![]() |
Universitat
de Barcelona
Facultat de Dret Graduat en Criminologia i Política Criminal Graduat en Investigació Privada |
![]() |
|
Prof. Dr. Julio Zino Torrazza |
DROGAS Y DELINCUENCIA
Mayo del 2000
Carla de Balanzó
Anna Clapera
Mireia Aparicio
Andrés Blanco
Gabriel Fernández.
1- RELACIÓN ENTRE LA HISTORIA DE JULIÁN Y EL ARTÍCULO DE ROMANÍ
Romaní nos presenta la evolución de las drogas en España desde 1968 hasta 1992, un período de grandes cambios políticos y sociales que tendrían como consecuencia un notable aumento y popularización de las drogas, y a la vez, de la delincuencia, sobretodo en la última parte de dicho período.
La historia de Julián, (situada entre 1977 y 1987) desarrolla la vida del protagonista desde su adolescencia hasta llegar a ser padre de familia.
Julián refleja la profunda transformación sufrida por un determinado sector de la juventud española; sus pautas de comportamiento previamente minoritarias o desconocidas, se han popularizado hasta llegar a constituir un hecho cotidiano, casi trivial en muchos barrios de nuestras ciudades. De este modo, el relato encaja dentro de los diferentes aspectos destacados por Romaní, lo que demuestra la autenticidad del artículo.
Romaní divide su estudio en
tres etapas, siendo en la segunda donde se desarrolla la historia de Julián.
Bajo la opinión del autor,
las drogas están vinculadas a una reivindicación política
hacia el sistema vigente, el franquismo, siendo los «jipis»
quienes empezaron a consumir «hachís» (uno de los derivados
del «cannabis»), y asociado a este el «LSD». Durante
el período de los sesenta se observa un mayoritario consumo de tranquilizantes
y anfetaminas. Este grupo no estaba identificado con el concepto actual
de drogadicto. Así pues, era en los centros asistenciales, ya existentes,
dedicados al tratamiento de la alcoholemia, donde se trataban también
estas novedosas adicciones.
En 1973 las drogas, concretamente la heroína, empiezan a asociarse a un carácter más intelectual (artístico, universitario, es decir, al carácter progresista de la época). En cambio, la cocaína permanecía socialmente muy poco difundida. Como consecuencia, se producen protestas vecinales con relación a las nefastas condiciones de vida y al mayor radicalismo juvenil.
Durante el período de 1975 se acontecen una serie de sucesos sociales, políticos y económicos (entre ellos cabe destacar la muerte de Franco), que permitirán que la oposición se organice formalmente, pudiéndose así negociar los intereses para la formalización de una futura democracia, con el apoyo de los países de la CEE.
Tendremos que esperar a 1977 (un período de turbulencias varias ya que se inicia la transición política en España), para nombrar al sujeto consumidor como un enfermo ya estigmatizado, el drogadicto, con un carácter un tanto negativo.
La familia de Julián es obrera y de un nivel de ingresos medio bajo. En este relato podemos ver con claridad la importancia del estatus social para determinar las causas que llevan a Julián, y a otros muchos jóvenes, a delinquir. La acción ocurre principalmente en la zona norte de Madrid, «La Vaguada», territorio de la «peña», grupo informal de jóvenes al que Julián pertenece, los cuales proceden de diversos barrios, unidades de interacción social que no concuerdan del todo con ninguna división administrativa.
Las drogas se incrementan durante el período de 1977 a 1980, debido a la incorporación del «caballo». En esta época se observa un aumento de consumidores de clase media, justificado en la historia de Julián; donde nos encontramos frente a un adolescente que experimenta sus primeras borracheras y sus primeros «colocones», poco frecuente durante el Régimen. La droga se abre camino en la historia de Julián a través de claras connotaciones socio-políticas, reflejadas en manifestaciones en las que el propio Julián participó a pesar de la negativa de su padre. En estos años es cuando se inicia la clásica asociación droga-delincuencia; sin embargo, Julián siguió una evolución totalmente opuesta. El consumo de drogas en Julián forma parte de un estilo de vida más aventurero del que estaba acostumbrado a ver en su entorno habitual.
Las drogas las consumía en grupo y con su «peña» (jóvenes de clase obrera y barrios periféricos, que padecieron escolarizaciones deficientes en las que apenas tuvieron oportunidad para desarrollar su capacidad intelectual, y en las que sufrieron una desvalorización de su persona, siguiendo una pauta de marginación con caracteres generacionales peyorativos).
