{"id":8484,"date":"2021-04-22T21:44:58","date_gmt":"2021-04-22T19:44:58","guid":{"rendered":"http:\/\/www.ub.edu\/las_nubes\/elnubarron\/?page_id=8484"},"modified":"2021-04-23T13:04:56","modified_gmt":"2021-04-23T11:04:56","slug":"mundo-inmaterializado-yves-klein-santiago-espinosa-cuerpos-color-inmaterial","status":"publish","type":"page","link":"https:\/\/www.ub.edu\/las_nubes\/elnubarron\/critica\/mundo-inmaterializado-yves-klein-santiago-espinosa-cuerpos-color-inmaterial\/","title":{"rendered":"El mundo inmaterializado: a prop\u00f3sito de Yves Klein"},"content":{"rendered":"\n<p class=\"has-text-align-left has-luminous-vivid-orange-color has-text-color wp-block-paragraph\" style=\"font-size:24px\"><strong>Santiago Espinosa<\/strong><\/p>\n\n\n\n<div class=\"wp-block-columns is-layout-flex wp-container-core-columns-is-layout-8f761849 wp-block-columns-is-layout-flex\">\n<div class=\"wp-block-column is-layout-flow wp-block-column-is-layout-flow\" style=\"flex-basis:50%\">\n<p class=\"has-cyan-bluish-gray-color has-text-color has-small-font-size wp-block-paragraph\"><\/p>\n<\/div>\n\n\n\n<div class=\"wp-block-column is-layout-flow wp-block-column-is-layout-flow\" style=\"flex-basis:50%\">\n<p class=\"has-text-align-right has-text-color has-small-font-size wp-block-paragraph\" style=\"color:#4c4f50\"><\/p>\n<\/div>\n<\/div>\n\n\n\n<div style=\"height:20px\" aria-hidden=\"true\" class=\"wp-block-spacer\"><\/div>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La exposici\u00f3n que el Centro Georges Pompidou dedica este oto\u00f1o a Yves Klein ha sido acertadamente titulada&nbsp;<em>Cuerpos, color, inmaterial.&nbsp;<\/em>Y es que la labor art\u00edstica de Klein consiste precisamente en un intento de hacer desaparecer la materia, los cuerpos, a trav\u00e9s del color, de la luz. Esta tentativa est\u00e1 ya inscrita en una larga tradici\u00f3n que otorga a la luz el poder no s\u00f3lo de aclarar las cosas del mundo \u2013de hacer posible la distinci\u00f3n entre unas y otras\u2013, sino adem\u00e1s de des-cubrir el sentido escondido en ellas. Ver es un&nbsp;<em>acto<\/em>; se construye, se transforma \u2013gracias a la luz\u2013 el objeto \u201ccontemplado\u201d; Balzac escrib\u00eda: \u201cMi \u00fanica ambici\u00f3n ha sido&nbsp;<em>ver<\/em>. \u00bfNo es acaso ver saber?\u201d Muy cerca de esta perspectiva, Levinas otorgaba a la visi\u00f3n la categor\u00eda de \u201csentido por excelencia\u201d. Sentido como afecci\u00f3n, desde luego, pero tambi\u00e9n bajo sus otras acepciones: como aquello que hace comprensible algo que por s\u00ed mismo no lo es, como direcci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Parad\u00f3jicamente, la luz intenta sacarnos de un hueco en el que ella misma nos mete: el mundo que crea es un mundo de sufrimiento, pesadez, horror, puesto que el sentido de las cosas est\u00e1 siempre ausente: por venir, cumplido, diferido. Es la amarga b\u00fasqueda filos\u00f3fica de Plat\u00f3n a Descartes, de Hegel a Levinas, de Derrida. Se trata, si se quiere, de la insatisfacci\u00f3n frente a lo que hay: oscuridad, no luz, azar, no sentido, cuerpos, no esp\u00edritu. \u00bfEs la luz el arma de doble filo del nihilismo? Yves Klein escribe a prop\u00f3sito de su serie de dorados, que son cuadros de puro color, de pura luz:<\/p>\n\n\n\n<blockquote class=\"wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow\"><p>El so\u00f1ador tiene la impresi\u00f3n de ba\u00f1arse en una luz capaz de realizar la s\u00edntesis de ligereza y de claridad. Tiene la conciencia de ser liberado a la vez del peso y de la oscuridad de la carne\u2026 En todo caso, el color es volum\u00e9trico, y la dicha penetra al ser entero.