Universidad de Barcelona y monumento al Doctor Robert
Universitat de Barcelona
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El catalanismo se mueve

1901-1930

Decía Torras i Bages que «el día que la universidad sea catalana empezará verdaderamente la Reinaxença de Cataluña». Y es que los intelectuales del momento no ven con buenos ojos el modelo de universidad existente. Basta con leer a Enric Prat de la Riba, que opina que la universidad es un simple «negociado de conocimientos científicos» y un transmisor de la «cultura oficial».  

Con vistas a modernizar una institución tan rígida, se celebran encuentros como el Primer Congreso Universitario Catalán (1903), que reclama la creación de cátedras de Catalán —el gran deseo de Pompeu Fabra—, de Derecho Civil Catalán, de Historia de Cataluña, etc. El ideal sería fundar una Universidad Nacional Catalana, pero del Congreso sale una iniciativa más modesta: crear estudios universitarios catalanes paralelos. Se prohíbe hacerlos en la misma universidad y, por eso, se impartirán en el Ateneo Barcelonés y en el Centro Excursionista de Cataluña. Hasta que llega Primo de Rivera y lo para todo. 

  • 31 de enero de 1903

    Primer Congreso Universitario Catalán (algunos estudiantes asisten con barretina)

  • 16 de octubre de 1903

    Creación de los Estudios Universitarios Catalanes

  • 2 de octubre de 1906

    La Universidad de Barcelona logra la autonomía y toma el nombre de Universidad Autónoma de Barcelona

    Inauguración del nuevo edificio de la Facultad de Medicina y del Hospital Clínic

  • 1915

    Creación de la Escuela Superior de Bibliotecarios

  • 7 de abril de 1917

    Segundo Congreso Universitario Catalán. Francesc Layret propone que la universidad debe ser, ante todo, el órgano propulsor de la cultura catalana 

  • 1923–1930

    Dictadura de Primo de Rivera

Josep Pla

Josep Pla: el estudiante que no echa en falta la Universidad

Una historia singular

En otoño de 1918, la pandemia de la mal llamada gripe española vive momentos de gran virulencia en Cataluña. La Mancomunidad instala controles sanitarios en los puertos y en las estaciones de tren, el Ayuntamiento de Barcelona cierra pozos de agua y prohíbe la circulación de rebaños por la ciudad. También se cierran escuelas públicas y universidades por precaución. De hecho, un joven Josep Pla —que había comenzado estudios de Medicina y al final se licenciaría en Derecho— ha intentado ir a clase, pero se encuentra las puertas cerradas: 

«1918. 8 de marzo — Como hay tanta gripe, han tenido que clausurar la Universidad. Desde entonces, mi hermano y yo vivimos en casa, en Palafrugell, con la familia. Somos dos estudiantes ociosos. [...] Yo voy tirando. No añoro Barcelona y menos aún la universidad. La vida del pueblo, con los amigos que tengo aquí, me gusta.» 

Es la primera entrada del dietario del escritor. Así empieza El cuaderno gris.  

Escalinata interior de la Universidad

Apalear sardanistas y otras prácticas de la represión de Primo de Rivera

Una història singular

Con la lucha obrera en pleno auge —se ha conseguido la jornada laboral de ocho horas, al menos en la teoría—, tanto el rey Alfonso XIII como la clase empresarial deciden apoyar el golpe de Estado de Miguel Primo de Rivera. Y la represión sobre la cultura y las instituciones catalanas de la dictadura (1923-1930) no se hace esperar: se apalean sardanistas, se queman miles de libros de las bibliotecas catalanas, se cierra el campo del Barça y se clausura el Orfeón Catalán a perpetuidad. 

Esta represión también repercute en la Universidad. El rector, Andrés Martínez Vargas, practica una política discriminatoria y represiva y esto provoca la renuncia de algunos profesores, como es el caso del político y escritor Lluís Nicolau d'Olwer, autor de la primera historia de la literatura catalana escrita íntegramente en catalán. Al igual que la sociedad, la Universidad se va politizando y se evidencia la incompatibilidad entre los sectores inmovilistas y oficialistas y las fuerzas reformadoras. 

