Constitución
de la República española de 9 de diciembre de 1931
Preámbulo
Como Presidente de las Cortes Constituyentes, y en su nombre, declaro solemnemente
que éstas, en uso de la soberanía de que están investidas, han decretado y sancionado
lo siguiente:
ESPAÑA,
EN USO DE SU SOBERANÍA, Y REPRESENTADA POR LAS CORTES CONSTITUYENTES, DECRETA
Y SANCIONA ESTA CONSTITUCIÓN
Título
Preliminar. Disposiciones Generales
Art. 1.º España es una República democrática de trabajadores de toda clase,
que se organiza en régimen de Libertad y de Justicia.
Los poderes de todos
sus órganos emanan del pueblo.
La República constituye un Estado integral,
compatible con la autonomía de los Municipios y las Regiones.
La bandera
de la República española es roja, amarilla y morada.
Art. 2.º Todos
los españoles son iguales ante la ley.
Art. 3.º El Estado español no
tiene religión oficial.
Art. 4.º El castellano es el idioma oficial
de la República.
Todo español tiene obligación de saberlo y derecho de usarlo,
sin perjuicio de los derechos que las leyes del Estado reconozcan a las lenguas
de las provincias o regiones.
Salvo lo que se disponga en leyes especiales,
a nadie se le podrá exigir el conocimiento ni el uso de ninguna lengua regional.
Art. 5.º La capitalidad de la República se fija en Madrid.
Art. 6.º España renuncia a la guerra como instrumento de política nacional.
Art. 7.º El Estado español acatará las normas universales del Derecho internacional,
incorporándolas a su derecho positivo.
TÍTULO
I. Organización nacional
Art. 8.º El Estado español, dentro de los límites irreductibles
de su territorio actual, estará integrado por Municipios mancomunados en provincias
y por las regiones que se constituyan en régimen de autonomía.
Los territorios
de soberanía del Norte de Africa se organizan en régimen autónomo en relación
directa con el Poder central.
Art. 9.º Todos los Municipios de la República
serán autónomos en las materias de su competencia y elegirán sus Ayuntamientos
por sufragio universal, igual, directo y secreto, salvo cuando funcionen en régimen
de Concejo abierto.
Los alcaldes serán designados siempre por elección directa
del pueblo o por el Ayuntamiento.
Art. 10. Las provincias se constituirán
por los Municipios mancomunados conforme a una ley que determinará su régimen,
sus funciones y la manera de elegir el órgano gestor de sus fines político administrativos.
En su término jurisdiccional entrarán los propios Municipios que actualmente
las forman salvo las modificaciones que autorice la ley, con los requisitos correspondientes.
En las islas Canarias, además, cada isla formará una categoría orgánica provista
de un Cabildo insular como Cuerpo gestor de sus intereses peculiares, con funciones
y facultades administrativas iguales a las que la ley asigne al de las provincias.
Las islas Baleares podrán optar por un régimen idéntico.
Art. 11.
Si una o varias provincias limítrofes, con características históricas, culturales
y económicas, comunes, acordaran organizarse en región autónoma para formar un
núcleo políticoadministrativo, dentro del Estado español, presentará su Estatuto
con arreglo a lo establecido en el artículo 12.
En ese Estatuto podrán recabar
para sí en su totalidad o parcialmente, las atribuciones que se determinan en
los artículos 15, 16 y 18 de esta Constitución, sin perjuicio, en el segundo caso,
de que puedan recabar todas o parte de las restantes por el mismo procedimiento
establecido en este Código fundamental.
La condición de limítrofes no es
exigible a los territorios insulares entre sí.
Una vez aprobado el Estatuto,
será la ley básica de la organización políticoadministrativa de la región autónoma,
y el Estado español la reconocerá y amparará como parte integrante de su ordenamiento
jurídico.
Art. 12. Para la aprobación del Estatuto de la región autónoma
se requieren las siguientes condiciones:
a) Que lo proponga la mayoría de
sus Ayuntamientos o, cuando menos, aquellos cuyos Municipios comprendan las dos
terceras partes del Censo electoral de la región.
b) Que lo acepten, por
el procedimiento que señale la ley Electoral, por lo menos las dos terceras partes
de los electores inscritos en el Censo de la región. Si el plebiscito fuera negativo,
no podrá renovarse la propuesta de autonomía hasta transcurridos cinco años.
c) Que lo aprueben las Cortes.
Los Estatutos regionales serán aprobados por
el Congreso siempre que se ajusten al Presente Título y no contengan, en caso
alguno, preceptos contrarios a la Constitución, y tampoco a las leyes orgánicas
del Estado en las materias no transmisibles al poder regional, sin perjuicio de
la facultad que a las Cortes reconocen los artículos 15 y 16.
Art. 13.
En ningún caso se admite la Federación de regiones autónomas.
Art. 14.
Son de la exclusiva competencia del Estado español la legislación y la ejecución
directa en las materias siguientes: - Adquisición
y pérdida de la nacionalidad y regulación de los derechos y deberes constitucionales.
- Relación entre las
Iglesias y el Estado y régimen de cultos.
- Representación
diplomática y consular y, en general, la del Estado en el exterior; declaración
de guerra; Tratados de paz; régimen de Colonias y Protectorado, y toda clase de
relaciones internacionales.
- Defensa
de la seguridad pública en los conflictos de carácter suprarregional o extrarregional.
- Pesca marítima.
- Deuda del Estado.
- Ejército, Marina de guerra
y Defensa nacional.
- Régimen
arancelario, Tratados de Comercio, Aduanas y libre circulación de las mercancías.
- Abanderamiento de
buques mercantes, sus derechos y beneficios e iluminación de costas.
- Régimen de extradición.
- Jurisdicción del Tribunal Supremo,
salvo las atribuciones que se reconozcan a los Poderes regionales.
- Sistema monetario, emisión fiduciaria
y ordenación general bancaria.
- Régimen
general de comunicaciones, líneas aéreas, correos, telégrafos, cables submarinos
y radiocomunicación.
- Aprovechamientos
hidráulicos e instalaciones eléctricas, cuando las aguas discurran fuera de la
región autónoma o el transporte de la energía salga de su término.
- Defensa sanitaria en cuanto afecte
a intereses extrarregionales.
- Policía
de fronteras, inmigración, emigración y extranjería.
- Hacienda
general del Estado.
- Fiscalización
de la producción y el comercio de armas.
Art. 15. Corresponde al Estado español la legislación, y podrá corresponder a
las regiones autónomas la ejecución, en la medida de su capacidad política, a
juicio de las Cortes, sobre las siguientes materias: - Legislación
penal, social, mercantil y procesal, y en cuanto a la legislación civil, la forma
del matrimonio, la ordenación de los registros e hipotecas, las bases de las obligaciones
contractuales y la regulación de los Estatutos personal, real y formal, para coordinar
la aplicación y resolver los conflictos entre las distintas legislaciones civiles
de España.
La ejecución de las leyes sociales será inspeccionada por el Gobierno
de la República, para garantizar su estricto cumplimiento y el de los tratados
internacionales que afecten a la materia.
- Legislación
sobre propiedad intelectual e industrial.
- Eficacia
de los comunicados oficiales y documentos públicos.
- Pesas
y medidas.
