{"id":8549,"date":"2021-04-23T14:13:50","date_gmt":"2021-04-23T12:13:50","guid":{"rendered":"http:\/\/www.ub.edu\/las_nubes\/elnubarron\/?page_id=8549"},"modified":"2021-04-23T14:17:09","modified_gmt":"2021-04-23T12:17:09","slug":"descomposicion-padre-sharon-olds-ganzalo-torne","status":"publish","type":"page","link":"https:\/\/www.ub.edu\/las_nubes\/elnubarron\/critica\/descomposicion-padre-sharon-olds-ganzalo-torne\/","title":{"rendered":"La descomposici\u00f3n del padre"},"content":{"rendered":"\n<p class=\"has-text-align-left has-luminous-vivid-orange-color has-text-color wp-block-paragraph\" style=\"font-size:24px\"><strong>Gonzalo Torn\u00e9 de la Guardia<\/strong><\/p>\n\n\n\n<div class=\"wp-block-columns is-layout-flex wp-container-core-columns-is-layout-8f761849 wp-block-columns-is-layout-flex\">\n<div class=\"wp-block-column is-layout-flow wp-block-column-is-layout-flow\" style=\"flex-basis:50%\">\n<p class=\"has-cyan-bluish-gray-color has-text-color has-small-font-size wp-block-paragraph\"><\/p>\n<\/div>\n\n\n\n<div class=\"wp-block-column is-layout-flow wp-block-column-is-layout-flow\" style=\"flex-basis:50%\">\n<p class=\"has-text-align-right has-text-color has-small-font-size wp-block-paragraph\" style=\"color:#4c4f50\">Sharon Olds,\u00a0<em>El padre<\/em>, Madrid: Bartleby editores, 2004.<\/p>\n<\/div>\n<\/div>\n\n\n\n<div style=\"height:20px\" aria-hidden=\"true\" class=\"wp-block-spacer\"><\/div>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-right has-small-font-size wp-block-paragraph\"><em>Me gustan los t\u00e9rminos de la inmundicia<br><\/em>Sharon Olds<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Cuenta la leyenda, acu\u00f1ada por la propia poeta y propagada despu\u00e9s por todos sus comentaristas que al alcanzar los treinta a\u00f1os, Sharon Olds sell\u00f3 un pacto con el Sat\u00e1n de Milton: a cambio de olvidar cuanto hab\u00eda aprendido en la Universidad, la no tan joven recibir\u00eda el don de escribir poemas singulares. Que fueran buenos o no, depend\u00eda de ella, de su talento y de su perseverancia. Sat\u00e1n s\u00f3lo se compromet\u00eda a sacudirle de encima el peso de la tradici\u00f3n. A se\u00f1alarle un sendero.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Olds dedica su primer poema a recrear las condiciones de un encuentro inaugural en el que el diablo le ense\u00f1a las palabras del sortilegio que necesita para superar la estrechez de una educaci\u00f3n severa. La lista es decepcionante: \u2018mierda\u2019, \u2018co\u00f1o\u2019, \u2018polla del padre\u2019&#8230; \u00bfDe verdad val\u00eda la pena convocar a Sat\u00e1n para que nos sugiera salir de la enajenaci\u00f3n diciendo palabrotas? Pero si atendemos hasta d\u00f3nde ha sido capaz de llegar Olds por este camino conviene no sobrevalorar el alcance de una primera lecci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Los primeros libros publicados constatan que las ense\u00f1anzas de los \u00e1ngeles ca\u00eddos no son f\u00e1ciles de aplicar, en ellos Olds tropieza de continuo con unas comparaciones donde la audacia de los t\u00e9rminos se agota en una extravagancia sin consecuencias. La figura m\u00e1s relevante de estos poemas es el padre, del que se relatan toda clase de vilezas (desde atar a su hija a la cama hasta no hablarle durante d\u00edas pasando por obligarla a comer hasta vomitar). Aunque Olds escribe sus mejores poemas cuando se distancia del padre (\u201cNurse Whitman\u201d, \u201cStation\u201d, \u201cYoung Mothers V\u201d o el asombroso \u201cUnborn\u201d) no parece capaz de impedir que ese ser con el que afirma haber interpuesto miles de kil\u00f3metros ronde por sus versos debilit\u00e1ndolos. La fascinaci\u00f3n que el padre ejerce sobre la voz po\u00e9tica de Olds adopta a veces la apariencia del atractivo f\u00edsico: el primer deslumbramiento de la anatom\u00eda masculina que la poeta canta con desinhibici\u00f3n. Pero el padre est\u00e1 lejos