Biblio 3W
REVISTA BIBLIOGRÁFICA DE GEOGRAFÍA Y CIENCIAS SOCIALES
(Serie documental de Geo Crítica)
Universidad de Barcelona
ISSN: 1138-9796.
Depósito Legal: B. 21.742-98
Vol. XII, nº 707, 25 de febrero de 2007

HACIA UNA GEOGRAFIA DE LAS PRIMERAS MIGRACIONES CHINAS EN EL CARIBE.

Martín Checa-Artasu
U. de Quintana Roo (México)



Hacia una geografia de las primeras migraciones chinas en el Caribe (Resumen)

Este texto es un estado de la cuestión y una visión geográfica de las primeras migraciones de trabajadores chinos, culíes, en el Caribe desarrolladas desde la segunda mitad del siglo XIX. Se trato de una mano de obra que fue sometida a un régimen casi esclavista que en no pocos casos fue el sustrato de la actual presencia china en los diferentes países antillanos.

Palabras clave: Migraciones, culíes, diáspora china, Caribe, distribución geográfica

Key words: Migrations, coolies, Chinese diaspora, Caribbean Sea, geographical distribution



Introducción

La precisa prosa de Gabriel García Márquez, trasladándonos a Cartagena de Indias en el Caribe colombiano, nos da en algunos párrafos de su novela El amor en tiempos de cólera, de 1985, un buen ejemplo para entender el papel que han desempeñado las comunidades chinas en la configuración de las sociedades caribeñas y latinoamericanas[1].

“Nadie creyó que el autor fuera el chino premiado. Había llegado a fines del siglo anterior huyendo del flagelo de fiebre amarilla que asoló a Panamá durante la construcción del ferrocarril de los dos océanos, junto con muchos otros que aquí se quedaron hasta morir, viviendo en chino, proliferando en chino, y tan parecidos los unos a los otros que nadie podía distinguirlos. Al principio no eran más de diez, algunos de ellos con sus mujeres y sus niños y sus perros de comer, pero en pocos años desbordaron cuatro callejones de los arrabales del puerto con nuevos chinos intempestivos que entraban en el país sin dejar rastro en los registros de aduana.

Algunos de los jóvenes se convirtieron en patriarcas venerables con tanta premura, que nadie se explicaba cómo habían tenido tiempo de envejecer. La intuición popular los dividió en dos clases: los chinos malos y los chinos buenos. Los malos eran los de las fondas lúgubres del puerto, donde lo mismo se comía como un rey o se moría de repente en la mesa frente a un plato de rata con girasoles, y de las cuales se sospechaba que no eran sino mamparas de la trata de blancas y el tráfico de todo. Los buenos eran los chinos de las lavanderías, herederos de una ciencia sagrada, que devolvían las camisas más limpias que si fueran nuevas, con los cuellos y los puños como hostias recién planchadas. Fue uno de estos chinos buenos el que derrotó en los Juegos Florales a setenta y dos rivales bien pertrechados. Nadie entendió el nombre cuando Fermina Daza lo leyó ofuscada. No sólo porque era un nombre insólito, sino porque de todos modos nadie sabía a ciencia cierta cómo se llamaban los chinos.”

García Márquez, aun literariamente, no deja de dar constancia, de la presencia, a veces ignorada, de las comunidades chinas en el Caribe y por ende en toda Hispanoamérica. Una ignorancia, producto no sólo de la escasez de fuentes sino de la dispersión de las mismas, así como de los investigadores dedicados al tema por los distintos países del arco caribeño.

Dadas esas circunstancias, documentar la primera inmigración china al Caribe se revela como un trabajo laborioso, aunque necesario a fin de conocer con detalle, los inicios en ese espacio geográfico de uno de los grupos que conforma la amalgama étnica que vertebra y da coherencia a las sociedades de los países antillanos, tanto insulares como continentales. Ese colectivo, dada la actual eclosión de las economías asiáticas, en especial la china, en el panorama internacional, tiene un renovado interés para los científicos sociales, ya no sólo como elemento que ejemplifica una de las trayectorias geográficas de lo que se ha convenido en denominar diáspora china (Ma-Mung, 2000), sino por el papel que puede tener ese colectivo en esa nueva situación económica internacional[2]. Un renovado interés que no debe hacernos olvidar los estudios, en algún caso pioneros, de geógrafos como Friederich Ratzel que en 1876 publicaría, para obtener su certificación como geógrafo, su tesis Die chinesische Auswanderung, donde daba noticia de migración de culíes chinos a Estados Unidos[3], haciendo referencias a los movimientos migratorios de estos en el Caribe. (Sauer, 1971)

En otro orden de cosas, hay que tener en cuenta que las comunidades chinas son en muchos de los países del Caribe, un colectivo, en la mayoría de los casos económicamente fuerte, y políticamente comprometido e incluso incardinado en las elites políticas, sociales y culturales de alguno de esos países. Además, junto con otros grupos étnicos, como: árabes, libaneses, hindis, europeos, afro caribeños y criollos, las comunidades chinas incentivan esa dinámica de búsqueda continua de identidades nacionales que se da en cada uno de los países caribeños, especialmente los insulares, más pequeños y de más reciente formación[4]. Igualmente, los propios cambios económicos producto de la globalización están articulando en la región caribeña una búsqueda de una identidad supranacional que justifique acciones económicas unitarias con el fin de agruparse y limar las competencias de los mercados internacionales. Unas identidades que se expresan por medio de la sistematización de formas muy diversas de etnicidad y actividad cultural que se mezclan para dar resultados propios, que en el caso de las comunidades chinas, y sólo por citar tres ejemplos, nos lleva a hablar de la creolización de la comunidad china en Trinidad o en Jamaica (Ho, 1989) ; el imaginario literario chino en el contexto caribeño expresado por la literatura contemporánea[5] o la aparición de personajes simbólico religiosos fruto del sincretismo como el San Fan Con cubano (Baltar, 1997: 173-184). Por tanto, conocer la primera presencia china y por supuesto su posterior evolución y asentamiento en el territorio es una labor que explica a un grupo humano, el chino, que forma parte de esa amalgama social que se da en diversos países caribeños en mayor o menor grado

Finalmente, esta breve aproximación que presentamos nos pone sobre la pista de una de las grandes migraciones de la historia colonial, no sólo la protagonizada por la migración china en el Caribe, entre 124.793 personas en Cuba, 3.989 en las Antillas británicas, 434 en Honduras Británica, 13.539 en la Guyana inglesa, 2.640 para la Guyana holandesa o Surinam y en torno a un millar en las Antillas francesas (Hu deHart, 2003, 13-35), sino la protagonizada por indios de Bengala y Tamil Nadu, contabilizada en más de medio millón de personas y coincidente en el tiempo con la migración china (Tinker, 1974).