- Régimen
minero y bases mínimas sobre montes, agricultura ganadería, en cuanto afecte a
la defensa de la riqueza y a la coordinación de la economía nacional.
- Ferrocarriles, carreteras, canales,
teléfonos y puertos de interés general, quedando a salvo para el Estado la reversión
y policía de los primeros y la ejecución directa que pueda reservarse.
- Bases mínimas de la legislación sanitaria
interior.
- Régimen
de seguros generales y sociales.
- Legislación
de aguas, caza y pesca fluvial.
- Régimen
de Prensa, Asociaciones, reuniones y espectáculos públicos.
- Derecho
de expropiación, salvo siempre, la facultad del Estado para ejecutar por sí sus
obras peculiares.
- Socialización
de riquezas naturales y empresas económicas, delimitándose por la legislación
la propiedad y las facultades del Estado y de las regiones.
- Servicios
de aviación civil y radiodifusión.
Art. 16. En las materias no comprendidas en los dos artículos anteriores podrán
corresponder a la competencia de las regiones autónomas la legislación exclusiva
y la ejecución directa, conforme a lo que dispongan los respectivos Estatutos
aprobados por las Cortes.
Art. 17. En las regiones autónomas no se podrá
regular ninguna materia con diferencia de trato entre los naturales del país y
los demás españoles.
Art. 18. Todas las materias que no estén explícitamente
reconocidas en su Estatuto a la región autónoma, se reputarán propias de la competencia
del Estado; pero éste podrá distribuir o transmitir las facultades por medio de
una ley.
Art. 19. El Estado podrá fijar, por medio de una ley, aquellas
bases a que habrán de ajustarse las disposiciones legislativas de las regiones
autónomas, cuando así lo exigiere la armonía entre los intereses locales y el
interés general de la República. Corresponde al Tribunal de Garantías Constitucionales
la apreciación previa de esta necesidad.
Para la aprobación de esta ley se
necesitará el voto favorable de las dos terceras partes de los Diputados que integren
las Cortes.
En las materias reguladas por una ley de Bases de la República
las regiones podrán estatuir lo pertinente, por ley o por ordenanza.
Art. 20. Las leyes de la República serán ejecutadas en las regiones autónomas
por sus autoridades respectivas, excepto aquellas cuya aplicación esté atribuida
a órganos especiales o en cuyo texto se disponga lo contrario, siempre conforme
a lo establecido en este Título.
El Gobierno de la República podrá dictar
Reglamentos para la ejecución de sus leyes, aun en los casos en que esta ejecución
corresponda a las autoridades regionales.
Art. 21. El derecho del Estado
español prevalece sobre el de las regiones autónomas en todo lo que no esté atribuido
a la exclusiva competencia de éstas en sus respectivos Estatutos.
Art.
22. Cualquiera de las provincias que forme una región autónoma o parte de ella
podrá renunciar a su régimen y volver al de provincia directamente vinculada al
Poder central. Para tomar este acuerdo será necesario que lo proponga la mayoría
de sus Ayuntamientos y lo acepten, por lo menos, dos terceras partes de los electores
inscritos en el censo de la provincia.
TÍTULO
II. Nacionalidad
Art. 23. Son españoles: - Los
nacidos, dentro o fuera de España, de padre o madre españoles.
- Los nacidos en territorio español
de padres extranjeros siempre que opten por la nacionalidad española en la forma
que las leyes determinen.
- Los
nacidos en España de padres desconocidos.
- Los
extranjeros que obtengan carta de naturaleza y los que sin ella hayan ganado vecindad
en cualquier pueblo de la República, en los términos y condiciones que prescriban
las leyes.
La extranjera que case con español conservará su nacionalidad
de origen o adquirirá la de su marido, previa opción regulada por las leyes de
acuerdo con los Tratados internacionales.
Una ley establecerá el procedimiento
que facilite la adquisición de la nacionalidad a las personas de origen español
que residan en el extranjero.
Art. 24. La calidad de español se pierde: - 1.º
Por entrar al servicio de las armas de una potencia extranjera sin licencia del
Estado español, o por aceptar empleo de otro Gobierno que lleve anejo ejercicio
de autoridad o jurisdicción.
- 2.º
Por adquirir voluntariamente naturaleza en país extranjero.
A base de una
reciprocidad internacional efectiva y mediante los requisitos y trámites que fijará
una ley, se concederá ciudadanía a los naturales de Portugal y países hispánicos
de América, comprendido el Brasil, cuando así lo soliciten y residan en territorio
español, sin que pierdan ni modifiquen su ciudadanía de origen.
En estos
mismos países, si sus leyes no lo prohiben, aun cuando no reconozcan el derecho
de reciprocidad, podrán naturalizarse los españoles sin perder su nacionalidad
de origen.
TÍTULO
III. Derechos y Deberes de los Españoles
Capítulo
Primero. Garantías individuales y políticas
Art. 25. No podrán ser fundamento de privilegio jurídico: la naturaleza,
la filiación, el sexo, la clase social, la riqueza, las ideas políticas ni las
creencias religiosas.
Art. 26. Todas las confesiones serán consideradas
como Asociaciones sometidas a una ley especial.
El Estado, las regiones,
las provincias y los Municipios, no mantendrán, favorecerán, ni auxiliarán económicamente
a las Iglesias, Asociaciones e Instituciones religiosas.
Una ley especial
regulará la total extinción, en un plazo máximo de dos años, del presupuesto del
Clero.
Quedan disueltas aquellas Ordenes religiosas que estatutariamente
impongan, además de los tres votos canónicos, otro especial de obediencia a autoridad
distinta de la legítima del Estado. Sus bienes serán nacionalizados y afectados
a fines benéficos y docentes.
Las demás Ordenes religiosas se someterán a
una ley especial votada por estas Cortes Constituyentes y ajustadas a las siguientes
bases: - Disolución
de las que, por sus actividades, constituyan un peligro para la seguridad del
Estado.
- Inscripción
de las que deban subsistir, en un Registro especial dependiente del Ministerio
de Justicia.
- Incapacidad
de adquirir y conservar, por sí o por persona interpuesta, más bienes que los
que, previa justificación, se destinen a su vivienda o al cumplimiento directo
de sus fines privativos.
- Prohibición
de ejercer la industria, el comercio o la enseñanza.
- Sumisión
a todas las leyes tributarias del país.
- Obligación
de rendir anualmente cuentas al Estado de la inversión de sus bienes en relación
con los fines de la Asociación. Los bienes de las Ordenes religiosas podrán ser
nacionalizados.
Art. 27. La libertad de conciencia y el derecho de profesar y practicar libremente
cualquier religión quedan garantizados en el territorio español, salvo el respeto
debido a las exigencias de la moral pública.
Los cementerios estarán sometidos
exclusivamente a la jurisdicción civil. No podrá haber en ellos separación de
recintos por motivos religiosos.
Todas las confesiones podrán ejercer sus
cultos privadamente. Las manifestaciones públicas del culto habrán de ser, en
cada caso, autorizadas por el Gobierno.
Nadie podrá ser compelido a declarar
oficialmente sus creencias religiosas.
