[Anne
Carson. La belleza del marido, un ensayo narrativo en 29 tangos.
(Barcelona: Lumen. 2003).]
La
belleza del marido, un ensayo narrativo en 29 tangos (Lumen, 2003)
es el primer y único poemario que la canadiense Anne Carson ha
publicado hasta ahora en España. En él Keats juega un papel importante:
además de ser el destinatario de la dedicatoria y de que cada
uno de los veintinueve tangos[1]
se abran con sus palabras, el poemario toma como idea central
una afirmación suya: beauty is truth. Carson se sirve de esta
premisa y explicita otra (“No me avergüenza decir que lo
amé por su belleza. / Como volvería a amarlo / si lo tuviera cerca.
La belleza convence. Sabes que la belleza hace posible el sexo.
/ La belleza hace el sexo sexo.”) para abrirnos la puerta
a las escenas de un matrimonio en descomposición. No es la elección
de un tema manido en la literatura reciente por lo que deba aplaudirse
a Carson, sino por el modo en que lo aborda: cada uno de sus versos
está tocado por el halo de la distancia, condición de posibilidad
de la ironía y la lucidez en el tratamiento de un fracaso afectivo
en el que leemos más la inteligente descripción de los hechos
que la pegajosa voz del resentimiento. ¿Qué consigue Carson con
ello? Traspasar con elegancia la frontera entre lo íntimo y lo
poético; escribir un buen poema creando desde lo individual algo
que, en tanto que objetivado mediante el arte y la técnica, resulta
interesante también al lector, como hizo Gil de Biedma a través
de su poesía y como no consigue hacer hoy casi ninguno de sus
muchos malos imitadores, pues aunque imitan (mal) su técnica y
malinterpretan sus intenciones, no traspasan dicha frontera, bien
por la falta de talento, bien por la ausencia del distanciamiento
en un tipo de poemas que probablemente lo requieran para ser buenos
poemas.
La
intención de Carson de desligar su obra de lo biográfico parece
clara cuando descubrimos la brevedad de la reseña sobre sí misma
que obligó a poner en todas las ediciones de este libro: 'Anne
Carson vive en Canadá'. El título del primer poema lo reafirma:
“Dedico este libro a Keats (¿Fuiste tú quien me dijo que
Keats era médico?) por su entrega total a la belleza y porque
una dedicatoria ha de ser imperfecta si se quiere que un libro
conserve su libertad”. Queda claro que la dedicatoria perfecta
sería al marido; y, también, que el libro, entonces, perdería
su libertad en un regreso hacia lo íntimo.
De
la lectura narrativa de La belleza del marido podría redactarse
una solapa así: “La conmovedora historia de una pareja desde
que se conocen de adolescentes en una clase de latín, hasta el
derrumbamiento de su matrimonio. En medio, desordenados cronológicamente
–la autora va de un capítulo a otro guiada por una voz interior–,
los capítulos dulces del principio y los encuentros furtivos,
pero también los celos de la protagonista hacia un marido que
la sustituye por su afición a los “pálidos amigos”
y la Historia y cuyas continuas infidelidades y mentiras, y las
consecuentes discusiones a altas horas de la noche, conducen a
la ruptura de su enlace”. Pero queda claro que lo interesante
no sería la “trama” sino lo que hay en medio de ella:
la mirada de Carson sobre la relación de pareja y los recursos
poéticos que usa con acierto para hablar de ella, así como el
modo en que distintas teorías filosóficas o algunos literatos
(Homero, Platón, Kafka o Proust) se integran en el poema para
enriquecerlo. De ese modo, vemos cómo cita a Homero, a propósito
de la lealtad de Andrómaca, para ironizar sobre la escasa lealtad
de su marido; o cómo en una discusión aparece lateralmente un
juicio literario, tan breve como contundente, sobre el autor de
Esperando a Godot (“Esto es trivial. Parece Beckett. Di
algo!”); o el poema XX, que empieza hablando del principio
de asociación propuesto por Aristóteles para hurgar en la memoria,
para de inmediato transportarlo a otros ámbitos:
Pasar
entonces rápidamente
de
un punto al siguiente, por ejemplo de pezón a duro
de
duro a cuarto de hotel, de cuarto de hotel
a
la frase encontrada en una carta que escribió en un taxi el
día que se cruzó
con
su mujer;
o
la manera en que en el poema VII arranca con la definición de
mito para llevarnos a las mentiras del marido:
Mentía
cuando no era necesario.
Mentía
cuando ni siquiera era conveniente.
Mentía
cuando sabía que sabían que estaba mintiendo.
Mentía
cuando mentir rompía sus corazones.
Mi
corazón.
El
corazón de ellas.
A
veces me pregunto qué pasó con ella.
La
primera.
o
las asociaciones que presentan un esquema similar a éste: mentira
– su dolor – dolor de las demás – las demás
– una de las demás – el dolor que le provocó a ella
una de las demás, la primera – el recuerdo del dolor a través
de ciertas imágenes
Hay
algo de filo nuevo y ardiente en la primera infidelidad conyugal
Taxis
para arriba y para abajo
Lágrimas.
Grietas en la pared que recibe el golpe.
Luces
encendidas hasta altas horas de la noche.
No
puedo vivir sin ella. Ella la palabra que estalla.
Luces
todavía encendidas de mañana.
asociaciones
que diseminadas por todo el poema
contribuyen a imprimirle su peculiar ritmo. Un empeño (el del
ritmo) que también logra Carson a través del cuidado que pone
en jugar con la modulación de los grados de intensidad lírica
en cada poema, siguiendo así el consejo de Eliot: que el lector
pueda leer sin ahogarse, sin quedar empalagado por el abuso de
una intensidad mantenida.
Carson
pasa de una tonalidad íntima (el poema podría interpretarse como
la explicación de su matrimonio a Ray, un amigo del marido)
a un dato histórico; de la cálida frase extraída de la carta que
su marido le escribió de joven, al mordaz análisis sintáctico,
moral y poético de su contenido (poema IV). Su atrevimiento la
lleva a no dudar en emplear lo que le interesa de cada género.
La vemos sirviéndose del dinamismo de la prosa, bien en los diálogos,
de los que la obra está llena, o en el uso de descripciones aparentemente
asépticas, y de esa efectividad para “contar” pasa
a la musicalidad del verso blanco, y de ahí al atrevimiento de
ciertas imágenes que sólo la poesía admite, sin olvidar the music
of conversation, el tono ensayístico de algunos pasajes o la intimidad
propia del género epistolar o de los diarios privados. Es atrevida,
sí, pero puede permitírselo, sobre todo cuando vemos que logra
articular con éxito los distintos géneros, logrando que el ritmo
de su voz poética y de su inteligencia hagan invisibles al lector
las suturas entre uno y otro. Tanto al biógrafo más curioso como
al hábil crítico, sólo les queda rendirse.
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