Domingo 25 junio 2000 - Nº 1514
|
INTERNACIONAL |
||||||||
Portada |
Intern |
España |
Opinión |
Sociedad |
Cultura |
Gente |
Deportes |
Economía |
|
|
Medio millón de inmigrantes ilegales ponen a prueba la capacidad de acogida de la UE El comercio de hombres y mujeres reporta a los traficantes más de dos billones de pesetas al año
Un millón de inmigrantes, según los datos más recientes, se concentra en las fronteras de la Unión Europea a la espera de entrar con la ayuda de las redes de traficantes de seres humanos. De ese millón, unos 500.000 consiguen entrar, burlando todas las barreras y poniendo a prueba la capacidad de acogida de la UE. El comercio de hombres y mujeres, procedentes de Europa del Este, África, Asia e Iberoamérica reporta a los traficantes entre dos y cinco billones de pesetas al año, según el Centro Internacional para las Migraciones. La policía asegura que las pequeñas redes dedicadas al narcotráfico entre Marruecos y España se están reciclando para dedicarse de lleno al contrabando de personas, ya más rentable que el de hachís.
PABLO ORDAZ, Madrid
Comercio de hombres
No hay datos exactos, sí estimaciones más o menos acertadas.
Una de las últimas -elaborada por el Ministerio británico
del Interior- calcula que un millón de inmigrantes merodea cada
año por las fronteras de la Unión Europea a merced de las
redes de traficantes. De ellos, unos 500.000 consiguen entrar anualmente,
según el Centro Internacional para las Migraciones, un organismo
internacional con sede en Ginebra. Ambas instituciones coinciden con la
policía española en una apreciación muy preocupante:
el negocio ilícito más rentable ya no es -al menos en solitario-
el tráfico de drogas. Ni siquiera el de armas o el de vehículos
robados. A su mismo nivel de beneficios -entre dos y cinco billones de
pesetas al año, según el Centro para las Migraciones- y sobre
todo con muchos menos riesgos de terminar en prisión, se sitúa
el comercio de hombres. Un portavoz del británico Servicio Nacional
de Inteligencia Criminal se refiere así al tráfico internacional
de seres humanos: "Es un negocio que aporta grandes ganancias. Está
muy organizado tanto en métodos como en rutas, y la demanda aumenta".
Negocio... Demanda... Éstos son los términos -mucho más
pragmáticos que los de necesidad o sufrimiento- que utilizan los
tratantes de hombres, y también las policías dedicadas a
combatirlos, para hablar de un negocio tan floreciente. En el medio están
los protagonistas. Magrebíes y subsaharianos que intentan colarse
en la Unión Europea a través del Estrecho; albaneses, turcos
y kurdos que arriban a Italia; asiáticos que se recorren literalmente
medio mundo para acabar en el sótano de un restaurante chino de
cualquier barrio de París o Londres; suramericanos que aterrizan
en los aeropuertos de Amsterdam o Madrid... Las cifras que cada uno de
ellos paga por su agónica aventura fluctúan en función
del territorio que atravesar y la codicia o la crueldad del traficante.
Por ejemplo, el tráfico que llega al Reino Unido procede de tres
zonas: el sureste asiático, el subcontinente indio y Europa del
Este. Las tarifas del tránsito clandestino hasta la UE varían
según la procedencia: unas 400.000 pesetas desde Rumania; más
de dos millones desde la India y hasta cuatro desde China. No hace falta
ser un lince para responder a una evidencia. ¿Cuántos emigrantes,
procedentes de las zonas más deprimidas del planeta, son capaces
de pagar los dos, tres o cuatro millones del pasaje? Seguramente muy pocos.
De ahí que el negocio vaya mucho más allá del mero
tránsito ilegal.
