Las migraciones a España.

Mayoritariamente tenemos una visión racista (de la inmigración económica. Muchos de los inmigrantes británicos son inmigrantes económicos). Y no pensamos en los británicos, japoneses... nos fijamos en los marroquíes, africanos... que por su rasgos físicos característicos nos llaman la atención.

Nos fijamos en si el individuo es consumidor o productor del estado del bienestar, observamos también un incremento de mujeres inmigrantes, de los menores de 16 años. Quién convive en vecindad con gente inmigrantes debe acostumbrarse a muchos elementos nuevos: presencia cotidiana de inmigrantes en la calle, su aspecto físico, diversas manifestaciones culturales, antenas parabólicas instaladas para ver el otro lado del Mediterráneo (curioso pero cierto), lenguas diferentes, músicas, tiendas, presencia multiétnica en la escuela del barrio, relatividad del tiempo horario, otra filosofía de la vida (se vive al día, el presente), noción del espacio también diferente... son tantas cosas que de ahí que haya quien habla de una invasión...

Se trata del discurso intercultural en un barrio obrero. Discursos que, en los barrios más acomodados, se realiza en términos más racistas, como fácilmente se entiende.

Sin embargo, no se puede apelar a la diferencia cultural para atribuir tratos diferenciados, es decir, hay que evitar la discriminación positiva (que puede darse, pero muy puntualmente). Llevar a cabo programas especiales para inmigrantes puede ser un planteamiento peligroso, ya que puede generar actitudes chenófobas. Que los extranjeros conozcan su entorno, desenvolverse por la ciudad... son mecanismes básicos para evitar la discriminación positiva (no tantas ayudas económicas, becas y demás que el Gobierno potencia, ya que crea así una red paralela para los inmigrantes). Por algo se dice que somos todos iguales y que merecemos, en tanto seres humanos, igualdad de condiciones. Así es como hemos de trabajar la integración, pero es un tema delicado y difícilmente solventable.

Hay, además, quien incluye a los inmigrantes en el grupo de la marginación. No debemos caer en tal error ya que ningún inmigrante es, de entrada, marginado. Si la sociedad de recepción le pone muchos obstáculos seguramente entrará en un círculo vicioso marginado, entonces sí. Pero nosotros debemos colaborar para que no sea así, para lo cual el derecho de voto es fundamental. Los extranjeros deben tener derechos pero también obligaciones. Así estaremos formando ciudadanos, CREANDO CIUDADANÍA.