Diccionario histórico de perífrasis verbales

Echar a + infinitivo

Daniel Cuní Díez
Universitat de Barcelona
Contenidos
Relación con otras construcciones multiverbales

Síntesis

Construcción verbal de significado causativo. Se documenta en español desde el siglo XIII. El siguiente gráfico recoge la frecuencia normalizada de la perífrasis a lo largo de la historia del español.

Echar a + INF presenta un sujeto (SN1) que provoca la realización del evento formulado por el infinitivo. Este evento tiene una repercusión en el objeto directo de la oración (SN2), el cual puede ser animado (1) o inanimado (2). Así, en (1), Sánchez Mejías (SN1) es el detonante de que las chicas (SN2) realicen la acción de bailar, y en (2), el sujeto es el desencadenante de que la fantasía (SN2) navegue.

  1. Echan pestes de los fandanguillos, se pierden en los recuerdos de la Cerueta, de la Trini y de la Pitraca, de la Mejorana -madre de Pastora Imperio-, de la Macarrona. – Ahora las quiere echar a bailar de nuevo Sánchez Mejía, con la Argentinita. (Max Aub, La calle de Valverde, España, 1961, CORDE)
  2. Pero hoy se asomó al mirador de Lindaraja, y apoyando la cabeza en el quicio, echó a navegar la fantasía por el cielo azul, y cuando tomó tierra en sus navegaciones era hora de salir del palacio. (Gregorio Martínez Sierra, Granada, España, 1920, CORDE)

Echar a + INF se encuentra ya con valor causativo desde el siglo XIII. Esta construcción tendría su origen en estructuras en las que el verbo echar ‘arrojar, lanzar, tirar’ (Kasten et al. 2024: s.v. echar) selecciona un objeto directo y un sintagma preposicional de lugar. En (3), el sujeto coloca algo (agua) en un lugar determinado (el vaso).

  1. Pora echar agua en el uaso & fazer semeiança que nunqua se incha. (Alfonso X, Libro de las formas y de las ymágines, España, 1279, CORDE)

El siguiente paso en la evolución se produciría cuando echar empieza a seleccionar también un sintagma preposicional, introducido por la preposición a y seguido de un verbo en infinitivo. Por ejemplo, en (4), se indica que el sujeto coloca algo (los cadáveres) en un lugar determinado (las hogueras) para realizar una acción concreta (quemarlos). Estos casos constituirían los contextos puente, ya que, pese a que se puede inferir el valor causativo, en el que el sujeto (SN1) provoca que los cadáveres (SN2) se quemen, también persiste el sentido locativo etimológico de la construcción, en el que el sujeto coloca los cadáveres en un lugar determinado (las hogueras).

  1. Ca tantos eran los muertos que nin los cabien las puertas nin las casas. Et o los dexauan yazer alli o se cayeran muertos; o los echauan a quemar en grandes fogueras sin toda ondra. (Alfonso X, General Estoria. Segunda parte, España, c 1275, CORDE)

Los ejemplos inequívocamente causativos son aquellos en los que el valor locativo de echar se difumina, dada la ausencia de lugar. En (5), ya no se indica el lugar en el que se sitúa al ganado para que pazca, sino que se señala que el agente (SN1) es el desencadenante de que el ganado (SN2) realice la acción de pacer.

  1. Si el pregon dado, no requiriere nadi el ganado, sea encerrado fasta tercer dia. Tercer dia passado, echelo a pacer fasta o su duenno uenga. Quando uiniere, pechel el danno e lieue el ganado. (Anónimo, Fuero de Béjar, España, 1290-1293, CORDE)

Este cambio semántico habría corrido parejo al reanálisis sintáctico de la construcción, que habría supuesto una reestructuración de la jerarquía de constituyentes: echar empezaría a funcionar como el auxiliar de la perífrasis, el infinitivo pasaría a ser el verbo auxiliado y el nexo a se habría desprovisto de valor prepositivo.

A pesar de que echar a + INF está ya reanalizada en el siglo XIII, con el paso del tiempo, se observan otros cambios en el plano sintáctico: a partir del siglo XV, se expanden los tiempos y modos verbales en los que se conjuga el verbo auxiliar; en el siglo XVII, echar a + INF empieza a seleccionar sujetos inanimados (6), y, finalmente, también se percibe una evolución en cuanto a los infinitivos que ocupan la posición del auxiliado.

  1. Comiéncese la fundición por ellas en este modo: acomódense con un hierro los carbones que están en lo alto del horno, de suerte que estén juntos, para que lo que se echare a fundir sobre ellos se pueda tener, sin que por las concavidades que entre unos y otros huviere se cayga luego abaxo sin estar derretido. (Álvaro Alonso Barba, Arte de los metales, España, 1640, CORDE)

En los siglos XIII y XIV, los únicos verbos que se documentan en la posición de auxiliado son cazar (7) y pacer (8). A partir del siglo XV, comienzan a entrar nuevas piezas léxicas en la construcción causativa, en especial los verbos que expresan eventos culinarios, como cocer, fermentar, freír o hervir (9), que constituyen la clase verbal más frecuente desde el siglo XV hasta la actualidad.

  1. E por esso, conuiene que las echen a caçar en los días que fuere la tierra lienta; e después, quando cayeren en las quebrantadas, mojarse an e enchírseles an las manos de tierra. (Abraham de Toledo, Moamín. Libro de los animales que cazan, España, 1250, CORDE)
  2. Sallien todo el dia de fuera et sen metien a vegadas del ganado, a vegadas delas bestias dela huest, entro quel rey vedo que ninguno non echasse a paxer ganado nin otras bestias entre la huest et la villa. (Anónimo, Gestas del rey don Jayme de Aragon, España, a 1396, CORDE)
  3. Fizo degollar al rey Pelén, tío de Jasón, a sus fijas e fazerlo pieças e echarlo a coçer, porque avía seido causa de enbiar a Jasón en aquella demanda del velloçino dorado, por que ella fue con él venida. (Lope García de Salazar, Istoria de las bienandanzas e fortunas, España, 1471-1476, CORDE)

Hasta el siglo XIX, los auxiliados de echar a + INF expresan eventos físicos, tangibles, pero, a partir de dicha centuria, la construcción empieza a subcategorizar infinitivos que expresan actividades mentales, como pelear, reñir o discutir (10). Esta evolución se consolida en el siglo XX, cuando se documentan también verbos de sensación, como sufrir (11).

  1. Villalonga y yo les echábamos a pelear o les reconciliábamos cuando nos convenía. (Benito Pérez Galdós, Fortunata y Jacinta, España, 1885-1887, CORDE)
  2. Malogrado por un accidente o viejo, enflaquecido, extenuado por el hambre y la fatiga, cuando tiene adquirido el derecho al descanso y a una espera tranquila de la muerte, le condenamos a un suplicio atroz, le echamos a sufrir los picazos de un bruto en figura humana, a recibir cornadas de una fiera embravecida, a ser tasajo viviente, a pisotear sus intestinos. (Manuel González Prada, Nuestros aficionados [Horas de lucha], Perú, 1906, CORDE)

Bibliografia

Cuní Díez, Daniel (2018). Un acercamiento a las perífrasis verbales incoativas del español. Un estudio diacrónico de las construcciones echar(se) a + infinitivo y ponerse a + infinitivo. (Memoria de máster). Barcelona: Universitat de Barcelona.

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