La condición religiosa no constituirá
circunstancia modificativa de la personalidad civil ni política, salvo lo dispuesto
en esta Constitución para el nombramiento de Presidente de la República y para
ser Presidente del Consejo de Ministros.
Art. 28. Sólo se castigarán
los hechos declarados punibles por ley anterior a su perpetración. Nadie será
juzgado sino por Juez competente y conforme a los trámites legales.
Art. 29. Nadie podrá ser detenido ni preso sino por causa de delito. Todo detenido
será puesto en libertad o entregado a la autoridad judicial, dentro de las veinticuatro
horas siguientes al acto de la detención.
Toda detención se dejará sin efecto
o se elevará a prisión, dentro de las setenta y dos horas de haber sido entregado
el detenido al Juez competente.
La resolución que se dictare será por auto
judicial y se notificará al interesado dentro del mismo plazo.
Incurrirán
en responsabilidad las autoridades cuyas órdenes motiven infracción de este artículo
y los agentes y funcionarios que las ejecuten, con evidencia de su ilegalidad.
La acción para perseguir estas infracciones será pública, sin necesidad de
prestar fianza ni caución de ningún género.
Art. 30. El Estado no podrá
suscribir ningún Convenio o Tratado internacional que tenga por objeto la extradición
de delincuentes políticossociales.
Art. 31. Todo español podrá circular
libremente por el territorio nacional y elegir en él su residencia y domicilio,
sin que pueda ser compelido a mudarlos a no ser en virtud de sentencia ejecutoria.
El derecho a emigrar o inmigrar queda reconocido y no está sujeto a más limitaciones
que las que la ley establezca.
Una ley especial determinará las garantías
para la expulsión de los extranjeros del territorio español.
El domicilio
de todo español o extranjero residente en España es inviolable. Nadie podrá entrar
en él sino en virtud de mandamiento de Juez competente. El registro de papeles
y efectos se practicará siempre a presencia del interesado o de una persona de
su familia, y, en su defecto, de dos vecinos del mismo pueblo.
Art.
32. Queda garantizada la inviolabilidad de la correspondencia en todas sus formas,
a no ser que se dicte auto judicial en contrario.
Art. 33. Toda persona
es libre de elegir profesión. Se reconoce la libertad de industria y comercio,
salvo las limitaciones que, por motivos económicos y sociales de interés general,
impongan las leyes.
Art. 34. Toda persona tiene derecho a emitir libremente
sus ideas y opiniones, valiéndose de cualquier medio de difusión, sin sujetarse
a previa censura.
En ningún caso podrá recogerse la edición de libros y periódicos
sino en virtud de mandamiento de Juez competente.
No podrá decretarse la
suspensión de ningún periódico sino por sentencia firme.
Art. 35. Todo
español podrá dirigir peticiones, individual y colectivamente, a los Poderes públicos
y a las autoridades. Este derecho no podrá ejercerse por ninguna clase de fuerza
armada.
Art. 36. Los ciudadanos de uno y de otro sexo, mayores de veintitrés
años, tendrán los mismos derechos electorales conforme determinen las leyes.
Art. 37. El Estado podrá exigir de todo ciudadano su prestación personal
para servicios civiles o militares, con arreglo a las leyes. Las Cortes, a propuesta
del Gobierno, fijarán todos los años el contingente militar.
Art. 38.
Queda reconocido el derecho de reunirse pacíficamente y sin armas.
Una ley
especial regulará el derecho de reunión al aire libre y el de manifestación.
Art. 39. Los españoles podrán asociarse o sindicarse libremente para los
distintos fines de la vida humana, conforme a las leyes del Estado.
Los Sindicatos
y Asociaciones están obligados a inscribirse en el Registro público correspondiente,
con arreglo a la ley.
Art. 40. Todos los españoles, sin distinción de
sexo, son admisibles a los empleos y cargos públicos según su mérito y capacidad,
salvo las incompatibilidades que las leyes señalen.
Art. 41. Los nombramientos,
excedencias y jubilaciones de los funcionarios públicos se harán conforme a las
leyes. Su inamovilidad se garantiza por la Constitución. La separación del servicio,
las suspensiones y los traslados sólo tendrán lugar por causas justificadas previstas
en la ley.
No se podrá molestar ni perseguir a ningún funcionario público
por sus opiniones políticas, sociales y religiosas.
Si el funcionario público,
en el ejercicio de su cargo, infringe sus deberes con perjuicio de tercero, el
Estado o la Corporación a quien sirva serán subsidiariamente responsables de los
daños y perjuicios consiguientes, conforme determine la ley.
Los funcionarios
civiles podrán constituir Asociaciones profesionales que no impliquen ingerencias
en el servicio público que les estuviere encomendado. Las Asociaciones profesionales
de funcionarios se regularán por una ley. Estas Asociaciones podrán recurrir ante
los Tribunales contra los acuerdos de la superioridad que vulneren los derechos
de los funcionarios.
Art. 42. Los derechos y garantías consignados en
los artículos 29, 31, 34, 38 y 39 podrán ser suspendidos total o parcialmente,
en todo el territorio nacional o en parte de él, por decreto del Gobierno, cuando
así lo exija la seguridad del Estado, en casos de notoria e inminente gravedad.
Si las Cortes estuviesen reunidas, resolverán sobre la suspensión acordada
por el Gobierno.
Si estuviesen cerradas, el Gobierno deberá convocarlas para
el mismo fin en el plazo máximo de ocho días. A falta de convocatoria se reunirán
automáticamente al noveno día. Las Cortes no podrán ser disueltas antes de resolver
mientras subsista la suspensión de garantías.
Si estuvieran disueltas, el
Gobierno dará inmediata cuenta a la Diputación Permanente establecida en el artículo
62, que resolverá con iguales atribuciones que las Cortes.
El plazo de suspensión
de garantías constitucionales no podrá exceder de treinta días. Cualquier prórroga
necesitará acuerdo previo de las Cortes o de la Diputación Permanente en su caso.
Durante la suspensión regirá, para el territorio a que se aplique, la ley
de Orden público.
En ningún caso podrá el Gobierno extrañar o deportar a
los españoles, ni desterrarlos a distancia superior a 250 kilómetros de su domicilio.
Capítulo
II. Familia, Economía y Cultura
Art. 43. La familia está bajo la salvaguardia especial del Estado. El matrimonio
se funda en la igualdad de derechos para ambos sexos, y podrá disolverse por mutuo
disenso o a petición de cualquiera de los cónyuges, con alegación en este caso
de justa causa.
Los padres están obligados a alimentar, asistir, educar e
instruir a sus hijos. El Estado velará por el cumplimiento de estos deberes y
se obliga subsidiariamente a su ejecución.
Los padres tienen para con los
hijos habidos fuera del matrimonio los mismos deberes que respecto de los nacidos
en él.
Las leyes civiles regularán la investigación de la paternidad.
No podrá consignarse declaración alguna sobre la legitimidad o Ilegitimidad de
los nacimientos ni sobre el estado civil de los padres, en las actas de inscripción,
ni en filiación alguna.
El Estado prestará asistencia a los enfermos y ancianos,
y protección a la maternidad y a la infancia, haciendo suya la "Declaración de
Ginebra" o tabla de los derechos del niño.
