Relato de un testimonio.
No es posible ocultar que estos jóvenes tienen un futuro incierto y creemos que el mejor medio rara expresarlo es el relato que Mohamed Ramdani describe así:
"Cuando la tierra desnuda y seca se transforma en polvo que el viento lleva, cuando el sol impone se ardiente tiranía y somete la naturaleza entera a un reino de infierno. El árbol dañado sumerge sus raíces más desesperadamente, en un último y desesperado combate antes de ajarse y perecer.
Entonces, el tiempo, invisible testigo del drama, sale de su reserva y recubre al difunto del espeso velo del olvido. La tragedia del árbol herido se parece a la nuestra. Los sociólogos nos llaman -a falta de otra cosa - los inmigrados de la segunda generación.
Extranjeros en Francia y en nuestro país, es tanto como llamarnos "hijos de la noche". No nos parecemos ya a nuestros padres que cavaron zanjas, recogieron basura, edificaron pisos. Ellos tienen la esperanza mítica de una vuelta triunfal a la cábila, donde esperan un trozo de tierra y una morada apacible, frutos tardíos y amargos de una vida de trabajos y privaciones, Castrando el sueño de sus padres y rehusando pagar el tributo, los hijos de la decrepitud del árbol. Dados a la luz por la Historia y también renegados por ella, gritamos a la faz del mundo: ¿Quiénes somos? Privados de la memoria colectiva de nuestros antepasados no llegamos a situarnos en una realidad que nos sacude.
En la escuela los maestros no inculcan la superioridad de Occidente, su historia, sus valores, sus héroes, su fuerza. Una escuela que sanciona masivamente nuestra "incultura"y nuestra inadaptación social. En casa el padre y la madre continúan su sempiterno monólogo sobre la cábila, alavando sus virtudes y callando sus miserias. Un monólogo en árabe, un árabe singularmente empobrecido por el exilio, pero que no comprendemos ya muchos nosotros".