Los primeros chinos en el Caribe. Del galeón de Manila a la fragata Fortitude

La presencia más o menos esporádica de chinos en el Caribe, en concreto en Cuba, tiene sus primeras referencias con la noticia de algunos viajeros que arribaron a la isla gracias al llamado Galeón de Manila, que realizaba la vía Manila –Acapulco, en México. Se trataba de comerciantes esporádicos dado que esa ruta proveía de porcelanas, especias y otros objetos orientales a los mercados coloniales americanos (Ollé, 2002). A pesar de ese precedente, debemos considerar que los primeros testimonios que documentan la presencia de emigrantes chinos en el Caribe de forma continuada y desarrollando una actividad laboral tienen una intima relación con los procesos jurídicos que significaron la abolición de la trata de esclavos (Abolition Act de 1807) y posteriormente la esclavitud (Emancipation Act del 1 de agosto de 1834) (Hugh, 1998.236). Entre ambas fechas, España sujeta a la presión del creciente imperio británico firmaba en septiembre de 1817, un tratado por el cual se sumaba a la lucha contra los comerciantes negreros. Un hecho más tarde reafirmado con la creación entre 1819 y 1821 del Tribunal mixto anglo español de Sierra Leona, que venia a erradicar ese negocio (Arnalte, 1985). El cese de la trata de esclavos desde el África Occidental a las colonias españolas, y en especial Cuba, no fue inmediato, esta siguió siendo una actividad clandestina, pero esas prohibiciones legales ocasionaron continuos y graves perjuicios a los terratenientes y hacendados propietarios de las plantaciones de caña de azúcar, donde la mano de obra esclava era habitual. Perjuicios que redundaron en un incremento del precio del azúcar manufacturada y la pérdida de mercados y clientes y que por supuesto, no sólo fuero propios de Cuba, sino que se extendieron a las mismas colonias británicas, francesas y holandesas en el Caribe.

La ilegalidad del tráfico, asociada al encarecimiento del precio de la mano de obra esclava, el aumento de precios y la pérdida de mercados llevo a los propietarios de ingenios azucareros a importar mano de obra contratada. Malteses, portugueses de Madeira, libaneses, armenios y sobretodo, indios de la zona de Bengala y chinos del sur de China pasaron a engrosar las redes inmigración laboral que mediante intermediarios suministraban, substituyendo la mano de obra esclava, la masa laboral necesaria para las plantaciones de caña de azúcar caribeñas. Fruto de esa legalidad antiesclavista a la que aludíamos, se documenta el primer trasporte de recursos humanos chinos a las Antillas. El mismo será una iniciativa inglesa, que debemos considerar un intento de dar solución a los problemas de mano de obra que la abolición de la esclavitud iba a provocar. Así, el 2 de octubre de 1806 arribaba a las costas de la isla de Trinidad, el Fortitude, un barco propiedad de la East India Company que transportaba 192 chinos a bordo (Mahabir, 2006). Según Walton Look Lai se trataba de un viaje que recogía las experiencias que desde 1780 los ingleses de la East India Company realizaban transportando mano de obra china a Penang en Malasia (Look Lai, 1999). Esta operación pretendía colocar esa mano de obra oriental en algunas de las plantaciones de caña de azúcar de la isla antillana. Esos trabajadores sujetos a contrato podían regresar al año, cosa que al parecer sucedió con un alto porcentaje de ellos, quedando veintitrés de ellos asentados cerca de Port Spain (NLISA, 2004). Se trato, sin duda, de una operación experimental que trataba de vislumbrar las posibilidades de ese flujo de mano de obra transoceánico. Hoy, para la comunidad china de Trinidad y Tobago, esa experiencia es la base de una elaborada reivindicación identitario que los inserta como parte inherente en la creación del estado trinitense (TTCHAC, 2006).

El inmigrante chino como mano de obra semiesclava Va a ser a partir de la prohibición de la esclavitud en el imperio británico, 28 de agosto de 1833, que se iniciará de forma más o menos continuada flujos migratorios de chinos, y también de gentes de la India hacia el Caribe[6]. Según Walton Look Lai (1993: 56) se trata de los dos colectivos que más masivamente, además de ser substitutos de la mano de obra esclava negra, llegaran a las Antillas en la segunda mitad del siglo XIX. Obviamente, la prohibición de 1833 fue el inicio de la serie de trabas que iba a encontrar la importación de esclavos negros del África Occidental. Esta será cada vez más perseguida por ilegal, encareciendo el recurso humano y siendo una carga con dificultades en su transacción. Aun así, el hecho no impidió que el sistema esclavista se prolongará en la clandestinidad, en las Antillas dominadas por los españoles y franceses. A partir de la prohibición la existencia de esclavos negros se justificaría aduciendo que estos se “criaban” en las propias plantaciones. No será hasta la entrada en vigor de las aboliciones de la esclavitud, en 1848 en Francia, en 1870 en España, en 1873 para Puerto Rico y en 1880 en Cuba que realmente el fenómeno esclavista desaparecerá de forma definitiva en el Caribe, aunque en Brasil no seria hasta 1889. Las llegadas de población china como mano de obra al Caribe van estar relacionadas con ese proceso de substitución de mano de obra y con la continuidad del modelo esclavista en las explotaciones agrícolas industrializadas. De hecho, no va ser extraño documentar continuos abusos y desmanes de los propietarios de las plantaciones y también revueltas y evasiones entre los inmigrantes chinos o indios que son incorporados a un régimen similar al que regia para los esclavos en ingenios azucareros y haciendas, ignorando las condiciones y las bases contractuales del trabajo para el que habían sido captados en China (Baltar, 1997: 35-39). Según el historiador cubano Juan Pérez de la Riva se iniciaba así “el último acto del drama de la esclavitud”. Un acto que como los respectivos procesos migratorios chinos en los distintos países del Caribe esta perfectamente documentado, más en sus primeros momentos (Pérez de la Riva,1975).