<\/p><\/blockquote>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Una vez m\u00e1s, como en Giacometti y tantos otros, hay aqu\u00ed un&nbsp;<em>pr\u00e9cis de d\u00e9composition<\/em>. Puesto que la fuente de la desdicha actual es el cuerpo (la materia, la carne), despojarse para siempre de \u00e9ste constituir\u00e1 la redenci\u00f3n final, la \u00fanica dicha posible; \u201c\u00a1Verduras hervidas o la muerte!\u201d, era el alarido de Cioran. Por eso Schopenhauer encontraba en la luz \u201cla m\u00e1s deliciosa de las cosas\u201d: el \u00fanico placer es la ausencia de displacer. Ya no ser, puesto que por desgracia se es, parece ser la consigna de estos artistas y fil\u00f3sofos, y todos parecen haber encontrado en la luz la posibilidad de&nbsp;<em>percibir&nbsp;<\/em>esa \u201cinmaterialidad\u201d.<br><br>Adem\u00e1s de pintor, incluso antes que pintor, Klein es practicante de yudo (el primer cintur\u00f3n negro occidental); se ba\u00f1a en el pensamiento oriental, y m\u00e1s tarde se convierte en rosacruz. Llega a la conclusi\u00f3n de que la belleza del mundo no es aquello que se presenta a nuestros ojos, sino eso que se esconde detr\u00e1s, dentro de las cosas; se trata de una especie de color que no alcanzamos a percibir y que s\u00f3lo el artista es capaz de desvelar y hacer visible. El color es entonces como un alma de las cosas, cubierto por una extra\u00f1a coraza oscura, pesada, que le impide expresarse con libertad. De aqu\u00ed nace la \u201crevoluci\u00f3n azul\u201d: Klein crea su propio pigmento, el IKB (<em><a href=\"http:\/\/www.ub.edu\/las_nubes\/archivo\/ocho\/autores\/Klein.jpg\" data-type=\"URL\" data-id=\"http:\/\/www.ub.edu\/las_nubes\/archivo\/ocho\/autores\/Klein.jpg\">International Klein Blue<\/a><\/em>), la quintaesencia del mundo, el color del mar y del cielo, contaminado por los p\u00e1jaros, por ejemplo. Klein es incluso capaz de enviar cartas a Eisenhower, a Castro, al alcalde de Par\u00eds, exponiendo los poderes conciliadores de su creaci\u00f3n (una de sus ideas consist\u00eda en iluminar con su azul el obelisco de la plaza de la Concordia). El mundo entero es Azul Klein, como lo muestra su mapamundi (<em><a href=\"http:\/\/www.ub.edu\/las_nubes\/archivo\/ocho\/autores\/Klein-Globe.jpg\" data-type=\"URL\" data-id=\"http:\/\/www.ub.edu\/las_nubes\/archivo\/ocho\/autores\/Klein-Globe.jpg\">Globe terrestre bleu<\/a>, 1957),<\/em>&nbsp;y de hecho plano, \u201ccomo una moneda \u201c (<a href=\"http:\/\/www.ub.edu\/las_nubes\/archivo\/ocho\/autores\/klein-yves-disque-bleu-ikb-54-1957-3900091.jpg\"><em>Disque bleu<\/em><\/a>, 1957); su ilusoria redondez (material), explica, es producto del giro sobre su eje. \u00bfCapricho art\u00edstico, megaloman\u00eda? Sin duda se trata de un precursor del monocromo: un azul uniforme, pero sobre todo, espiritual. La \u201cetapa azul\u201d \u2013el color \u201cm\u00e1s abstracto y visible de la naturaleza\u201d\u2013 es la primera est\u00e9tica de Klein: no del todo un artista, m\u00e1s bien un mediador \u2013como el genio schopenhaueriano\u2013 entre la naturaleza y los hombres. Se suceder\u00e1 por una etapa rosa y otra dorada, consistentes todas en alcanzar la \u201csensibilidad pict\u00f3rica inmaterial\u201d, que culminar\u00e1 por fuerza \u2013se piensa en el vac\u00edo\u2013 en una obra que manifieste ese mismo no-visible. Klein tiene en mente tres de los elementos primordiales en el mundo: agua, fuego, aire\u2026 Es tambi\u00e9n sensible a la m\u00fasica \u2013en particular a Mozart, parad\u00f3jicamente, uno de los compositores m\u00e1s \u201cmaterialistas\u201d, en tanto que satisfechos de lo real\u2013, y la danza: \u00bfc\u00f3mo aparejar el yudo con la pintura? La c\u00e9lebre foto del artista volando desde su ventana hacia el pavimento (<em><a href=\"http:\/\/www.ub.edu\/las_nubes\/archivo\/ocho\/autores\/klein-leap.jpg\" data-type=\"URL\" data-id=\"http:\/\/www.ub.edu\/las_nubes\/archivo\/ocho\/autores\/klein-leap.jpg\">Leap into the void<\/a><\/em><a href=\"http:\/\/www.ub.edu\/las_nubes\/critica\/articulos\/klein-leap.jpg\">)<\/a>&nbsp;es una s\u00edntesis de este deseo de desvanecimiento. La \u201cverdadera libertad\u201d \u2013pero siempre nos vendr\u00e1 a la mente: \u00bflibertad de&nbsp;<em>qu\u00e9<\/em>?