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El total de heridos
durante los incidentes del sábado y el domingo en El Ejido asciende
a 20 personas, según comunicó el hospital de Poniente en
la localidad almeriense. El más grave es un subinspector del equipo
de información del Cuerpo Nacional de Policía que perdió
cuatro dientes como consecuencia del impacto de una pedrada que rompió
la visera protectora.
El sábado ingresaron en
el centro sanitario cinco inmigrantes que presentaban sendos cuadros de
policontusiones y heridas, mientras que un sexto, tenía fracturados
los dos omóplatos, varias costillas y golpes en el cuero cabelludo.
Ayer fueron atendidos dos vecinos participantes en las protestas, uno de
ellos con fractura de húmero, y dos policías con heridas
sin consideración.
La barriada de Santa María
del Aguila, en El Ejido, era un hervidero a raíz del brutal asesinato
de Encarnación López, acuchillada en pleno mercadillo el
sábado por la mañana por un joven marroquí que intentó
arrebatarle el bolso. A los incidentes registrados tras el homicidio se
sucedieron nuevos disturbios ayer. Por la mañana, varios centenares
de vecinos del barrio apedrearon y trataron de agredir con palos, barras
de hierro y bates de béisbol a un grupo de inmigrantes. Durante
la madrugada, se quemaron coches de inmigrantes, varios locutorios telefónicos
fueron destrozados y algunos establecimientos relacionados con el colectivo
de magrebíes fueron atacados.
Triste coincidencia
Los disturbios ocasionaron asimismo
el corte de una carretera local, la antigua nacional 340, y de la autovía
del Mediterráneo en ambos sentidos durante unas horas.
La tensión llegó
a su momento culminante llegó con el funeral por la joven asesinada.
A la salida del oficio religioso, el subdelegado del Gobierno en Almería,
Fernando Hermoso Poves, fue salvajemente agredido por una multitud que
le identificó. Se da la circunstancia que mientras se celebraba
la misa, el subdelegado recibió una llamada en la que le comunicaron
la muerte de su padre.
Fernando Hermoso pudo poner a salvo
su integridad al refugiarse en una casa cercana, pero sangró con
profusión por la nariz y la boca.
Abandonó el templo sin
esperar a las autoridades. Tras apartar a los numerosos medios de comunicación
con un rotundo «no hay declaraciones», comenzó
a escuchar como desde la multitud se le dirigían insultos que fueron
subiendo de tono hasta que los más exaltados le empezaron a propinar
puñetazos al tiempo que proferían gritos como «¡tú
eres el que das los papeles a los moros!».
Quema de vehículos
Como salió de la iglesia sin
escolta, los pocos policías locales y de paisano que se encontraban
en las inmediaciones trataron de protegerle, pero nada pudieron hacer ante
la avalancha humana que se le vino encima. Hermoso comenzó una veloz
carrera que concluyó en una vivienda.
De poco sirvieron las palabras del
párroco en el funeral, quien trató de calmar los ánimos
del vecindario. «Comportémonos con humanidad», «no
nos rebajemos», «dejad la venganza al margen y que actúen
las autoridades», clamó el sacerdote.
Los llamamientos sirvieron de poco,
ya que cuando el ataúd con los restos mortales de la joven asesinada
se introdujeron en el vehículo funerario, alguien gritó «¡Pena
de muerte para los asesinos!». La petición cosechó
el aplauso unánime.
Los incidentes persistieron.
Un grupo de exaltados quemaron un vehículo a pocos metros de donde
se podían ver los restos de un Mercedes, al parecer perteneciente
a un inmigrante y que hacían inviable abandonar la localidad de
Santa María del Aguila por carretera hasta bastante tiempo después
de concluidos los actos. |