Una visión por países: el Caribe insular

Cuba

Para el caso cubano el primer aporte de emigración china resulta un buen ejemplo para explicitar el método de captación, comercialización y transporte de ese recurso humano7]. En 1844, Julián de Zulueta y Amondo (1814-1878) un destacado hacendado azucarero y negrero de origen vasco, emigrado a Cuba en 1832[8], presentó un proyecto ante la Real Junta de Fomento de Agricultura y Comercio para importar trabajadores chinos procedentes del puerto de Amoy. En esta operación aparecía como fiador Pedro Zulueta, propietario de la firma Zulueta and Company, con sede en Londres (Corbitt, 1971; Reid, 2004). Ésta firmó los contratos con las firmas Matía Menchacatorre[9]de Manila y Tait and Company, de la capital inglesa (Irick, 1982), intermediarias de la contratación. Ambas compañías, como otras similares, captaban mano de obra china mediante agentes en el terreno, denominados popularmente chu chay tau (Capataz de cerdos o lechones), y también conocidos en las fuentes escritas como “chinos ladinos”. Estos eran la mayoría originarios de Macao, y hablantes de inglés, lo que les permitía ser intermediarios de compañías británicas. En zonas tradicionalmente de inmigrantes de China como las provincias de Fujian, Zhenjiang y Guangdong, y también en otras sin tradición, aunque no fue lo habitual, captaban personal, mayoritariamente jóvenes, robustos, sanos y agricultores, prometiendo riquezas seguras y rápidas si embarcaban hacia Tay Loy sun” (La Gran España)[10]. Esa masa laboral así captada bien pronto será conocida con el nombre de “culíe”.

Estos corredores percibieron en los primeros años de este comercio entre 3 y 5 pesos por persona captada, para posteriormente, elevar las cantidades obtenidas a 15 y 20 pesos por culíe. Un mercado de intermediación que se sobrevaloró y llevó a algunos intermediarios a cometer diversos abusos y extralimitaciones como el engaño y el secuestro de personas (Hung, 1992: 79-83).

Volviendo a ese primer transporte de mano de obra de China a Cuba, éste arribó a La Habana, el 3 de Junio de 1847 en el Oquendo. Eran 206 personas que habían soportado 131 días de navegación, en los cuales murieron 6 de los inmigrantes. Nueve días más tarde arribaba a la Habana, la fragata inglesa Duke of Argyle, con 365 culíes tras 123 jornadas de navegación en las que murieron 35 inmigrantes. Ambos barcos procedían de Xiamen, también conocida como Amoy, en la provincia de Fujian.

Julián de Zulueta y la empresa británica “Zulueta and Company”, pusieron las bases de un negocio de transporte de mano de obra que les reportaba pingües beneficios. Aparentemente, el trabajador chino contratado o culíe firmaba un contrato con la compañía, que intermediaba entre el gobierno colonial y los empresarios azucareros interesados. El trabajador firmaba con la compañía por un periodo no inferior a ocho años. Ésta le debía pagar mensualmente cuatro pesos fuertes y le debía abastecer de ropa y comida. Por estos servicios, dicha empresa cobraba al gobierno colonial una comisión de 170 pesos por cada culíe que introdujera. Bajo esta transacción se incardinaba al trabajador chino en un régimen de casi esclavitud, donde soportaba similares condiciones que los esclavos negros, a pesar de haber sido contratado. Esas condiciones fueron avaladas legalmente con el Real decreto del 22 de marzo de 1854, el cual establecía las normas que deben imperar en los lugares de contratación de los asiáticos. A este trágico panorama se debían sumar las condiciones del viaje (Moreno Freginals, 1989: 237-240). No es extraño, por tanto, que hubiera frecuentes revueltas, suicidios, motines a bordo y huidas de las plantaciones de culíes y que estas fueran reprimidas por los hacendados que incluso articularon un corpus legal que amparaba los castigos, datado en 1849. Estos aspectos, poco a poco, y utilizando una banal comparación con los esclavos negros articularían una conceptualización racista respecto al chino que se iría instalando en las mentalidades de las sociedades antillanas. Este racismo se exacerbó, al menos en Cuba, dado que no pocos culíes huyendo de las plantaciones cañeras pasaron a engrosar las filas de los rebeldes criollos que entonces combatían a la colonia española en la denominada Primera Guerra de independencia (1868-1878). Conviene mencionar que la deplorable situación humana de los culíes fue documentada por el propio gobierno imperial chino, en el denominada “Comisión de Cuba” tras numerosas noticias. Ese documento sirvió como base para articular un convenio hispano chino que regulaba el comercio y el trato humano de los inmigrantes chinos y que fue firmado el 17 de noviembre de 187711].

Los ejemplos son numerosos, citamos un fragmento de uno de ellos, el informe de la denominada “Comisión de Cuba” promovida por el gobierno imperial chino en 1876. Donde relata el devenir esos inmigrantes:

