Participación de la mujer en el trabajo.
Uno de los procesos del cambio social que se realiza durante la transición política a la democracia y que afectan específicamente a las mujeres es el de la progresiva participación de estas en el mercado de trabajo. La tasa de actividad de las mujeres ha ido aumentando desde 1981, a pesar de que hoy todavía es una de las más bajas de la Comunidad Europea: el 33,5% de la población activa total, cifra notablemente por debajo de la media comunitaria, que está alrededor del 45%.
Los factores estructurales que favorecen esta progresión, son el fuerte aumento del nivel educativo y los decrecientes niveles de fecundidad. En 1975 el índice sintético estaba en el 2,80 y ha ido disminuyendo hasta situarse en el 1,63 en 1987.
Estos datos son algunos datos indicativos procedente de estadísticas oficiales que permiten deducir la relación entre mujeres de mayor nivel educativo con su elección de fecundidad. Es el punto de vista de los propios intereses de las mujeres cara la mercado de trabajo el que crea esa relación que se ha visto fortalecida por el acceso a la información sobre anticonceptivos y aborto.
Los dos procesos sociales, la progresiva participación en el mercado de trabajo y la disminución del índice de fecundidad, son independientes de las condiciones económicas generales. Puede darse mayor tasa de paro femenino (de hecho, el paro suele golpear más a las mujeres que a los varones) pero descenso de la actividad. La vuelta atrás (regreso al hogar), como preconizaron algunos análisis a finales de los años setenta, no parece que este en el horizonte.