Su carrera delictiva, se inicia aprovechando las oportunidades que se le presentaban tratándose de una evolución progresiva y llegando a atracar a mano armada (supermercados, restaurante, chales, bancos, joyerías...).
Como consecuencia de estos hechos, a los 16 años tiene su primer contacto con el sistema penitenciario.
Observamos el cambio de valores que se produce entre estos jóvenes, la falta de motivaciones y de valores sociales, deseaban cambiar su vida, (concretamente Julián no quería acabar como su padre). Realmente llegan a creer que delinquir es su trabajo, y que esta creencia es reforzada al ver que un solo día, podían ganar más que sus padres trabajando durante muchas horas.
Por otro lado es necesario mencionar que el mal funcionamiento de las escuelas, junto con el poco apoyo que reciben los jóvenes, provocándoles una falta de autoestima. En cambio, en el ámbito de la delincuencia, son apoyados continuamente por sus compañeros. Romaní hace mención de todo ello a través del «problema social», ya que como hemos mencionado anteriormente, nos encontramos frente a un período de reordenación del sistema, negociaciones, movilizaciones...
El artículo destaca que en
1981 hay una expansión de los recursos
asistenciales; aparece la atención
sanitaria pública, debido en gran parte a la alarma social, que
provoca el aumento del consumo de la droga. El aumento de los centros asistenciales
se refleja en la participación activa de Julián en la «asociación
contra la droga», en Torresombra (Albacete) donde encuentra una utilidad
en su vida separada ya de la delincuencia.
Entre 1980-1985 se incrementa el consumo de la heroína, por parte de individuos procedentes de sectores marginales de la sociedad. El aumento del consumo de la heroína provoca un gran incremento de atracos, debido a la necesidad monetaria para mantener el consumo diario. Esto no ocurría con otras drogas, como con el «hachís», o algunos fármacos, que eran más asequibles. Dicho hecho se refleja en la actividad de la «peña» de Julián. En un estado avanzado de adicción, (cuando el consumo se convierte en un fin y no en un medio), las relaciones interpersonales empiezan a degradarse, surgiendo una incómoda desconfianza en el grupo reflejándose en su actividad delictiva, (los atracos empiezan a producirse en grupos más reducidos para obtener mayores beneficios).
En esta época toma relevancia el consumo de cocaína en capas altas de la sociedad, sin olvidar el consumo de la heroína, ya que en la historia de Julián se va claramente reflejado el consumo de ambas drogas (incluso en ocasiones las mezclan entre sí).
Cabría destacar la variante psicológica de la adicción a la heroína descrita por Julián, que provoca que el ritual de inyectarse ya sea en sí mismo satisfactorio, llegando a extremos de «flasearse» (inyectarse su propia sangre).
Durante el período 1982-1992, es importante destacar la creación del Estado del Bienestar, impulsado por el gobierno socialista.
Por otro lado, sale a la luz el «sida», ligado al consumo de las drogas por vía intravenosa, hecho que también se refleja claramente en la historia de Julián, cuando algunos de los miembros de la «peña» contraen la enfermedad por compartir jeringuillas infectadas.
En 1987 finaliza cronológicamente
la historia de Julián. Romaní en su
artículo nos descubre una
tercera etapa más, que abarca hasta 1992. El consumo de la heroína
quedó limitado al «yonki», dando paso a las drogas de
diseño, como el éxtasis, anfetaminas, rohipnol... utilizadas
también en su momento por Julián.
Romaní concluye su artículo exponiendo que el problema de la droga sirve como excusa para instaurar leyes de excepción, que en realidad están destinadas a controlar más a los jóvenes, y de esta manera mantener la seguridad ciudadana.
El análisis realizado por Romaní de esta etapa de la historia contemporánea, encaja perfectamente con la realidad descrita en la historia de Julián, ya que estos jóvenes crean un modo de vida alternativo, involucrándose en comportamientos que rompían con el modelo de vida aceptado en sus familias, contradiciendo los valores en los que fueron socializados.
Bajo esta subcultura delictiva juvenil,
ni Julián ni sus compañeros tenían una finalidad en
sí. Dicho hecho se ve reflejado en el relato, cuando Julián
se desespera al no encontrar sentido a su actividad delictiva, dándose
cuenta que pierde su juventud y del daño que produce a sus seres
queridos y a él mismo.
