Una sociedad contractualista

Con la Revolución Francesa nace la sociedad moderna que conlleva una forma contractual de hacer política. Esta forma de hacer política puede verse ya en el acto fundacional del nuevo orden social donde los varones establecen un contrato.

Los sujetos masculinos del contrato original adquieren la categoría de individuos que es una categoría patriarcal. Ser un individuo es una categoría política moderna que da un estatus de igual a la hora de firmar un contrato con otro individuo Los sujetos femeninos no forman pacte del contrato original, por lo tanto, serán incluidas en la sociedad civil de manera distinta a los varones. Mientras que los hombres entran a formar parte de la sociedad civil como individuos las mujeres lo hacen como mujeres, no tienen acceso a un estatus especial que las convierta en ciudadanas. Esta diferente forma de llegada a la sociedad civil tiene una consecuencias muy concretas cuando las mujeres son una parte firmante de un contrato.

La validez de un contrato depende de que este firmado entre iguales y la categoría de individuo es la que da esta igualdad entre los varones. Pero, ¿qué sucede cuando las mujeres son una parte firmante de un contrato? Las mujeres no tienen la categoría de individuos y son partes de un contrato como mujeres. Esto tiene como consecuencia que un contrato entre un individuo y una mujer sea un contrato desigual que para Pateman se transforma en un contrato de obediencia que convierte a las mujeres en subordinadas a la par que garantiza la subordinación patriarcal.