Recopilación de ensayos sobre pensadores, poetas, oradores, políticos y hombres de estado que tienen en común haber configurado el panorama cultural grecorromano de finales y comienzos de nuestra Era.
 Laocoonte estrangulado por la serpiente marina (Virgilio, Eneida II). Estatua de mármol del s. I d.C. Roma, Musei Vaticani).
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Plauto [F. J. Fortuny]
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Titus Maccius Plautus, nacido en la Umbria hacia el 251 a.C. y ya senex en el 191 a.C., guarda un cierto parecido de vida con Shakespeare. Fue a la vez actor, comediógrafo, director de su compañía teatral, adaptador de la Comedia Nueva ateniense en una Roma que justo había descubierto Grecia, pero no era todavía esclava de la moda helenizante. |

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Polibio [F. J. Fortuny] |
Del 167 al 150 a.C. Polibio es rehén de los romanos, que han conquistado definitivamente la península griega. En su ocio forzoso, el dirigente aqueo reflexiona incansable sobre una realidad que se le ofrece desde una inmejorable perspectiva: la evolución de Roma y su entorno. Polibio, clara y explícitamente, siempre dentro de los parámetros de la época, es el fundador de la ciencia política y de la ciencia histórica, más allá del arte político y del simple conocimiento de las efemérides. Y, paradójicamente, es Polibio, el rehén ocioso, quien proporciona a la clase dirigente romana un ideal imperialista consciente que seguramente no poseían hasta entonces. Después de Polibio, Roma es voluntariamente la Civitas Imperiosa. |

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Cornelio Nepote [J.
F. Fortuny] |
Así Nepote es el caso paradigmático del biógrafo sin biografía. Es corresponsal de Cicerón, familiar de Titus Pomponius Atticus, biógrafo de grandes historiadores romanos y sin duda conocido de los grandes historiadores contemporáneos como P.C. Varrón y Salustio. El propio poeta Catulo le dedica su "librito". Pero nadie se toma la molestia de escribir un par de líneas para que la posteridad sepa quién era y cuáles eran sus orígenes. |
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Cayo Salustio Crispo [J.
F. Fortuny] |
Salustio (86 a.C. – 35 a.C.), pese a su voluntario arcaísmo literario, por el dramatismo y viveza de su narración y por las abundantes reflexiones morales de revolucionario desencantadamente utópico, se ha ganado un puesto de privilegio entre los historiadores romanos. |
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Cicerón [J.
F. Fortuny] |
Sí, de acuerdo con la definición clásica, retórica es el arte de aplicar con justeza los altos principios a las circunstancias concretas, ciertamente el gran orador Cicerón fue mejor filósofo que retórico. Su diagnóstico sobre los dos soles vistos en Roma y sobre el papel de la filosofía en la vida política (De Re Publica y Academica) resultan mucho más agudos que sus discursos políticos. Con todo, es inamovible el interés de los discursos de Cicerón - junto con sus cartas - como modelo de oratoria y como fuente de información sobre los usos, funciones y personajes en los postreros años de la República.
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Cayo Julio César [J.
F. Fortuny] |
César es la figura cumbre del s. I a.C. no sólo para la Roma clásica, sino para toda la historia de Occidente o, mejor, simplemente la historia universal. Si, con César, Roma no hubiera pasado de una cierta forma “mixta” de realeza, aristocracia y democracia, tal como la definían Polibio y Cicerón, a ser una formación política administrada efectivamente por un poder con la pretensión de ser impersonal e imparcialmente superior a cualquier interés que no fuera el común, la vida humana no estaría organizada tal como hoy la tenemos. César fue de hecho la pieza clave para un gran giro en el proceso histórico.
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Virgilio [J.
F. Fortuny] |
Publio Virgilio Marón (c. Mantua, 70 a.C. - 19 a.C.) inició la Eneida, su obra cumbre el 29 a.C., anunciada en las Geórgicas y, quizá, en las Bucólicas. Augusto, que había encargado y patrocinado la Eneida para la gloria de su persona y de su política, impidió que desapareciera; el poema fue, ciertamente, el instrumento difusor de sus ideales políticos, pero también, genéricamente, de la visión del mundo de un nuevo hombre.
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Tito Livio [J.
F. Fortuny] |
Tito Livio (64/59 a.C. - 12/17 d.C.) fue un autor prolífico. Su Ab Urbe condita libri constaba de 142 libros, fruto de un trabajo incesante que le ocupó desde el año 30 a.C. hasta su muerte. En este momento su historia había alcanzado el año 9 d.C. con un esquema rigurosamente cronológico, como era tradicional entre los analistas romanos. Livio es el gran historiador de Roma, un historiador que vive, siente, ama hondamente su tema: Roma y las virtudes romanas. Y es un retórico magistral, que sabe arrastrar a su lector.
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Josefo [J.
F. Fortuny] |
Flavio por la familia imperial romana, Josefo por su nombre entre los judíos: nuestro autor es un hombre complejo en una encrucijada histórica difícil. Sumamente inteligente capta en profundidad las tres grandes tendencias de sus connacionales hebreos - saduceos, fariseos, esenios -, las divergencias radicales de las dos grandes culturas - la pagana y la judaica - y es capaz de moverse con naturalidad y holgura en cualquiera de estas visiones del mundo tan dispares. En efecto, si alguien tiene capacidad retórica en el helenismo romano es nuestro autor. Su enorme facilidad para captar los principios y las circunstancias, junto con la viveza y colorido de su estilo, caracterizan el encanto intelectual y personal de Flavio Josefo.