Art. 44. Toda la riqueza
del país, sea quien fuere su dueño, está subordinada a los intereses de la economía
nacional y afecta al sostenimiento de las cargas públicas, con arreglo a la Constitución
y a las leyes.
La propiedad de toda clase de bienes podrá ser objeto de expropiación
forzosa por causa de utilidad social mediante adecuada indemnización, a menos
que disponga otra cosa una ley aprobada por los votos de la mayoría absoluta de
las Cortes.
Con los mismos requisitos la propiedad podrá ser socializada.
Los servicios públicos y las explotaciones que afecten al interés común pueden
ser nacionalizados en los casos en que la necesidad social así lo exija.
El Estado podrá intervenir por ley la explotación y coordinación de industrias
y empresas cuando así lo exigieran la racionalización de la producción y los intereses
de la economía nacional.
En ningún caso se impondrá la pena de confiscación
de bienes.
Art. 45. Toda la riqueza artística e histórica del país,
sea quien fuere su dueño, constituye tesoro cultural de la Nación y estará bajo
la salvaguardia del Estado, que podrá prohibir su exportación y enajenación y
decretar las expropiaciones legales que estimare oportunas para su defensa. El
Estado organizará un registro de la riqueza artística e histórica, asegurará su
celosa custodia y atenderá a su perfecta conservación.
El Estado protegerá
también los lugares notables por su belleza natural o por su reconocido valor
artístico o histórico.
Art. 46. El trabajo, en sus diversas formas,
es una obligación social y gozará de la protección de las leyes.
La República
asegurará a todo trabajador las condiciones necesarias de una existencia digna.
Su legislación social regulará: los casos de seguro de enfermedad, accidente,
paro forzoso, vejez, invalidez y muerte; el trabajo de las mujeres y de los jóvenes,
y especialmente la protección a la maternidad; la jornada de trabajo y el salario
mínimo y familiar; las vacaciones anuales remuneradas; las condiciones del obrero
español en el extranjero; las instituciones de cooperación; la relación económicojurídica
de los factores que integran la producción; la participación de los obreros en
la dirección, la administración y los beneficios de las empresas, y todo cuanto
afecte a la defensa de los trabajadores.
Art. 47. La República protegerá
al campesino y a este fin legislará, entre otras materias, sobre el patrimonio
familiar inembargable y exento de toda clase de impuestos, crédito agrícola, indemnización
por pérdida de las cosechas, cooperativas de producción y consumo, cajas de previsión,
escuelas prácticas de agricultura y granjas de experimentación agropecuarias,
obras para riego y vías rurales de comunicación.
La República protegerá en
términos equivalentes a los pescadores.
Art. 48. El servicio de la cultura
es atribución esencial del Estado, y lo prestará mediante instituciones educativas
enlazadas por el sistema de la escuela unificada.
La enseñanza primaria será
gratuita y obligatoria.
Los maestros, profesores y catedráticos de la enseñanza
oficial son funcionarios públicos. La libertad de cátedra queda reconocida y garantizada.
La República legislará en el sentido de facilitar a los españoles económicamente
necesitados el acceso a todos los grados de enseñanza, a fin de que no se halle
condicionado más que por la aptitud y la vocación.
La enseñanza será laica,
hará del trabajo el eje de su actividad metodológica y se inspirará en ideales
de solidaridad humana.
Se reconoce a las Iglesias el derecho, sujeto a inspección
del Estado, de enseñar sus respectivas doctrinas en sus propios establecimientos.
Art. 49. La expedición de títulos académicos y profesionales corresponde
exclusivamente al Estado, que establecerá las pruebas y requisitos necesarios
para obtenerlos aun en los casos en que los certificados de estudios procedan
de centros de enseñanza de las regiones autónomas. Una ley de Instrucción pública
determinará la edad escolar para cada grado, la duración de los períodos de escolaridad,
el contenido de los planes pedagógicos y las condiciones en que se podrá autorizar
la enseñanza en los establecimientos privados.
Art. 50. Las regiones
autónomas podrán organizar la enseñanza en sus lenguas respectivas, de acuerdo
con las facultades que se concedan en sus Estatutos. Es obligatorio el estudio
de la lengua castellana, y ésta se usará también como instrumento de enseñanza
en todos los Centros de instrucción primaria y secundaria de las regiones autónomas.
El Estado podrá mantener o crear en ellas instituciones docentes de todos los
grados en el idioma oficial de la República.
El Estado ejercerá la suprema
inspección en todo el territorio nacional para asegurar el cumplimiento de las
disposiciones contenidas en este artículo y en los dos anteriores.
El Estado
atenderá a la expansión cultural de España estableciendo delegaciones y centros
de estudio y enseñanza en el extranjero y preferentemente en los países hispanoamericanos.
TÍTULO
IV. Las Cortes
Art. 51. La potestad legislativa reside en el pueblo, que la ejerce por medio
de las Cortes o Congreso de los Diputados.
Art. 52. El Congreso de los
Diputados se compone de los representantes elegidos por sufragio universal, igual,
directo y secreto.
Art. 53. Serán elegibles para diputados todos los
ciudadanos de la República mayores de veintitrés años, sin distinción de sexo
ni de estado civil, que reúnan las condiciones fijadas por la ley Electoral.
Los diputados, una vez elegidos, representan a la Nación. La duración legal del
mandato será de cuatro años, contados a partir de la fecha en que fueron celebradas
las elecciones. Al terminar este plazo se renovará totalmente el Congreso. Sesenta
días, a lo sumo, después de expirar el mandato o de ser disueltas las Cortes,
habrán de verificarse las nuevas elecciones. El Congreso se reunirá a los treinta
días, como máximo, después de la elección. Los diputados serán reelegibles indefinidamente.
Art. 54. La ley determinará los casos de incompatibilidad de los diputados,
así como su retribución.
Art. 55. Los diputados son invioIables por
los votos y opiniones que emitan en el ejercicio de su cargo.
Art. 56.
Los diputados sólo podrán ser detenidos en caso de flagrante delito.
La detención
será comunicada inmediatamente a la Cámara o a la Diputación Permanente.
Si algún juez o Tribunal estimare que debe dictar auto de procesamiento contra
un diputado, lo comunicará así al Congreso, exponiendo los fundamentos que considere
pertinentes.
Transcurridos sesenta días, a partir de la fecha en que la Cámara
hubiere acusado recibo del oficio correspondiente, sin tomar acuerdo respecto
del mismo, se entenderá denegado el suplicatorio.
Toda detención o procesamiento
de un diputado quedará sin efecto cuando así lo acuerde el Congreso, si está reunido,
o la Diputación Permanente cuando las sesiones estuvieren suspendidas o la Cámara
disuelta.
Tanto el Congreso como la Diputación Permanente, según los casos
antes mencionados, podrán acordar que el Juez suspenda todo procedimiento hasta
la expiración del mandato parlamentario del diputado objeto de la acción judicial.
Los acuerdos de la Diputación Permanente se entenderán revocados si reunido
el Congreso no los ratificara expresamente en una de sus veinte primeras sesiones.
Art. 57. El Congreso de los Diputados tendrá facultad para resolver
sobre la validez de la elección y la capacidad de sus miembros electos y para
adoptar su reglamento de régimen interior.
