El PP cuenta ya, de antemano, con la predisposición de sus socios parlamentarios de Convergència i Unió (CiU) y de Coalición Canaria (CC) para sacar adelante, siempre que no se alteren determinados derechos, los principales puntos de la reforma de la Ley de Extranjería. El líder nacionalista catalán, Jordi Pujol, se lo comunicó ayer personalmente al presidente del Gobierno, José María Aznar, durante la entrevista que ambos mantuvieron en La Moncloa por espacio de casi cuatro horas. Poco después, el líder de Coalición Canaria, Paulino Rivero, anunciaba una predisposición similar.
 
 

El presidente de la Generalitat de Cataluña recordó, en la rueda de prensa posterior a su reunión con Aznar, que CiU fue el único grupo que el pasado mes de diciembre, en la recta final de la anterior legislatura, pactó con el PP amplias modificaciones de la ley en su trámite en el Senado. Posteriormente, sin embargo, CiU dio marcha atrás en el Congreso al no poder consensuar esas reformas con el resto de los grupos. Pujol admitió que desconoce todavía el alcance de la reforma impulsada ahora por los populares, y advirtió que el nuevo texto deberá insistir sobre todo en asegurar los derechos de los inmigrantes y en facilitar el reagrupamiento familiar.
 
 

El presidente de Coalición Canaria, Paulino Rivero, también anticipó el previsible apoyo de su partido a la reforma de la ley. El borrador contempla en su disposición adicional segunda que "en atención a la situación del archipiélago canario, a la fragilidad de su territorio insular, a la lejanía con el continente europeo y a su proximidad al africano", esta comunidad podrá "elevar al Gobierno las propuestas que considere oportunas sobre el trabajo y la residencia de extranjeros".
 
 

Rivero calificó de "avance" esta medida, y añadió que "está en la línea de lo que CC viene exigiendo desde hace meses". Aun así, no garantizó el voto de CC. "Nosotros creemos que las reformas no tienen por qué afectar a los derechos de las personas", advirtió. 

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