{"id":8388,"date":"2021-04-21T19:27:55","date_gmt":"2021-04-21T17:27:55","guid":{"rendered":"http:\/\/www.ub.edu\/las_nubes\/elnubarron\/?page_id=8388"},"modified":"2021-04-21T19:43:01","modified_gmt":"2021-04-21T17:43:01","slug":"los-dioses-a-todo-color-bunte-gotter-elisenda-julibert","status":"publish","type":"page","link":"https:\/\/www.ub.edu\/las_nubes\/elnubarron\/critica\/los-dioses-a-todo-color-bunte-gotter-elisenda-julibert\/","title":{"rendered":"Los dioses a todo color"},"content":{"rendered":"\n<p class=\"has-text-align-left has-luminous-vivid-orange-color has-text-color wp-block-paragraph\" style=\"font-size:24px\"><strong>Elisenda Julibert<\/strong><\/p>\n\n\n\n<div class=\"wp-block-columns is-layout-flex wp-container-core-columns-is-layout-8f761849 wp-block-columns-is-layout-flex\">\n<div class=\"wp-block-column is-layout-flow wp-block-column-is-layout-flow\" style=\"flex-basis:50%\"><\/div>\n\n\n\n<div class=\"wp-block-column is-layout-flow wp-block-column-is-layout-flow\" style=\"flex-basis:50%\">\n<p class=\"has-text-align-right has-text-color has-small-font-size wp-block-paragraph\" style=\"color:#4c4f50\"><em>.<\/em><\/p>\n<\/div>\n<\/div>\n\n\n\n<div style=\"height:40px\" aria-hidden=\"true\" class=\"wp-block-spacer\"><\/div>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center wp-block-paragraph\"><img decoding=\"async\" src=\"http:\/\/www.ub.edu\/las_nubes\/imagenes\/imagenescritica\/buntegotter1.jpg\" style=\"width: 300px;\"><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Hace dieciocho a\u00f1os estudiaba en el instituto mi primer a\u00f1o de griego cuando o\u00ed a la profesora explicar que las esculturas griegas estaban a tono con su literatura, con sus vasijas, sus platos, sus mosaicos, sus comedias y sus tragedias, con su mitolog\u00eda y, en general, con lo que a\u00fan hoy nos queda de su cultura: estaban pintadas y no precisamente de un modo discreto. Creo recordar que en aquel momento no hab\u00eda visto una escultura griega m\u00e1s que en cat\u00e1logos de arte o en libros de historia, pero la posibilidad de que esas esculturas estuvieran pintadas me maravill\u00f3, no s\u00f3lo por la inmensa riqueza crom\u00e1tica que a partir de entonces pod\u00eda imaginar en los templos, y en las casas o en los palacios, sino porque por\u00a0alg\u00fan motivo esa imagen menos solemne, menos austera, menos apol\u00ednea (aunque no forzosamente m\u00e1s dionisiaca), del mundo griego me parec\u00eda m\u00e1s coherente con otros vestigios de ese periodo que empezaba a conocer, como la literatura, la filosof\u00eda o la mitolog\u00eda. A\u00f1os m\u00e1s tarde, en alguno de los museos europeos donde se alojan las m\u00faltiples esculturas griegas, como el P\u00e9rgamo de Berl\u00edn o el Brit\u00e1nico de Londres, pude comprobar con satisfacci\u00f3n que mi profesora de\u00a0griego\u00a0estaba en lo cierto: en algunas esculturas arcaicas pueden observarse restos de\u00a0pintura.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center wp-block-paragraph\"><img decoding=\"async\" src=\"http:\/\/www.ub.edu\/las_nubes\/imagenes\/imagenescritica\/buntegotter2.jpg\" style=\"width: 150px;\"><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Pero con independencia de mi personal ignorancia y de mi descubrimiento privado, desde hace un siglo y medio los restos de pintura atestiguaban para los historiadores y\u00a0\u00a0los arque\u00f3logos el error de Winckelmann y, con \u00e9l, el de todos los aficionados al arte cl\u00e1sico como m\u00e1xima cumbre del arte depurado, espiritual, absoluto, sublime. Porque la \u201cpureza\u201d que hab\u00edamos atribuido a esas esculturas es s\u00f3lo el producto del paso del tiempo: los siglos fueron desgastando el color hasta el extremo de hacerlo desaparecer por completo en muchos casos y aquella blancura, aquella pureza de la escultura cl\u00e1sica, es un lamentable error que no obstante ha dado lugar a una abundante literatura: tarde o temprano habr\u00e1 que olvidarla.