Art. 58. Las Cortes se reunirán
sin necesidad de convocatoria el primer día hábil de los meses de febrero y octubre
de cada año y funcionarán, por lo menos, durante tres meses en el primer período
y dos en el segundo.
Art. 59. Las Cortes disueltas se reúnen de pleno
derecho y recobran su potestad corno Poder legítimo del Estado, desde el momento
en que el presidente no hubiere cumplido, dentro del plazo, la obligación de convocar
las nuevas elecciones.
Art. 60. El Gobierno y el Congreso de los diputados
tienen la iniciativa de las leyes.
Art. 61. El Congreso podrá autorizar
al Gobierno para que éste legisle por decreto, acordado en Consejo de Ministros,
sobre materias reservadas a la competencia del Poder legislativo.
Estas autorizaciones
no podrán tener carácter general, y los decretos dictados en virtud de las mismas
se ajustarán estrictamente a las bases establecidas por el Congreso para cada
materia concreta.
El Congreso podrá reclamar el conocimiento de los decretos
así dictados, para enjuiciar sobre su adaptación a las bases establecidas por
él.
En ningún caso podrá autorizarse, en esta forma, aumento alguno de gastos.
Art. 62. El Congreso designará de su seno una Diputación Permanente
de Cortes, compuesta, como máximum, de 21 representantes de las distintas fracciones
políticas, en proporción a su fuerza numérica.
Esta Diputación tendrá por
Presidente el que lo sea del Congreso y entenderá: - De
los casos de suspensión de garantías constitucionales previstos en el artículo
42.
- De los casos
a que se refiere el artículo 80 de esta Constitución relativos a los decretosleyes.
- De lo concerniente
a la detención y procesamiento de los diputados.
- De
las demás materias en que el Reglamento de la Cámara le diere atribución.
Art. 63. El Presidente del Consejo
y los Ministros tendrán voz en el Congreso, aunque no sean diputados.
No
podrán excusar su asistencia a la Cámara cuando sean por ella requeridos.
Art. 64. El Congreso podrá acordar un voto de censura contra el Gobierno
o alguno de sus Ministros.
Todo voto de censura deberá ser propuesto, en
forma motivada y por escrito, con las firmas de cincuenta diputados en posesión
del cargo.
Esta proposición deberá ser comunicada a todos los Diputados y
no podrá ser discutida ni votada hasta pasados cinco días de su presentación.
No se considerará obligado a dimitir el Gobierno ni el Ministro, cuando el
voto de censura no fuese aprobado por la mayoría absoluta de los Diputados que
constituyan la Cámara.
Las mismas garantías se observarán respecto a cualquier
otra proposición que indirectamente implique un voto de censura.
Art.
65. Todos los Convenios internacionales ratificados por España e inscritos en
la Sociedad de las Naciones y que tengan carácter de ley internacional, se considerarán
parte constitutiva de la legislación española, que habrá de acomodarse a lo que
en aquéllos se disponga.
Una vez ratificado un Convenio internacional que
afecte a la ordenación jurídica del Estado, el Gobierno presentará, en plazo breve,
al Congreso de los Diputados, los proyectos de ley necesarios para la ejecución
de sus preceptos.
No podrá dictarse ley alguna en contradicción con dichos
Convenios, si no hubieran sido previamente denunciados conforme al procedimiento
en ellos establecido.
La iniciativa de la denuncia habrá de ser sancionada
por las Cortes.
Art. 66. El pueblo podrá atraer a su decisión mediante
"referéndum" las leyes votadas por las Cortes. Bastará, para ello, que lo solicite
el 15 por 100 del Cuerpo electoral.
No serán objeto de este recurso la Constitución,
las leyes complementarias de la misma, las de ratificación de Convenios internacionales
inscritos en la Sociedad de las Naciones, los Estatutos regionales, ni las leyes
tributarias.
El pueblo podrá asimismo, ejerciendo el derecho de iniciativa,
presentar a las Cortes una proposición de ley siempre que lo pida, por lo menos,
el 15 por 100 de los electores.
Una ley especial regulará el procedimiento
y las garantías del "referéndum" y de la iniciativa popular.
TÍTULO
V. Presidencia de la República
Art. 67. El Presidente de la República es el Jefe del Estado y personifica
a la Nación.
La ley determinará su dotación y sus honores, que no podrán
ser alterados durante el período de su magistratura.
Art. 68. El Presidente
de la República será elegido conjuntamente por las Cortes y un número de compromisarios
igual al de diputados.
Los Compromisarios serán elegidos por sufragio universal,
igual, directo y secreto, conforme al procedimiento que determine la ley.
Al Tribunal de Garantías constitucionales corresponde el examen y aprobación de
los poderes de los compromisarios.
Art. 69. Sólo serán elegibles para
la Presidencia de la República los ciudadanos españoles mayores de cuarenta años
que se hallen en el pleno goce de sus derechos civiles y políticos.
Art. 70. No podrán ser elegibles ni tampoco propuestos para candidatos:
a)
Los militares en activo o en la reserva, ni los retirados que no lleven diez años,
cuando menos, en dicha situación.
b) Los eclesiásticos, los ministros de
las varias confesiones y los religiosos profesos.
c) Los miembros de las
familias reinantes o ex reinantes de cualquier país, sea cual fuere el grado de
parentesco que les una con el jefe de las mismas.
Art. 71. El mandato
del Presidente de la República durará seis años.
El Presidente de la República
no podrá ser reelegido hasta transcurridos seis años del término de su anterior
mandato.
Art. 72. El Presidente de la República prometerá ante las Cortes,
solemnemente reunidas, fidelidad a la República y a la Constitución.
Prestada
esta promesa, se considerará iniciado el nuevo período presidencial.
Art. 73. La elección de nuevo Presidente de la República se celebrará treinta
días antes de la expiración del mandato presidencial.
Art. 74. En caso
de impedimento temporal o ausencia del Presidente de la República le sustituirá
en sus funciones el de las Cortes, quien será sustituido en las suyas por el vicepresidente
del Congreso. Del mismo modo, el Presidente del Parlamento asumirá las funciones
de la Presidencia de la República, si ésta quedara vacante; en tal caso será convocada
la elección de nuevo Presidente en el plazo improrrogable de ocho días conforme
a lo establecido en el artículo 68, y se celebrará dentro de los treinta días
siguientes a la convocatoria.
A los exclusivos efectos de la elección de
Presidente de la República, las Cortes, aun estando disueltas, conservan sus poderes.
Art. 75. El Presidente de la República nombrará y separará libremente
al Presidente del Gobierno y, a propuesta de éste, a los Ministros. Habrá de separarlos
necesariamente en el caso de que las Cortes les negasen de modo explícito su confianza.
Art. 76. Corresponde también al Presidente de la República:
a)
Declarar la guerra, conforme a los requisitos del artículo siguiente, y firmar
la paz.
b) Conferir los empleos civiles y militares y expedir los títulos
profesionales, de acuerdo con las leyes y los reglamentos.
c) Autorizar con
su firma los decretos, refrendados por el Ministro correspondiente, previo acuerdo
del Gobierno, pudiendo el Presidente acordar que los proyectos de decreto se sometan
a las Cortes, si creyere que se oponen a alguna de las leyes vigentes.
d)
Ordenar las medidas urgentes que exija la defensa de la integridad o la seguridad
de la Nación, dando inmediata cuenta a las Cortes.
e) Negociar, firmar y
ratificar los Tratados y Convenios internacionales sobre cualquier materia y vigilar
su cumplimiento en todo el territorio nacional.