“[...] En 1870 el Capitán General demandó enfáticamente de Madrid el cese del tráfico de los culíes. Él había notado las dificultades ocasionadas por los chinos, subrayando el rol que desempeñaban en la ayuda a los criollos rebeldes. Madrid, por otra parte presionada por Lisboa, prohibió el tráfico en 1871, pero los hacendados y sus clientes, quienes se beneficiaban del “tráfico amarillo,” se opusieron vehementemente a detener los embarcos. Durante 1872, 1873, y 1874, llegaron a Cuba 15.743 cantoneses, pero a partir de entonces la orden de Lisboa de poner fin a los embarques de cantoneses desde Macao, promulgada en diciembre de 1873, finalmente fue ejecutada. De acuerdo con las garantías recogidas en las primeras regulaciones, cientos de culíes invocaron la protección del Capitán General al comparecer ante sus representantes en sus respectivas regiones. Intentaron obtener reparaciones por los abusos físicos y las injusticias legales a que habían sido sometidos, pero descubrieron que los funcionarios – la policía y los empleados municipales de la Isla – eran los instrumentos de los corruptos hacendados. Como resultado de su fracaso para alcanzar reparaciones, los chinos, o huyeron, o se suicidaron, o se rebelaron quemando los campos de caña, negándose a trabajar, o asesinando a sus capataces. Muchos de ellos fueron eventualmente aprisionados o forzados a regresar al trabajo. Dos años antes del arribo de la Comisión Chen Lan Pin en 1872, el 20 por ciento de los chinos bajo contrato había escapado de las plantaciones, o sea, 8.380 hombres, de los cuales 1.344 fueron capturados y enviados a prisión en 1873. Entre 1850 y 1872, se produjeron aproximadamente 500 suicidios cada año entre los 100.000 chinos que había en la Isla; durante estos mismos años, el índice de suicidios entre los esclavos fue de 35 por año, pero hubo sin dudas otros intentos no reportados por los hacendados. De acuerdo con el testimonio de los hacendados, cerca de 3.000 jornaleros se las arreglaron para escapar de sus contratos. En 1870 el Capitán General expresó que desde 1868 en adelante, los culíes empezaron a ingresar en el ejército insurrecto a cambio de la promesa de emancipación. [...]"[12]


Aun con ese panorama, el arribo de culíes para trabajar en plantaciones en Cuba fue de 124.937 personas entre 1848 y 1874 (Baltar, 1997:32). La escasez de mujeres en esos grupos obligó la progresiva mezcla racial. La creciente mecanización de la producción azucarera y la guerra hispano-cubana supusieron la progresiva desaparición del trabajo culíe. Este hecho llevó a los asiáticos a extenderse por distintos lugares de la isla, como trabajadores de la construcción, en tabacaleras o en las ciudades, creando los primeros negocios de comestibles, lavanderías e incluso restaurantes y fumaderos de opio, estructurando zonas urbanas como el popular barrio chino de la Zanja en La Habana o toda una serie de organizaciones asociativas de distintas tipologias e incluso actividades artísticas como teatro, títeres y otros[13]. En otras islas caribeñas, bajo dominación inglesa, holandesa y francesa las condiciones no fueron mejores tal como demuestra el dilatado trabajo de Walton Look Lai (1993, 2004). De igual forma que el caso cubano, se documentan de forma muy pormenorizada esas primeras llegadas de emigrantes chinos en otras islas del Caribe. La abundancia de datos es manifiesta en los casos de Jamaica, Trinidad, Guyana británica, Panamá, Costa Rica e incluso Belice, la antigua Honduras Británica, y la costa mexicana del Caribe. En las líneas siguientes referenciamos algunos de esos datos.

Jamaica

En Jamaica, el 1 de noviembre de 1854 y el 18 del mismo mes arribaron a Kingston dos barcos, el Vampire, con 195 personas y el Theresa Jane, con diez. Se trataba de trabajadores chinos procedentes de Hong Kong que habían sido expulsados Panamá por la sospecha que algunos de ellos habían contraído la fiebre amarilla14].

Para el caso jamaicano, las cifras de arribo de culíes chinos entre 1854 y 1874 son de 1.152 personas (Look Lai, 1999:249). Además será la última isla del Caribe donde se documenta el arribo agrupado de trabajadores chinos para explotaciones hortofrutícolas, fechado entre 1884, con la llegada de 677 personas, 1885 con el arribo de 700 y en 1888 con la llegada de 800 (Tortello, 2003). Igualmente, se observa una inmigración china que de forma destacada no proviene en primera instancia, directamente de China. Muchos llegaran a la isla desde Panamá, donde habían accedido a las obras del ferrocarril o desde otros destinos como Brasil o Estados Unidos, y un cierto número de personas incluso serán reclutadas desde Trinidad y la Guyana británica. En el caso de los trabajadores directamente captados en China, muchos tendrán su origen en la provincia de Guangdong y accedían a ese mercado laboral a través del puerto de Hong Kong. Su destino serán las plantaciones de azúcar de la isla, pero en la década de los sesenta, muchos de ellos,- se tiene constancia de al menos 200 personas -, laborarán en torno a las plantaciones de cocos y bananos, de capital estadounidense (Showers, 2002). Estos últimos tenían un régimen contractual algo más laxo que el propio de las plantaciones de caña de azúcar y un contrato por tres años. Esa dinámica diferenciada de captación de mano de obra china en Jamaica marcará la evolución de esa comunidad a lo largo de las dos últimas décadas del siglo XIX y las primeras del siglo XX. La movilidad laboral por los diferentes complejos agroforestales de los orientales promovió casi de forma inmediata a aparición de uniones y matrimonios interraciales, permitiendo que la comunidad china-jamaiquina creciera rápidamente, convirtiéndose en la segunda más numerosa del Caribe después de la de Cuba (Anshan, 2004). Éste hecho que llevó a que se plantearan una serie de restricciones de entrada de emigración china en la isla que se dieron en distintos momentos (1905 y 1931). Aún así, el censo de 1946 certifica ese destacado volumen poblacional, documentando 12.394 chino-jamaicanos, de los que 2.818 habían nacido en China, 4.061 habían nacido en la isla y 5.515 eran clasificados con el epíteto de Chinese coloured. Un adjetivo que más tarde, seria substituido por el concepto blasian, sinónimo de la fusión y la amalgama entre las personas de raza negra y los asiáticos. La asimilación conllevó la pérdida del mandarín o de los dialectos del sur de China de los primeros inmigrantes en favor del inglés o del patois jamaicano y también un anglización de los nombres y unas interesantes aportaciones gastronómicas a la cocina de la isla.

Trinidad y Tobago

En Trinidad y Tobago, hubo un primer intento frustrado de captación de mano de obra china de 1806 para plantaciones. En 1853 se dará el siguiente arribo de 1.100 chinos, muchos de ellos de la provincia de Guangdong y otros de la etnia hakka. La vertebración de las identidades nacionales de los países caribeños a través de la integración de sus diferentes comunidades étnicas nos permite documentar con detalle pormenorizado del devenir de muchas de ellas. Así, en el cuadro 1 citamos la serie de fechas que reportan migración china a esta isla.