de ser un mero borrador de los futuros varones de su vida. M\u00e1s bien son \u00e9stos, incluidos el marido amado, los que parecen copias descuidadas del modelo. En la constelaci\u00f3n mental de Olds la masa del padre es superior al resto de energ\u00edas creativas. El padre act\u00faa como una fuerza aut\u00f3noma que repele a la poeta cuando esta trata de aproximarse y formar algo con \u00e9l, pero que tampoco le permite independizarse de su influencia. La obliga a orbitar. El padre, depositario del amor y de la justicia, al que le bastaba con un solo gesto para dar una primera consistencia ontol\u00f3gica a la hija, la desde\u00f1a. Las heridas resultantes en lugar de atemperarse con el tiempo son un aguij\u00f3n que le crece a Olds carne adentro.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Ajenos a este episodio familiar, la tierra y la historia sostienen incontables argumentos de inter\u00e9s para un escritor. No puede negarse que Olds ha intentado diversificar los temas de sus poemas aunque en el ejercicio le ha faltado la perseverancia o el entusiasmo propios de una preocupaci\u00f3n genuina. No debe ser f\u00e1cil sustraerse de narrar el desprecio de un Dios. Pero un proyecto as\u00ed s\u00f3lo se empieza a poner interesante para el lector cuando el poeta logra elevar al personaje mundano hasta una divinizaci\u00f3n veros\u00edmil, o bien, si logra construir un punto de vista donde el fracaso sea digno de verse. Por desgracia para todos el padre es poco m\u00e1s que un idiota siniestro. Su \u00fanica cualidad demi\u00fargica es la segregaci\u00f3n seminal que como analog\u00eda vale tanto para Zeus como para cualquier mam\u00edfero menor.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Las deficiencias no s\u00f3lo afectan al modelo. En los conmovedores poemas escritos a sus tres hijos las alegr\u00edas se mezclan con las penas para ofrecer un saldo optimista. La piedad alcanza incluso a esa hermana que se complac\u00eda en orinarse en su cara, convencida de que la inverosimilitud de los cargos la proteger\u00eda de la acusaci\u00f3n. Pero el tono se crispa cuando aparece el padre, las palabras transparentan un resentimiento que se nos ofrece crudo y que se asienta sobre el punto de vista de una intimidad casi obscena, m\u00e1s propia de los ajustes de cuentas del melodrama o de la psicoterapia que de la poes\u00eda exigente.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Desconocemos la letra peque\u00f1a el contrato que sell\u00f3 con Sat\u00e1n, pero incluso si consist\u00eda en librarse de los viejos h\u00e1bitos para escribir poemas nuevos, de observar sus textos con el mismo ojo con el que mira el mundo circundante \u2013no tan despiadado como capaz de posponer la compasi\u00f3n\u2013, Olds deber\u00eda reconocer \u2013y parece un poeta lo bastante fuerte como para permit\u00edrselo\u2013 que despu\u00e9s de diez a\u00f1os de trato con Sat\u00e1n su escritura segu\u00eda mermada&nbsp; por el v\u00ednculo asfixiante que la une a su padre.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;<br>De los tres libros que Sharon Olds public\u00f3 en la d\u00e9cada de los ochenta se pod\u00edan entresacar una veintena larga de poemas que la consolidaban como una escritora notable. En la medida que no pocos de esos poemas escapaban de la sombra del padre no es de extra\u00f1ar que el anuncio en 1992 de la publicaci\u00f3n de&nbsp;<em>The Father<\/em>&nbsp;sonase como una reca\u00edda.