Los tratados de carácter
político, los de comercio, los que supongan un gravamen para la Hacienda pública
o individualmente para los ciudadanos españoles y, en general, todos aquellos
que exijan para su ejecución medidas de orden legislativo, sólo obligarán a la
Nación si han sido aprobados por las Cortes.
Los proyectos de Convenio de
la organización internacional del Trabajo serán sometidos a las Cortes en el plazo
de un año y, en el caso de circunstancias excepcionales, de dieciocho meses, a
partir de la clausura de la Conferencia en que hayan sido adoptados. Una vez aprobados
por el Parlamento, el Presidente de la República suscribirá la ratificación, que
será comunicada, para su registro, a la Sociedad de las Naciones.
Los demás
tratados y Convenios secretos y las cláusulas secretas de cualquier tratado o
Convenio no obligarán a la Nación.
Art. 77. El Presidente de la República
no podrá firmar declaración alguna de guerra sino en las condiciones prescritas
en el Pacto de la Sociedad de las Naciones y sólo una vez agotados aquellos medios
defensivos que no tengan carácter bélico y los procedimientos judiciales o de
conciliación y arbitraje establecidos en los Convenios internacionales de que
España fuere parte, registrados en la Sociedad de las Naciones.
Cuando la
Nación estuviere ligada a otros países por Tratados particulares de conciliación
y arbitraje, se aplicarán éstos en todo lo que no contradigan los Convenios generales.
Cumplidos los anteriores requisitos, el Presidente de la República habrá
de estar autorizado por una ley para firmar la declaración de guerra.
Art. 78. El Presidente de la República no podrá cursar el aviso de que España
se retira de la Sociedad de las Naciones sino anunciándolo con la antelación que
exige el Pacto de esa Sociedad, y mediante previa autorización de las Cortes consignada
en una ley especial, votada por mayoría absoluta.
Art. 79. El Presidente
de la República, a propuesta del Gobierno, expedirá los decretos, reglamentos
e instrucciones necesarios para la ejecución de las leyes.
Art. 80.
Cuando no se halle reunido el Congreso, el Presidente, a propuesta y por acuerdo
unánime del Gobierno y con la aprobación de los dos tercios de la Diputación Permanente,
podrá estatuir por decreto sobre materias reservadas a la competencia de las Cortes,
en los casos excepcionales que requieran urgente decisión, o cuando lo demande
la defensa de la República.
Los decretos así dictados tendrán sólo carácter
provisional, y su vigencia estará limitada al tiempo que tarde el Congreso en
resolver o legislar sobre la materia.
Art. 81. El Presidente de la República
podrá convocar el Congreso con carácter extraordinario siempre que lo estime oportuno.
Podrá suspender las sesiones ordinarias del Congreso en cada legislatura
sólo por un mes en el primer período y por quince días en el segundo, siempre
que no deje de cumplirse lo preceptuado en el artículo 58.
El Presidente
podrá disolver las Cortes hasta dos veces como máximo durante su mandato cuando
lo estime necesario, sujetándose a las siguientes condiciones:
a) Por decreto
motivado.
b) Acompañando al decreto de disolución la convocatoria de las
nuevas elecciones para el plazo máximo de sesenta días.
En el caso de segunda
disolución, el primer acto de las nuevas Cortes será examinar y resolver la necesidad
del decreto de disolución de las anteriores. El voto desfavorable de la mayoría
absoluta de las Cortes llevará aneja la destitución del Presidente.
Art. 82. El Presidente podrá ser destituido antes de que expire su mandato.
La iniciativa de destitución se tomará a propuesta de las tres quintas partes
de los miembros que compongan el Congreso, y desde este instante el Presidente
no podrá ejercer sus funciones.
En el plazo de ocho días se convocará la
elección de compromisarios en la forma prevenida para la elección de Presidente.
Los compromisarios reunidos con las Cortes decidirán por mayoría absoluta sobre
la propuesta de éstas.
Si la Asamblea votare contra la destitución, quedará
disuelto el Congreso. En caso contrario, esta misma Asamblea elegirá el nuevo
Presidente.
Art. 83. El Presidente promulgará las leyes sancionadas
por el Congreso, dentro del plazo de quince días, contados desde aquel en que
la sanción le hubiere sido oficialmente comunicada.
Si la ley se declarare
urgente por las dos terceras partes de los votos emitidos por el Congreso, el
Presidente procederá a su inmediata promulgación.
Antes de promulgar las
leyes no declaradas urgentes, el Presidente podrá pedir al Congreso, en mensaje
razonado, que las someta a nueva deliberación. Si volvieran a ser aprobadas por
una mayoría de dos tercios de votantes, el Presidente quedará obligado a promulgarlas.
Art. 84. Serán nulos y sin fuerza alguna de obligar los actos y mandatos
del Presidente que no estén refrendados por un Ministro. La ejecución de dichos
mandatos implicará responsabilidad penal. Los Ministros que refrenden actos o
mandatos del Presidente de la República asumen la plena responsabilidad política
y civil y participan de la criminal que de ellos pueda derivarse.
Art.
85. El Presidente de la República es criminalmente responsable de la infracción
delictiva de sus obligaciones constitucionales.
El Congreso, por acuerdo
de las tres quintas partes de la totalidad de sus miembros, decidirá si procede
acusar al Presidente de la
República ante el Tribunal de Garantías Constitucionales.
Mantenida la acusación por el Congreso, el Tribunal resolverá si la admite
o no. En caso afirmativo, el Presidente quedará, desde luego, destituido, procediéndose
a nueva elección, y la causa seguirá sus trámites.
Si la acusación no fuese
admitida, el Congreso quedará disuelto y se procederá a nueva convocatoria.
Una ley de carácter constitucional determinará el procedimiento para exigir la
responsabilidad criminal del Presidente de la República.
TÍTULO
VI. Gobierno
Art. 86. El Presidente del Consejo y los Ministros constituyen el Gobierno.
Art. 87. El Presidente del Consejo de Ministros dirige y representa
la política general del Gobierno. Le afectan las mismas incompatibilidades establecidas
en el artículo 70 para el Presidente de la República.
A los Ministros corresponde
la alta dirección y gestión de los servicios públicos asignados a los diferentes
departamentos ministeriales.
Art. 88. El Presidente de la República,
a propuesta del Presidente del Consejo, podrá nombrar uno o más Ministros sin
cartera.
Art. 89. Los miembros del Gobierno tendrán la dotación que
determinen las Cortes. Mientras ejerzan sus funciones, no podrán desempeñar profesión
alguna, ni intervenir directa o indirectamente en la dirección o gestión de ninguna
empresa ni asociación privada.
Art. 90. Corresponde al Consejo de Ministros,
principalmente, elaborar los proyectos de ley que haya de someter al Parlamento,
dictar decretos; ejercer la potestad reglamentaria, y deliberar sobre todos los
asuntos de interés público.
