Conocimiento compartido

//Nuevos recursos sanitarios. Las propuestas de Linkcare.

«El crecimiento del conocimiento es exponencial: cada diez años se duplica el volumen de información que tenemos —y actualmente se debate si no ocurre ya cada lustro. Cuando un profesional de la sanidad acaba la carrera, todavía le falta más de la mitad del conocimiento que necesitará a lo largo de la vida para ejercer su trabajo. Y lo que ha aprendido en la facultad, en veinte o treinta años quedará obsoleto, salvo que opte por un programa de educación continua». Así de contundente se muestra Jim Roldan, consejero delegado de la empresa Linkcare, cuando evalúa el flujo del conocimiento: la rapidez con que circula y se renueva. En esta ligereza, Roldan ha sabido ver una oportunidad. Quizás, también, una solución.

«El envejecimiento de la población es muy sustancial. Un 80 % del gasto del sistema público de salud se invierte en la atención de personas mayores de cincuenta años. De ahí que a medida que la población envejezca, la demanda sanitaria aumentará. El modelo actual no funciona bien, entre otras cosas porque se ha basado básicamente en médicos y especialistas, pensando en una población que tiene enfermedades agudas. Y ahora, buena parte de los pacientes son personas mayores que necesitan una atención diferente: el seguimiento de la evolución de la enfermedad, el ánimo y la socialización. Los perfiles profesionales, por tanto, no son los adecuados. Hace falta otro tipo de profesional sanitario. En algunos países ya existe esa figura, que recibe el nombre de gestor de casos».

A partir de la conjunción de esos factores, Jim Roldan ha ideado un sistema de atención sanitaria que se basa en el conocimiento compartido. Se trata de una estructura en que se intercambia información de manera horizontal y vertical. En la colaboración horizontal, los médicos se agrupan en función de su especialidad y comparten protocolos de actuación y datos clínicos —siempre con la autorización del enfermo y de manera anónima. Es como una especie de red social, con zonas de debate entre personas que tienen intereses comunes. Para Roldan, sin embargo, el auténtico reto es conseguir la colaboración vertical, que consiste en trasladar muchas de las decisiones que ahora toman los especialistas a niveles asistenciales de más proximidad con el paciente.

«Necesitamos duplicar el número de profesionales en menos de una década»

Ahí es donde intervienen los gestores de casos, un nuevo perfil profesional que tendría que gestionar la salud de un enfermo sin afecciones graves de acuerdo con un protocolo, y derivar el paciente a un nivel asistencial superior en caso de que necesite el apoyo de un especialista. «El equivalente, aquí, sería el médico de familia. Pero un médico de familia tarda diez años en formarse, y nosotros necesitamos duplicar el número de profesionales en menos de una década. O habilitamos el doble de facultades de Medicina, o inventamos una nueva titulación parecida a un graduado médico, pero con la duración de enfermería. Hay países que han encomendado la gestión de casos al médico de familia; en otros, es una actividad propia de la enfermera general (nurse practitioner)».

Este sistema cubriría toda la vertical hasta el último responsable de la salud, que es el ciudadano. Desde Linkcare prueban estrategias de empoderamiento del paciente como la ludificación, que convierte la gestión de la propia salud en un juego; o los monitores de salud, dispositivos móviles que reconocen el nivel de ejercicio que se ha realizado y que, asociados a protocolos médicos, al final del día envían al usuario un análisis sobre su actividad. «Son proyectos que tienen estudios piloto en marcha. Aun así, desgraciadamente, todavía no hay despliegues masivos en ningún distrito sanitario».

«Pero Cataluña se encuentra en el camino correcto, porque hay una reorganización sanitaria en distritos y se ha creado un espacio para el diálogo entre la gente que forma parte de esta comunidad. Hablo de los consorcios sanitarios, que además presentan otra ventaja: tienen que hacer más cosas con menos recursos. Las restricciones económicas existen, y eso les obliga a salir de la zona de confort y buscar estrategias más efectivas a un coste más bajo». Las condiciones para proponer —y probar— alternativas a la asistencia sanitaria convencional son, por consiguiente, óptimas.

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