Cuadro 1
Número de inmigrantes chinos y fechas de arribo a Trinidad
Fecha
Barco
Nº de inmigrantes chinos
4/3/1853 Australia
23/04/1853 Clarendon
28/6/1853 Lady Flora Hastings Los tres en total 1100 personas
3/7/1862 Wanata 467 inmigrantes
18/2/1865
25/5/1865 Los dos en total 600 personas
12/2/1866 Dudbrook
24/2/1866 Little Red Ridinghood Arriban en los dos:1.917 personas
Fuente: NLISA. The Chinese in Trinidad and Tobago.
National library and information system authority.Trinidad and Tobago, 2004 < http://library2.nalis.gov.tt/Default.aspx?tabid=249>

Las cifras evidencian un traslado a Trinidad de 3.937 personas de origen chino entre 1853 y 1866. En concreto, los datos de los años 1862 y 1866 nos revelan que un total de 2.984 emigrantes embarcaron de los puertos de Macao, Xiamen (Amoy), Guangdong (Cantón) y Hong Kong. De estos 367 eran mujeres, de las que arribaron sólo 309, hubo 154 muertes a bordo y 7 nacimientos en la cubierta de los buques (TTCHAC, 2006; NLISA, 2004).Cabe añadir, que la escasa población de la isla, así como su bajo desarrollo agrícola, permitió una amplia movilidad a las comunidades chinas que iban arribando y que con el paso del tiempo, se dedicaron a otras actividades. Esa circunstancia permitió que la isla fuese un lugar de atracción para la comunidades chinas de la Guyana inglesa e incluso de Surinam, mucho más sujetas al trabajo de la plantación cañera o la explotación agroforestal (Look Lai, 1993: 45).

Curaçao

La presencia de emigrantes chinos en este pequeño enclave colonial holandés según J. Hung está documentada desde los años ochenta del siglo XIX. Su actividad se centra en las tareas agrarias y probablemente se trate de grupos de culíes que proveían de las cercanas Guyana inglesa y holandesa. En 1915, la Compañía Petrolera del Caribe instalará una refinería en la isla, donde vendrán a trabajar técnicos chinos originarios de Sumatra (Hung, 1992, 106).

Aruba

El descubrimiento de yacimientos auríferos en la isla a partir de 1824 va a propiciar la continua atracción de buscadores de oro, básicamente de la vecina Venezuela. A los que a lo largo de la década de los cincuenta del siglo XIX se sumarán inmigrantes chinos que traían la experiencia minera californiana. Como en Curaçao, también se instalaron entre 1924 y 1929 dos grandes refinerías, una de la Lago Oil and Transport Company, filial de la Standard Oil, situada en el sudeste de la isla y otra denominada Eagle Oil Refinery en la costa oeste. En ambas laborará personal chino de origen indonesio que se instalará en la isla ( Hung, 1992, 106).

República Dominicana

Más escasas son las noticias de presencia china en la República Dominicana. Se sabe de la llegada de diversos contingentes desde Cuba para trabajar a mediados de la década de los sesenta del siglo XIX en una fábrica de ladrillos y la construcción del ferrocarril de Sánchez –La Vega, en la zona del Cibao. Esta operación, tanto constructiva como de aportación de emigrantes asiáticos, había sido promovida por Gregorio Riva, un destacado hacendado de esta zona del nordeste dominicano, probablemente dadas las duras condiciones en las que se construyó ese tramo de ferrocarril, entre pantanos (Franco Fondeur, s.f.).
Los culíes chinos acabarían asentándose y distribuyéndose por la región, documentándose su trabajo en la construcción de edificios y almacenes en las poblaciones de Samaná, Yuna y Moca, todas situadas en el nordeste de la isla y en torno a la población de San Francisco de Macorís (Azcárete, s.f.).Se trata sin duda, de los inicios de instalación de una comunidad china económicamente muy significada en el contexto de este país caribeño (Severino, 2006).

Las Antillas francesas

Únicamente tenemos noticias del arribo de trabajadores chinos a las Antillas francesas en el caso de las islas de la Martinica y Guadalupe. Este responde a las contrataciones realizadas desde Guangdong a partir de 1860, tras la firma de un convenio entre China y Francia en materia de traslado de trabajadores. Se dio la circunstancia de que no pocos de los contratados por la compañía francesa fueron traspasados a los comerciantes cubanos de mano de obra. Otros arribaron a las dos islas, llegando a ser más de 2000 culíes chinos en cada una de las islas.

Para la Martinica el arribo se concretó en 978 personas, de las que 552 fueron embarcadas en Shanghai y 426 salieron de Guangdong. Parece ser que el 56 por ciento hablaban el dialecto wu (propio de Shanghai) y los que partieron de Guangdong serian de etnia hakka (L´etang, 2003). Coincide esa emigración a esa isla con la llegada de indios de Tamil Nadu y poblaciones de la etnia congo del África central.

Se da la circunstancia que en la Martinica, una erupción volcánica de Mont Pelée del 8 de mayo de 1902 acabó con buena parte del barrio chino situado en Saint Pierre, la capital de la isla, de donde fueron evacuadas cerca de 28.000 personas (Hung, 1992, 108). Este hecho, al parecer se aprovecho, para trasladar a un centenar de culíes a la Guyana francesa, en aquellos momentos una colonia penitenciaria francesa que presentaba necesidades de mano de obra para el cultivo de las plantaciones existentes.

El Caribe continental.

De forma similar al Caribe insular se documentan las primeras transacciones migratorias chinas en el Caribe continental. Aludiremos a los casos de Belice, Panamá, Guyana inglesa, Surinam y Costa Rica, ya que geográficamente se ubican en el arco caribeño y también recibieron este flujo migratorio chino.

