{"id":8396,"date":"2021-04-21T19:44:05","date_gmt":"2021-04-21T17:44:05","guid":{"rendered":"http:\/\/www.ub.edu\/las_nubes\/elnubarron\/?page_id=8396"},"modified":"2021-04-21T19:47:51","modified_gmt":"2021-04-21T17:47:51","slug":"o-bunuel-o-bunuelo-enrique-lynch-luis-bunuel","status":"publish","type":"page","link":"https:\/\/www.ub.edu\/las_nubes\/elnubarron\/critica\/o-bunuel-o-bunuelo-enrique-lynch-luis-bunuel\/","title":{"rendered":"O Bu\u00f1uel o bu\u00f1uelo"},"content":{"rendered":"\n<p class=\"has-text-align-left has-luminous-vivid-orange-color has-text-color wp-block-paragraph\" style=\"font-size:24px\"><strong>Enrique Lynch<\/strong><\/p>\n\n\n\n<div class=\"wp-block-columns is-layout-flex wp-container-core-columns-is-layout-8f761849 wp-block-columns-is-layout-flex\">\n<div class=\"wp-block-column is-layout-flow wp-block-column-is-layout-flow\" style=\"flex-basis:50%\"><\/div>\n\n\n\n<div class=\"wp-block-column is-layout-flow wp-block-column-is-layout-flow\" style=\"flex-basis:50%\">\n<p class=\"has-text-align-right has-text-color has-small-font-size wp-block-paragraph\" style=\"color:#4c4f50\"><em>.<\/em><\/p>\n<\/div>\n<\/div>\n\n\n\n<div style=\"height:20px\" aria-hidden=\"true\" class=\"wp-block-spacer\"><\/div>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Adem\u00e1s de poner en marcha nuestra la pulsi\u00f3n esc\u00f3pica, el cine estimula la nostalgia, de ah\u00ed que cada tanto nos demos el gusto de volver a ver una antigualla. Intent\u00e9 en vano que alguien me acompa\u00f1ara a ver de nuevo, casi treinta y tres a\u00f1os despu\u00e9s de estrenada,&nbsp;<em>La grande bouffe<\/em>&nbsp;(1973) de Marco Ferreri, pel\u00edcula (\u00bfaleg\u00f3rica? \u00bfcomprometida? \u00bfsat\u00edrica?) que se hizo notoria por su factura gui\u00f1olesca y sus escenas escatol\u00f3gicas concebidas como parte de un escenario pantagru\u00e9lico, aunque de signo exactamente opuesto a las comilonas descritas por Rabelais. Nadie acept\u00f3 mi invitaci\u00f3n. Todo el mundo guardaba muy mal recuerdo de esa pel\u00edcula, as\u00ed que al final la vi solo. No puedo decir que la experiencia de la soledad en contacto con la impostada sordidez del espect\u00e1culo perge\u00f1ado por el d\u00fao Marco Ferreri-Rafael Azcona incidiera gran cosa en este balance, pero s\u00ed que me sirvi\u00f3 para reconocer en el gesto de quienes se negaron a verla cierta gazmo\u00f1er\u00eda que la pel\u00edcula, en el fondo, no justifica.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><em>La grande bouffe&nbsp;<\/em>es una alegor\u00eda que participa de ese breve momento de&nbsp;<em>terribilit\u00e0<\/em>&nbsp;que se apoder\u00f3 de los directores europeos&nbsp;<em>cultos<\/em>&nbsp;a mediados de los a\u00f1os setenta del pasado siglo, cuya culminaci\u00f3n se encuentra en&nbsp;<em>Sal\u00f2 o le centoventi giornate di Sodoma<\/em>&nbsp;(1975), pel\u00edcula con la que el malogrado Pasolini escandaliz\u00f3 a las buenas conciencias de la cultura llamada progresista casi tanto como con las circunstancias de su propia muerte. En&nbsp;<em>Sal\u00f2<\/em>, entre escenas de coprofagia y sadismo, unos fascistas mal\u00edsimos y de lo m\u00e1s groseros encerraban en un castillo a un grupo de j\u00f3venes de ambos sexos y se dedicaban a sodomizarlos sistem\u00e1ticamente, una y otra vez, entre consignas nihilistas y saludos con el brazo en alto.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Aquello era tambi\u00e9n&nbsp;<em>muy&nbsp;<\/em>aleg\u00f3rico.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Lo mismo que la obra de otro director italiano \u201ccomprometido\u201d, Elio Petri, filmada en 1970:&nbsp;<em>Indagine su un cittadino al di sopra di ogni sospetto<\/em>, pel\u00edcula en la que un jefe de la polic\u00eda pol\u00edtica (Gian-Maria Volont\u00e9) se daba a un sofisticado acto de narcisismo: asesinaba a su amante (Florinda Bolkan) y dejaba deliberadamente toda clase de indicios para autoinculparse del crimen. Sospechaba \u2013con alguna raz\u00f3n\u2013 que el sistema represivo del cual era \u00e9l una pieza fundamental y decisiva, no era capaz de echarle el guante si \u00e9l mismo era el criminal. Moraleja incontrovertible: la justicia s\u00f3lo persigue a unos mientras que otros siempre quedan impunes, sobre todo si son los encargados de impartirla.