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David G. Torres: «Las políticas culturales todavía se planifican desde la instrumentalización de la cultura y no desde la creencia en su valor»

David G. Torres es director y profesor del máster de Arte Actual del IL3-UB.

David G. Torres es director y profesor del máster de Arte Actual del IL3-UB.

Es colaborador como crítico de arte en diversas publicaciones y ha comisariado exposiciones a escala nacional e internacional.

Es colaborador como crítico de arte en diversas publicaciones y ha comisariado exposiciones a escala nacional e internacional.

Además, es codirector y cofundador de A*DESK, Instituto Independiente de Crítica y Arte Contemporáneo.

Además, es codirector y cofundador de A*DESK, Instituto Independiente de Crítica y Arte Contemporáneo.

13/08/2012

Durante este mes de agosto, recuperamos algunas de las entrevistas que hemos publicado en la web de la UB a lo largo del curso. 

 

David G. Torres es director del máster de Arte Actual del Instituto de Formación Continua de la Universidad de Barcelona (IL3-UB). Además, es codirector y cofundador de A*DESK, Instituto Independiente de Crítica y Arte Contemporáneo. Es colaborador como crítico de arte en El Cultural y ha colaborado como crítico también en Art Press y Lápiz, entre otros. Ha sido comisario del Arts Santa Mònica (Barcelona) y ha hecho exposiciones en Objectif (Amberes, Bélgica), Bloomberg Space (Londres, Reino Unido), Iconoscope (Montpellier, Francia), la Bienal de Pontevedra, el Palais de Tokyo (París, Francia), Macro (Roma, Italia), el Museo de Reikiavik (Islandia) y en los Project Rooms de ARCO (Madrid). En Barcelona también ha comisariado proyectos en La Capella, en la Fundación Joan Miró, en la Fundación La Caixa y en la Diputación de Barcelona. Asimismo, ha sido comisario del pabellón catalano-balear de la Bienal de Venecia. Este verano coordinó el curso Arte actual: producción, exhibición y mercado, que se llevó a cabo en el marco de Els Juliols UB.

El curso de Els Juliols Arte actual: producción, exhibición y mercado, que coordinó, destacó por su buena acogida. De hecho, fue el curso en el que se matricularon más alumnos. ¿Cuál cree que fue la clave del éxito?

Nosotros también nos quedamos gratamente sorprendidos por el éxito y la acogida, y por el grado de interés, colaboración y respuesta de los alumnos. Durante la presentación del curso señalé la importancia de los estudios universitarios. Soy ex alumno de la UB, y considero que los conocimientos adquiridos durante la carrera han formado la base intelectual de mi trabajo. Es fundamental, pues, la función de la universidad para establecer las bases teóricas y de conocimientos. Pero también es cierto que se hace más complicado entender cómo funciona el entramado profesional del arte contemporáneo. Nosotros pretendíamos ofrecer una visión general del panorama del arte actual, qué papel tienen los distintos agentes, y hacer una especie de mapa del arte actual. Creo que ésa fue la clave del éxito del curso.
 
¿Podría hacernos un breve análisis de la situación actual en el arte contemporáneo? ¿Qué impacto tiene el fenómeno de la globalización en el arte?
Es imposible hacer una evaluación general del panorama del arte actual. Aun así creo que, efectivamente, hemos asistido a un fenómeno de globalización y multiplicación de la estructura del arte. Una estructura magnificada y condicionada por su crecimiento económico. Es decir, condicionada, como cualquier otro sector, por las grandes economías y por las emergentes. Ante este panorama, que estaba en formación, la crisis ha modificado las relaciones. A eso hay que añadir los nuevos medios de distribución de la información como Internet. Cada vez más personas y más diversas forman el público interesado en las prácticas artísticas y tienen acceso a ellas.
 
Y en paralelo a este público, un sistema económico insiste en la obra única y en una distribución a pequeña escala, para unos pocos. Si el sistema económico de otros ámbitos, por ejemplo la música o el cine, se ha visto afectado por el nuevo paradigma de distribución en el que vivimos, el del arte también se verá afectado. Como dice el refrán: «Cuando veas las barbas de tu vecino cortar, pon las tuyas a remojar».
 
¿La evolución del arte actual obliga a replantear el papel de las instituciones de arte? ¿Y el del artista?
En primer lugar, habría que revisar la propia idea de arte y de artista. Cada vez resulta más pertinente hablar de prácticas artísticas, no sólo por su carácter híbrido, sino por una resistencia que todo creador o intelectual debe ofrecer a dejarse clasificar, y porque las producciones culturales más interesantes quizá aparecen en los resquicios de un sistema establecido. En segundo lugar, habitualmente las instituciones han ido a remolque de lo que pasa. Muchas han decidido cambiar ese papel y ser activas, evitar las categorías y trabajar en complejidad y colaboración. De algún modo, desean convertirse, más que en conservadoras, en productoras.
 
¿Qué opinión tiene sobre las políticas culturales y de arte que se llevan a cabo en Cataluña y España? ¿Protegen la creación y producción artísticas?
En estos momentos resulta muy difícil hablar del papel que tiene la política como impulsora de la cultura debido a la situación de crisis que afecta de manera muy grave a un sector tan débil como es la cultura. Pero al margen de la situación coyuntural, obviamente, en España y en Cataluña es necesaria una auténtica política cultural democrática. Es decir, que crea en los ciudadanos y en la cultura más allá de intentar instrumentalizarlos a ambos. Incluso la propia idea de protección es problemática. No se trata de proteger sino de creer en la importancia de la cultura y de los creadores para una sociedad. Así que mi opinión es que las políticas culturales aún se planifican desde la instrumentalización de la cultura y no desde la creencia en su valor.
 
Teniendo en cuenta la evolución vertiginosa de la creación artística en las últimas décadas con la incorporación de las nuevas tecnologías, ¿hacia dónde cree que puede evolucionar la creación artística? ¿Qué retos deberá afrontar de cara al futuro?
Artistas, críticos, escritores, comisarios, etc. —es decir, los productores culturales— deberán afrontar los mismos retos de siempre: trabajar en complejidad y tener algo que decir, sea por el medio que sea, sobre la realidad y el mundo. Ahora bien, el sistema económico del arte sí que deberá afrontar retos en relación con las nuevas formas de producción y distribución.
 
Mi interpretación de cara al futuro es que asistiremos, si no estamos haciéndolo ya, a una doble estructura: por una parte, el espectáculo de las grandes exposiciones, eventos y artistas en una gran estructura económica global y, por otra, la aparición de iniciativas muy concretas y contextuales para las que el apelativo de si son arte o no será lo más importante.
 
Para acabar, ¿qué consejo les daría a los artistas emergentes que quieran introducirse en el sector profesionalizado?

Que vayan a ver tantas exposiciones como puedan; que vayan a visitar galerías, centros de arte, pequeñas iniciativas, y no sólo museos (aunque también, claro). Que lean mucho, que visiten webs que recogen artículos sobre arte; que discutan mucho, piensen mucho y no tengan miedo a equivocarse. Que hagan propuestas y busquen vías para publicarlas o darles visibilidad. Y lo más difícil: que poco a poco vayan encontrando qué tienen que decir... El resto, todo lo aparentemente más estratégico, tiene poca importancia en relación con el hecho de conocer, ver, leer, discutir y hacer.

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