| Inmigrantes
con remite
carlos pérez
uralde
Se pongan las barreras que se pongan,
se electrifiquen las fronteras o se haga la vida imposible a los que logren
entrar, las avalanchas de inmigrantes no va a detenerlas nadie. El futuro
cercano es el de la llegada desde el sur económico, ese que también
existe pese a haber sido ninguneado por el próspero norte, de miles
de personas que en sus lugares de origen no pueden vivir. Está claro
que si el reparto mundial de la riqueza disponible fuera justo esas migraciones
masivas no se producirían, pero el norte basa su prosperidad precisamente
en la miseria del sur. Como dijo el sabio, no puede haber ricos si no hay
pobres y los pobres lo son porque hay ricos.
Aquí, en nuestra provincia
de tlava, el número de inmigrantes se ha triplicado en apenas diez
años, aunque habría que distinguir entre los comunitarios,
los extracomunitarios, los que no han tenido dificultades a la hora de
conseguir papeles en regla y los que las han tenido y las siguen teniendo.
Como ven, también entre los inmigrantes hay clases.
El caso es que Vitoria y tlava
se han convertido como otros territorios en lugar de acogida y hay que
reconocer que los problemas de inserción han sido mínimos,
en contra de lo que interesadamente suelen vaticinar los agoreros. Y no
se trata de practicar ese racismo inverso que consiste en angelizar al
inmigrante por el mero hecho de serlo, sino de considerarlo un igual entre
nosotros. De no ser así, es que no se ha entendido nada.
Los tiempos de purezas étnicas,
idiosincrasias sacralizadas, peculiaridades ancestrales inventadas por
el cronista orgánico de turno, van a pasar definitivamente a la
historia. La mezcla es irreversible y además beneficiosa, por mucho
que a algunos que yo me sé se les pongan los pelos como estacas
ante el fenómeno.
Sin embargo, nos esperan malas
experiencias en el trato a los que quieren venir aquí. Echen un
vistazo a lo que se pretende cambiar de la Ley de Extranjería. |