Universidad de Barcelona y monumento al Doctor Robert

El catalanismo se mueve

1901-1930

Decía Torras i Bages que «el día que la universidad sea catalana empezará verdaderamente la Reinaxença de Cataluña». Y es que los intelectuales del momento no ven con buenos ojos el modelo de universidad existente. Basta con leer a Enric Prat de la Riba, que opina que la universidad es un simple «negociado de conocimientos científicos» y un transmisor de la «cultura oficial».  

Con vistas a modernizar una institución tan rígida, se celebran encuentros como el Primer Congreso Universitario Catalán (1903), que reclama la creación de cátedras de Catalán —el gran deseo de Pompeu Fabra—, de Derecho Civil Catalán, de Historia de Cataluña, etc. El ideal sería fundar una Universidad Nacional Catalana, pero del Congreso sale una iniciativa más modesta: crear estudios universitarios catalanes paralelos. Se prohíbe hacerlos en la misma universidad y, por eso, se impartirán en el Ateneo Barcelonés y en el Centro Excursionista de Cataluña. Hasta que llega Primo de Rivera y lo para todo. 

  • 31 de enero de 1903

    Primer Congreso Universitario Catalán (algunos estudiantes asisten con barretina)

  • 16 de octubre de 1903

    Creación de los Estudios Universitarios Catalanes

  • 2 de octubre de 1906

    La Universidad de Barcelona logra la autonomía y toma el nombre de Universidad Autónoma de Barcelona

    Inauguración del nuevo edificio de la Facultad de Medicina y del Hospital Clínic

  • 1915

    Creación de la Escuela Superior de Bibliotecarios

  • 7 de abril de 1917

    Segundo Congreso Universitario Catalán. Francesc Layret propone que la universidad debe ser, ante todo, el órgano propulsor de la cultura catalana 

  • 1923–1930

    Dictadura de Primo de Rivera

Josep Pla
Universidad de Barcelona y monumento al Doctor Robert

Josep Pla: el estudiante que no echa en falta la Universidad

Una historia singular

En otoño de 1918, la pandemia de la mal llamada gripe española vive momentos de gran virulencia en Cataluña. La Mancomunidad instala controles sanitarios en los puertos y en las estaciones de tren, el Ayuntamiento de Barcelona cierra pozos de agua y prohíbe la circulación de rebaños por la ciudad. También se cierran escuelas públicas y universidades por precaución. De hecho, un joven Josep Pla —que había comenzado estudios de Medicina y al final se licenciaría en Derecho— ha intentado ir a clase, pero se encuentra las puertas cerradas: 

«1918. 8 de marzo — Como hay tanta gripe, han tenido que clausurar la Universidad. Desde entonces, mi hermano y yo vivimos en casa, en Palafrugell, con la familia. Somos dos estudiantes ociosos. [...] Yo voy tirando. No añoro Barcelona y menos aún la universidad. La vida del pueblo, con los amigos que tengo aquí, me gusta.» 

Es la primera entrada del dietario del escritor. Así empieza El cuaderno gris.  

Escalinata interior de la Universidad
Universidad de Barcelona y monumento al Doctor Robert

Apalear sardanistas y otras prácticas de la represión de Primo de Rivera

Una història singular

Con la lucha obrera en pleno auge —se ha conseguido la jornada laboral de ocho horas, al menos en la teoría—, tanto el rey Alfonso XIII como la clase empresarial deciden apoyar el golpe de Estado de Miguel Primo de Rivera. Y la represión sobre la cultura y las instituciones catalanas de la dictadura (1923-1930) no se hace esperar: se apalean sardanistas, se queman miles de libros de las bibliotecas catalanas, se cierra el campo del Barça y se clausura el Orfeón Catalán a perpetuidad. 

Esta represión también repercute en la Universidad. El rector, Andrés Martínez Vargas, practica una política discriminatoria y represiva y esto provoca la renuncia de algunos profesores, como es el caso del político y escritor Lluís Nicolau d'Olwer, autor de la primera historia de la literatura catalana escrita íntegramente en catalán. Al igual que la sociedad, la Universidad se va politizando y se evidencia la incompatibilidad entre los sectores inmovilistas y oficialistas y las fuerzas reformadoras.