El País Digital
Domingo 
25 junio 
2000 - Nº 1514

ÍndiceBuscador

Menú de opciones


 


INTERNACIONAL
Cabecera

Portada

Intern

España

Opinión

Sociedad

Cultura

Gente

Deportes

Economía

El tráfico de personas es ya más rentable que el de hachís para las redes de Marruecos 

La policía española descubre que las mafias de las drogas se reorientan hacia la inmigración 

P. ORDAZ, Madrid 
El tráfico de hachís sigue siendo un negocio muy boyante, pero ya no es el que más. La policía asegura que las pequeñas redes dedicadas al narcotráfico entre el norte de Marruecos y el sur de España se están reconvirtiendo a gran velocidad. Ahora, sin apenas inversión y escaso riesgo, consiguen unos ingresos muy elevados procedentes de la trata de hombres y mujeres. Hay un dato muy revelador, proporcionado por la policía española: cada año se devuelven a Marruecos más de 23.000 personas, sorprendidas cuando intentaban entrar clandestinamente en España. De ellas, la inmensa mayoría paga por adelantado una media de 200.000 pesetas a los traficantes de hombres, lo que arroja una cifra de 4.600 millones de pesetas. 

Siendo alta, esa cifra no incluye los beneficios aportados a las mafias por los inmigrantes que sí consiguieron entrar, bien burlando los controles aduaneros -utilizando pasaportes falsos- o bien sorteando la vigilancia costera de la Guardia Civil -a bordo de pateras o barcos de pesca-. Una vez descartado que los nuevos negreros sufran de escrúpulos, los 4.600 millones de pesetas obtenidos apenas les acarrean otro tipo de problemas. Ni gastos ni riesgos, muy al contrario que el negocio de la droga. El tráfico de personas tiene para ellos cuatro ventajas fundamentales: beneficios considerables, una inversión insignificante -barca de madera, motor fuera borda y sueldo del patrón-, penas muy bajas en comparación con otros tráficos ilícitos y la certeza de que ninguna de sus víctimas se atreverá nunca a denunciar. "Constatamos día a día", garantiza un alto responsable del Ministerio del Interior, "que las pequeñas redes de narcotraficantes del norte de Marruecos están dejando aparcados sus negocios de hachís en favor del tráfico de hombres. La gran atracción que tiene hoy España para el mundo de la inmigración ilegal y la falta absoluta de riesgos son los motivos fundamentales".
 
 

Lejos de amainar, el fenómeno va en aumento. Un informe muy reciente de la policía advierte de que, tras la regularización ahora en curso, se producirá una nueva avalancha. "Es lógico", explica un agente experto en extranjería, "mientras un inmigrante permanece de forma ilegal en un país, su máxima obsesión es que no le pillen y regularizar su situación; es, por tanto, comprensible que cuando consiga los papeles intente por todos los medios traerse a su familia, obtener para ellos las mejoras de vida por él conseguidas". La presión hacia las fronteras españolas es cada día mayor. Ayer mismo, medio millar de marroquíes se abalanzaron sobre la frontera de Ceuta con Marruecos. Querían -según fuentes de la Delegación del Gobierno en Ceuta- aprovechar la turbamulta para colarse en la ciudad española sin tener que mostrar la documentación. La policía española logró controlar la situación sin tener que recurrir a la violencia.
 
 

"El fenómeno de la inmigración es como una pelota de goma", intenta explicar gráficamente un responsable del Ministerio del Interior. "Si uno presiona por un lado, se hincha el otro, y así sucesivamente". España se gastó miles de millones de pesetas en blindar las fronteras de Ceuta y Melilla. Destinó allí a unidades del Ejército, de la Guardia Civil y de la policía antidisturbios. Ahora, reconoce el alto cargo, se empieza a registrar un aumento de las rutas alternativas. Por ejemplo, barcos que zarpan de puertos de Marruecos, Mauritania o incluso Cabo Verde y que acercan hasta las costas de Canarias a cientos de subsaharianos. Una vez cerca de la costa, los desembarcan en pateras para que así lleguen hasta el litoral. Las autoridades españolas estiman que unas 5.000 personas aguardan en estos momentos en el norte de Marruecos para cruzar a España. En lo que va de año, 4.215 inmigrantes indocumentados han sido detenidos en las playas de Andalucía; de ellos, 4.100 sólo en la provincia de Cádiz. Y aun así, la policía insiste en que Gibraltar no es el único sitio, ni mucho menos, por donde entran los inmigrantes sin papeles. A España, además de magrebíes y subsaharianos, también llegan gran número del Este de Europa, Asia y Suramérica. El mismo informe de la policía que advierte sobre una nueva avalancha de inmigrantes alerta también de los problemas de convivencia que puede acarrear un número muy alto de personas de otros países sin una situación laboral estable, abocadas a la clandestinidad. Y otro informe, muy reciente, del Centro de Investigación para la Paz va más allá. Dice que "la violencia criminal dirigida contra los inmigrantes en Terrassa y El Ejido preludia los conflictos que se avecinan". 

La inmigración disminuye en Alemania tras la guerra de Kosovo 

C.K, Berlín 
La guardia fronteriza alemana registró el año pasado una reducción de la entrada ilegal de inmigrantes al país: los casos descubiertos pasaron de ser 40.201 en 1998 a 37.789 en 1999. La razón: tras el fin de la guerra de Kosovo, el número de ciudadanos de la ex Yugoslavia que pretenden llegar a Alemania -país que durante el conflicto acogió el mayor número de refugiados- ha disminuido considerablemente. Aun así, en 1999, los ciudadanos de la ex Yugoslavia constituyeron cerca de un tercio (10.563 personas) del total de inmigrantes ilegales descubiertos. Les seguían rumanos (3.760), afganos (3.236), iraquíes (2.324), turcos (1.516) y esrilanqueses (1.442).
 
 

La procedencia de los inmigrantes determina el lugar donde -muchas veces con la ayuda de bandas organizadas- intentan cruzar la frontera. La mayoría prueba suerte en la frontera con la República Checa, donde se registraron 12.846 casos, o con Austria (10.980 casos). Cruzar los ríos Oder y Neisse, que separan a Alemania de Polonia, en cambio, es cada vez menos atractivo: de los 4.847 casos registrados en 1998 se pasó a 2.796 en 1999. Ello obedece a que Polonia -candidata de primera fila para el acceso a la UE- está controlando cada vez más sus propias fronteras hacia el Este (Rusia, Bielorrusia y Ucrania).
 
 

La policía de fronteras alemana se ha dotado de visores nocturnos instalados en helicópteros para descubrir a los inmigrantes en las fronteras verdes con la República Checa y Polonia. Ello ha servido también para detener en 1999 a un total de 3.410 personas acusadas de guiar a los inmigrantes, quienes por este servicio pagan ingentes sumas en sus lugares de origen. Entre los inmigrantes que se dejaron guiar a través de las fronteras por estas bandas, en 1999 hubo 3.729 ex yugoslavos, 1.744 afganos y 399 chinos. Las autoridades alemanas indican que las bandas están apostando ahora por organizar pequeños grupos de inmigrantes para evitar ser descubiertos. 

Subir

Índice | Busca | 7 Días
Portada | Internacional | España | Opinión | Sociedad | Cultura | Gente | Deportes | Economía
El Tiempo | Debates | Cartas | Sugerencias | Pasatiempos | Ayuda | Juegos
| Nosotros

© Copyright DIARIO EL PAIS, S.A. - Miguel Yuste 40, 28037 Madrid
digital@elpais.es | publicidad@elpais.es