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Para muchos este descubrimiento tal vez resulte un poco triste o decepcionante. Pero para m\u00ed la posibilidad de ver un d\u00eda las esculturas pintadas con los colores que utilizaban los griegos ha sido un sue\u00f1o desde los diecis\u00e9is a\u00f1os. Y he aqu\u00ed que un grupo de historiadores del arte ingleses y alemanes ha querido hacerlo realidad en una asombrosa exposici\u00f3n que ha estado en Inglaterra y en diversas ciudades alemanas, la \u00faltima de ellas Frankfurt, donde podr\u00e1 visitarse hasta el 15 de febrero del a\u00f1o que viene.<\/p>\n\n\n\n<div class=\"wp-block-columns is-layout-flex wp-container-core-columns-is-layout-8f761849 wp-block-columns-is-layout-flex\">\n<div class=\"wp-block-column is-layout-flow wp-block-column-is-layout-flow\" style=\"flex-basis:100%\">\n<p class=\"has-text-align-center wp-block-paragraph\"><br><img decoding=\"async\" src=\"http:\/\/www.ub.edu\/las_nubes\/imagenes\/imagenescritica\/buntegotter3.jpg\" style=\"width: 150px;\"><\/p>\n<\/div>\n<\/div>\n\n\n\n<div class=\"wp-block-image\"><figure class=\"aligncenter is-resized\"><img decoding=\"async\" src=\"http:\/\/www.ub.edu\/las_nubes\/imagenes\/imagenescritica\/buntegotter4.jpg\" alt=\"\" width=\"-9\" height=\"-9\"\/><\/figure><\/div>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><br>La exposici\u00f3n se titula&nbsp;<em>Dioses coloreados<\/em>&nbsp;o&nbsp;<em>Dioses en color<\/em>, y es una modesta muestra de lo que debieron ser las esculturas cl\u00e1sicas. Es modesta porque es muy prudente en la aplicaci\u00f3n de colores; pero tambi\u00e9n porque se han tomado unas pocas esculturas, puesto que el trabajo de reconstrucci\u00f3n del color parece ser laborioso. La intenci\u00f3n de la exposici\u00f3n no es darnos muchas muestras sino tan s\u00f3lo unas pocas que, sin embargo, parecen poco dudosas. Estas precauciones son comprensibles porque el resultado es tan sorprendente, tan luminoso, tan colorido al fin, que desconcierta incluso al espectador m\u00e1s favorable a la empresa, como yo misma: incluso si sab\u00edamos que las esculturas estaban pintadas, no era f\u00e1cil imaginar que fueran tan pol\u00edcromas. Pero no pod\u00eda ser de otro modo, puesto que los pigmentos utilizados eran parecidos a los que usaban los persas, los romanos luego e incluso los pintores renacentistas mucho tiempo despu\u00e9s: pigmentos procedentes de materiales como el lapisl\u00e1zuli, la azurita, la malaquita, el polvo de oro,\u2026<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">De manera que los colores que cubr\u00edan esas esculturas son tan vivos (o m\u00e1s, dependiendo del material sobre el que se apliquen) como los colores de los frescos renacentistas restaurados que cubren las paredes de las iglesias italianas en Florencia, por ejemplo. Y tambi\u00e9n la restauraci\u00f3n de los colores en obras del siglo XVI ha supuesto en algunos casos c\u00e9lebres much\u00edsimos problemas, pues la luminosidad de los colores parec\u00eda condecir poco con la idea del arte religioso, sobrio, austero y penitente. Efectivamente, s\u00f3lo al contemplar los colores restaurados podemos empezar a dudar de la idea de que los pintores renacentistas y quienes encargaban esas obras estuvieran consagrados a predicar austeridad. Se dir\u00eda m\u00e1s bien que se trataba de convertir las iglesias en lugares parecidos al para\u00edso, de tal manera que cuando los fieles, procedentes de un mundo de veras austero y penitente, atravesaran sus puertas sintieran que hab\u00edan cruzado un verdadero umbral, que se adentraban en un lugar del todo distinto, amplio, esplendoroso, pl\u00e1cido, luminoso, rico: un lugar donde acudir a menudo a descansar de la oscuridad y la miseria de afuera, la de las casas, la de las calles, la de los talleres, la del campo cuando cae el sol. Y es que hasta hace muy poco tiempo, el mundo deb\u00eda ser un lugar muy oscuro\u2026 Tal vez por ello el color y la luz fueron mucho m\u00e1s valiosos y significativos que ahora.