Pocas actividades, sobre todo en el ámbito de las humanidades, requieren una profesionalización tan radical como la de las personas que se dedican a la arqueología, teniendo en cuenta que su actividad incide directamente en un bien común, para cuya conservación y adecuada manipulación han de velar los poderes públicos, a la vez que tienen que dar las garantías pertinentes. Este hecho, junto con la consideración de las experiencias ya puestas en práctica por otras universidades europeas, justifica la propuesta de este máster. Aparte de eso, en la programación del máster se combina una formación teórica de nivel y una especialización muy importante, la cual incorpora un amplio conjunto de técnicas específicas en el campo de la arqueología que requieren capacidades de análisis y de síntesis, una implementación avanzada y un trabajo en equipo de carácter interdisciplinario.
Se considera de interés la creación de un máster en Arqueología como punto de partida de una formación básica en esta disciplina (profesionalizador), que debe servir de base para una posterior especialización de quien esté interesado en los estudios arqueológicos (doctorado); debe situar los estudios universitarios referentes a materias arqueológicas a la altura que merecen en función de su madurez y amplitud científicas y de una demanda social y universitaria bien conocida y contrastada; y debe convertirse también en el referente obligado para la adecuada definición y calificación profesional de las personas dedicadas a la arqueología, en tanto que depositarias de la responsabilidad social de valorar el patrimonio arqueológico y de intervenir para incrementarlo, conservarlo y llevar a cabo una proyección científica, cultural y social.
Las leyes desarrolladas hasta el presente, tanto por el Parlamento español como por los parlamentos autonómicos, recogen la sensibilidad de las sociedades avanzadas respecto a la preservación y la conservación del patrimonio arqueológico. Este patrimonio constituye la memoria material del conocimiento histórico de nuestros pueblos, lo que justifica plenamente la formación a nivel de máster de un cuerpo de profesionales que puedan atender esta demanda de la sociedad.
La atención al patrimonio arqueológico exige la formación de profesionales cada vez mejor preparados. Estamos ante un crecimiento exponencial de las intervenciones arqueológicas y no hay un colectivo profesional lo bastante numeroso y calificado para que estas intervenciones se hagan con las garantías suficientes.
El rico y complejo patrimonio arqueológico de nuestro país, la gran incidencia del desarrollo urbano actual en ambientes susceptibles de la necesaria atención arqueológica y las exigencias legales explícitas, como son los informes arqueológicos, las excavaciones previas y otras intervenciones antes de llevar a cabo cualquier tipo de intervención urbanística, tanto si son obras públicas como privadas, exigen un número cada vez más elevado de profesionales específicamente preparados para realizar estos trabajos y extraer de estas intervenciones toda la información científica necesaria para el desarrollo de la investigación, de manera que las excavaciones no queden reducidas a una mera documentación de los restos existentes. Es desde este punto de vista que tiene que entenderse cada vez más la formación como arqueólogo, no como una mera especialización de los estudios de historia, sino como una formación específica propia.
Es evidente que el arqueólogo es un historiador, pero también lo es que la complejidad creciente de la arqueología en cuanto a los métodos, las implicaciones y las múltiples y profundas relaciones con otras ciencias que desbordan de mucho el marco tradicional de las facultades de humanidades hace necesaria una formación especial que no se puede dar adecuadamente en el marco de un grado de Historia.
Por todas estas razones, parece que la mejor solución es la puesta en marcha de un máster en Arqueología que dé cabida a las materias necesarias para obtener la suficiente y adecuada formación metodológica y técnica, así como los conocimientos pertinentes de legislación y regulación del patrimonio.
Hay que tener presente que, en el futuro, un porcentaje elevado de estos titulados ocuparán puestos de trabajo en gabinetes (del Estado, autonomías, diputaciones y entidades locales) destinados a la salvaguardia del patrimonio arqueológico o pasarán a la actividad privada como integrantes de empresas profesionales de arqueología para llevar a cabo las intervenciones para las cuales hayan obtenido la contrata correspondiente. La regulación de esta actividad en manos de la administración y de asociaciones de profesionales cada vez más sólidas y concienzudas proporcionará el apoyo necesario para la presencia en el mercado de trabajo de titulados con la formación adecuada para ejercer la profesión. Pero no hay que olvidar que el propio mercado laboral se autorregulará y dará más salida a aquellas empresas que se alimenten de titulados que hayan recibido una formación de base específica mediante el máster de nuestra Universidad.
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