Honduras británica o Belice

Los datos de emigración china a Honduras británica, actual Belice, nos certifican una captación de mano de obra destinada, no a los ingenios azucareros sino a la explotación de maderas preciosas y palo de tinte (Quan, 1973; Premdas, 2004; Bolland y Moberg, 1995). Se data la primera presencia en 1865 con el arribo de 480 inmigrantes chinos en el barco The light of ages. Esa comunidad se incardinó en el durísimo trabajo de la explotación forestal en las selvas y manglares de la cuenca del río Hondo y la zona de Corozal, en el norte de Belice. Se trataba de una zona sometida a los influjos de refugiados producto de la guerra de Castas, que desde 1847 asolaba la península de Yucatán, fruto de la revuelta de las comunidades mayas frente al estado mexicano. Este hecho va a propiciar un curioso ejemplo de integración racial. El historiador Nelson Reed nos indica que a los tres años, las duras condiciones de trabajo en la selva habían hecho sucumbir a la mitad de aquellos culíes que habían arribado con el The light of ages y 100 de ellos habían huido a la zona controlada por los rebeldes mayas, hoy el estado mexicano de Quintana Roo (Reid, 1987; Ramos, 1999). Allí, acabaron integrándose en las comunidades maya, donde fueron, al parecer reconvertidos en lugartenientes de los caudillos mayas rebeldes y tuvieron descendencia. Se sabe que cuatro de ellos, dejaron las selvas para pasar a instalarse en Mérida, en el actual estado mexicano de Yucatán. Conviene comentar, que en Belice no queda apenas rastro de esa primera presencia china, ya que casi la totalidad de la actual población de origen chino llegó al país en diversos momentos entre los sesenta, los ochenta y los noventa. El censo nos registra para 1980, 214 chinos y en 1990, 748 (Look Lai, 1999: 249. Especialmente, hasta el 2002, el arribo de ciudadanos de la República Popular de China y de Taiwán responde al fenómeno del denominado “residente económico”. Este realiza inversiones en el país a cambio de conseguir la nacionalidad beliceña, que al estar asociada a la Commonwealth permite unas condiciones de libre circulación en diversos países (Premdas, 2004, 13-15).

Guyana inglesa

Para el caso de la Guyana inglesa queda documentada la primera llegada a la ciudad de Georgetown el 12 de enero de 1853. En el caso de esta colonia británica los estudios realizados han sido muy pormenorizados[15], documentándose el arribo de 39 barcos con inmigrantes, en su mayoría procedentes de Guangdong. Tal como muestra el cuadro 2, el máximo flujo se dio entre 1860 y 1866, donde se censaron a 10.022 chinos arribados y repartidos por diversas plantaciones de caña de la colonia. La cifra se eleva a 13.533 inmigrantes chinos si contabilizamos las llegadas de estos en 39 barcos entre 1853, en el periodo de 1859-1866 y entre el de 1874 y 1879. Igualmente, se documenta la muerte de muchos de ellos o la emigración a la vecina Surinam o Guyana holandesa o las islas de Trinidad, Santa Lucia y Jamaica (Trev Sue, 1999).

Cuadro 2
Población china en la Guyana Británica
Año
Hombres
Mujeres
Total
Nacidos en China
1853
811
0
811
811
1861
5735
844
6579
659
1866
~8300
~1700
10022
~9800
1871
~5400
~1500
6880
6295
1881
3905
1329
5232
4393
1891
2583
1131
3714
2475
1901
~1700
~1100
2840
~1300
1911
1481
1141
2622
634
1921
~1500
~1200
2722
376
Datos extraídos de: Trev Sue-A-Quan. Cane Reapers: Chinese Indentured Immigrants in Guyana.
En Chinese in Guyana: Their Roots, 1999 < http://CGRoots.tripod.com>

Cabe destacar en la Guyana inglesa, la creación de un asentamiento chino en la ciudad de Hopetown. Se trató de un asentamiento establecido por iniciativa del propio gobierno de la colonia, la Court of Policy, en 1865. Éste fue puesto bajo la supervisión de un misionero chino, O Tye Kim, canalizando el arribo de personas desde Singapur, de donde era originario. De esta forma, la propia comunidad china en la Guyana inglesa documenta para 1874 la presencia de 800 personas chinas viviendo en Hopetown[16]. La mayoría se dedicaban a la manufactura de betún y al calafate así como a la fabricación de tejas de madera para la construcción.

Guyana holandesa o Surinam

Muy escasas son las noticias que se tienen de la presencia china en Surinam. Se sabe de la existencia de culíes chinos trabajando en las extensas plantaciones de caña de azúcar de esta colonia holandesa, aun antes de la abolición de la esclavitud en 1843.

Los contingentes apuntados por J.Hung (1992) muestran la movilidad comercial de la compañía holandesa de las Indias Orientales quien canalizó el comercio de culíes de la China continental y de otros trabajadores asiáticos procedentes de Java y Sumatra. Así los trabajadores exportados lo son en número de 2.096 entre 1833 y 1843 y 2.430 entre 1865 y 1872 (Hung, 1992, 1089-109).

Panamá

Dos casos de países centroamericanos, con vinculaciones geográficas con el Caribe, merecen una aproximación dada la especificidad y características de la migración china que documenta en ellos.

El caso de Panamá, en este sentido, es paradigmático. Entre 1850 y 1855, inmigrantes chinos, muchos procedentes de California o de México, fueron llevados a Panamá, para trabajar en la construcción del ferrocarril (Mon, 1989, 1994; Lok Sui, 2004, Lock Reyna, 2006). El historiador panamenó Ramón Mon nos informa que en torno a 1854 arriban 705 chinos para trabajar en la construcción del ferrocarril interoceánico (Mon, 1989; 1994).Éstos procederán de Shatou. Ese mismo movimiento laboral se daría en la década de los ochenta del siglo XIX, en este caso para participar en las obras del denominado “canal francés” y a inicios del siglo XX para participar en la construcción del canal de Panamá, desarrollado por los estadounidenses (Chong Ruíz, 1992). Ese movimiento laboral de trabajadores chinos en el país, acabaría culminando con el asentamiento de muchos de ellos con la consecuente abertura de establecimientos comerciales (Lock Reyna, 2006; Lok Sui, 2004).

