Martes 20 junio 2000 - Nº 1509
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Trata de hombres: un negocio seguro y muy rentable A pesar de los esfuerzos de la UE por sellar sus fronteras, medio millón de indocumentados las atraviesan cada año JORGE MARIRRODRIGA , Madrid
Las mismas cifras señalan que sólo en el sur de la UE
viven unos tres millones de indocumentados, repartidos entre España,
Portugal, Italia y Grecia, países que también sirven de corredores
hacia otros destinos. Así, la inmigración ilegal procedente
del norte de África que llega a través del estrecho en muchas
ocasiones tiene como destino Francia o Bélgica, Estados con significativos
porcentajes de población de origen magrebí. En el caso de
Italia, predomina la inmigración albanesa, kurda y turca que en
numerosos casos se dirige a Alemania.
Y es que el tráfico de personas se ha convertido para las mafias
en un negocio más lucrativo y menos arriesgado que los tradicionales
de drogas, armas y coches robados. Según Europol, son las mafias
del este de Europa, especialmente rusos y albaneses, las que manejan el
"negocio", y su influencia es tal que se han desplazado a otras potentes
organizaciones, como bandas colombianas o nigerianas, dedicadas al tráfico
de drogas o el blanqueo de dinero. Según la Organización
para la Seguridad y Cooperación en Europa (OSCE), se trata de un
"negocio floreciente" que afecta especialmente a mujeres y niños.
El principal problema a la hora de valorar la inmigración ilegal
estriba en el desconocimiento de cifras reales. Las orientaciones más
pesimistas señalan que el número de 500.000 inmigrantes indocumentados
por año manejado por la OIM corresponde únicamente a mujeres
que son forzadas a prostituirse. "Y no sólo forzadas a prostituirse,
sino que frecuentemente son vendidas como trabajadoras esclavas o entregadas
en adopciones ilegales en el caso de los niños", estima Gerald Stoudmann,
de la OSCE.
Las redes de inmigración ilegal se han encontrado con un inesperado
aliado para facilitar sus movimientos. El Tratado de Schengen -firmado
por España, Alemania, Francia, Benelux, Italia, Portugal y Austria-,
que elimina las barreras físicas para el tráfico de personas
entre varios países de la UE, hace más difícil el
control de los inmigrantes sin papeles y permite que una vez traspasada
la frontera europea se puedan dirigir a diversos Estados sin ningún
contratiempo, excepto si la mala suerte les hace toparse con los controles
policiales destinados a detectar el tráfico de personas.
Varios de los países firmantes del Tratado de Schengen han exigido
que sea posible una fórmula eficaz de interrupción del tratado
cuando se estime necesario. Así ya lo ha hecho Francia con motivo
de los atentados terroristas en el metro de París en 1995 y para
controles sobre tráfico de estupefacientes, pero no con motivo de
movimientos de inmigración ilegal. Bélgica utilizó
la misma cláusula en enero de este año argumentando que los
hacía para regularizar a la población que residía
ilegalmente en el país -que se calcula entre 70.000 y 80.000 personas-,
pero evitando el efecto llamada. Precisamente es el efecto llamada
-que se produce cuando corre la voz entre los inmigrantes de que un país
regulariza la residencia con más rapidez que otros, lo que provoca
un mayor flujo de inmigrantes a ese país- el principal obstáculo
a la hora de adoptar medidas drásticas, pero efectivas, para otorgar
permisos de residencia. En Italia, donde las cifras más moderadas
estiman en 300.000 el número de inmigrantes indocumentados, la mayor
parte procedentes del este de Europa, se realizan ajustes periódicos
para evitar que los inmigrantes se instalen en la economía sumergida
del país. Así se ha legalizado la situación de 200.000
personas tanto en 1995 como en 1999 si eran capaces de presentar un papel
-de cualquier clase- en el que se reflejara que estaban trabajando o que
lo iban a hacer. Medidas excepcionales que no han evitado que el estrecho
de Otranto sea una de las principales puertas de entrada de la inmigración
ilegal a Europa. Francia ha procedido a una medida similar que ha culminado
con la legalización de la residencia de 83.000 personas.
Otros países, como Alemania, se enfrentan a agujeros legales
por donde inmigrantes sin papeles con motivaciones económicas se
quedan en el país, a veces con subsidios, incrementando el efecto
llamada. Entre 1990 y 1999, casi dos millones de personas solicitaron
en Alemania el asilo político, lo que impide su expulsión
hasta que se resuelva su caso. En Reino Unido, más de 100.000 personas
esperan a que las autoridades se pronuncien sobre su petición. Este
año se concederá la residencia a 30.000 personas que llegaron
antes de 1995.
Las autoridades españolas estiman que en estos momentos en las
costas de Marruecos hay unas 5.000 personas aguardando a cruzar el Estrecho.
En lo que va de año, 4.215 inmigrantes indocumentados han sido detenidos
en las playas de Andalucía; de ellos, 4.100 sólo en la provincia
de Cádiz. Los servicios de la Guardia Civil del Mar han interceptado
más de 20 pateras en aguas el Estrecho.
Y mientras Europa trata de frenar la inmigración ilegal, se da la paradoja de que según un reciente informe de la ONU, Europa va a necesitar importar en los próximos 25 años cerca de 160 millones de trabajadores extranjeros para paliar la falta de mano de obra, debido al descenso de natalidad. EL PAÍS , Madrid
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