Estudio ALFA (Alzhéimer y Familias)

//The Pasqual Maragall Foundation: looking for the causes of Alzheimer’s

Cada cuatro segundos se diagnostica un caso de demencia. Un 10% de las personas mayores de sesenta y cinco años sufre algún tipo, y la proporción aumenta hasta el 50% al llegar a los ochenta y cinco años. Más de la mitad de los casos son de Alzheimer, la cuarta causa de muerte en los países desarrollados. Se trata de una enfermedad progresiva e irreversible, con origen y causas desconocidas, que no tiene cura y carece de tratamiento preventivo. Los daños cerebrales se empiezan a producir entre diez y veinte años antes de que los síntomas sean evidentes. Cuando la patología se diagnostica, por lo tanto, ya es tarde. Para poder intervenir antes hay que saber qué pasa durante la fase preclínica de la enfermedad. Y ese es el objetivo principal del Estudio ALFA impulsado por la Fundación Pasqual Maragall.

La institución es iniciativa del ex presidente del Gobierno de Cataluña, Pasqual Maragall, que en 2007 hacía público que le habían diagnosticado Alzheimer. Poco después creaba la Fundación para promover la investigación científica sobre la patología, con un modelo innovador basado en proyectos no convencionales. Uno de estos proyectos es el Estudio ALFA.

«El nombre proviene de la contracción Alzheimer y familias», explica Nina Gramunt, directora del Programa de Investigación Clínica de la Fundación. El estudio se dirige esencialmente a hijos de padres que sufren la enfermedad, aunque también se ha incluido un grupo de personas sin antecedentes familiares. «Son voluntarios de entre cuarenta y cinco y setenta y cinco años. Haremos una evaluación exhaustiva de estas personas, que se complementará con diferentes pruebas en función de objetivos científicos determinados. Hemos visitado a cerca de 2.750 voluntarios, y unos 2.400 cumplen los criterios para su inclusión en el estudio. »

El Estudio Alzheimer y familias

Los criterios de inclusión pasan, en primer lugar, por un cribado cognitivo: las personas voluntarias se someten a una serie de test de memoria, orientación, etc. para comprobar la indemnidad de sus capacidades cognitivas. También se les pide que hagan la visita acompañados de alguna persona cercana para valorar posibles cambios en su vida diaria. «Uno de los síntomas del Alzheimer en su fase inicial puede ser la anosognosia; esto es, el desconocimiento del propio déficit neurológico. Necesitamos contrastar la información que nos dan con alguien que los conozca bien para saber si el recuerdo que tienen de la vida diaria es riguroso. Si la persona cumple los requisitos cognitivos, recopilamos su historia clínica, que servirá también para acabar de definir los criterios de inclusión. Comprobado el cumplimiento de criterios, la enfermera del estudio toma datos antropomórficos básicos -talla, peso, presión arterial, etc.- y extrae una muestra de sangre para el análisis genético. Finalmente, se le hace otra serie de test más amplios y detallados, que buscan detectar déficits cognitivos muy sutiles antes de que sean evidentes. Cuando termina la visita ya son participantes del estudio, y se les proporcionan unos enlaces de Internet a cuestionarios sobre hábitos tóxicos, dieta, deporte, actividad laboral, exposición a la polución ambiental a lo largo de la vida, etc. para elaborar así un mapa de los posibles factores de riesgo de esa persona.»

«La información más interesante la obtendremos del seguimiento longitudinal»

El grupo de investigación de Manel Esteller se hace cargo de la determinación de la apolipoproteína E de todas las muestras recogidas. Posteriormente, y en función de diferentes objetivos científicos, se convoca a los voluntarios para someterles a pruebas específicas. «Ahora mismo tenemos unas cuatrocientas personas en un estudio de resonancia magnética cerebral. Más adelante, haremos un PET cerebral a otro subgrupo. También hemos previsto la punción lumbar, pues el estudio del líquido cefalorraquídeo sacado de la médula nos permite estimar la posible acumulación de betaamiloide en el cerebro. Queremos repetir las pruebas cada tres años y hacer un seguimiento. De modo que uno de los compromisos que pedimos a los participantes es que tengan la voluntad de continuar en el estudio durante un periodo largo. El corte transversal también nos da información, y más con un volumen tan importante de gente. Pero la información más interesante la obtendremos del seguimiento longitudinal.» El estudio comenzó en abril de 2013 y seguirán reclutando voluntarios hasta el próximo noviembre.

La enfermedad de Alzheimer

«El Alzheimer es una patología que Alois Alzheimer describió a principios del siglo XX. Desde entonces se ha progresado bastante en su conocimiento en el ámbito médico, científico, sanitario o social. Lo que no es tan conocido -y ahí es donde enfocamos la investigación- son las causas, qué es lo que la provoca. Sabemos, sin embargo, que el principal factor de riesgo es el envejecimiento.» A partir de los sesenta y cinco años, el porcentaje de prevalencia de la enfermedad crece exponencialmente cada lustro. La cifra de personas que la padecen, según la doctora Gramunt, se podría reducir a la mitad retrasando la aparición de la patología cinco años.

