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Los
inmigrantes de El Ejido, en huelga, toman la calle para pedir paz y seguridad
Diecisiete personas
han sido detenidas, entre ellas los agresores del subdelegado del Gobierno
Los inmigrantes de El Ejido sólo
piden paz y el fin de la marginalidad en la que trabajan. En el primer
día de relativa calma desde el sábado, los magrebíes
salieron a la calle y exigieron a gritos una solución.
Los inmigrantes de El Ejido
se concentraron para exigir seguridad |
Juan Carlos Serrano - El Ejido .-
Aprovechando el primer día
de calma tras los violentos ataques sufridos desde el pásado sabado,
centenares de inmigrantes se lanzaron ayer a la calle en distintos puntos
de la comarca de El Ejido y en las proximidades de Almería capital.
Los magrebíes celebraron asambleas y concentraciones pacíficas
en las que pedían el fin de la violencia y una solución a
la marginalidad a la que están condenados más de la mitad
de los 11.000 que trabajan en la zona.
Respondiendo
a los llamamientos de las asociaciones de inmigrantes ninguno acudió
a los invernaderos, donde la escasa actividad laboral estuvo reducida a
la presencia de algunos agricultores y propietarios. Todos los comercios
abrieron sus puertas en El Ejido y alrededores, lo que propició
una aparente tranquilidad. No obstante, los colegios no abrieron sus puertas
en la pedanía de La Mojonera.
Diecisiete personas
permanecen detenidas en dependencias policiales con relación a los
actos vandálicos sucedidos desde el sábado. A cinco de ellas
se les atribuye la participación en la agresión al subdelegado
del Gobierno en Almería, el pasado sábado durante el entierro
de la joven Encarnación López, cuya muerte a manos de un
magrebí fue el detonante del conflicto.
Asimismo, de
los 55 heridos (de los que ofrecemos el parte sanitario en la página
41) sólo cuatro permanecen hospitalizados, entre ellos, el ciudadano
marroquí encontrado en un portal la noche del lunes con multiples
puñaladas en las piernas y una cuchillada en el cuello. Los médicos
no temen por su vida.
El único
incidente, ayer, se ciñó al incendio de dos invernaderos,
propiedad de un mismo dueño, cuya autoría está investigando
la Guardia Civil. La comarca no regresará a la normalidad hasta
que no funcionen a pleno rendimiento los invernaderos, motor de la economía
en la zona. Una de las consignas transmitidas ayer en las asambleas espontáneas
celebradas por los inmigrantes fue precisamente no volver al trabajo hasta
que la situación de infravivienda, los problemas de integración
que padecen no tengan una solución definitiva.
En Las Norias,
donde el número de inmigrantes es superior a los habitantes de la
zona y la violencia contra ellos se ha desatado con mayor virulencia, medio
millar de personas se manifestaron durante toda la mañana en la
que hubo pequeños momentos de tensión. En esta barriada no
ha quedado en pie ni un sólo comercio árabe. Carnicerías,
tiendas de ropa y alfombras, locutorios telefónicos o bares que
solían frecuentar han sido arrasados e incendiados. En las calles
aún permanecían los restos de una decena de coches y furgonetas
a los que la turbamulta prendió fuego. Ahora forman parte de un
escenario patético. «¿Por qué?», era la
pregunta que todos se hacían. «¿Por qué si alguien
ha hecho algo malo lo tienen que pagar niños de 4 y 10 años?»
«¿Si no tenemos la culpa, por qué pagamos nosotros
que somos trabajadres pobres, que no podemos vivir en otro sitio que no
sea una chabola? En todas partes hay buenos y malos ¿Es esto tan
difícil de comprender?», preguntaba sin obtener respuestas
una mujer argelina a los congregados.
«Son bárbaros»
Vigilados estrechamente por decenas
de agentes antidisturbios de la Guardia Civil y la mirada recelosa de pequeños
grupos de vecinos, algunos de los concentrados no pudieron aguantarse la
rabia contenida durante estos días. «Son bárbaros»,
arengaba un magrebí al resto de compatriotas. «Nos han quemado
nuestras casas con los niños dentro. Estamos jodidos aquí».
«Siempre somos no- sotros los malos. Yo llevo cuatro años
del invernadero al cortijo, donde vivo. No tengo vida social y tampoco
tengo derechos. No volveremos a trabajar hasta que no haya una solución»,
añadió entre la ovación de todos. Tras la improvisada
asamblea, algunos vecinos, contrarios a la violencia de estos días,
se sumaron a la marcha de los magrebíes, presidida por un solo grito:
«Queremos paz».
La concentración
más numerosa se produjo en la localidad de La Cañada, a las
afueras de la capital almeriense, donde se reunieron dos mil personas.
Los manifestantes pretendían llegar hasta la sede de la subdelegación
del Gobierno para dejar patente sus reivindicaciones, pero la Policía
tuvo que disolver la concentración porque no había sido previamente
autorizada.
Mayor Oreja: «La xenofobia
y el terrorismo exigen la misma unidad»
El ministro del Interior, Jaime Mayor
Oreja, consideró ayer que la xenofobia constituye una «asignatura
pendiente» en España y aseguró que este problema «exige
la misma cohesión y unidad que el terrorismo». En declaraciones
al programa «Campo Abierto», Mayor Oreja reconoció que
en los incidentes de El Ejido hubo «alguna pasividad» por parte
de las Fuerzas de Seguridad. «Quizás se ha pecado de prudencia,
pero, probablemente, si hubiese sucedido lo contrario estaríamos
ahora en una situación mucho más complicada para afrontar
la convivencia en los próximos meses en El Ejido». El ministro,
quien señaló que en la localidad almeriense han podido actuar
«profesionales de la agitación» que acuden cuando existe
«un clima espontáneo, xenófobo y racista», alertó
sobre la tentación de «sacudir» durante la campaña
electoral al Gobierno «en este último minuto», en referencia
a su defensa de una Ley de Extranjería más restrictiva. Realizó
un llamamiento a esta población para «volver a la calma»
y calificó los incidentes como «una vergûenza para todos
los españoles», al tiempo que insistió en que la inmigración
es el asunto más importante que afectará en los próximos
años a nuestra convivencia.
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