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La alegor\u00eda es la figura preferida de la cr\u00edtica social, prima hermana de la propaganda y de la publicidad, y f\u00f3rmula preferida de la iconograf\u00eda del barroco, figura que se hace m\u00e1s ce\u00f1ida y discreta \u2013y tanto m\u00e1s insoportable\u2013 cuando tiene connotaciones ideol\u00f3gicas o cuanto m\u00e1s torpe o m\u00e1s dogm\u00e1tico es quien la concibe y la dise\u00f1a.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Pues nada, si se vuelve sobre&nbsp;<em>La grande bouffe&nbsp;<\/em>se comprueba que es una pel\u00edcula italiana aleg\u00f3rica en la que se propone una mirada&nbsp;<em>descarnada<\/em>&nbsp;sobre la burgues\u00eda. La protagonizan actores franceses e italianos, pero el gui\u00f3n es de un espa\u00f1ol, Rafael Azcona. Sin embargo, su marca inconfundible, su modelo y hasta su forma caracter\u00edstica es de Luis Bu\u00f1uel, que no figura en los cr\u00e9ditos, pero que sin lugar a dudas es el inspirador del escenario goyesco as\u00ed como de la trama escueta, casi inexistente, del&nbsp;<em>film<\/em>: cuatro individuos masculinos de mediana edad y buena posici\u00f3n, un piloto de aviones (Marcello Mastroianni) un director de publicidad (Michel Piccoli) un&nbsp;<em>chef<\/em>&nbsp;(Ugo Tognazzi) y un juez (Philippe Noiret) se re\u00fanen en una casona y encargan en las mejores proveedur\u00edas de Par\u00eds una cantidad incalculable de comida. Enseguida entiende el espectador que la intenci\u00f3n de estos amigos no es tanto gastron\u00f3mica como perversa: se proponen zamparse todo aquello, pero lo que en verdad quieren es comer hasta reventar.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">(A la espa\u00f1ola.)<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">&nbsp;Al cabo de unos d\u00edas de comilona ininterrumpida y tras contratar a unas prostitutas para unirse a la juerga, entran en contacto con una maestra del pueblo llegada al jard\u00edn de la casona a jugar con sus ni\u00f1os, y la invitan a cenar. Sin pens\u00e1rselo dos veces, la maestra (Andr\u00e9a Ferr\u00e9ol, una actriz gordita y sensual) se apunta al fest\u00edn con los cincuentones y las putas, y se queda en la casa. Poco a poco, con el correr de los d\u00edas, las respectivas dispepsias de los cuatro amigos van convirti\u00e9ndose en empachos, y los empachos en retortijones; empiezan los meteorismos, una incontenible flatulencia y los v\u00f3mitos, lo que no disuade a los protagonistas que siguen con las comilonas, de modo que al final llega el colapso. Las prostitutas, asqueadas por las costumbres un tanto exageradas y extravagantes de este pu\u00f1ado de descerebrados (y adem\u00e1s porque \u2013c\u00f3mo si no, trat\u00e1ndose de un guionista espa\u00f1ol de mediados de los a\u00f1os setenta\u2013 son lesbianas), abandonan la escena y s\u00f3lo la maestra gordita, convertida en alegor\u00eda de la muerte, los acompa\u00f1a hasta el final. Mueren uno tras otro, entre los sones de una melod\u00eda de cabaret, acompa\u00f1ados por la maestra jardinera que no s\u00f3lo se suma de buena gana a la comilona, sino que copula con cada uno de ellos y los ayuda a morir. La trama \u2013quiz\u00e1 porque ya es suficientemente alusiva\u2013 no introduce ninguna raz\u00f3n y, como no hay nudo, tampoco hay desenlace. No hace falta explicar nada porque no pasa nada que no deba ser \u201cautoevidente\u201d para el espectador. As\u00ed pues, de esas muertes inopinadas uno atina a pensar que ejemplifican una especie de suicidio de la burgues\u00eda, pensada como una clase&nbsp;<em>decadente<\/em>&nbsp;que s\u00f3lo existe para suicidarse y, naturalmente, atragant\u00e1ndose con sus propias comilonas. Se presupone que guionista y espectador comparten la idea de que el destino de clase de los burgueses es colapsar o reventar como v\u00edctimas irredimibles de su propia gula.