\u2013 consistir\u00eda en el poder de levitaci\u00f3n. De aqu\u00ed una segunda etapa est\u00e9tica de Klein, cuando nos hace testigos de una tentativa de des-materializaci\u00f3n generalizada: ya no se trata s\u00f3lo de retirar la cubierta de las cosas para mostrar su interior luminoso y colorido, \u201cvolum\u00e9trico\u201d, ni tampoco s\u00f3lo la carne de los cuerpos, que, dice, nos \u201cimpide ver los pensamientos en su estado puro\u201d \u2013\u00bfno ser\u00e1 justamente este deseo de&nbsp;<em>pureza&nbsp;<\/em>la trampa de la cual ya no hay salida?\u2013, sino de erradicar por completo los elementos que componen el mundo, dar espacio al vac\u00edo, hacer ciudades de aire, monumentos de fuego, fuentes. De aqu\u00ed todos esos planos m\u00e1s o menos inteligibles de g\u00e9iseres artificiales, de borbotones verticales, de hombres flotando en los cielos. Pero esta b\u00fasqueda de la \u201cinmaterialidad de las ciudades\u201d, que permitir\u00eda dicha libertad verdadera y hasta una verdadera comunicaci\u00f3n, \u00bfno recuerda de paso la vieja querella entre el&nbsp;<em>cogito&nbsp;<\/em>y la sensaci\u00f3n, \u00e9sta \u00faltima enga\u00f1\u00e1ndonos a todas luces haci\u00e9ndonos creer que lo que es es otra cosa que lo que en verdad es, como ense\u00f1aba Descartes en sus&nbsp;<em>Meditaciones<\/em>? Es la materia la que enga\u00f1a, se dir\u00eda, y son s\u00f3lo los sentidos los que caen en esta trampa. La vela sigue siendo vela para nuestro cerebro, mientras que nuestro tacto nos prueba que all\u00ed hay dos cosas distintas, un l\u00edquido o un s\u00f3lido; \u2013es la positividad espiritual frente a la negatividad corporal. La materia es la forma fenomenal, accidental, err\u00f3nea, de lo permanente, eterno, ideal. Lo que en arte se llama&nbsp;<em>neorrealismo<\/em>, esta corriente a la que Klein ha sido claramente asociado, no es otra cosa que un replanteamiento del idealismo. La apuesta es evidente, su emblema, \u201chorror a lo real, horror al cuerpo y a la forma\u201d.<br><br>Lo que podr\u00eda definirse como la \u00faltima est\u00e9tica de Klein es justamente el uso de esos (in)materiales primordiales del mundo: el fuego, el aire. Las obras de esta \u00e9poca presentan ciertamente cuerpos \u2013siluetas contorneadas por el fuego, sellos de torsos y piernas embadurnadas de \u00f3leo que recuerdan los recortes de Matisse (v\u00e9ase&nbsp;<em><a href=\"http:\/\/www.ub.edu\/las_nubes\/archivo\/ocho\/autores\/klein-antthropometrie.jpg\" data-type=\"URL\" data-id=\"http:\/\/www.ub.edu\/las_nubes\/archivo\/ocho\/autores\/klein-antthropometrie.jpg\">Anthropom\u00e9trie<\/a><\/em>&nbsp;1961), \u201cpinceles vivientes\u201d, los llama aqu\u00e9l, de los que no queda m\u00e1s que una&nbsp;<em>huella&nbsp;<\/em>\u2013esa&nbsp;<em>trace&nbsp;<\/em>de la que hablaba Levinas, \u00bfse trata acaso del&nbsp;<em>cuerpo<\/em>, si se lo puede llamar as\u00ed, de Dios?\u2013 de eso que ha pasado y nos ha abandonado para siempre. Estos cuerpos son apenas sexuados; vemos ciertamente mujeres, cuerpos sensuales, pero, advierte Klein, \u201c\u00a1cuidado: no sexualidad! \u00a1Nada de locura er\u00f3tica!