Art. 91. Los miembros del Consejo responden
ante el Congreso: solidariamente de la política del Gobierno, e individualmente
de su propia gestión ministerial.
Art. 92. El Presidente del Consejo
y los Ministros son, también, individualmente responsables, en el orden civil
y en el criminal, por las infracciones de la Constitución y de las leyes.
En caso de delito, el Congreso ejercerá la acusación ante el Tribunal de Garantías
Constitucionales en la forma que la ley determine.
Art. 93. Una ley
especial regulará la creación y el funcionamiento de los órganos asesores y de
ordenación económica de la Administración, del Gobierno y de las Cortes.
Entre estos organismos figurará un Cuerpo consultivo supremo de la República en
asuntos de Gobierno y Administración, cuya composición, atribuciones y funcionamiento
serán regulados por dicha ley.
TÍTULO
VII. Justicia
Art. 94. La Justicia se administra en nombre del Estado.
La República
asegurará a los litigantes económicamente necesitados la gratuidad de la Justicia.
Los jueces son independientes en su función. Sólo están sometidos a la ley.
Art. 95. La Administración de Justicia comprenderá todas las jurisdicciones
existentes, que serán reguladas por las leyes.
La jurisdicción penal militar
quedará limitada a los delitos militares, a los servicios de armas y a la disciplina
de todos los Institutos armados.
No podrá establecerse fuero alguno por razón
de las personas ni de los lugares. Se exceptúa el caso de Guerra, con arreglo
a la ley de Orden público.
Quedan abolidos todos los Tribunales de honor,
tanto civiles como militares.
Art. 96. El Presidente del Tribunal Supremo
será designado por el Jefe del Estado, a propuesta de una Asamblea constituida
en la forma que determine la ley.
El cargo de Presidente del Tribunal Supremo
sólo requerirá ser español, mayor de cuarenta años y licenciado en Derecho.
Le comprenderán las incapacidades e incompatibilidades establecidas para los demás
funcionarios judiciales.
El ejercicio de su magistratura durará diez años.
Art. 97. El Presidente del Tribunal Supremo tendrá, además de sus facultades
propias las siguientes:
a) Preparar y proponer al Ministro y a la Comisión
Parlamentaria de Justicia, leyes de reforma judicial y de los Códigos de procedimiento.
b) Proponer al Ministro, de acuerdo con la Sala de gobierno y los asesores jurídicos
que la ley designe entre elementos que no ejerzan la Abogacía, los ascensos y
traslados de jueces, magistrados y funcionarios fiscales.
El Presidente del
Tribunal Supremo y el Fiscal general de la República estarán agregados, de modo
permanente, con voz y voto, a la Comisión parlamentaria de justicia, sin que por
ello implique asiento en la Cámara.
Art. 98. Los Jueces y Magistrados
no podrán ser jubilados, separados ni suspendidos en sus funciones ni trasladados
de sus puestos sino con sujeción a las leyes, que contendrán las garantías necesarias
para que sea efectiva la independencia de los Tribunales.
Art. 99. La
responsabilidad civil y criminal en que puedan incurrir los Jueces, Magistrados
y Fiscales en el ejercicio de sus funciones o con ocasión de ellas, será exigible
ante el Tribunal Supremo con intervención de un Jurado especial, cuya designación,
capacidad e independencia regulará la ley. Se exceptúa la responsabilidad civil
y criminal de los Jueces y Fiscales municipales que no pertenezcan a la carrera
judicial.
La responsabilidad criminal del Presidente y los Magistrados del
Tribunal Supremo y del Fiscal de la República será exigida por el Tribunal de
Garantías Constitucionales.
Art. 100. Cuando un Tribunal de Justicia
haya de aplicar una ley que estime contraria a la Constitución, suspenderá el
procedimiento y se dirigirá en consulta al Tribunal de Garantías Constitucionales.
Art. 101. La ley establecerá recursos contra la ilegalidad de los actos
o disposiciones emanadas de la Administración en el ejercicio de su potestad reglamentaria,
y contra los actos discrecionales de la misma constitutivos de exceso o desviación
de poder. de justicia, sin que por ello implique
Art. 102. Las amnistías
sólo podrán ser acordadas por el Parlamento. No se concederán indultos generales.
El Tribunal Supremo otorgará los individuales a propuesta del sentenciador, del
Fiscal, de la Junta de Prisiones o a petición de parte.
En los delitos de
extrema gravedad podrá indultar el Presidente de la República, previo informe
del Tribunal Supremo y a propuesta del Gobierno responsable.
Art. 103.
El Pueblo participará en la Administración de Justicia mediante la institución
del Jurado, cuya organización y funcionamiento serán objeto de una ley especial
Art. 104. El Ministerio Fiscal velará por el exacto cumplimiento de
las leyes y por el interés social.
Constituirá un solo cuerpo y tendrá las
mismas garantías de independencia que la Administración de la justicia.
Art. 105. La ley organizará Tribunales de urgencia para hacer efectivo el derecho
de amparo de las garantías individuales.
Art. 106. Todo español tiene
derecho a ser indemnizado de los perjuicios que se le irroguen por error judicial
o delito de los funcionarios judiciales en el ejercicio de sus cargos, conforme
determinen las leyes.
El Estado será subsidiariamente responsable de
estas indemnizaciones.
TÍTULO
VIII.Hacienda Pública
Art. 107. La formación del proyecto de Presupuestos corresponde al Gobierno;
su aprobación a las Cortes. El Gobierno presentará a éstas, en la primera quincena
de octubre de cada año, el proyecto de Presupuestos generales del Estado para
el ejercicio económico siguiente. La vigencia del Presupuesto será de un año.
Si no pudiera ser votado antes del primer día del año económico siguiente se prorrogará
por trimestres la vigencia del último Presupuesto, sin que estas prórrogas puedan
exceder de cuatro.
Art. 108. Las Cortes no podrán presentar enmienda
sobre aumento de créditos a ningún artículo ni capítulo del proyecto de Presupuestos,
a no ser con la firma de la décima parte de sus miembros. Su aprobación requerirá
el voto favorable de la mayoría del Congreso.
Art. 109. Para cada año
económico no podrá haber sino un solo Presupuesto, y en él serán incluidos, tanto
en ingresos como en gastos, los de carácter ordinario. En caso de necesidad perentoria,
a juicio de la mayoría absoluta del Congreso, podrá autorizarse un Presupuesto
extraordinario. Las cuentas del Estado se rendirán anualmente y, censuradas por
el Tribunal de Cuentas de la República, éste, sin perjuicio de la efectividad
de sus acuerdos, comunicará a las Cortes las infracciones o responsabilidades
ministeriales en que, a su juicio, se hubiere incurrido.
Art. 110. El
Presupuesto general será ejecutivo por el solo voto de las Cortes y no requerirá,
para su vigencia, la promulgación del Jefe del Estado.
Art. 111. El
Presupuesto fijará la Deuda flotante que el Gobierno podrá emitir dentro del año
económico y que quedará extinguida durante la vida legal del Presupuesto.
Art. 112. Salvo lo dispuesto en el artículo anterior, toda ley que autorice
al Gobierno para tomar caudales a préstamo, habrá de contener las condiciones
de éste, incluso el tipo nominal de interés, y en su caso, de la amortización
de la Deuda. Las autorizaciones al Gobierno en este respecto se limitarán, cuando
así lo estimen oportuno las Cortes, a las condiciones y al tipo de negociación.
