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20 junio 
2000 - Nº 1509

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58 inmigrantes que intentaban llegar al Reino Unido mueren dentro de un camión 

Las víctimas viajaban escondidas en una carga de tomates desde el puerto belga de Zeebrugge 

LOURDES GÓMEZ, Dover 
Cincuenta y cuatro hombres y cuatro mujeres llegaron ayer sin vida al puerto de Dover en la mayor tragedia que sacude a la principal vía de acceso al Reino Unido de refugiados políticos y emigrantes económicos. Las víctimas viajaban escondidas detrás de unas cajas de tomates en un camión cuyo sistema refrigerador estuvo apagado durante la travesía de tres horas desde el puerto belga de Zeebrugge. La policía trasladó anoche a los dos únicos supervivientes, supuestamente de nacionalidad china, a un domicilio protegido por las autoridades locales al tiempo que interrogaba al conductor del vehículo. 
 
Oficiales de aduanas británicos 
inspeccionan el camión ayer 
en Dover (Reuters).
El viaje de los presuntos emigrantes ilegales terminó en tragedia. Viajaban en la parte trasera de un camión matriculado en Holanda, escondidos detrás de unas cajas de tomates. Cincuenta y seis hombres y cuatro mujeres entre una carga de poco volumen que les proporcionaba espacio suficiente para estirar las piernas. Pero el refrigerador estuvo apagado durante, al menos, las tres horas de la travesía desde Zeebrugge, en la costa belga, hasta Dover, el puerto de mayor tráfico de Inglaterra. Tan sólo dos llegaron a salvo. El resto murió, presumiblemente de asfixia, sin acceder a su destino final.
 
 

Un oficial de aduanas descubrió la escena en una inspección rutinaria. El camión se embarcó en el transbordador de la compañía británica P&O de las 7.30 de la tarde, hora local, y llegó al puerto inglés a las 11.30 de la noche más calurosa del año. Al inspeccionar la carga de tomates, al filo de la medianoche, el inspector se topó con una escena traumática. Cincuenta y ocho cadáveres y dos supervivientes, que fueron trasladados con urgencia a un hospital local. "Nuestro oficial se vio de frente con tal elevado número de cuerpos sin vida que sufrió una fuerte conmoción y ha necesitado asistencia", señaló ayer Mark Purgah, portavoz del puerto de Dover.
 
 

Con el camión a media carga no era necesario encender el sistema refrigerador, que, quizá, hubiera evitado la tragedia. "Es difícil estimar qué temperatura alcanzó el interior del vehículo", dijo Purgah. Con los resultados de las autopsias aún pendientes, todo parecía indicar que las víctimas, de aspecto asiático y nacionalidad supuestamente china, murieron asfixiadas por el calor y la falta de oxígeno.
 
 

A media mañana, el tráfico continuaba con normalidad en Dover, un puerto por donde pasan unos 7.000 camiones en una jornada ajetreada y los servicios de aduanas, policía y asistencia médica están preparados para actuar con rapidez. En el hangar donde se inspeccionó el vehículo, frente a la terminal de llegadas, tan sólo quedaban las cajas de tomates. Los cadáveres yacían ya en un almacén portuario sin acceso al público.
 
 

Los dos supervivientes fueron trasladados a un hospital local y, horas después, se encontraban "estables", de acuerdo con Jane Walker, del departamento de policía de la región de Kent, al sur de Inglaterra, donde se ubica Dover. "Los mantenemos bajo seguridad porque son testigos cruciales", dijo. La policía teme represalias de los habitantes de Dover, poco amantes de los refugiados ilegales, y de la presunta mafia que organizó el viaje de los 60 asiáticos.
 
 

Junto a los supervivientes, el conductor es otra pieza clave en la investigación criminal a ambos lados del canal de la Mancha, que anoche seguía su curso. Su identidad no se desveló, aunque informaciones sin confirmar le atribuían nacionalidad holandesa. Un par de detalles, igualmente sin confirmar, levantaron vagas sospechas sobre la presunta responsabilidad del conductor en el crimen colectivo. Se piensa que trabajaba en esta ocasión para la compañía Van der Speck, registrada en Rotterdam, que nunca antes había utilizado los servicios de P&O. El camionero pagó, además, el importe del pasaje en metálico, sistema poco extendido en la profesión.
 
 

Todo conductor que es descubierto entrando en el Reino Unido con pasajeros indocumentados en su vehículo es penalizado con una multa de 2.000 libras (unas 540.000 pesetas). En Dover, en los últimos dos meses, 178 camioneros han sido multados por cometer esta infracción. La Asociación de Transportistas protesta por esta medida, introducida recientemente por el Gobierno de Tony Blair, que les hace responsables de la protección de sus vehículos. "Los conductores prestan atención, pero no siempre es posible vigilar el camión las 24 horas de la jornada. En un descuido, rompen los seguros y acceden ilegalmente al interior de sus vehículos. La gran mayoría son inocentes, aunque no hay duda de que hay criminales en la profesión", señaló ayer el gerente de la asociación, Geoff Dosseter, frente al muelle de Dover. 

