{"id":8455,"date":"2021-04-22T20:46:21","date_gmt":"2021-04-22T18:46:21","guid":{"rendered":"http:\/\/www.ub.edu\/las_nubes\/elnubarron\/?page_id=8455"},"modified":"2021-04-22T21:11:25","modified_gmt":"2021-04-22T19:11:25","slug":"sanata-harry-frankfurt-enrique-lynch-bullshit","status":"publish","type":"page","link":"https:\/\/www.ub.edu\/las_nubes\/elnubarron\/critica\/sanata-harry-frankfurt-enrique-lynch-bullshit\/","title":{"rendered":"A prop\u00f3sito de la \u00absanata\u00bb"},"content":{"rendered":"\n<p class=\"has-text-align-left has-luminous-vivid-orange-color has-text-color wp-block-paragraph\" style=\"font-size:24px\"><strong>Enrique Lynch<\/strong><\/p>\n\n\n\n<div class=\"wp-block-columns is-layout-flex wp-container-core-columns-is-layout-8f761849 wp-block-columns-is-layout-flex\">\n<div class=\"wp-block-column is-layout-flow wp-block-column-is-layout-flow\" style=\"flex-basis:50%\"><\/div>\n\n\n\n<div class=\"wp-block-column is-layout-flow wp-block-column-is-layout-flow\" style=\"flex-basis:50%\">\n<p class=\"has-text-align-right has-text-color has-small-font-size wp-block-paragraph\" style=\"color:#4c4f50\">Harry G. Frankfurt,&nbsp;<em>On Bullshit<\/em>, New Jersey: Princeton University Press, 2005.<\/p>\n<\/div>\n<\/div>\n\n\n\n<div style=\"height:20px\" aria-hidden=\"true\" class=\"wp-block-spacer\"><\/div>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">En ingl\u00e9s la palabra&nbsp;<em>bullshit<\/em>&nbsp;\u2013literalmente: el excremento de un vacuno\u2013 designa adem\u00e1s una variada gama de valores que permiten calificar como pamplinas actividades, teor\u00edas, creencias, informaciones, etc. que pese a su car\u00e1cter irrelevante, falaz o infundado, no obstante se proponen convencer. En realidad,&nbsp;<em>bullshit<\/em>&nbsp;no es \u201cpamplinas\u201d sino lo que en Espa\u00f1a se denomina \u201ccamama\u201d, es decir, el contenido de una \u201chabladur\u00eda\u201d, lo mismo que los argentinos designan muy claramente con la palabra \u201csanata\u201d y, en general, en casi todos los pa\u00edses de habla hispana se suele asociar con el \u201ccamelo\u201d.&nbsp;<em>To bullshit somebody&nbsp;<\/em>significa aproximadamente \u201ccamelar a alguien\u201d, algo que todo el mundo de una u otra forma ha realizado alguna vez.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La cuesti\u00f3n planteada por el profesor Frankfurt en este peque\u00f1o libelo que ha sido un aut\u00e9ntico \u00e9xito de ventas en las librer\u00edas de EE.UU es doble. Por una parte se pregunta por qu\u00e9 hay tanto camelo recompensado en nuestros d\u00edas, es decir, por qu\u00e9 hay tantos charlatanes que gozan de credibilidad entre el p\u00fablico, tantos individuos m\u00e1s o menos inescrupulosos que se enriquecen y se cubren de gloria camelando al personal. Y por otra parte Frankfurt intenta formalizar la diferencia \u00e9tica que quiz\u00e1 podr\u00eda establecerse entre el camelo (o sanata) y la mentira.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La primera cuesti\u00f3n conlleva tener que abordar la segunda ya que \u2013no olvidemos que el autor es anglosaj\u00f3n, y los anglosajones no conciben la posibilidad de que la mentira pueda ser admitida como discurso v\u00e1lido\u2013 el camelo no necesariamente presupone una mentira sino que en alguna medida conlleva cierto contenido de verdad. Y de hecho es camelo aquel contenido sin pretensi\u00f3n de verdad que no obstante es tenido por verdadero. Pero como, despu\u00e9s de Nietzsche, no deber\u00edamos pensar la verdad sino como un \u201ctener por verdadero\u201d, no parece que pueda establecerse una diferencia clara entre el camelo y la verdad traicionada sino tan s\u00f3lo por la intenci\u00f3n de quien lo formula. De ah\u00ed que Frankfurt se extienda sobre el contenido moral de las intenciones que animan al mentiroso y al&nbsp;<em>camelero<\/em>&nbsp;(o&nbsp;<em>sanatero<\/em>) en sus contextos espec\u00edficos. La conclusi\u00f3n a que llega \u2013si es que realmente