\u201d. Volvemos poco a poco a esa espiritualidad del color, en el que se imprime la etapa primitiva, material, del mundo en&nbsp;<em>ascensi\u00f3n<\/em>. He aqu\u00ed la influencia del pensamiento oriental de Klein, tal como se manifestaba en la est\u00e9tica de Schopenhauer: la meta es la nada, desaparecer por completo, esfumarse. La obra de arte \u2013Klein la considera como ceniza\u2013 es una suerte de cristalizaci\u00f3n de un proceso hacia ese no-ser. Es precisamente su&nbsp;<em>rostro<\/em>, tal como lo entiende, de nuevo, Levinas: una huella que ha dejado, en su paso por la tierra, lo absolutamente Otro, es decir \u2013me parece, puesto que se trata de lo otro de la materia, es decir, de lo real\u2013, la Nada. \u00bfPero entonces esta Nada, es algo que ha&nbsp;<em>pasado&nbsp;<\/em>por aqu\u00ed \u2013y, por lo dem\u00e1s, c\u00f3mo habr\u00eda dejado una huella\u2013, o es eso hacia lo cual nos dirigimos? Esta es la paradoja. Klein afirma: \u201cSuperar el arte \u2013superar la sensibilidad \u2013superar la vida \u2013quiero alcanzar el vac\u00edo\u201d. Es claro que estamos ante una est\u00e9tica radicalmente opuesta al mundo, como, me viene ahora a la mente, la de Francis Bacon o Lucien Freud, que hab\u00edan procurado encontrar en \u00e9l, en lo real, la belleza, a\u00fan si \u00e9sta se presenta bajo un aspecto verdaderamente monstruoso. Est\u00e9tica que, a su vez, es la puesta en acci\u00f3n de ese deseo nietzscheano o borgeano de atraer la atenci\u00f3n hacia la vida: no apartar la mirada, sino, ah\u00ed donde uno \u2013el idealista\u2013 por lo general saldr\u00eda corriendo, detenerse y degustar su singularidad. \u00bfNo es la materia, adem\u00e1s, la que hace del Hombre, que no existe, hombres? Dos \u00e9ticas, en el sentido de acci\u00f3n ante la realidad: el s\u00ed o el no; dos consecuencias, digamos, \u201cexistenciales\u201d: la alegr\u00eda o la melancol\u00eda. El nihilismo de Klein, como cualquier otro, consiste en la aflicci\u00f3n que se saca del simple hecho que lo que es, sea.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Ahora bien, \u00bfc\u00f3mo conciliar entonces \u00e9tica y est\u00e9tica?<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Santiago Espinosa La exposici\u00f3n que el Centro Georges Pompidou dedica este oto\u00f1o a Yves Klein ha sido acertadamente titulada&nbsp;Cuerpos, color,&#8230;<\/p>\n","protected":false},"author":30,"featured_media":8222,"parent":8018,"menu_order":26,"comment_status":"open","ping_status":"closed","template":"","meta":{"footnotes":""},"class_list":["post-8484","page","type-page","status-publish","has-post-thumbnail","hentry"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.ub.edu\/las_nubes\/elnubarron\/wp-json\/wp\/v2\/pages\/8484","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.ub.edu\/las_nubes\/elnubarron\/wp-json\/wp\/v2\/pages"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.ub.edu\/las_nubes\/elnubarron\/wp-json\/wp\/v2\/types\/page"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.ub.edu\/las_nubes\/elnubarron\/wp-json\/wp\/v2\/users\/30"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.ub.edu\/las_nubes\/elnubarron\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=8484"}],"version-history":[{"count":12,"href":"https:\/\/www.ub.edu\/las_nubes\/elnubarron\/wp-json\/wp\/v2\/pages\/8484\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":8506,"href":"https:\/\/www.ub.edu\/las_nubes\/elnubarron\/wp-json\/wp\/v2\/pages\/8484\/revisions\/8506"}],"up":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.ub.edu\/las_nubes\/elnubarron\/wp-json\/wp\/v2\/pages\/8018"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.ub.edu\/las_nubes\/elnubarron\/wp-json\/wp\/v2\/media\/8222"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.ub.edu\/las_nubes\/elnubarron\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=8484"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}