Noticias

Inicio  >  Noticias > Stefan Vanistendael: «La resiliencia no se construye a cualquier precio, siempre...

Stefan Vanistendael: «La resiliencia no se construye a cualquier precio, siempre tiene una dimensión ética»

Stefan Vanistendael (Utrecht, 1951) es sociólogo y demógrafo por la Universidad de Lovaina, Bélgica

Stefan Vanistendael (Utrecht, 1951) es sociólogo y demógrafo por la Universidad de Lovaina, Bélgica

Vanistendael ha participado en la II Jornada sobre Victimología, que llevaba por título «Desvictimización y reparación: potenciar la resiliencia y prevenir la victimización secundaria»

Vanistendael ha participado en la II Jornada sobre Victimología, que llevaba por título «Desvictimización y reparación: potenciar la resiliencia y prevenir la victimización secundaria»

09/05/2011

Entrevistes

Stefan Vanistendael (Utrecht, 1951) es sociólogo y demógrafo por la Universidad de Lovaina, Bélgica. Ha sido investigador en el Centro de Estudios de Población y Familia de Bruselas (CBGS) y, desde 1979, trabaja en la Oficina Internacional Católica de la Infancia (BICE), en Ginebra, donde ha ocupado diversos cargos. Difusor del concepto de resilienciaVanistendael ha participado en la II Jornada sobre Victimología, que llevaba por título «Desvictimización y reparación: potenciar la resiliencia y prevenir la victimización secundaria» y que se llevó a cabo en el Paranimfo de la UB el pasado 5 de mayo. Es autor de numerosas publicaciones en esta línea de estudio, entre las que destaca La felicidad es posible. Despertar en niños maltratados la confianza en si mismos: construir la resiliencia (2002), El realismo de la esperanza (2004) o Derechos del niño y resiliencia (2010).

 

En los últimos tiempos, se habla mucho del concepto de resiliencia, pero parece que los expertos conceptualizan de distinta manera el término. Algunos lo entienden como capacidad, otros como proceso, incluso como resultado. ¿Cómo define usted la resiliencia?
No existe una definición universalmente aceptada de resiliencia, pero tampoco me parece un problema grave. Lo mismo sucede en el caso de conceptos como el tiempo, el amor o el humor y, no obstante, los entendemos bien. Suele ser más importante centrarse en las raíces del concepto, en realidad. Según el psicólogo argentino Ramón Lascano, la resiliencia aparece en los caminos de la vida que nos sorprenden para bien, y esta observación es el punto de partida de cualquier reflexión sobre la resiliencia.
 
Una definición pragmática sería la siguiente: «La resiliencia es la capacidad de una persona o un grupo para superar grandes dificultades y crecer a través o en presencia de ellas de manera positiva». Esta capacidad puede ser latente o visible y nunca es absoluta, siempre es variable, y se construye en un proceso de interacción con el entorno. Suele ser un proceso inconsciente, que tiene lugar durante toda una vida. En ocasiones es necesario el apoyo profesional, pero muchas veces no. Una cuestión importante e injustamente olvidada es que la resiliencia siempre tiene una dimensión ética y no se construye a cualquier precio, ya que, a menudo, no es tan evidente lo que significa un crecimiento «positivo». De ahí que la reflexión ética sea muy importante.
 
Ha afirmado usted en alguna ocasión que la resiliencia aglutina tres dimensiones:
una dimensión de resistencia, otra de construcción o reconstrucción de vida, e incluso una que se aproxima a lo que los psicólogos llaman sublimación. ¿Cierto?
Sí, aunque prefiero utilizar palabras más sencillas. Por eso, para la tercera dimensión, yo suelo decir que lo que sucede es el paso de una realidad difícil a una realidad muy buena. Es el caso, por ejemplo, del testimonio de una persona que asegura, después de una enfermedad grave, que la enfermedad la ha convertido en mejor persona.
 
Ha diseñado el llamado modelo de la casita para presentar los elementos que posibilitan la resiliencia. ¿En qué consiste exactamente?
Al principio, la casita fue sencillamente una herramienta de comunicación para presentar de manera comprensible algunos elementos claves que contribuyen a la resiliencia. Pero en situaciones y países muy diversos se empezó a utilizar la casita como una herramienta para acompañar los procesos de creación de resiliencia. De este modo, esa «casita» se ha ido transformando en un modelo cualitativo de elementos de resiliencia, como la aceptación fundamental de la persona, el humor constructivo, la búsqueda de sentido, etc.
 
