Diccionario histórico de perífrasis verbales

Echar(se) a + infinitivo

Daniel Cuní Díez
Universitat de Barcelona
Contenidos

Síntesis

Perífrasis aspectual de significado incoativo. Se documenta en español desde el siglo XIII, pero es a partir del siglo XIX cuando su frecuencia de empleo alcanza proporciones de uso remarcables. El siguiente gráfico recoge la frecuencia normalizada de la perífrasis a lo largo de la historia del español.

Echar(se) a + INF se emplea para focalizar el comienzo de la acción expresada por el infinitivo. Así, en (1) se indica que Fortunata, tras una sentida despedida, empezó a llorar.

  1. La despedida de las monjas fue muy sentida. Fortunata se echó a llorar. (Benito Pérez Galdós, Fortunata y Jacinta, España, 1885-1887, CORDE)

Hasta el siglo XVI la perífrasis presenta dos variantes en el nexo. La más habitual, mantenida hasta la actualidad, es echar(se) a + INF (2). La otra, echar(se) en + INF (3), desaparece en el siglo XVI. Existe una tercera variante formal, que aparece a lo largo de toda la historia de la perífrasis: la ausencia de nexo (4). Esta última variante se documenta solamente con auxiliados que empiezan por a o con auxiliares que terminan en dicha vocal. Por lo tanto, esta variante formal podría explicarse por fonética sintáctica, ya que la a se absorbería al aparecer junto a una vocal idéntica.

  1. Gime “Heráclito”, y a poco, sale “Demócrito” y mira, y al ver que el otro suspira, se echa a reír como un loco. (Ramón de Campoamor, Doloras, España, 1846, CORDE)
  2. Dize Alberto Magno que palomas, gorriones y otras aves echan en multiplicar generación, y assí los más ocupados serán los más castos y menos viciosos. (Gabriel de Toro, Tesoro de misericordia divina y humana, España, 1548, CORDE)
  3. Luego se encaminó despacio hacia el cuerpo de Dora, levantándolo en sus dos brazos dulcemente, como si se tratase de un niño dormido; y echó andar rumbo a las «casas». (Eduardo Acevedo Díaz, Nativa, Uruguay, 1890, CORDE)

Por otra parte, echar(se) a + INF presenta otras dos variantes formales a lo largo de su historia, que tienen que ver con la presencia y la ausencia de se: echar a + INF (5) y echarse a + INF (6).

  1. Enseguida el cuervo se apresuró a volar hacia un rebaño que pasaba por allí […]. Después se lanzó sobre otro perro e hizo lo mismo; y habiendo excitado así a todos los perros, echó a volar a una altura suficiente para que le fueran persiguiendo. (Vicente Blasco Ibáñez, Traducción de Las mil y una noches, España, c 1916, CORDE)
  2. A veces, de una red oculta entre los adornos de la banderilla, salían unos pajarillos y se echaban a volar. (Fernán Caballero [Cecilia Böhl de Faber], La gaviota, España, 1849, CORDE)

Echar(se) a + INF se encuentra ya con valor incoativo desde el último cuarto del siglo XIII. Esta construcción tendría su origen en estructuras en las que el verbo echar selecciona un sujeto agentivo, un objeto directo y dos sintagmas preposicionales, uno locativo y otro de finalidad. En este tipo de ejemplos el sujeto coloca algo (7) o a sí mismo (8) en un lugar determinado para realizar una acción concreta. Así, en (7) el sujeto coloca los cadáveres en las hogueras con el objetivo de teñirlos y en (8) se coloca a sí mismo en un lecho con la finalidad de dormir.

  1. Ca tantos eran los muertos que nin los cabien las puertas nin las casas. Et o los dexauan yazer alli o se cayeran muertos; o los echauan a quemar en grandes fogueras sin toda ondra. (Alfonso X, General Estoria. Segunda parte, España, c 1275, CORDE)
  2. E cuemo uinie cansado echosse a dormir en un lecho muy pobreziello que y estaua. (Alfonso X, Estoria de Espanna que fizo el muy noble rey don Alfonsso…, España, 1270, CORDE)

En este tipo de estructuras se encontraría el germen de la acepción incoativa, pues el hecho de colocar algo o a alguien en un lugar determinado para realizar un evento específico permitiría inferir que dicho evento va a comenzar. Cuando se difumina el sentido locativo del verbo echar, en contextos sin referencias de lugar, se llegaría a los ejemplos inequívocamente incoativos. La pérdida del significado locativo del verbo echar permitiría que en la posición de infinitivo apareciesen verbos incompatibles con la idea de posicionamiento en un lugar, como los verbos de movimiento, la clase verbal predominante en el siglo XIII. Se trataría de ejemplos como (9), donde ya no se indica que alguien se coloca en un lugar determinado para ir a algún lugar, sino que se pone énfasis en que la acción de ir da comienzo.

