Marshall Ganz.
10/08/2012
Durante este mes de agosto, recuperamos algunas de las entrevistas que hemos publicado en la web de la UB a lo largo del curso.
Marshall Ganz es profesor de la John F. Kennedy School of Government de Harvard, y está considerado uno de los principales artífices de la campaña que llevó a Barak Obama a la Presidencia de los Estados Unidos. Además de su trayectoria académica como investigador en el ámbito de las ciencias sociales, ha formado parte del movimiento de los derechos civiles norteamericano bajo el liderazgo de Martin Luther King y de César Chávez. Ganz impartió una conferencia en el marco de la Jornada sobre Política Dialógica organizada por el Centro de Investigación en Teorías y Prácticas Superadoras de Desigualdades de la Universidad de Barcelona (CREA).
¿Cuál es su concepto de liderazgo?
El liderazgo es la relación de tres ideas: el individuo, la comunidad y la acción. Cuando todo va como debe ir, ¿para qué se necesita el liderazgo? El hábito gobierna, los sistemas trabajan y todos vamos bien. Es cuando hay contradicciones, cambios o sorpresas cuando se requiere una intervención creativa de adaptación. La formulación que yo uso de liderazgo es la de aceptar una responsabilidad para facilitar a otros que consigan sus propósitos frente la incertidumbre. El asunto de la incertidumbre supone un reto particular, un reto que implica las manos, la cabeza y el corazón. Para las manos, el reto es cómo desarrollar las habilidades necesarias para enfrentarse con un problema nuevo. Para el cerebro, cómo usar los recursos para nuevas formas, nuevas estrategias; para lograr las metas marcadas frente a la incertidumbre. Y en cuanto al corazón, el reto es cómo hallar la esperanza, la fe, la confianza en sí mismo, para poder enfrentarse a la incertidumbre, que es un gran reto. El liderazgo, entonces, es una práctica y se puede desempeñar desde lugares muy diferentes.
En el liderazgo hay una decisión de aceptar cierta responsabilidad, pero no se trata de ser como una diva; se trata de interactuar con otros para lograr un propósito. Creer que el liderazgo está en una sola persona no es realista, y además es muy problemático. Se inventa la mitología del líder carismático que siempre está solo, pero realmente la historia no es así. Nosotros hemos experimentado mucho la estructura de liderazgo de equipo; es decir, un modelo de autoridad colaborativa, como un equipo de fútbol. Se sabe quién tiene la resposabilidad, pero al mismo tiempo se requiere colaboración. Así realizamos la campaña de Obama de voluntarios.
¿Cree que esto es aplicable en todas la sociedades? Pienso, por ejemplo, en los movimientos sociales del norte de África.
Uno nunca debe decir «nunca». Desde hace año y medio estoy trabajando en Jordania, Siria, en lugares de cultura árabe, y ha sido muy interesante. Porque la tradición de liderazgo es casi siempre de un hombre que manda. Cuando hicimos un taller en Jordania, en Amán, hace un año, con cuarenta activistas de educación, salud, diferentes ramas de ocupación... y tratamos esa idea del liderazgo, para ellos era como un alivio: «No tiene que ser así, no tiene por qué ser siempre alguien que manda». Para sostener un modelo de liderazgo de equipo hacen falta valores de igualdad, de inclusión. Y la tradición islámica tiene todos esos valores, tiene mucho de compasión, de igualdad. También tiene otros valores que quizá no son tan buenos, como todas las culturas, como cualquier cultura. Y también tiene mucho deseo de experimentar. Hemos estado haciendo campañas especialmente entre la juventud. Por ejemplo, en Túnez, de cara a las elecciones, hemos trabajado con jóvenes, que se han organizado para proponer candidatos independientes, y se preguntaban: «¿cómo podemos organizarnos para no caer en lo mismo que en el pasado, para poder hacer progresos?». Yo no creo que se esté limitado por la cultura, cada cultura tiene muchos ríos que corren por ella.
¿Las nuevas tecnologías significan una inflexión en la historia de los movimentos sociales?
Lo sabremos quizás en cien años, quién sabe. Es un cambio significativo y está claro que facilita la comunicación de forma fantástica. Yo doy un curso de organización comunitaria en Harvard y hemos hecho una versión a distancia con 98 estudiantes de 18 países. Y nos podemos ver, se puede crear un ambiente realmente interactivo y personal. Podemos hacer por ejemplo un role play con alguien de Amán, con alguien de Belgrado. Y todo el mundo puede verlo, pueden levantar la mano, pueden hacer comentarios... Es una forma potente de comunicación y de compartir información. Si es un cambio cualitativo, quién sabe. En 1848 buena parte de los estados europeos ―excepto España, creo― tuvieron movimientos revolucionarios, y fue por medio de unos hombres a caballo que pasaban de un pueblo a otro...
Gente es gente, relaciones son relaciones, corazón es corazón. Lo que nos define como humanos no cambia, el entorno sí cambia, los medios para comunicar sí cambian. Por ejemplo, en Egipto se habla de Facebook y todo eso, y aunque es evidente que tuvo un papel importante, también lo tuvo el movimiento del 6 de abril que lleva tiempo organizándose, como una red de líderes sin base. Lo que se hizo a través de Internet y las manifestaciones fue la base, que apareció como un globo que de repente se hincha con aire. En una manifestación en el estado de Wisconsin ―una protesta porque el estado iba a eliminar derechos sindicales― se ocupó el capitolio de aquel estado, y desde Egipto ¡les mandaron pizzas gracias a Internet! Es decir, llegó un pizzero con pizzas que les mandaban sus hermanos de El Cairo. Para mí es algo bonito, muy interesante, pero veremos...
Usted habla de una manera de hacer política que no sé hasta qué punto es compatible con la forma tradicional, en que los partidos contratan a una empresa de marketing para que haga una gran campaña en todos los medios de comunicación con la foto del candidato.
Cuando Obama empezó su campaña en 2007, imaginar que un negro pudiera salir elegido presidente de los Estados Unidos se decía que era de locos, imposible. El sistema político de los Estados Unidos tiene muchos problemas. Por ejemplo, si uno tiene un 51 % de votos, gana el 100 % de representación en un distrito, y si tiene el 49 %, nada. Los votos de Nueva York, Los Ángeles o California no cuentan como los de Misisipi... Hay muchos problemas a escala institucional que hacen muy difícil una política de mayoría democrática como debe ser. Pero las primarias sí que ofrecen una oportunidad: si puedes pasar por esa «puertita», entonces ya puedes jugar, pero se requiere una motivación auténtica. La gente tiene que estar dispuesta a comprometer su tiempo en tareas de voluntariado, y no lo van a hacer si no creen en la causa. Si piensan que es un juego, que es un negocio, que solo los están utilizando, no van a participar. Como dicen los mejicanos, «no somos pendejos». Pero si es algo auténtico, si es algo verdadero, si es algo que sí tiene posibilidades, la gente sí participa.
Es importante la credibilidad.
Es esencial. Y no digo credibilidad en el sentido de creer en Santa Claus, si no una credibilidad en el sentido de posibilidad. Hay una definición de esperanza que formuló Maimónides, que era de Córdoba, de esa Córdoba maravillosa del siglo xii. El sabio Maimónides dijo que esperanza es creer en la plausibilidad de lo posible, no en la necesidad de lo probable. Si la gente lo ve así, se anima mucho. Es lo que les animó en la campaña de Obama. Pero si sienten que les están utilizando, no participarán. De ahí la importancia de distribuir el liderazgo y la responsabilidad