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Plutarco [J.
F. Fortuny] |
Plutarco de Queronea (h. 45 - h. 120) es el educador del s. II, el gran filósofo del Imperio Romano Ilustrado y un autor cuya importancia en la configuración del pensamiento europeo es difícil sobrevalorar. Las Vidas Paralelas son su obra cumbre, síntesis literaria y especulativa del universal filósofo educador de Queronea.
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Séneca [J.
F. Fortuny] |
Lucius Anneus Séneca (4-65) es, sin duda, estoico. Pero el estoicismo del s. I de nuestra era ya no tiene la dureza que le caracterizaba en un principio. Muchas aguas han corrido desde la fundación de la Stoa por Zenón de Citio (Chipre) en la Atenas del año 300 antes de Cristo. Se ha evaporado la impronta cínica inicial de la doctrina estoica; mucha labor de lima ha pulido aristas y vértices doctrinales; las violentas y malsonantes "paradojas" estoicas ya sólo son chispeantes ironías de salón.
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Juvenal [J.
F. Fortuny] |
Entre los satíricos latinos - un desconocido Lucilio, el gran Horacio y Persio - Juvenal es el más claro, preciso, penetrante, detallista y duro. El es el vate capaz de convertir un chispeante epigrama de su amigo Marcial en una síntesis de poesía épica, trágica y creación retórica. A partir de lo más prosaico y aún sórdido de la vida cotidiana de hombres y mujeres, aunado a lo tradicional y tópico, salta la chispa de la más brillante y pura poesía.
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Suetonio [J.
F. Fortuny] |
Quizá los doctos estudiosos de Suetonio (69 - h. 160) no hayan valorado suficientemente que la Vida de los Doce Cesares es la obra, lúcida y reflexiva, de un alto funcionario imperial. Con personal gusto por Cicerón y Quintiliano - quizás incluso alumno de este en los años inmediatos a la jubilación, en el año 100 - Suetonio admira el gran período clásico de Roma en todos sus aspectos: retórica, política republicana, poesía, historia. Escribe sobre ellos; los ama, pero no los imita; los conoce, pero no los traspasa fuera de su tiempo original. Obrar de otra manera sería impropio de un funcionario responsable y realista.
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Luciano [J.
F. Fortuny] |
En Luciano (Siria, h. 125 - h. 192), los más venerandos diálogos se inmergen en la atmósfera de la Comedia Nueva; no pierden ni penetración ni verismo, pero los interlocuto-res han depuesto deidad y heroici-dad, son Juan Nadie por su calle. En los Relatos verídicos la alucinante e incontenible secuencia de fantasías se arropa tantas veces en inocentes protestas de veracidad, que ya jamás el lector podrá oír una modesta vindicación de ingenuidad narrativa sin que asome a su rostro la sonrisa que transforma la tragedia en bufonería intrascendente. Es el antídoto que propina Luciano a los incansables consumidores de hechos admirables que son sus contemporáneos.
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Apiano [J.
F. Fortuny] |
Con la obra histórica, escrita en los últimos años de su vida, culmina la brillante carrera de Apiano (95-165 d.C.) como alto funcionario imperial. Estas altas funciones desempeñadas le avalan como idóneo interprete de los hechos históricos remotos que estudia, según las exigencias intelectuales del momento para un género histórico muy alejado ya de cierta poesía épica y de la elocuencia encomiástica sobre los hechos pasados. Es una exigencia que puede remontarse a Tucídides, Polibio y Tácito frente a la más latina de Cicerón y Tito Livio.
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Apuleyo [J.
F. Fortuny] |
Apuleyo nace en Madaura (Algeria) entre el año 114 y el 124, muere en Cartago o Oea (Trípoli) después del 170. La gran obra de Apuleyo y seguramente la más representativa del espíritu del Imperio de los Antoninos, es el Asno de oro o Metamorfosis. Pero lo que importa destacar es que la reflexión cosmológica, física, social, ética o religiosa no sólo arranca de la familiaridad de lo cotidiano, como en Epicuro y Séneca, sino que en Apuleyo se torna novela y novela picaresca.
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Claudio Eliano [J.
F. Fortuny] |
Claudio Eliano es, en efecto, un destacado representante de la llamada Segunda Sofística, pese a que él declinaba modes-tamente el título de sofista. Y, si bien no cree merecer el honor de ser sofista, Eliano es un convencido y activo filósofo estoico que, a parte de su Historia de los animales, escribió obras tan características de la escuela como un Sobre la Providencia y un Argumentos sobre el poder divino.
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Herodiano [J.
F. Fortuny] |
La obra de Herodiano es una historia de quienes no tienen historia, marionetas sin raíces ni fines, en un amplio escenario sin espacio y en una sucesión sin tiempo. Herodiano escribe una narración simple y familiar de lo imposible; es el historiador enamorado de los momentos de crisis, aquellos en los que la figura sublime que ha de dar unidad al Imperio poderosísimo, se refracta en dos, tres e incluso cuatro personajillos, demasiado caseros para tanto papel como se les confía.
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Juliano, el Emperador [J.
F. Fortuny] |
Juliano intentó dotar al ideal pagano del soporte que represen-taba una organización eclesial y unas instituciones caritativas como las cristianas, favorecidas por y para soporte de los asesinos de su familia.
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