IGNACIO DE OROVIO
BARCELONA. -
La familia, la ciudad y un dios particular. Estos son algunos de los valores
más apreciados por los catalanes, según la Encuesta Europea
de Valores, realizada por una fundación holandesa por encargo de
la Unión Europea, entre 1.200 ciudadanos, que trata de radiografiar
la concepción social de la familia, la religión, la iglesia,
la política, la lengua, el medio ambiente, el nacionalismo, la felicidad...
El informe revela que en los últimos diez años -desde la
anterior en- cuesta- entre los catalanes se ha afianzado como principal
elemento de seguridad y bienestar la familia, seguida a larga distancia
por el trabajo, los amigos y el ocio.
Para los catalanes,
el matrimonio no sólo no está pasado de moda (lo cree un
70%), sino que es necesario para ser feliz, aunque para ello, admiten,
bastaría una relación estable, sin pasar por la iglesia.
Y para que la relación de pareja funcione, lo más apreciado
es, por este orden, la fidelidad, el mutuo afecto y el respeto, la comprensión
y la tolerancia, los hijos y una relación sexual satisfactoria.
Además, para que los hijos crezcan correctamente hay que inculcarles
urbanidad, responsabilidad, tolerancia y respeto, independencia, imaginación,
sentido del ahorro, determinación y perseverancia, trabajo duro,
fe y abnegación, según los valores que citan los encuestados.
Cuando a un catalán
se le pregunta de dónde se siente, lo primero que dice es el pueblo
o ciudad y no Cataluña o España, contra lo que pasaba hace
diez años. Además, alrededor de un 58% considera satisfactorio
el nivel de autonomía de que goza Cataluña, aunque un 22,4%
cree que es escasa o insuficiente. Sin embargo, un 57,6% de la muestra
se declara algo o no muy interesado en política, contra el 3,8%
que opina lo contrario.
En cuanto a las
instituciones, las mejor valoradas son la enseñanza, la sanidad,
los Mossos d'Esquadra, el Parlament, la Seguridad Social, la policía
y el Parlamento español. Entre las peor valoradas están las
fuerzas armadas, los sindicatos, la OTAN, la prensa, la Administración
y el sistema judicial.
Cuando a un catalán
se le pregunta quién sería su vecino menos deseable, cita
(un 72% lo hace en el 2000, aunque la cuestión no se formuló
en 1990) a un miembro de comando de ETA, pero tampoco le gustaría
compartir ascensor -por este orden- con drogadictos (55% ahora, 62% en
1990), alcohólicos (34 contra 47), personas con antecedentes penales
(32 contra 46), de extrema derecha (30% en ambas fechas), emocionalmente
inestables (24 contra 28), gitanos (24%, pero no se cuestionó en
la anterior), seropositivos (16 contra 38), musulmanes (14 contra 18),
homosexuales (11 contra 31), judíos o miembros de otras razas (9
contra 14) y, por último, trabajadores extranjeros (9 contra 11).
En todos los casos, los porcentajes son menores que en 1990, lo que indica
que "la sociedad catalana se ha vuelto más tolerante", en opinión
del conseller de Governació, Josep Antoni Duran Lleida. Más
tolerante o, en todo caso, menos sensible a según qué vecinos.
La encuesta aporta
además un listado de conductas según su justificabilidad.
El divorcio, la homosexualidad, el aborto y la eutanasia reciben más
de un 5, es decir, están aprobadas, aunque no se detallan circunstancias
concretas. Por el contrario, no pasan del 5 las relaciones sexuales casuales,
la prostitución, el pago en dinero negro, reclamar al Estado sin
razón, mentir por interés personal, fumar en edificios públicos,
el suicidio, tomar drogas, la manipulación genética o el
exceso de velocidad en ciudad, entre otros.
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