El resultado del voto de las mujeres en las elecciones de 1933 y 1936.



Mediante la Ley Electoral del 27 de junio de 1933, se reconocía que "podían ser elegidos y elegir todos los ciudadanos mayores de 23 años sin distinción de sexo ni derecho civil". A partir de entonces, e independientemente de las posturas tomadas en los debates en las Cortes, los partidos políticos intensificaron sus actividades para asegurarse el mayor número de votos femeninos en las próximas elecciones de noviembre de 1933. En 1933, estaban censadas en España 7.955.461 mujeres sobre un total de 15.164.349 electores. De modo que, al menos numéricamente, los votos femeninos representaban un aliciente importante para desarrollar una campaña activamente dirigida a la población femenina.

En dichas elecciones resultaron victoriosas las opciones de centroderecha, e inevitablemente, se consideró culpable o artífice de dicha situación al voto femenino.

Para las opciones republicanas contrarias al sufragio femenino en los debates de 1931 el resultado confirmaba sus expectativas, afianzándose la creencia de que el voto femenino era un voto conservador y clerical. Las opciones conservadoras reforzaron sus argumentaciones en favor del voto de las mujeres convencidas de que era a ellas a quien se debía la victoria. Mientras, Clara Campoamor explicó mediante un detallado estudio comparativo de las elecciones del año 1931 y 1933 como el voto femenino no había modificado cualitativamente una tendencia de voto desfavorable para las opciones de izquierda. Esta perdida de votos respondía entre otros factores a la desunión de la izquierda, la agrupación de la derecha, el desgaste político del Gobierno, el abstencionismo político, etc, y no al voto femenino. Además afirmaba la lógica de un voto femenino que se decantó hacia opciones conservadoras o obreristas, opciones que habían intentado capitalizar y atraer el voto femenino en detrimento de las opciones republicanas de izquierdas que siempre habían mostrado una gran desconfianza ante el sufragio femenino y que además las habían marginado del seno de sus organizaciones políticas y excluido de sus campañas de propaganda.

Los periódicos, semanarios y publicaciones de distintas tendencias políticas atribuyeron al sufragio femenino el resultado de las elecciones de 1933. Paradójicamente, la misma opinión pública y publicada que culpabilizó a las mujeres de la derrota de la izquierda en 1933, las elevaría a la categoría de "redentoras" cuando en las elecciones de 1936 triunfasen las candidaturas de izquierda. En ambos casos, múltiples factores colaboraron en el hecho de que el resultado electoral se decantase hacia la derecha o la izquierda. También en ambos casos, las campañas destinadas a atraer el voto femenino, tanto de los partidos y organizaciones de izquierda como de derechas, atribuyeron a las mujeres un papel de madre, esposa o hija. Mientras en 1933 la derecha pidió el voto de las mujeres en calidad de madres y en defensa de la familia, en 1936 la izquierda pidió el voto femenino en calidad de madres y en defensa de los presos políticos.

De hecho, ni en 1933 ni en 1936 existen ni programas ni campañas políticas dirigidas directamente a las mujeres. No fue hasta 1936 y desde la retaguardia de guerra cuando las reivindicaciones femeninas alcanzaron un verdadero protagonismo.

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