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Aunque los protagonistas sean los mismos, basta con leer los tres primeros poemas para advertir que la atm\u00f3sfera y las relaciones de poder se han desplazado. El padre acaba de descubrir ha empezado su agon\u00eda y la hija se presenta como un abnegado reto\u00f1o que regresa para auxiliar a un progenitor cada vez m\u00e1s dependiente. Toda la escena parece dispuesta para la reconciliaci\u00f3n y el perd\u00f3n. Pero lo que sigue guarda un parentesco retorcido con la benevolencia. Desde \u201cThe glass\u201d hasta \u201cThe Exact moment of his Death\u201d Olds narra minuciosamente, con uno o dos desv\u00edos hacia recuerdos de infancia donde las palabras vuelven a enconarse, la lenta descomposici\u00f3n de un hombre enfermo de c\u00e1ncer. Las torpezas ret\u00f3ricas que lastraron sus primeros libros dejan paso a un fest\u00edn figurativo imposible de parafrasear. Convertir los aspectos m\u00e1s s\u00f3rdidos de la materia enferma en un placer para el lector es el reto del que Olds sale victoriosa. La musa paterna, que cuando estuvo repleta de vigor y desprecio, empujaba los versos de su hija hacia la mediocridad se revela ahora, atrapada en la impotencia, como un acicate eficaz.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El asunto puede repugnar, y lo hace, pero lo que de verdad hiere al lector es el tono. Olds descorre el velo sat\u00edrico con el que DeQuincey descompone a Kant, la compasi\u00f3n latente con la que Tolstoi acompa\u00f1a la conciencia de Ivan Illich hacia su disoluci\u00f3n e incluso va m\u00e1s all\u00e1 de la impasibilidad con la que Flaubert destruye a la Bobary. Olds es la hija de su padre, la cuidadora, la amorosa, la enfermera natural. Y aunque asume todos estos papeles lo hace con una prolijidad que raya la complacencia: \u201cNo me hubiera ido de otro modo \/ no te dejar\u00e9 ir \/ hasta que clames por ello\u201d. Olds le acompa\u00f1a sin rechistar y nos aterra y se aterra con nosotros ante la visi\u00f3n del duro camino que debe seguir el cuerpo antes de deshacerse de la mente. Por ese dimensi\u00f3n corporal del padre siente una genuina piedad. Y s\u00f3lo el brillo de algunos versos permiten reconocer que el viejo odio sigue fluyendo por las viejas venas como una bendici\u00f3n: \u201cSi hubiera deseado cambiar mi vida \/ quiz\u00e1s hubiera deseado cambiar mi vida \/ por la de alguien criado con amor \/ pero \u00bfC\u00f3mo podr\u00eda alguien criado con amor \/ soportar esta muerte?\u201d.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El particular&nbsp;<em>pathos<\/em>&nbsp;de estos poemas se asienta sobre la suposici\u00f3n de que incluso el padre, pese a los recelos del poeta, posee un alma que no deja que el cuerpo se muera en paz. Olds convierte al padre en el emblema de la contingencia donde el ser individual consciente est\u00e1 atrapado. La materia es una y reposa a salvo del dolor cuando logra desprenderse de los sue\u00f1os de identidad que le impone la mente. Una concepci\u00f3n que tiene escaso alcance metaf\u00edsico pero que articula un tipo de figura, la penetraci\u00f3n, que Olds ha empleado desde el principio de su carrera pero cuya coherencia s\u00f3lo se alcanza ahora. La narradora y el padre entran constantemente el uno en el otro, no de forma natural e incestuosa, sino fant\u00e1stica. El padre se protege en el vientre de la hija y la hija se refugia en los test\u00edculos del padre. Cifrar la \u00fanica esperanza del padre en la imposibilidad de protegerse dentro de la hija (\u201ccomo si mi padre pudiera vivir y morir \/ a salvo dentro de m\u00ed\u201d) supone otra perversi\u00f3n del consuelo. Pero hay algo m\u00e1s, difunde la sospecha de que el error fundamental entre la hija y el padre deba buscarse en c\u00f3mo se separ\u00f3 de \u00e9l y en c\u00f3mo se form\u00f3 dentro su madre hasta convertirse en una conciencia separada, aunque nunca, del todo, independiente (\u201ccuando muri\u00f3 quer\u00eda que \u00e9l se alzara \/ dentro de m\u00ed o hundirme yo en su cuerpo \/ \u00e9ramos como dos cestos descosidos\u201d). Un anhelo nost\u00e1lgico sacude los versos de Olds: el deseo de volver a fundirse en el cuerpo paterno, de recomponer la materia, de rehacer el cesto, de reencontrar al padre como un fantasmal espermatozoide que pudiera celebrar una nueva no-vida: \u201climpia, en blanco, indolora, sin error \/ el \u00e9xtasis de la materia\u201d. Es el cuerpo el que se derrumba, pero es la vida consciente la que ha fracasado y asume su derrota fantaseando con un imposible retorno que suena un presagio: un volver a empezar, feto u \u00f3vulo o esperma, cuerpo dentro del cuerpo, antes de que la separaci\u00f3n pueda propiciar recelos y desafectos, desprecios e, incluso, el odio.