Straw solicitará ayuda a los Quince para "cortar de raíz" la venta de personas 

ISABEL FERRER, Londres 
El responsable británico del Interior, Jack Straw, ordenó una investigación criminal por la muerte de los 58 supuestos inmigrantes ilegales en Dover, procedentes posiblemente de China. Poco después acudió a la Cámara de los Comunes para expresar su horror por lo ocurrido y asegurar que pediría la colaboración de la UE para acabar con lo que calificó de "tráfico obsceno de seres humanos". Dolido por el macabro hallazgo de los cadáveres en el interior de un camión procedente de Bélgica, el ministro hizo votos porque su triste suerte sirva al menos de advertencia a otros viajeros desesperados.
 
 

Hace dos meses escasos, el propio Straw se puso una de las chaquetas de color amarillo fluorescente de la policía británica de aduanas y presenció en el puerto de Dover la inspección de varios camiones de mercancías. Hombres, mujeres y niños salieron del fondo de vehículos cargados hasta los topes de alimentos en una escena convertida ahora en predicción de una tragedia. El Consejo para los Refugiados cree que las 58 víctimas chinas ni siquiera pensaban pedir asilo político. Empleados en condiciones inhumanas por patrones sin escrúpulos, muchos de sus compatriotas han acabado trabajando por 5 libras diarias (1.575 pesetas) en restaurantes de grandes ciudades británicas. En mayo pasado, unos 400 súbditos chinos sin documentación fueron rescatados de varias casas de comidas londinenses.
 
 

"Estamos ante uno de los aspectos más terroríficos del crimen organizado: la venta de personas", dijo ayer Jack Straw antes de pedir la colaboración de todos los países europeos, "y en especial la UE, para cortar de raíz esta gangrena". El Gobierno británico sabe que el puerto de Dover es una de las vías de entrada al Reino Unido preferida por las bandas internacionales que trafican con inmigrantes indocumetados. "Son criminales que han añadido los seres humanos a las armas y las drogas, siempre en busca del negocio más lucrativo", añadió el ministro laborista.
 
 

El pasado año, 21.000 personas intentaron entrar por ese lugar ocultas en toda clase de vehículos. 

La cumbre de la UE pide medidas urgentes sobre la inmigración ilegal 

W.O/L. G , Feira/ Londres 
El presidente de Francia, Jacques Chirac, y el jefe del Gobierno español, José María Aznar, coincidieron ayer en pedir al Consejo Europeo que acelere la puesta en marcha de las medidas sobre inmigración aprobadas en la reunión de este organismo en Tampere (Finlandia), en octubre de 1999. Ambos realizaron esta propuesta durante la reunión semestral de los jefes de Estado o de Gobierno en Santa Maria de Feira (Portugal).
 
 

El ministro español de Asuntos Exteriores, Josep Piqué, declaró en Feira que el suceso de Dover no va a cambiar la posición del Gobierno sobre la Ley de Extranjería: "No hay que hacer demagogia con este tema. No se puede relacionar este suceso con el próximo debate que va a tener lugar en el Congreso sobre la Ley de Extranjería".
 
 

Indiferencia en Dover
 
 

Mientras, la noticia de la muerte de los 58 asiáticos, presuntas víctimas inocentes del tráfico ilegal de seres humanos, se extendió entre la población del enclave costero de Dover pero, salvo las autoridades oficiales, nadie parece sorprendido ni conmovido.
 
 

"No encontrarás muchas señales de dolor entre la gente de Dover. Es la ciudad errónea para recabar simpatías porque, aquí, tenemos cientos de emigrantes que causan muchos problemas". señala un taxista de la localidad portuaria que no se equivoca en la advertencia.
 
 

"Yo no soy racista, pero sufrimos demasiado con los refugiados como para alarmarme por lo sucedido. Nadie desea mal a los demás, pero otros países deberían hacer algo para frenar la invasión de emigrantes a Dover. Nos los mandan porque ellos no quieren responsabilizarse de su mantenimiento. Aquí, el Gobierno les proporciona vivienda, colegios y dinero hasta que se tramitan sus solicitudes de asilo. Completarla lleva unos tres años y, en ese tiempo, disponen de más recursos que los desempleados del pueblo", señala Marian Barnett, madre de un parado al que mantiene con el salario de una fábrica local.
 
 

Chris Jenkins, obrero de la construcción, demuestra su indiferencia por la fatalidad mientras aguarda al sol el autobús en el centro de Dover. "Tenía que pasar tarde o temprano. Vienen tantos ilegales y el Gobierno no hace nada por impedirlo. ¿Por qué no revisaron el camión antes de embarcar al ferry?. Porque ni en Francia, ni en Bélgica quieren cargar con la pesadilla de los refugiados", se responde él mismo. 

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