Hay una variante de Alzheimer más precoz -vinculada a unas proteínas llamadas presenilinas- que es hereditaria. Es una variante poco usual, que se puede predecir y que se diagnostica antes de los sesenta años, en caso de que se dé un patrón familiar de al menos tres afectados con estas características en dos generaciones. Representa, sin embargo, un porcentaje mínimo del total de casos (alrededor de un 1%). La forma más común, el Alzheimer de aparición tardía, se diagnostica normalmente hacia los setenta años. Más allá de la edad, hay otros factores que condicionan la enfermedad. «Pueden ser genéticos, relacionados con el estilo de vida, ambientales, etc. Pero no sabemos hasta qué punto contribuye cada uno. El Estudio ALFA se centra precisamente en la fase preclínica, a fin de detectar cuáles son estos factores y encontrar marcadores que nos permitan predecir que una persona desarrollará la enfermedad en el futuro.»

Desde el punto de vista clínico, el Alzheimer representa una pérdida progresiva de facultades cognitivas -pensar, recordar y razonar- de manera que afecte gravemente la vida cotidiana de las personas. Neuropatológicamente se distingue por la acumulación de placas betaamiloides y ovillos neurofibrilares  en el cerebro. También hay un componente de susceptibilidad genética vinculado al gen codificador de la apolipoproteína en su variante del alelo E4. Eso no quiere decir que las personas que presenten cualquiera de estas características sufran necesariamente la enfermedad. «Hoy en día no podemos asegurar al cien por cien que quien tenga esa sustancia en el cerebro tendrá Alzheimer. Y con la susceptibilidad genética ocurre lo mismo: se puede tener el gen y no desarrollar la patología o al revés. Ahora bien, una persona de una edad determinada, que tiene placas betaamiloides en el cerebro y que es portadora de la apolipoproteína E4, tiene más opciones de desarrollarla. Los factores de riesgo hacen que tengamos más posibilidades de padecer Alzheimer, pero no son determinantes.»

«El Alzheimer no se puede curar. Hay tratamiento, pero es estrictamente paliativo: no modifica el curso de la enfermedad ni repara el daño»

«Sabemos que, cuando empiezan a aparecer los síntomas, el cerebro de esa persona ya hace muchos años que experimenta cambios neuropatológicos irreversibles». El Alzheimer no se puede curar. Hay tratamiento, pero es estrictamente paliativo: ayuda a hacer los síntomas más llevaderos. No modifica el curso de la enfermedad ni repara el daño. Cuando el Alzheimer se diagnostica, el proceso ya ha comenzado y no se puede detener. «Hay estrategias de prevención secundaria, que no evitan que aparezca, pero pueden llegar a retrasarlo. Por ejemplo, la reserva cognitiva. Llevar una vida mentalmente activa -y eso no quiere decir tener estudios superiores. Significa tener un tipo de trabajo o alguna afición estimulante, que haga pensar- parece conferir resistencia a la patología. Cada nuevo aprendizaje que hacemos produce conexiones sinápticas nuevas, que es el medio por el que se conectan entre sí las neuronas y se generan otras. Cuanto más aprendizaje, más densa y resistente es la red neuronal que se crea, y eso retrasa la manifestación clínica de la enfermedad. Lamentablemente, llega un día en que se desencadena con todas las consecuencias, pero tarda más.»

Sintomatología

Cada proceso es diferente, pero el curso clínico es similar. «El patrón más frecuente es que primero quede afectada la memoria, en un grado que realmente trastorna la vida cotidiana y suponga un cambio respecto a la forma en que era antes esa persona. Hay que valorar que no se trate de una derivación de un cuadro de angustia, porque hay angustias vitales -un proceso de duelo, la jubilación, etc.- que alteran la memoria. Después, normalmente queda afectada la capacidad global de establecer juicios, de razonar, de planificar. Y a medida que avanza la enfermedad, se producen déficits en la orientación.» Así, progresivamente, merma la autonomía de la persona hasta que llega a ser totalmente dependiente.

El proceso suele prolongarse años. «Normalmente, dura entre cinco y quince años, pero puede durar tres años o más de veinte. Depende de la definición neurobiológica del cerebro de cada persona y de su estado de salud global.» Porque tener Alzheimer no exime de sufrir otras patologías. Si se padecen trastornos concomitantes con el envejecimiento como hipertensión, diabetes o cáncer, la esperanza de vida será lógicamente inferior. En cambio, la enfermedad de un individuo con buena salud puede ser realmente larga. «En los países desarrollados estamos invirtiendo la forma de la pirámide demográfica: cada vez hay menos gente joven y más gente mayor. Hoy en día no es una utopía que alguien llegue a los ochenta años con un estado de salud aceptablemente bueno. Sin embargo, no hemos podido detener una enfermedad neurodegenerativa como es el Alzheimer. Estamos abocados a una sociedad donde la dependencia será, sin duda, un problema.»

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