Costa Rica

También en Costa Rica se detectan tres momentos de llegada de inmigrantes asiáticos: Los primeros contratados en Panamá en 1855 para trabajar en los cafetales y bananos, en muchos casos resultado de excedentes de mano de obra del ferrocarril. Estos fueron contratados por dos haciendas: la de barón von Bülow, en número de 45 y otros 32 para la hacienda Lepanto ( Rojas Y Vargas, 1996; Fonseca, 1996; Sui Moy Li Kam, 1997 Meléndez Obando, s.f.).Posteriormente, se trajeron más trabajadores chinos en 1873 para la construcción del ferrocarril del Atlántico. La historiadora Zaida Fonseca nos relata esta contratación:

“El 31 de enero de 1873 llegaron a Costa Rica 653 chinos por el puerto de Puntarenas. Al llegar al país, cada uno fue etiquetado con un número y con él se le conocía y se le vendía. La mayoría fue trasladada a campamentos, para que trabajaran en la construcción del ferrocarril, en el trecho entre Angostura y Cartago. Otros fueron vendidos para servir en las casas de las familias adineradas, en las haciendas cafetaleras (localizadas en las cuatro provincias más importantes: Alajuela, Heredia, San José y Cartago) y en las minas de oro del Aguacate, en la provincia de Puntarenas” (Fonseca, 1996)

En 1887, de nuevo el Gobierno de Costa Rica autorizó la contratación de chinos para la misma obra (Chen Apuy, 1992).

Conclusión

A lo largo de estas líneas hemos presentado de forma resumida la primera presencia de emigrantes chinos en el área del Caribe. Se trata de un proceso migratorio internacional que movilizó en torno a 200.000 personas. La mayoría de las cuales fueron trasladadas de las provincias del sur de China para incorporarse como mano de obra semiesclava en el proceso productor de la caña de azúcar o de otros trabajos agroforestales, casi siempre de gran dureza y en pésimas condiciones laborales y vitales. Destaca sobremanera, que asociada a esa migración no europea, se diese otra más numerosa de gentes de Bengala y del Tamil Nadu y otras más concretas y puntuales, por ejemplo la de los “congos” en la Martinica, concretándose uno de los fenómenos migratorios más destacados del siglo XIX, asociado al colonialismo.

Como se ha podido constatar por las fuentes consultadas, la mayoría muy dispersas, la presencia china culminó no con un retorno masivo sino con la instalación y asimilación de esas comunidades al entorno caribeño. Creando en muchos casos, comunidades cohesionadas que han formado parte de las amalgamas étnicas que integran las sociedades de muchos países de la zona

Notas

1] García Márquez, G. (1985) El amor en tiempos del cólera. Col. Narradores de Hoy nº 100, Editorial Bruguera, Barcelona, p.175

2] Fruto de este interés son el reciente trabajo de compilación de: Andrew R. Wilson, Ed. (2004) The Chinese in the Caribbean. Princeton: Markus Wiener, 2004, xxiii+230 pp o el deWalton Look Lai (2000) The Chinese in the West Indies, 1806-1995: A Documentary History.

[3] Ratzel hace una aproximación, más generalista a la situación de los chinos en Estados Unidos en su obra: RATZEL, F.Städte- und Culturbilder aus Nordamerika.Leipzig, 1876. STEHLIN, S.A. (Trad y ed.) Sketches of Urban and Cultural Life in North America. New Brunswick, N.J.: Rutgers University Press, 1988. Citado en: Lyman, S. M. The "Chinese Question" and American Labor Historians”. En New Politics, vol. 7, no. 4, Invierno 2000. http://www.wpunj.edu/~newpol/issue28/lyman28.htm#n234> [Consultado, 12 enero de 2007] Sobre Ratzel en general conviene consultar entre otros: Rucinque, Héctor F.; Durango-Vertel, Jairo.” El centenario de Ratzel”. GeoTrópico, 2 (2), 2004, p.45-50, versión pdf online. < http://www.geotropico.org/2_2_Editorial.pdf. > [Consultado: 19 de enero de 2007]

4] En ese sentido hay están los casos del artista cubano Wilfredo Lam (1902-1982), de Eugene Chen (1878-1944), trinitense de origen que acabo siendo miembro destacado del Kuomintang.

5] Se trata de tres autores recientes: Patricia Powell en su novela The Pagoda (1999), Margaret Cezair-Thompson con The True History of Paradise (1999) y Cristina Garcia con su novela deMonkey Hunting (2003)

6] Este tema ha sido trabajado especialmente por: Walton Look Lai (1993) I Indentured Labour, Caribbean Sugar: Chinese and Indian Migrants to the British West Indies, 1838-1981Baltimore and London: Johns Hopkins University Press y también: Walton Look Lai (1998) The Chinese in the West Indies, 1806-1995: A Documentary History, The Press West Indies University, 1998 y K. O. Laurence (1994), A Question of Labour: Indentured Immigration into Trinidad and British Guiana, 1875-1917. Kingston and London: Ian Randle Publishers and James Curry Publishers y Andrew R. Wilson, Editor (2004) The Chinese in the Caribbean.Princeton: Markus Wiener, 2004, xxiii+230 pp.

[7] Diversos autores documentan el caso cubano de forma detallada: Pérez De La Riva, J. (1975). Demografía de los culíes chinos en Cuba 1853-1874. En El Barracón y otros ensayos. La Habana;Baltar Rodríguez, J. (1997) Los Chinos de Cuba. Apuntes Etnográficos. Fundación Fernando Ortiz, La Habana.; Jiménez Pastrana, J. (1983) Los chinos en la Historia de Cuba, 1847-1930, Editorial Ciencias Sociales, La Habana, 1983 CHOU, D.L. “Los chinos en Hispanoamérica” en Cuadernos de ciencias sociales, nº 124, octubre 2002. Facultad latinoamericana de ciencias sociales (FLACSO) Costa Rica, p. 45 y s; D. C. (1971), A Study of the Chinese in Cuba, 1847-1947.Wilmore, KY: Asbury college, p. 16 y s; HUNG HUI, J. (1992) Chinos en América. Ed. MAPFRE, Madrid y YUN, L. (2001) "Chinese Coolies and African Slaves in Cuba, 1847-74" En Journal of Asian American Studies - Volume 4, Number 2, June 2001, pp. 99-122.The John Hopkins University Press.