<\/p>\n\n\n\n<div class=\"wp-block-image\"><figure class=\"aligncenter\"><img decoding=\"async\" src=\"http:\/\/www.ub.edu\/las_nubes\/imagenes\/imagenescritica\/buntegotter5.jpg\" alt=\"\"\/><\/figure><\/div>\n\n\n\n<div class=\"wp-block-image\"><figure class=\"aligncenter is-resized\"><img decoding=\"async\" src=\"http:\/\/www.ub.edu\/las_nubes\/imagenes\/imagenescritica\/buntegotter6.jpg\" alt=\"\" width=\"-18\" height=\"-9\"\/><\/figure><\/div>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><br>Qui\u00e9n sabe si, en caso de que los maravillosos frescos de Pompeya no estuvieran en tan mal estado, no comprobar\u00edamos hasta qu\u00e9 punto las villas de los romanos se parec\u00edan a las mansiones de uno de esos artistas multimillonarios del pop o del cine que, en un arrebato de audacia, decide decorar las paredes de su casa con frescos. Lo cual no quiere decir que aquellos romanos se parecieran a una estrella del pop, ni que el gusto de un romano sofisticado fuera el mismo que el de un hortera contempor\u00e1neo. Si algo muestra la subsistencia marginal de esa t\u00e9cnica es la distancia que media entre nosotros y los antiguos: lo que hoy ha perdido sentido, lo que hoy no es m\u00e1s que una excentricidad o una horterada era entonces un signo de buen gusto. Los frescos siempre han tenido el mismo aspecto, pero su valor, su significado ha cambiado. Del mismo modo, es muy posible que para nosotros una escultura cl\u00e1sica pintada no pueda menos que cobrar un aspecto de monigote\u00a0comparada\u00a0con la pureza del material desnudo, pero esto s\u00f3lo indica la diferencia entre aquellos individuos y nosotros, y en ning\u00fan caso demuestra que la pintura desmerezca por principio a la escultura.<\/p>\n\n\n\n<div class=\"wp-block-columns is-layout-flex wp-container-core-columns-is-layout-8f761849 wp-block-columns-is-layout-flex\">\n<div class=\"wp-block-column is-layout-flow wp-block-column-is-layout-flow\" style=\"flex-basis:100%\">\n<p class=\"has-text-align-center wp-block-paragraph\"><br><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"220\" height=\"278\" src=\"http:\/\/www.ub.edu\/las_nubes\/imagenes\/imagenescritica\/buntegotter11.jpg\"><br><\/p>\n<\/div>\n<\/div>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Sea como fuere, la exposici\u00f3n\u00a0<em>Bunte G\u00f6tter<\/em>\u00a0ofrece al espectador dos primeras salas donde se le presentan y explican en unos grandes paneles las t\u00e9cnicas utilizadas para establecer el color originario; la procedencia y los distintos tipos de pigmentos utilizados en la \u00e9poca; las im\u00e1genes de esculturas donde los restos de color son a\u00fan hoy visibles, a pesar de estar apagados; unas peque\u00f1as vitrinas con aparejos que se utilizan para analizar los restos de color, etc. Pero s\u00f3lo al llegar a las salas donde se encuentran las esculturas coloreadas comprendemos la raz\u00f3n de esas dos salas: son tan s\u00f3lo un dispositivo dilatorio, una especie de preparaci\u00f3n del espectador, con el prop\u00f3sito de evitar que al ver el resultado sospechemos que los expertos son poco serios, demasiado audaces: tan chocante es lo que nos muestran.<\/p>\n\n\n\n<div class=\"wp-block-image\"><figure class=\"aligncenter\"><img decoding=\"async\" src=\"http:\/\/www.ub.edu\/las_nubes\/imagenes\/imagenescritica\/buntegotter7.jpg\" alt=\"\"\/><\/figure><\/div>\n\n\n\n<div class=\"wp-block-image\"><figure class=\"aligncenter is-resized\"><img decoding=\"async\" src=\"http:\/\/www.ub.edu\/las_nubes\/imagenes\/imagenescritica\/buntegotter8.jpg\" alt=\"\" width=\"-21\" height=\"-8\"\/><\/figure><\/div>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Sin embargo, si pensamos un poco en el arte que conocemos, en las distintas esculturas y pinturas de \u00e9pocas pasadas, y sobre todo, de aquellas \u00e9pocas en las que no exist\u00eda nada llamado arte, en las que esas piezas estaban vinculadas a la religi\u00f3n, o a la mitolog\u00eda, o a ritos civiles, o tan s\u00f3lo a la decoraci\u00f3n, deber\u00edamos reparar en que lo m\u00e1s extra\u00f1o, lo m\u00e1s asombroso, es la posibilidad de un arte apol\u00edneo como el que hab\u00edamos supuesto en alg\u00fan momento, en verdad un breve periodo, porque tambi\u00e9n la exposici\u00f3n muestra los primeros trabajos de historiadores del arte, en su mayor\u00eda franceses, que ya a principios del siglo XIX esbozaron en algunos dibujos sus hip\u00f3tesis de color en las esculturas de\u00a0la Grecia\u00a0antigua<br><br>Lo que observamos, pues, tiene perfecto sentido, mucho m\u00e1s que las p\u00e1lidas e idealizadas esculturas mudas de los museos de arte. Lo que vemos ahora son figuras