Se trata de una pequeña casa compuesta de varios pisos y habitaciones. Cada parte se refiere a un campo de intervención posible para la construcción o el mantenimiento de la resiliencia. Los cimientos representan las necesidades materiales básicas, como la comida y los cuidados de salud. La planta baja está formada por los vínculos y las redes sociales. En la primera planta se encuentra la capacidad para buscarle sentido a la vida. En la segunda planta hay varias habitaciones: la autoestima, las aptitudes personales y sociales, y el sentido del humor. En la buhardilla hay una habitación abierta para las nuevas experiencias por descubrir.
 
En relación con la intervención profesional, ¿qué condiciones básicas se deben crear para poder hablar de una situación de resiliencia?
Es importante saber que la intervención correcta desde un punto de vista técnico es importante, pero con eso no basta. La calidad humana de esta intervención es igual de necesaria. Habitualmente, el profesional puede construir y llevar mejor a cabo su intervención si tiene en cuenta los recursos de la persona (víctima) y de su entorno. La cuestión es: ¿cómo podemos, en un diagnóstico, ver más allá de los problemas y apreciar, además, los recursos de la persona y la manera de movilizar esos recursos? La respuesta es simple, el profesional debe trabajar conjuntamente con el paciente. Aunque la víctima no tenga ninguna responsabilidad en relación con lo que sucedió en el pasado, sí tendrá su parte de responsabilidad en ese proceso para el futuro, juntamente con los profesionales que le ayudan.
 
¿Cree que la sociedad actual, en occidente, favorece los procesos de resiliencia de los niños y las niñas?
Es imposible dar una respuesta global. Las relaciones de aceptación y de confianza son tan importantes para la resiliencia como la amistad, las redes de apoyo formal e informal. Ciertamente, a veces vivimos en un clima hostil, con relaciones muy condicionales, competición o indiferencia: «puedes hacer lo que quieras, me da igual». Esa indiferencia es casi peor que un conflicto, pues es como decir: «no existes para mí».
 
¿Qué pautas puede dar la familia para ayudar a los niños y a las niñas a tener conductas de resiliencia frente a situaciones difíciles?
No sé si podemos hablar de pautas, pero es importante que niños y niñas ―y también adultos― se sientan aceptados y apoyados por la familia, particularmente en situaciones difíciles, y que puedan aprender de sus errores. No se trata de fomentar la sobreprotección, que podría sofocar a la persona, pero sí hay que intentar buscar siempre el lado positivo de las cosas ―sin negar o ignorar los problemas―, ya que de este modo lograremos «construir». Es importante, además, que cada persona desarrolle su autoestima. Y en situaciones de peligro extremo es crucial que los adultos que están con los niños, si es posible, mantengan la calma. Los estudios demuestran que de este modo se les protege mucho más.
 
En una entrevista dijo que las tres gracias de la vida son el humor, la belleza y el amor. ¿Por qué?
Básicamente, porque son tres elementos que nos transportan un poco más allá de todo lo que podemos controlar, y que pueden ayudarnos a aceptar la vida de un modo muy constructivo. Así podremos liberarnos de la reducción utilitarista, que es muy fuerte en la sociedad occidental y que a mi parecer hace mucho daño. Todo lo que es útil es importante, pero no es suficiente para vivir. Observamos, por ejemplo, que la belleza (el arte, la naturaleza), aunque no sea algo propiamente útil, sí ayuda a mucha gente que atraviesa problemas difíciles. En el caso del humor, tiene que ser humor constructivo, pues el humor «pervertido» en sarcasmo es muy peligroso.
 
¿Se puede trabajar y potenciar el sentido del humor en niños?
Indirectamente sí, pero es importante que se dé un clima de confianza. De no ser así, el humor puede tornarse rápidamente agresivo. Podemos potenciar el sentido del humor mediante juegos, con chistes positivos, a través de sorpresas agradables, o mediante historias o películas divertidas, pero hay que tener siempre en cuenta que hay ciertos límites que no se deben sobrepasar, ya que no se puede uno reír de todo. Muchas veces, basta con que en un grupo de niños y niñas haya uno o dos que tengan un buen sentido del humor para que disfrute todo el grupo. Ahora bien, el humor se desarrolla más o menos según la edad y las capacidades del niño, y el aprendizaje puede empezarse muy temprano si una persona de confianza juega con el bebé.
 
 
Compártelo en:
| Más |
  • Síguenos:
  • botón para acceder al facebook de la universitat de barcelona
  • botón para acceder al twitter de la universitat de barcelona
  • ??? peu.google.alt ???
  • botón para acceder al youtube de la universitat de barcelona
  • botón para acceder al rss de la universitat de barcelona
Miembro de: Dos Campus de Excelencia Internacional logo del leru - League of European Research Universities logo del bkc - campus excel·lència logo del health universitat de barcelona campus

© Universitat de Barcelona