  1. Los de Athenas touieron este conseio de temistides por bueno. & tomaron sus mugieres & sos fijos. & quantas cosas auien que alguna cosa ualie & leuaronlas a unas yslas que auien ellos que estauan en la mar como ascondudas. & de si los uarones todos los que eran de armas. armaronse & metieronse en sos Nauios. & las otras cibdades de grecia uezinas echaronse a yr empos esto que uieron fazer a los de athenas. (Alfonso X, General Estoria. Cuarta parte, España c 1280, CORDE)

Este cambio semántico habría corrido parejo al reanálisis sintáctico de la construcción, que habría supuesto una reestructuración de la jerarquía de constituyentes: echar empezaría a funcionar como el auxiliar de la perífrasis, el infinitivo pasaría a ser el verbo auxiliado y el nexo a se habría desprovisto de valor prepositivo.

La existencia de las variantes echar a + INF y echarse a + INF puede explicarse por la alternancia entre construcciones reflexivas (8) y no reflexivas (7) con el verbo echar. Estas dos estructuras habrían evolucionado de manera paralela hasta llegar a adquirir un sentido incoativo. En esta nueva construcción, el se habría perdido su reflexividad y habría dejado de funcionar como el objeto directo del verbo principal, pero se habría quedado fosilizado en la variante echarse a + INF de la construcción incoativa.

La principal diferencia entre estas dos variantes formales es su relación con los verbos de reacción física o emotiva (llorar, reír). Estos verbos, al expresar eventos que tienen un resultado sobre el propio individuo, prefieren la variante echarse a + inf (10), herencia de la estructura locativa con objeto directo reflexivo: echarse (a uno mismo) en un lecho para dormir. En cambio, el resto de las clases verbales que selecciona la perífrasis pueden aparecer con cualquiera de las dos variantes formales, como puede observarse con el verbo andar (11-12).

  1. Y no viendo dónde recogerme por ser ya entrada la noche, empecé a afligirme, me recosté contra un árbol y me eché a llorar. (José de Espronceda, Sancho Saldaña o El Castellano de Cuéllar, España, 1834, CORDE)
  2. Hizo un profundo acatamiento, abrazó al caballero Cisne, y echó a andar tras de su conductor, mientras subía el príncipe a caballo para irse a colocar al frente de las legiones. (Ramón López Soler, Los bandos de Castilla o El caballero del cisne, España, 1830, CORDE)
  3. Se echó a andar por la ciudad sin rumbo fijo, y sin saber qué determinación tomar. (Miguel Luis Amunátegui Aldunate, La dictadura de O’Higgins, Chile, 1853, CORDE)

El rendimiento funcional de las dos variantes es prácticamente el mismo a lo largo de la historia. La mayor diferencia se encuentra en el siglo XX y podría explicarse porque, en dicho siglo, echar(se) a + INF se documenta principalmente en los pasajes dialógicos de los textos narrativos, donde los verbos más empleados son reír y llorar. De esta manera, dado que los auxiliados más recurrentes de la perífrasis prefieren la variante con se, esta se emplea con mayor frecuencia.

Por lo demás, no se observan diferencias entre estas dos variantes formales de echar(se) a + INF, probablemente porque las dos estructuras etimológicas han llegado a confluir en una misma construcción, la perífrasis incoativa, a través de un cambio semántico paralelo. Este cambio va acompañado de una serie de modificaciones sintácticas. Por ejemplo, desde el siglo XV, echar(se) a + INF no manifiesta afinidad por ninguna persona gramatical en especial, pero a partir del siglo XIX experimenta una deriva hacia la tercera persona. Esto permite que se puedan documentar sujetos inanimados (13), a pesar de que la mayor parte de los sujetos hasta esta fecha sean animados.

  1. Deseaba que el tren echara a correr pronto. (Benito Pérez Galdós, Tormento, España, 1884, CORDE)

Otro indicio que permite demostrar la fijación de echar(se) a + INF es su capacidad de conjugarse en los distintos tiempos y modos verbales en sus últimas etapas evolutivas. Hasta el siglo XVIII, la perífrasis se conjuga principalmente en presente de indicativo y en pretérito indefinido. A partir del siglo XIX, se empieza a documentar el resto de los tiempos de la conjugación.

