Conclusiones.
Tras estudiar y analizar la diversa información
recopilada sobre las políticas familiares en Europa, no podemos obviar,
sin dejar constancia, la importancia que tienen o deberían tener este tipo
de políticas en cualquier estado que pretenda llamarse del bienestar.
Más
allá de la postura, visión o sistema que se adopte a la hora de
desarrollar dichas políticas, creo que es vital para cualquier gobierno
que se precie de atender las necesidades de sus ciudadanos el hecho de analizar
la situación concreta de su país y procurar realizar aquellas políticas
que por las condiciones de cada estado mejor convengan a cada uno. En este sentido,
la clasificación en distintas tendencias (liberal, socialdemócrata
o corporatista) no deberías ser más que una guía para valorar,
estudiar o analizar los distintos puntos de vista que se pueden tener (lícitamente,
por otro lado) sobre el desarrollo de políticas familiares. En resumen,
el tipo de política (entendido como visión general a partir de la
cual enfrentarse a los problemas) adoptada debería ser el punto de partida
hacia soluciones eficaces para resolver los problemas concretos que se dan en
cada país.
Si bien es cierto que los países de la Unión
Europea mantienen similitudes muy amplias en sus políticas si los compramos
con otros países del mundo, no es menos cierto que entre ellos existe un
tremendo abismo en cuanto al alcance, cuantía y prestaciones en política
familiar. En otras palabras, las políticas familiares que establecen los
distintos países de la UE son muy dispares entre sí.
Creo
que nos encontramos ante la necesidad de hacer retroceder el intervensionismo
público y delegar las cargas sociales a la familia y a la sociedad civil.
También se debería tener muy en cuenta el principio de eficiencia
en la gestión de las políticas sociales. Además, propongo
establecer un nuevo contrato social, que defendería establecer un pacto
para el interés común, con el objetivo final de redistribuir la
riqueza.
Creo que en España no existe una verdadera política
familiar, y, si existe, no está bien encaminada hacia los verdaderos problemas
familiares del Estado.