pintadas de un modo que recuerda bastante al arte oriental o persa, o incluso a las v\u00edrgenes y a los santos de nuestras iglesias. Tal vez lo que m\u00e1s sorprende es que no est\u00e1n pintados de un modo naturalista o realista: no se pintan los ojos de uno u otro h\u00e9roe, tal como debieron ser, o de tal emperador, sino tan s\u00f3lo unos ojos que miran y que por tanto dan al espectador la posibilidad de contemplar ese busto como a alguien presente de alg\u00fan modo; las armaduras son de un dorado que sin duda no era el de las armaduras de los guerreros, sino el que cabe atribuir a la armadura de un dios (del mismo modo que el manto de Cristo, en el renacimiento italiano, se pintaba por lo general con un azul muy particular, cuya principal caracter\u00edstica era que se trataba de uno de los colores m\u00e1s costosos por m\u00e1s escasos: sin duda la elecci\u00f3n de este color no ten\u00eda que ver con la voluntad de dar una idea fiel de c\u00f3mo vest\u00eda el austero Jes\u00fas, sino tan s\u00f3lo alegorizar su majestuosidad); en los relieves donde se representan batallas entre griegos y persas, los griegos se retratan a s\u00ed mismos luchando valerosamente desnudos, a cuerpo descubierto, mientras los persas van perfectamente vestidos y con ropas inmensamente coloridas y vistosas\u2026<\/p>\n\n\n\n<div class=\"wp-block-columns are-vertically-aligned-center is-layout-flex wp-container-core-columns-is-layout-8f761849 wp-block-columns-is-layout-flex\">\n<div class=\"wp-block-column is-vertically-aligned-center is-layout-flow wp-block-column-is-layout-flow\" style=\"flex-basis:100%\">\n<p class=\"has-text-align-center wp-block-paragraph\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"220\" height=\"219\" src=\"http:\/\/www.ub.edu\/las_nubes\/imagenes\/imagenescritica\/buntegotter9.jpg\"><\/p>\n<\/div>\n<\/div>\n\n\n\n<div class=\"wp-block-image\"><figure class=\"aligncenter\"><img decoding=\"async\" src=\"http:\/\/www.ub.edu\/las_nubes\/imagenes\/imagenescritica\/buntegotter10.jpg\" alt=\"\"\/><\/figure><\/div>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><br>El color, pues, no brinda mayor realismo a las esculturas. Pero sin duda s\u00ed hace que esas esculturas parezcan menos sublimes y singulares, aunque tambi\u00e9n m\u00e1s comprensibles e igualmente espirituales. El t\u00f3pico de la identidad entre la pureza del material desnudo y la pureza espiritual, es decir, de las esculturas cl\u00e1sicas como imagen de una mayor capacidad de abstracci\u00f3n y elevaci\u00f3n espiritual, es moderno: su origen, la obra de Winckelmann, sin duda tiene que ver con la fatiga que al alem\u00e1n le inspiraba el recargado arte barroco del finales del siglo XVII. Pero lo cierto es que los antiguos viv\u00edan en un mundo muy distinto del nuestro \u2014y del de Winckelmann\u2014 y por otra parte los colores pueden servir para alegorizar atributos perfectamente espirituales, como el coraje, la bondad, la virtud, la templanza, y tantos otros. De manera que no es el color el que condena a una representaci\u00f3n a la literalidad o a la mera imitaci\u00f3n. Por m\u00e1s desconcertantes que sean esos dioses coloreados, lo \u00fanico que evidencia su restablecido aspecto es lo lejos que estamos de comprender un mundo desparecido del que s\u00f3lo nos quedan vestigios, fragmentos, ruinas. Podemos intentar reconstruirlo, pero la aparici\u00f3n de cada nuevo fragmento puede obligarnos a revisar la composici\u00f3n que hab\u00edamos urdido a partir de los anteriores. Y qui\u00e9n sabe si la fascinaci\u00f3n que ejerce el mundo antiguo no descansa precisamente en la ausencia de la totalidad de la que esos vestigios formaron parte un d\u00eda, una totalidad que, as\u00ed, siempre estamos obligados a bosquejar.<br><br>Ser\u00eda una pena que esta cuidadosa exposici\u00f3n acabara infundiendo la idea de que\u00a0\u00a0esa profusi\u00f3n de color en las esculturas evidencia la mentalidad infantil de quienes las crearon. \u00bfAcaso no es m\u00e1s infantil, o por lo menos m\u00e1s literal, identificar el color con nuestros estridentes mu\u00f1ecos de infancia?<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Elisenda Julibert . 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