llega a alguna conclusi\u00f3n\u2013 resulta muy inquietante, puesto que de acuerdo con su razonamiento, hay que aceptar que al construir su mentira el mentiroso no tiene m\u00e1s remedio que orientarse por un patr\u00f3n de verdad como referencia, aunque s\u00f3lo fuera porque toda mentira o enga\u00f1o se hacen en relaci\u00f3n negativa con algo tenido por verdadero. El&nbsp;<em>sanatero<\/em>&nbsp;en cambio queda a salvo de esta cortapisa puesto que se mueve m\u00e1s all\u00e1 de toda distinci\u00f3n entre verdad y falsedad y puede elaborar su discurso con independencia de cualquier relaci\u00f3n con algo verdadero, como si hubiese hecho suyas las tesis de Nietzsche. As\u00ed pues, el&nbsp;<em>bullshit<\/em>, la&nbsp;<em>camama<\/em>&nbsp;o la&nbsp;<em>sanata<\/em>&nbsp;no tienen empacho en ofrecerse como \u201ccuasi verdades\u201d en un sentido muy pr\u00f3ximo al de las ficciones, aunque con un peque\u00f1o matiz diferencial: mientras que la ficci\u00f3n, que est\u00e1 en la base del discurso que llamamos \u201cliterario\u201d, no oculta su condici\u00f3n de tal, la&nbsp;<em>sanata<\/em>&nbsp;\u201cesconde\u201d, por as\u00ed decirlo, su car\u00e1cter ficticio. Por consiguiente, el camelo se convierte en un arma letal en boca del falsario y le proporciona la m\u00e1s efectiva de las coartadas ya que lo exime de cualquier forma de responsabilidad moral. Como el&nbsp;<em>sanatero<\/em>&nbsp;o el falsario no reconocen ninguna intenci\u00f3n de enga\u00f1ar, no se proponen mentir, no pueden ser sancionados aunque en el fondo los efectos de su discurso sean tanto o m\u00e1s devastadores que la mentira.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">As\u00ed pues, los escritores suelen confesar que son unos mentirosos, y en cambio los&nbsp;<em>sanateros<\/em>&nbsp;pasan por ser gente seria, como hacen los trileros de las Ramblas de Barcelona. En efecto, el trilero enga\u00f1a y no enga\u00f1a a su v\u00edctima. La enga\u00f1a cuando la invita a jugar un juego que no es tal puesto que el contexto necesario del juego \u2013el azar\u2013 no existe ya que en la mesa del trilero se plantea un lance pero en \u00e9l la v\u00edctima no tiene posibilidad alguna de ganar. Sin embargo, no puede decirse que el trilero enga\u00f1e a su v\u00edctima porque durante el juego la bolita que \u00e9l hace aparecer y desaparecer bajo los cubiletes por arte de magia, nunca est\u00e1 en el sitio escogido por la v\u00edctima, aunque de hecho est\u00e1 en juego y su ingenuo contrincante estar\u00eda dispuesto a jurar ante notario que la ha visto sobre la mesa. No hay mentira: de hecho, la v\u00edctima est\u00e1 tan segura de lo que el trilero le ha dejado ver que no duda en hacer su apuesta. Y, naturalmente, siempre pierde. El resultado es por fuerza desfavorable, sin embargo es justo.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Asimismo, el camelo requiere de (y obtiene) la complicidad del camelado y no necesariamente se inspira en la intenci\u00f3n de mentir por parte de quien camelea, es decir, no est\u00e1 alimentado por intenci\u00f3n inicua alguna. Por ejemplo, puede haber un camelo o sanata libre de mentira con solo que el&nbsp;<em>sanatero<\/em>&nbsp;discurra seriamente sobre su asunto. En la Argentina, pa\u00eds donde desde hace much\u00edsimas d\u00e9cadas abundan \u2013y de forma alarmante\u2013 las formas m\u00e1s sofisticadas de la estafa y del camelo en todos los niveles de la vida individual y social, se da por hecho que el&nbsp;<em>chantapufi<\/em>&nbsp;(o chanta, como suele denomin\u00e1rselo en forma abreviada) que habla o escribe&nbsp;<em>sanatas<\/em>, da clase, cura enfermos, hace cr\u00edtica de arte o dirige empresas y ministerios, no es un simple timador sino, por el contrario, un tipo serio. Los medios masivos de comunicaci\u00f3n abundan en este tipo de personajes que, por otra parte, cumplen con un papel social necesario. En la medida en que los medios hacen proliferar la informaci\u00f3n y la educaci\u00f3n se va extendiendo