La consolidación de echar(se) a + INF se percibe también en las clases de verbo auxiliado que subcategoriza. Hasta el siglo XVIII, la perífrasis se forma únicamente con infinitivos que expresan actividades controladas por un sujeto agentivo, herencia de las construcciones etimológicas. Principalmente, se trata de verbos de desplazamiento (14) y mentales (15).

  1. E algunos moros salieron por gelo defender, e en que vieron que la gente hera mucha no se detouieron, e echaron a fuyr. (Anónimo, Crónica de Juan II de Castilla, España, 1406-1411, CORDE)
  2. Tantas veces le deseché, que él se echó a pensar una traza con que me obligar, y fue que, echando mano a la cinta, desenvainó una botilla de vino, y de la faltriquera un zancarrón de tocino envuelto en un cernadero. (Francisco López de Úbeda, La pícara Justina, España, 1605, CORDE)

A partir del siglo XIX se documentan también verbos como sudar o temblar (16), con los que el control del sujeto sobre la acción se ve debilitado. Este avance se consolida en el siglo XX, cuando la perífrasis empieza a combinarse con verbos meteorológicos, donde no existe ningún tipo de control del evento expresado por el infinitivo (17).

  1. Oiga usted, madre. El campo me fastidia. Me he propuesto ir a la Corte. Quiero ver al rey y a la reina. La pobre madre se echó a temblar al oír aquellas palabras. (Fernán Caballero [Cecilia Böhl de Faber], La gaviota, España, 1849, CORDE)
  2. La sed la siente ahora en los labios, en la boca, en las sienes, en la mugrienta piel. Si de pronto echara a llover absorbería el agua por los poros, como una esponja. (Ramón J. Sender, Imán, España, 1930, CORDE)

Hasta el siglo XVIII, echar(se) a + INF no manifiesta ninguna afinidad particular por una tipología textual en concreto. Sin embargo, en el siglo XIX, la construcción se especializa en contextos de inmediatez comunicativa, en concreto, se documenta en los diálogos de los textos narrativos, contribuyendo de esta manera al considerable aumento de la frecuencia de empleo de echar(se) a + INF.

En la actualidad, existen diferencias en el empleo entre esta perífrasis y otras construcciones incoativas. Semánticamente, a diferencia de comenzar a + INF, empezar a + INF y ponerse a + INF, con echar(se) a + INF el comienzo del evento se presenta de manera más repentina. Esto podría explicarse por la interacción de la acepción etimológica del verbo echar: “Hacer que algo vaya a parar a alguna parte, dándole impulso” (DLE s.v. echar), que puede verse ejemplificada en (18). De este modo, a pesar de que la construcción perifrástica ya esté fijada, los hablantes son capaces de identificar las piezas léxicas que la forman, de manera que esta acepción de echar podría entrar en la perífrasis verbal. Así, echar(se) a + INF adquiriría este matiz de impulso, que nos conduciría al valor de acción repentina, de modo que se habría producido una interacción entre el léxico y la gramática.

  1. Vino Josep a sos ermanos e prisieronle e despoiaronle el palio e echaronle en el pozo. (Almerich, La fazienda de Ultra Mar, España, c 1200, CORDE)

También se observan diferencias en el registro entre las perífrasis incoativas. Empezar a + INF y comenzar a + INF se emplean tanto en contextos formales como informales, mientras que echar(se) a + INF y ponerse a + INF solo tienen cabida en contextos de inmediatez comunicativa.

Bibliografia

Carrasco Gutiérrez, Ángeles (2006). “Echar a + infinitivo”. En García Fernández, L. Diccionario de perífrasis verbales. Madrid: Gredos, 121-124.

Carrasco Gutiérrez, Ángeles (2006). “Echarse a + infinitivo”. En García Fernández, L. Diccionario de perífrasis verbales. Madrid: Gredos, 124-126.

Cuní Díez, Daniel (2018). Un acercamiento a las perífrasis verbales incoativas del español. Un estudio diacrónico de las construcciones echar(se) a + infinitivo y ponerse a + infinitivo. (Memoria de máster, directora: Mar Garachana Camarero). Universitat de Barcelona, Barcelona.

Real Academia Española. Diccionario de la lengua española (dle), [en línea], consultado en http://www.rae.es/rae.html [2020-2021].

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