Los inmigrantes se convierten en esclavos de las mafias, obligados a
trabajar o a prostituirse para ellas durante años y años,
con sus pasaportes a buen recaudo de sus nuevos negreros. ¿Y no
pueden rebelarse? Sí, pero entonces se exponen a su ira. En 1998,
la policía británica liberó a cinco inmigrantes chinos
que los cabeza de serpiente mantenían secuestrados en un
piso de Londres. Los habían torturado tanto que debieron pasarse
una temporada en el hospital. Un año después, ya en el juicio,
las víctimas relataron su sufrimiento. Contaron que sus captores
les obligaban a telefonear a sus familiares en China durante las sesiones
de tortura, para que escucharan sus gritos de dolor y así saldaran
la deuda contraída con los cabezas de serpiente. Estas peligrosas
redes criminales, dirigidas desde los focos migratorios y apuntaladas en
los lugares de destino por individuos muy violentos, armados y sin escrúpulos,
suelen ofrecer -por unos cuatro millones de pesetas- un paquete completo
que incluye pasaporte falso, transporte y un trabajo a su llegada al Reino
Unido. Una tercera parte se paga en China, frecuentemente en la región
sureña de Fijuán, y el resto ya en destino. Los nuevos esclavos
van pagando su libertad con parte del sueldo, no superior en muchas ocasiones
a las 26.000 pesetas que obtienen de su trabajo en prostíbulos o
garitos de mala muerte y peor vida.
De la misma forma que en el Reino Unido, Francia también ha registrado
en los últimos tiempos un aumento muy notable de la inmigración
asiática y del Este, que se une a la ya tradicional inmigración
magrebí y subsahariana. De los 150.000 sin papeles que reclamaron
su legalización entre 1997 y 1998, quedan unos 63.000 abocados teóricamente
a la expulsión o a la clandestinidad. Se calcula que el número
de personas en situación irregular en Francia supera las 200.000.
Son las que forman el ejército de mano de obra barata que no sólo
se reparte en los sectores tradicionales de trabajo clandestino -restaurantes,
prostíbulos o construcción-, sino también en la alta
costura, que tantas horas de trabajo requiere. Hay otro fenómeno
muy reciente. Aunque sin abandonar su suma discreción, los asiáticos
están empezando a reclamar la legalización, sin que ello
suponga el abandono de una práctica muy habitual y no menos eficaz:
la suplantación de los muertos. La herencia más preciada
de un chino documentado es su pasaporte, que pasa tras su muerte a un compatriota
sin papeles. Así explica la policía los bajos índices
de mortandad en los barrios de concentración asiática.
Nos veremos en Calais. Ésta parece ser la consigna de los emigrantes
del Tercer Mundo que habla inglés. Allí, junto al canal de
la Mancha y vigilados por las Compañías Republicanas de Seguridad,
indocumentados de 57 países esperan el momento para dar el salto
al Reino Unido. Desde su apertura, en septiembre de 1999, el centro de
acogida de Sangatte, cerca de Calais, ha acogido a unos 6.500 clandestinos.
La inmensa mayoría consiguen atravesar con éxito el canal,
lo que da pie a las autoridades británicas para criticar la, a su
juicio, inhibición policial francesa.
El Adriático guarda muchas tragedias. La lancha neumática
que se hundió la Nochevieja pasada procedía de Valona, el
puerto especializado en el nuevo comercio. Bajo la mirada implacable de
los jefes de las mafias, las lanchas neumáticas van y vienen incesantemente.
Traen a albaneses que quieren reunirse con sus familiares ya instalados,
también a kosovares y a kurdos de camino hacia Francia o Alemania.
Son ellos, y no los ordenadores, los tristes protagonistas del único
y verdadero efecto 2000 .
Con información de Lola Galán (Roma), Lourdes Gómez (Londres) y José Luis Barbería (París). EFE, Londres
Por otra parte, el conductor del camión en el que se encontraron
los cadáveres de los 58 inmigrantes compareció el viernes
ante un tribunal británico que decidió prolongar su detención
una semana más. Perry Wacker, de 32 años y originario de
la ciudad holandesa de Rotterdam, está acusado de 58 cargos de homicidio
involuntario. Tras una breve vista, los magistrados del tribunal de Folkestone,
en el sureste de Inglaterra, decidieron que el acusado permanezca bajo
custodia policial una semana más, mientras los detectives prosiguen
la investigación del caso. Wacker deberá comparecer de nuevo
ante el tribunal el próximo día 30.
Un funcionario de Aduanas británico encontró en la medianoche del pasado lunes los cuerpos de los 58 inmigrantes chinos en la parte trasera de un camión frigorífico holandés llegado por ferry a Dover procedente del puerto belga de Zeebrugge. |
|||||||||
|
Índice | Busca | 7 Días Portada | Internacional | España | Opinión | Sociedad | Cultura | Gente | Deportes | Economía El Tiempo | Debates | Cartas | Sugerencias | Pasatiempos | Ayuda | Juegos | Nosotros © Copyright DIARIO EL PAIS, S.A. - Miguel Yuste
40, 28037 Madrid
|