2- REFLEXIÓN SOBRE LA ASOCIACIÓN ENTRE DROGA Y DELITO
Entre 1978-1979 experiencias desconocidas hasta hace unos años, en el mundo social de los jóvenes de España, (por ejemplo la cárcel, la delincuencia, ciertas drogas, el uso de las jeringuillas para consumirlas...), empezaban ya a formar parte de su vida cotidiana. Las nuevas pautas de consumo y comercio de drogas se han convertido también en elementos centrales de esa forma de vida, llegando a percibirse, a partir de un cierto momento, como motivación primaria en la escalada de la delincuencia. Una nueva subcultura farmacológica, centrada alrededor de sustancias legales e ilegales se establece en la mayoría de barrios obreros del país.
En el libro se da una situación diferente del modelo clásico (que sólo sirve en el caso de la heroína), basado en la relación droga y delito. La idea del modelo clásico es que el sujeto empieza consumiendo drogas y luego, para comprar estas drogas acaba delinquiendo. Pero en el relato de Julián vemos que esta conexión es al revés, es decir, empiezan delinquiendo y de manera progresiva, acaban tomando drogas. (En nuestro caso, el protagonista empieza robando en un restaurante, después roba coches, más tarde entra a robar en chalés, y progresivamente se van introduciendo en el consumo de las drogas).
La delincuencia que llevan a cabo está dirigida a obtener placer de manera rápida, y tiene un sentido lúdico (Julián en el principio de la narración nos explica que iba con su hermano y los amigos de éste, pero confiesa que con ellos se aburría, ya que con la excusa de que no tenían dinero, no se movían, y a él le atrajo el mundo delictivo donde el riesgo era constante y donde encuentra motivación y aventura). Inicialmente este consumo no era excesivo, normalmente es para celebrar un robo realizado de manera exitosa, pero llega un momento en que esa droga se convierte en el centro de sus vidas, es entonces cuando roban para gastarse todo el dinero en la compra de la droga, produciéndose la relación delito-droga.
En España, el crecimiento de la delincuencia juvenil y la expansión de una nueva subcultura delincuente fueron factores previos y decisivos en la expansión de la heroinómana y, en general, del abuso de drogas por vía intravenosa.
Hay que destacar la ausencia de las agujas y jeringuillas en la vida de Julián, y en la de sus compañeros en sus primeras experiencias carcelarias, y en todos los entornos marginales españoles. Aunque fueran frecuentes las borracheras y el uso de «hachís» y, en menor medida, las anfetaminas y otros fármacos, en aquellos primeros años de la «peña», prácticamente nadie conocía los opiáceos ni se sentía aún «enganchado» o dependiente. Ellos fueron la punta de lanza de la popularización de esas pautas en la sociedad española y contribuyeron decisivamente a la consolidación del mercado local de heroína. En muchos casos ser procesado como delincuente ha sido una situación de alto riesgo para iniciarse en el consumo de la heroína y, especialmente, por vía intravenosa. Lo mismo puede decirse al frecuentar ambientes delictivos.
La historia de Julián indica cómo la expansión masiva de la toxicomanía callejera empezó en España entre 1978-1979, y cómo esa expansión cambió el perfil dominante del heroinómano español. Se pasó de ser jóvenes de clase media o alta, con cierta ideología contracultural o alternativa del uso de las drogas, que habían viajado y aprendido las nuevas técnicas en el extranjero, y se movían en entornos donde existía esa experiencia; a ser un heroinómano joven, de estatus socioeconómico bajo o medio-bajo, de nivel cultural bajo y con expectativas educativas y profesionales reducidas.
Pero el modelo de abuso de heroína por vía intravenosa en España no es un modelo autóctono, sino una importación o difusión de un previo modelo norteamericano.
El perfil del sector social más afectado en sus expectativas de trabajo por el desempleo ha coincidido en España con el perfil del heroinómano ya que, dadas las condiciones del mercado de drogas ilegales, su venta y su consumo han proporcionado múltiples oportunidades ocupacionales y existenciales para un amplio sector de la juventud desocupada.
El porqué Julián y los demás compañeros de la «peña» tomaban drogas, suponemos que formaba parte de ese modelo de vida que habían creado, en el cual la búsqueda de placer de manera rápida era constante.
Empiezan consumiendo alcohol, luego
fuman «hachís» y otros derivados del cannabis, más
tarde pastillas, cocaína, heroína, etc. Julián acaba
enganchándose a la heroína, según él mismo
lo que acaba es enganchándose a la aguja y como él, muchos
más. Gran parte de ellos han sido contagiados de sida o han muerto,
pero Julián logró alejarse de ese mundo.
3- BIBLIOGRAFIA
- Romaní, Oriol. 1999. «La construcción social del problema de la
droga en España», en Las drogas. Sueños y Razones. Barcelona, Ed.
Ariel, págs.85-116.
- Gamella, Juan. 1990. La historia
de Julián. Madrid, Ed. Popular.