a amplios sectores de la poblaci\u00f3n aumenta proporcionalmente el caudal de las preguntas posibles que se plantean los ciudadanos y crece as\u00ed la necesidad social de que alguien les proporcione respuestas aunque, como parece inevitable, esas respuestas salgan de la pluma o de la boca de&nbsp;<em>sanateros<\/em>. Los medios est\u00e1n llenos de falsarios y vendedores de camelos que se muestran convencidos \u2013y en algunos casos hasta orgullosos\u2013 de sus propias opiniones. El caso paradigm\u00e1tico es el del psicoanalista Jorge Bucay. El \u00e9xito indudable de sus&nbsp;<em>sanatas<\/em>&nbsp;de autoayuda se funda no en una supuesta vocaci\u00f3n de mentir o de enga\u00f1ar a sus lectores sino en la \u201cseriedad\u201d con que inviste sus consejos y comentarios sobre la felicidad e infelicidad humanas, consejos que sin embargo son pura sanata. La prosperidad y la fama de Bucay demuestra que cuanta mayor es la transparencia informativa de una sociedad, m\u00e1s indefensos est\u00e1n los ciudadanos frente a la influencia de la sanata y la acci\u00f3n de los&nbsp;<em>sanateros<\/em>; y m\u00e1s prosperan \u00e9stos, sin necesidad de mentir.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Se produce de este modo una especie de anomia o de anestesia moral que beneficia a los profesionales del camelo y los exculpa cuando menos por tres razones. En primer lugar, como el falsario piensa que todo el mundo incurre de una u otra manera en sanata, no siente remordimiento alguno por unos actos que, ante sus ojos, son un simple pecado venial. En segundo lugar, puesto que no tiene la intenci\u00f3n manifiesta sino tan s\u00f3lo inconsciente de mentir (y lo inconsciente es aquello que no est\u00e1 porque no deja huellas) sostiene que no puede ser objetivamente sancionado dado que no hace nada malo per se y nada que la propia v\u00edctima no desee que se haga con ella. Y por \u00faltimo, como su sanata se presenta como un discurso serio y considerado, encuentra l\u00f3gico que \u00e9l goce de una reputaci\u00f3n respetable. \u00bfAcaso no hay tantas y tantas personas por ah\u00ed dispuestas a creerle? Juzga as\u00ed que toda sanci\u00f3n moral sobre la sanata es improcedente y, en el fondo, est\u00e1 dictada por el resentimiento: quienes lo critican no son m\u00e1s que unos hip\u00f3critas y unos envidiosos.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El profesor Frankfurt sostiene que la subversi\u00f3n de los patrones tradicionales de la verdad es la raz\u00f3n por la que la&nbsp;<em>sanata<\/em>&nbsp;o&nbsp;<em>bullshit<\/em>&nbsp;goza de tan buena prensa en nuestro tiempo, pero si lo pensamos bien, el fundamento de esta anomia moral no est\u00e1, como creen \u00e9l mismo y el papa Ratzinger, en el descr\u00e9dito de la verdad y de la realidad sino en la poderosa autonom\u00eda que impone el individualismo en nuestra vida social, la cual permite al sujeto despreocuparse de toda responsabilidad con relaci\u00f3n a lo que hace o dice y aceptar como serio un discurso que est\u00e1 m\u00e1s all\u00e1 de la distinci\u00f3n entre lo verdadero y lo falso, un discurso que deliberadamente confunde la vida y la ficci\u00f3n, la fantas\u00eda y lo real.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Ahora bien, yo me pregunto: \u00bfhay alguien que est\u00e9 dispuesto a renunciar a su autonom\u00eda individual en aras de una verdad perdurable y contrastable, una verdad pr\u00edstina y a prueba de falsarios? Es posible&#8230; Sin embargo, ya puede el Ayuntamiento de Barcelona advertir con grandes carteles a los turistas desprevenidos para que vayan con cuidado y no se pongan a jugar en las mesas improvisadas por los trileros en las Ramblas&#8230; Pasan los a\u00f1os y los trileros siguen haciendo estragos entre los visitantes a la ciudad.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Enrique Lynch Harry G. Frankfurt,&nbsp;On Bullshit, New Jersey: Princeton University Press, 2005. 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