Sábado 17 junio 2000 - Nº 1506
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Austria buscará en la cumbre de Feira el fin de las sanciones de la UE El asunto no figura oficialmente en la agenda BOSCO ESTERUELAS, Bruselas
La presidencia portuguesa baraja un compromiso sobre un control de seguimiento
temporal que abra la vía al levantamiento de las medidas en un plazo
no muy dilatado.
El primer ministro portugués, António Guterres, ha anticipado
en Bruselas que no es previsible "un cambio espectacular", ante todo porque
es una decisión que corresponde individualmente a cada uno de los
14 Estados miembros, pero ha confesado "probable la apertura de una puerta",
siempre y cuando Francia, sobre todo, y Bélgica -los dos países
que se resisten a levantarlas- accedan. Queda por saber si la puerta se
abrirá antes, durante o después de la cumbre.
Schüssel irá a Feira con el optimismo de que son cada vez
más las voces dentro de la UE de quienes estiman sensato hallar
una solución al conflicto. Al menos Italia, Irlanda, Finlandia,
Dinamarca, Grecia y España, en mayor o menor medida, se han declarado
favorables a un gesto positivo ante la reafirmación de Viena de
defender los valores democráticos europeos y las promesas de impedir
acciones de discriminación racista y xenofobia. "Hay un cierto hartazgo
ante las quejas de los austriacos, pero no excluyo que se produzcan noticias
antes de que termine la presidencia portuguesa el próximo 30 de
junio", admitió ayer una alta fuente del Consejo de Ministros de
la UE.
Vigilancia temporal
El Parlamento Europeo aprobó el jueves una resolución,
con la abstención de los socialistas, en la que se insta al Consejo
a elaborar un procedimiento que desemboque en una salida "aceptable" para
todas las partes. Esa vía, según fuentes diplomáticas
británicas, podría ser la creación de un mecanismo
de vigilancia temporal sobre la conducta democrática de Austria,
mecanismo que sería controlado por la presidencia de turno europea.
A partir del próximo 1 de julio le corresponde a Francia.
Viena querría que fuera la Comisión Europea la que supervisara
directamente esa vigilancia, extremo al cual se opone el resto de los países
miembros. El propio presidente del Ejecutivo comunitario, Romano Prodi,
se desmarcó ayer de esa fórmula al decir: "La Comisión
está para ayudar a los países en dificultad, pero no es un
órgano de mediación". Prodi, que siempre ha sostenido que
la Comisión, como guardián de los tratados, no podía
ir más allá en el respaldo de las sanciones, recibirá
el próximo 12 de julio al canciller Schüssel. Es muy probable
que para entonces se hayan producido novedades.
Antes de la cumbre europea, el tema austriaco estará en la agenda
de la reunión, el domingo por la tarde, en Feira, de los líderes
del Partido Popular Europeo (PPE), a la que asistirá, además
de Schüssel, el jefe del Gobierno español, José María
Aznar. En un primer paso hacia el deshielo, el PPE decidió el pasado
día 6 el regreso a la organización de los conservadores austriacos.
El semanario británico The Economist juzgaba, en su último número aparecido ayer, "inútiles, embarazosas e hipócritas" las medidas, que han creado una fuerte corriente antieuropeísta en Austria. Más del 80% de la población discrepa con la decisión de los Catorce de congelar bilateralmente los contactos políticos y diplomáticos con el Gobierno de Schüssel para forzar la salida del FPÖ del Ejecutivo. |
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