{"id":8435,"date":"2021-04-21T20:59:43","date_gmt":"2021-04-21T18:59:43","guid":{"rendered":"http:\/\/www.ub.edu\/las_nubes\/elnubarron\/?page_id=8435"},"modified":"2021-04-21T21:02:33","modified_gmt":"2021-04-21T19:02:33","slug":"hanemann-y-ese-incesante-movimiento-stefan-chwain-francesc-adria","status":"publish","type":"page","link":"https:\/\/www.ub.edu\/las_nubes\/elnubarron\/critica\/hanemann-y-ese-incesante-movimiento-stefan-chwain-francesc-adria\/","title":{"rendered":"Hanemann y ese incesante movimiento"},"content":{"rendered":"\n<p class=\"has-text-align-left has-luminous-vivid-orange-color has-text-color wp-block-paragraph\" style=\"font-size:24px\"><strong>Francesc Adri\u00e0<\/strong><\/p>\n\n\n\n<div class=\"wp-block-columns is-layout-flex wp-container-core-columns-is-layout-8f761849 wp-block-columns-is-layout-flex\">\n<div class=\"wp-block-column is-layout-flow wp-block-column-is-layout-flow\" style=\"flex-basis:50%\"><\/div>\n\n\n\n<div class=\"wp-block-column is-layout-flow wp-block-column-is-layout-flow\" style=\"flex-basis:50%\">\n<p class=\"has-text-align-right has-text-color has-small-font-size wp-block-paragraph\" style=\"color:#4c4f50\">Stefan Chwin.\u00a0<em>El doctor Hanemann.<\/em>\u00a0Barcelona: Acantilado, 2005<\/p>\n<\/div>\n<\/div>\n\n\n\n<div style=\"height:20px\" aria-hidden=\"true\" class=\"wp-block-spacer\"><\/div>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center wp-block-paragraph\"><em>\u00abHanemann sonri\u00f3.<br>No. Lo \u00fanico que pienso es que nunca sabremos a ciencia cierta qu\u00e9 hay en nosotros.\u00bb<br>(<em>El doctor Hanemann<\/em>, p. 168)<\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u00bfQu\u00e9 decidir\u00edamos llevarnos si tuvi\u00e9ramos que huir precipitadamente?&nbsp;Qu\u00e9 objetos creemos que preservar\u00edan una parte de nosotros? \u00bfAprovechar\u00edamos el nuevo inicio all\u00ed d\u00f3nde nos llevase para reconstruirnos o lo emplear\u00edamos para la nostalgia?&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">A estas preguntas parece entregarse Stefan Chwin (Gda\u0144sk, 1949), escritor polaco e historiador, vinculado con la Universidad de Gda\u0144sk, autor de narraciones, estudios y ensayos literarios, con esta novela que bajo el nombre de&nbsp;<em>Hanemann<\/em>&nbsp;obtuv\u00f3 en 1995 sus primeras buenas cr\u00edticas y que ahora llega al p\u00fablico castellanohablante ascendido al grado de Doctor y cuya acci\u00f3n transcurre en una ciudad (que se orgullece de haber sido la cuna de varias celebridades: Arthur Schopenhauer, Klaus Kinski, G\u00fcnter Grass o Lech Walesa) disputada durante el transcurso de la acci\u00f3n por Alemania (la mayor parte de sus habitantes son de origen germano) y Polonia (pues se trata de su \u00fanico acceso al Mar del Norte): la ciudad de Danzig.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Pocos minutos despu\u00e9s de las tres, en el Sala IX de la planta baja del Instituto de Anatom\u00eda en la Delbr\u00fcck-Allee n\u00famero doce, cuando retiraron la s\u00e1bana del rostro de la muchacha que hac\u00eda tan s\u00f3lo una hora, hab\u00eda sido transportada al pabell\u00f3n, el doctor Hanemann interrumpi\u00f3 la autopsia. Con esta an\u00e9cdota protagonizada por un avezado Dr. Hanemann, empieza la retah\u00edla de treinta breves cap\u00edtulos que conforman la novela de Stefan Chwin. La ciudad ofrece el emplazamiento perfecto para que los habitantes y sus objetos se muestren como un coro melanc\u00f3lico en el que todos se dirigen a la desaparici\u00f3n junto con sus narraciones. Durante trescientas p\u00e1ginas, Stefan Chwin ofrece ese fluir de recuerdos desarticulados que, sin embargo, tejen un lugar coherente del desconcierto. En uno de ellos, \u00abCosas\u00bb, los objetos duermen, sue\u00f1an e incluso esperan, en otro, un ni\u00f1o narra c\u00f3mo su familia ocup\u00f3 esa \u201ccasa vac\u00eda\u201d, en otro, casi en la mitad de la novela, se comprueba la fascinaci\u00f3n de un alumno de Hanemann durante sus clases de alem\u00e1n (pues all\u00ed empiezan a deshilvanarse diferentes versiones de la historia de una pareja que parece sumirse en una muerte rom\u00e1ntica) y pasada esa mitad, es la propia tetera de la cocina de la Lessingstrasse catorce quien demuestra sus dotes memor\u00edsticas.