[8] Julián de Zulueta y Amondo (Anúcita, Álava 1814- La Habana 1878) , Emigro con 18 años a Cuba donde heredaría un ingenio azucarero, el San Francisco de Paula, hecho que le sirvió para convertirse en uno de los hacendados más destacados de la isla a la par que comerciante en víveres, negros y chinos. A nivel político ocupo distintos cargos en la administración colonial: Consejero de Administrador de Hacienda; Cónsul del Real Tribunal de Comercio; presidente de la Comisión Central de Colonización y de las Juntas de la Deuda y de Hacendados y Propietarios; alcalde de La Habana entre 1864 y 1876; coronel de voluntarios; senador vitalicio del reino por Álava; presidente del Casino Español de La Habana; presidente del Partido Español en Cuba. Recibió la Gran Cruz y Comendador de la Real Orden Americana Isabel la Católica, instituida por Fernando VII y los títulos de Marqués de Álava y Vizconde de Casa Blanca. Para la historiografía cubana ha quedado como uno de los introductores del capitalismo en Cuba. Ver Apaolaza Ávila U. (2003). “Un análisis sobre la historiografía en torno al alavés Julián de Zulueta y Amondo “ En Sancho el sabio: Revista de cultura e investigación vasca nº 18, 2003, pags. 121-140 y también Marrero Cruz, E. (2005) “Julián de Zulueta y Amondo. Promotor del capitalismo en Cuba.” En Huellas, Boletín del Departamento de Investigaciones de la Dirección Municipal de Cultura del municipio de Colón (Cuba) Abril 2005. También reseñado en: Hugh T.(1998). La trata de…p-7-8 y Hugh T. (1973) Cuba, la lucha por la libertad, 1762-1970. Ediciones Grijalbo, Barcelona, p.188

[9] Se trata de la misma compañía que en 1852 importo las piezas de hierro para el puente colgante de Manila, uno de las primeros ejemplos de arquitectura del hierro construidas en el Extremo oriente.

[10] Chuffat, A. (1927) Apunte histórico de los Chinos en Cuba, La Habana, p. 12 Reproducido en Hung Hui J. (1992) Chinos en América. Ed. MAPFRE, Madrid. P. 78-79

[11] Se trata de la culminación de la serie de tratados y convenios que los gobernantes de la dinastia Qin habían firmado con las distintas potencias europeas en un intento de regular el tráfico de subditos chinos. Entre estos convenios hay que destacar el Tratado de Pekín entre Francia, Inglaterra y China , firmado en 1859 y que regulaba el transito de personas chinas entre esas potencias coloniales; Un convenio del 5 de marzo de 1866 que regulaba el transito de culíes a Cuba, firmado entre diversas potencias y China y el proyecto de reglamento del 1 de abril de 1868, presentado por el gobierno imperial chino a España, Francia y Gran Bretaña para regular ese tráfico de inmigrantes chinos a Cuba. Ver. Hung Hui, J. (1992) Op. Cit.. p. 240 y s.

[12] Carta de la comisión de Cuba, 1871. Extraida de: Extraido de: La Habana Elegante, nº 25, primavera 2004.< http://www.habanaelegante.com/Spring2004/Panoptico.html> [Consulta 9 de diciembre de 2006]

[13] Existe una numerosa bibliografia sobre las actividades de las comunidades chinas, especialmente en la ciudad de la Habana. Entre otros destaca: Moreno Freginals, M. “Migraciones chinas a Cuba: 1848-1959. En Leander, B. (Coord) Europa,Asia y Africa en América Latina y el Caribe.Migraciones libres en los siglos XIX y XX y sus efectos culturales. Paris: UNESCO, Siglo XXI, 1989. p. 225-247, Baltar Rodríguez, J. (1997) Los Chinos de Cuba. Apuntes Etnográficos. Fundación Fernando Ortiz, La Habana; Ramos, Marco Antonio (2003) “Apuntes Sobre el Poblamiento Chino de Cuba.” En Revista Herencia, volumen 9, nº1, La Habana ,2003, p.110-119; TANG ZAMBRANA, J. (2002) “ Los chinos californianos de La Habana en el siglo XIX: El verbo de la comunidad.” En La Jiribilla, nº 75, octubre 2002, La Habana. Consultado en: http://www.lajiribilla.cu/2002/n75_octubre/1763_75.html ; Kouw Matamoros, M.C. (2002) “Mirando el caparacho de tortuga” en En La Jiribilla, nº 75, octubre 2002, La Habana. Consultado en: http://www.lajiribilla.cu/2002/n75_octubre/1762_75.html ; Linares Savio, M.E. (2001) “Expresiones de la cultura china en Cuba: el teatro y la música.” En La Jiribilla, nº 21, septiembre 2001.http://www.lajiribilla.cubaweb.cu/2001/n21_septiembre/fuenteviva.html ; Valiño, O. (2001) “Títeres chinos en La Habana “ en La Jiribilla, nº 21, septiembre 2001http://www.lajiribilla.co.cu/sumario/anteriores_c.asp?seccion=10 y López, K. (2004) “One Brings Another”: The Formation of Early Twentieth-Century Chinese Migrant Communities in Cuba. En Andrew R. Wilson, Editor (2004) The Chinese in the Caribbean. Princeton: Markus Wiener.

[14] Tortello, R. “ Out of many cultures the people who came. The arrival of The chinese.” En www.chinesejamaican.com

[15] La comunidad china de este pais, y en especial de su capital ha documentado muy detalladamente su presencia en él. Prueba de ello son las numerosas publicaciones que se pueden reseñar: Kwok Crawford, Marlene (1989) Scenes from the History of the the Chinese in Guyana.Georgetown. Kwok Crawford, Marlene & Choo-Shee- Nam, Rosemarie (2003) "Guyanese Chinese Heritage - a brief history 1853-2003." National Library, Georgetown; K. O. Laurence (1994) A Question of Labour: Indentured Immigration into Trinidad and British Guiana, 1875-1917. Kingston and London: Ian Randle Publishers and James Curry Publishers

[16] Información extraida de The Chinese Association of Guyanahttp://www.sdnp.org.gy/chinese/

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© Copyright: Martín Checa Artasu, 2007
© Copyright: Biblio3W, 2007

Ficha bibliográfica

CHECA ARTASU, M. Hacia una geografía de las primeras migraciones chinas en el Caribe. Biblio 3W Revista Bibliográfica de Geografía y Ciencias Sociales, Universidad de Barcelona, Vol.XII, nº 707, 25 de febrero de 2007. [http://www.ub.es/geocrit/b3w-707.htm]. [ISSN 1138-9796].




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