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Por supuesto que esto es lo primero que el tiempo desmiente. Y aunque el absurdo de base es bu\u00f1uelesco \u2013efectivamente, en&nbsp;<em>El discreto encanto de la burgues\u00eda<\/em>&nbsp;(1972) Bu\u00f1uel hace enlazar los episodios de su relato haciendo que sus personajes se reencuentren, tras cada situaci\u00f3n dram\u00e1tica, en sucesivos encuentros gastron\u00f3micos; y en otra pel\u00edcula c\u00e9lebre,&nbsp;<em>El \u00e1ngel exterminador&nbsp;<\/em>(1962), se alude al progresivo enclaustramiento de los burgueses como una pauta de clase\u2013 la f\u00f3rmula literal de Azcona\/Ferreri m\u00e1s que a Bu\u00f1uel se parece a un t\u00edpico bu\u00f1uelo: un bollo que parece exquisito pero que en el fondo es una ordinariez. Sin embargo, no recuerdo que en su momentos nadie se apercibiese de la patra\u00f1a. Todo quedaba en un \u201cC\u00f3mo se pasa&#8230;\u201d, dicho con admiraci\u00f3n, aprobaci\u00f3n y complicidad&nbsp;<em>progresistas<\/em>, acompa\u00f1ado por comentarios tales como \u201cuna cr\u00edtica despiadada a nuestras sociedades ah\u00edtas y opulentas\u201d. Al cabo de treinta a\u00f1os la pel\u00edcula deja ver su torpe modelo cr\u00edtico y su candidez, porque mientras tanto la burgues\u00eda sigue all\u00ed, con el a\u00f1adido de que ahora cuida el colesterol, come alimentos balanceados y algas japonesas, y hace deporte. Es que la burgues\u00eda no tiene nada que ver con la&nbsp;<em>gourmandise<\/em>&nbsp;de unos cincuentones acomodados; y sus costumbres son bastante m\u00e1s complejas que el comer a saco, una hip\u00e9rbole un tanto trivial salida de la mente de un t\u00edpico guionista hisp\u00e1nico que da demasiado valor a la comida, pero sobre todo a la cantidad.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El tiempo destroza todas las alegor\u00edas. Sin embargo las pel\u00edculas de Bu\u00f1uel todav\u00eda resisten los a\u00f1os y en cambio esta pel\u00edcula, juzgada en su momento como radical e implacable cr\u00edtica de la costumbres tardocapitalistas, se ve ahora como una parodia escatol\u00f3gica salida del cine&nbsp;<em>gore<\/em>.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El contraste entre las diferentes&nbsp;<em>Wirkungen<\/em>&nbsp;es significativo: \u00bfpor qu\u00e9 raz\u00f3n una obra queda atrapada en el contexto que le dio sentido o raz\u00f3n y en cambio otras son eternas, y parece como si atravesaran las barreras de las lenguas, los t\u00f3picos y las modas y los prejuicios del momento? \u00bfPor qu\u00e9 raz\u00f3n se soporta el&nbsp;<em>Napole\u00f3n<\/em>&nbsp;de Abel Gance y en cambio Godard se nos revela como un pelmazo cantama\u00f1anas? Uno tiende a pensar de manera idealista que es la inasible relaci\u00f3n entre la forma y el contenido, y recurre a las teor\u00edas sobre la espiritualidad del arte, el canon y la Forma, pero seguramente la explicaci\u00f3n es otra. Una obra, hasta la m\u00e1s mala e insignificante, deja siempre una huella en la tradici\u00f3n. Y esa huella enlaza con otras para constituir itinerarios que sirven para reconstruir nuestra memoria o para orientarnos en el bosque de signos en busca del sentido. Pero el tiempo fatalmente borra las huellas y los rastros se interrumpen o se confunden. As\u00ed pues las alegor\u00edas envejecen y las met\u00e1foras se vac\u00edan hasta convertirse en pasos perdidos,&nbsp;<em>cul<\/em>&#8211;<em>de<\/em>&#8211;<em>sac<\/em>, v\u00edas muertas. De modo que cuando, en un acto de nostalgia, de memoria o de investigaci\u00f3n, volvemos a ellas gracias a que la cultura es un archivo, ya no encontramos ning\u00fan sentido en sus programas no porque sean absurdas o inescrupulosas o inconsistentes sino porque nos hemos&nbsp;<em>hecho<\/em>&nbsp;de otros significados. No han cambiado las coordenadas de la obra, hemos cambiado nosotros, y muchas veces de acuerdo con esa obra (o contra ella).<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El hombre es un ser gen\u00e9rico, dec\u00eda Marx, un ser que tiene la cualidad de construirse a s\u00ed mismo como individuo y como especie. Parece veleidoso y superficial pero sus veleidades no son cambios de gusto o de patrones est\u00e9ticos. Cuando cambia, lo que cambia es su historia.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Enrique Lynch . 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