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Aunque su recensi\u00f3n podr\u00eda ser algo as\u00ed como: \u201cotra novela hist\u00f3rica de la Segunda Guerra Mundial\u201d, el lector que se adentre en este relato de relatos puede verse sorprendido por la acometida de un texto cuyo mayor logro tal vez sea el conseguir&nbsp; acompa\u00f1arlo hasta el borde de un pozo del que nadie (en tiempo de guerra, pero tambi\u00e9n de paz) est\u00e1 a salvo de caer: el de la desorientaci\u00f3n, la incertidumbre, el desconsuelo y la indiferencia.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Nuestra aparente estabilidad no deber\u00eda enga\u00f1arnos: al fin y al cabo, todo parece detenido (sugiere Chwin) hasta que, sin previo aviso, un estado completo de cosas empieza a desmoronarse. Consecuentemente, esta novela est\u00e1 hecha de relevos entre ciudadanos: mientras suena la m\u00fasica de los cambios (la m\u00fasica de la historia que es la m\u00fasica de la guerra) unos mueren, otros intentan huir y algunos pocos m\u00e1s revolotean alrededor de esos lugares vac\u00edos que esperan a sus nuevos habitantes. Cuando se detenga el estruendo o se convierta en un&nbsp;<em>sotto voce&nbsp;<\/em>de temores las misma calles&nbsp; encontrar\u00e1n a nuevos vecinos (como Hanka o el ni\u00f1o vagabundo) que con el pasar de los a\u00f1os volver\u00e1n a creer en la ficci\u00f3n del arraigo.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">No una narraci\u00f3n que contraste el c\u00f3mo viv\u00edan antes con el c\u00f3mo de la posguerra, sino la elecci\u00f3n de unos interlocutores v\u00e1lidos para describir el cambio mientras se produce. Ni tampoco un relato de militares y de &#8216;victimas&#8217;, sino de individuos que exigen la atenci\u00f3n del lector en cada aparici\u00f3n. Individuos que no piden un lector que intente atraparlo todo, sino tan s\u00f3lo lectores dispuestos a dejarse atravesar por ese tiempo.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Francesc Adri\u00e0 Stefan Chwin.\u00a0El doctor Hanemann.\u00a0Barcelona: Acantilado, 2005 \u00abHanemann sonri\u00f3.No. Lo \u00fanico que pienso es que nunca sabremos a ciencia&#8230;<\/p>\n","protected":false},"author":25,"featured_media":8209,"parent":8018,"menu_order":16,"comment_status":"open","ping_status":"closed","template":"","meta":{"footnotes":""},"class_list":["post-8435","page","type-page","status-publish","has-post-thumbnail","hentry"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.ub.edu\/las_nubes\/elnubarron\/wp-json\/wp\/v2\/pages\/8435","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.ub.edu\/las_nubes\/elnubarron\/wp-json\/wp\/v2\/pages"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.ub.edu\/las_nubes\/elnubarron\/wp-json\/wp\/v2\/types\/page"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.ub.edu\/las_nubes\/elnubarron\/wp-json\/wp\/v2\/users\/25"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.ub.edu\/las_nubes\/elnubarron\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=8435"}],"version-history":[{"count":3,"href":"https:\/\/www.ub.edu\/las_nubes\/elnubarron\/wp-json\/wp\/v2\/pages\/8435\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":8439,"href":"https:\/\/www.ub.edu\/las_nubes\/elnubarron\/wp-json\/wp\/v2\/pages\/8435\/revisions\/8439"}],"up":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.ub.edu\/las_nubes\/elnubarron\/wp-json\/wp\/v2\/pages\/8018"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.ub.edu\/las_nubes\/elnubarron\/wp-json\/wp\/v2\/media\/8209"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.ub.edu\/las_nubes\/elnubarron\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=8435"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}