Art. 113. El Presupuesto no podrá contener ninguna autorización que
permita al Gobierno sobrepasar en el gasto la cifra absoluta en él consignada,
salvo caso de guerra. En consecuencia, no podrán existir los créditos llamados
ampliables.
Art. 114. Los créditos consignados en el estado de gastos
representan las cantidades máximas asignadas a cada servicio, que no podrán ser
alteradas ni rebasadas por el Gobierno. Por excepción, cuando las Cortes no estuvieren
reunidas, podrá el Gobierno conceder, bajo su responsabilidad, créditos o suplementos
de crédito para cualquiera de los siguientes casos: a) Guerra o evitación de la
misma. b) Perturbaciones graves de orden público o inminente peligro de ellas.
e) Calamidades públicas. d) Compromisos internacionales. Las leyes especiales
determinarán la tramitación de estos créditos.
Art. 115. Nadie estará
obligado a pagar contribución que no esté votada por las Cortes o por las Corporaciones
legalmente autorizadas para imponerla. La exacción de contribuciones, impuestos
y tasas y la realización de ventas y operaciones de crédito, se entenderán autorizadas
con arreglo a las leyes en vigor, pero no podrán exigirse ni realizarse sin su
previa autorización en el estado de ingresos del Presupuesto. No obstante, se
entenderán autorizadas las operaciones administrativas previas, ordenadas en las
leyes.
Art. 116. La ley de Presupuestos, cuando se considere necesaria,
contendrá solamente las normas aplicables a la ejecución del Presupuesto a que
se refiera. Sus preceptos sólo regirán durante la vigencia del Presupuesto mismo.
Art. 117. El Gobierno necesita estar autorizado por una ley para disponer
de las propiedades del Estado y para tomar caudales a préstamo sobre el crédito
de la Nación. Toda operación que infrinja este precepto será nula y no obligará
al Estado a su amortización ni al pago de intereses.
Art. 118. La Deuda
pública está bajo la salvaguardia del Estado. Los créditos necesarios para satisfacer
el pago de intereses y capitales se entenderán siempre incluidos en el estado
de gastos del Presupuesto y no podrán ser objeto de discusión mientras se ajusten
estrictamente a las leyes que autorizaron la emisión. De idénticas garantías disfrutará,
en general, toda operación que implique, directa o indirectamente, responsabilidad
económica del Tesoro, siempre que se dé el mismo supuesto.
Art. 119.
Toda ley que instituya alguna Caja de amortización, se ajustará a las siguientes
normas: - Otorgará
a la Caja la plena autonomía de gestión.
- Designará
concreta y específicamente los recursos con que sea dotada. Ni los recursos, ni
los capitales de la Caja podrán ser aplicados a ningún otro fin del Estado.
Fijará la Deuda o Deudas cuya amortización se le confíe.
El presupuesto anual
de la Caja necesitará para ser ejecutivo la aprobación del Ministro de Hacienda.
Las cuentas se someterán al Tribunal de Cuentas de la República. Del resultado
de esta censura conocerán las Cortes.
Art. 120. El Tribunal de Cuentas de la República es el órgano fiscalizador de
la gestión económica. Dependerá directamente de las cortes y ejercerá sus funciones
por delegación de ellas en el conocimiento y aprobación final de las cuentas del
Estado.
Una ley especial regulará su organización, competencia y funciones.
Sus conflictos con otros organismos seran sometidos a la resolución del Tribunal
de Garantías Constitucionales.
TÍTULO
IX. Garanías y reformas de la Constitución
Art. 121. Se establece, con jurisdicción en todo el territorio de la República,
un Tribunal de Garantías Constitucionales, que tendrá competencia para conocer
de:
a) El recurso de inconstitucionalidad de las leyes.
b) El recurso
de amparo de garantías individuales, cuando hubiere sido ineficaz la reclamación
ante otras autoridades.
c) Los conflictos de competencia legislativa y cuantos
surjan entre el Estado y las regiones autónomas y los de éstas entre sí.
d) El examen y aprobación de los poderes de los compromisarios que juntamente
con las Cortes eligen al Presidente de la República.
e) La responsabilidad
criminal del Jefe del Estado, del Presidente del Consejo y de los Ministros.
f) La responsabilidad criminal del Presidente y los Magistrados del Tribunal Supremo
y del Fiscal de la República.
Art. 122. Compondrán este Tribunal:
Un Presidente designado por el Parlamento, sea o no diputado.
El Presidente
del alto Cuerpo consultivo de la República a que se refiere el artículo 93.
El Presidente del Tribunal de Cuentas de la República.
Dos diputados libremente
elegidos por las Cortes.
Un representante por cada una de las Regiones españolas,
elegido en la forma que determine la ley.
Dos miembros nombrados electivamente
por todos los Colegios de Abogados de la República.
Cuatro profesores de
la Facultad de Derecho, designados por el mismo procedimiento entre todas las
de España.
Art. 123. Son competentes para acudir ante el Tribunal de
Garantías Constitucionales: - El
Ministerio Fiscal.
- Los
Jueces y Tribunales en el caso del artículo 100.
- El
Gobierno de la República.
- Las
Regiones españolas.
- Toda
persona individual o colectiva, aunque no hubiera sido directamente agraviada.
Art. 124. Una ley
orgánica especial, votada Por estas Cortes, establecerá las inmunidades y prerrogativas
de los miembros del Tribunal y la extensión y efectos de los recursos a que se
refiere el artículo 121.
Art. 125. La Constitución podrá ser reformada:
a) A propuesta del Gobierno.
b) A propuesta de la cuarta parte de los
miembros del Parlamento.
En cualquiera de estos casos, la propuesta señalará
concretamente el artículo o artículos que hayan de suprimirse, reformarse o adicionarse;
seguirá los trámites de una ley y requerirá el voto, acorde con la reforma, de
las dos terceras partes de los diputados en el ejercicio del cargo, durante los
cuatro primeros años de vida constitucional, y la mayoría absoluta en lo sucesivo.
Acordada en estos términos la necesidad de la reforma, quedará automáticamente
disuelto el Congreso y será convocada nueva elección para dentro del término de
sesenta días.
La Cámara así elegida, en funciones de Asamblea Constituyente,
decidirá sobre la reforma propuesta y actuará luego como Cortes ordinarias.
TÍTULO
XII. Disposiciones Transitorias
l.ª Las actuales Cortes Constituyentes elegirán, en votación secreta,
el primer presidente de la República. Para su proclamación deberá obtener la mayoría
absoluta de votos de los diputados en el ejercicio del cargo.
Si ninguno
de los candidatos obtuviese la mayoría absoluta de votos se procederá a nueva
votación y será proclamado el que reúna mayor número de sufragios.
2.ª
La ley de 26 de agosto próximo pasado, en la que se determina la competencia de
la Comisión de responsabilidades, tendrá carácter constitucional transitorio hasta
que concluya la misión que le fue encomendada, y la de 21 de octubre conservará
su vigencia asimismo constitucional mientras subsistan las actuales Cortes Constituyentes,
si antes no la derogan éstas expresamente.