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El v\u00e9rtigo moral de&nbsp;<em>The Father&nbsp;<\/em>proviene de la osad\u00eda con la que Olds pisotea la arraigada concepci\u00f3n cristiana que vincula el mal con la posibilidad de elegir libremente y el supuesto de que comprender es el segundo acto de una obra que s\u00f3lo puede terminar con el perd\u00f3n. Olds comprende las limitaciones del padre cuando trata de escalar hacia el bien moral. Entiende su lucha. Su debilidad. Su fracaso. Y su impotencia. Cuando \u00e9l la atormentaba la mente del padre estaba tan enferma como ahora lo est\u00e1 su cuerpo, piensa Olds. Pero de aqu\u00ed no se desprende ning\u00fan perd\u00f3n. La exposici\u00f3n compleja de las relaciones entre el padre y la hija no pueden reducirse a una cuesti\u00f3n de bien o mal, como nunca puede tratarse de ganar o perder. El resultado es hechos m\u00e1s sentimientos. Estados de la materia, actos y emociones. Los casos se exponen con la precisi\u00f3n que s\u00f3lo un poeta en estado de gracia puede alcanzar, pero las reacciones emotivas danzan y giran, se relevan y se transforman las unas en las otras con una impertinencia que las desvincula a los moldes reductores de la dualidad moral.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Los asombrosos&nbsp;<em>mixed feelings<\/em>&nbsp;de Sharon Olds est\u00e1n escritos para desconcertar. Aqu\u00ed la mercanc\u00eda nunca est\u00e1 etiquetada. Poemas como \u201cSetter to my father from 40,000 Feet\u201d, \u201cI wanted to be there when my father died, o \u201cWaste Sonata\u201d son, con sus r\u00e1pidas transiciones, sus exposiciones contradictorias y la mezcla de \u00e1nimos, una bofetada para el amante de las conclusiones. Asombra que este barullo emocional nos obligue a enfrentarnos con un cuadro de c\u00f3mo funcionan nuestros sentimientos que intimida por su precisi\u00f3n. Que se pueda odiar a un hombre por lo que nos ha hecho y desearle la desgracia y compadecernos al mismo tiempo por su descomposici\u00f3n como individuo se impone en&nbsp;<em>The Father<\/em>&nbsp;como una evidencia. Y que el libro se cierre con la voz del propio padre entonando una canci\u00f3n de amor siempre aplazada para su hija desde el reino de los muertos, en cuya letra se lamenta de que el amor humano (el amor tal y como lo persiguen los humanos) s\u00f3lo es posible lejos del mundo de los vivos constituye un ejemplo soberbio del estilo con el que Olds ha aprendido a manejar a sus viejos demonios.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><em>The Father&nbsp;<\/em>s\u00f3lo necesita ser le\u00eddo para revelarse como un libro asombroso. Pero reconsiderado dentro del arco de la trayectoria de Sharon Olds ofrece un placer adicional: el espect\u00e1culo de un poeta que forcejea a la vista de todos con el tema que le reclama hasta dominarlo. Quiz\u00e1s Olds obtuvo de su pacto con Sat\u00e1n poco m\u00e1s que el valor para dejar de correr delante de sus fantasmas y afrontarlos: un pu\u00f1ado de palabrotas. Pero el progreso de un talento capaz de escribir poemas como estos con materiales tan poco fiables como un padre cretino aquejado de la enfermedad m\u00e1s vulgar supone el triunfo de una perseverancia ejemplar que no admite atajos sobrenaturales.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong>NOTAS<br><\/strong>\u201cese hombre que tuvo tan poca conciencia<br>que fue s\u00f3lo cuerpo\u201d; \u201clo ve\u00eda<br>acostado en el rinc\u00f3n m\u00e1s oscuro de la sala (&#8230;)<br>y all\u00ed no hab\u00eda m\u00e1s que cuerpo; \u2018le dije adi\u00f3s a su cuerpo<br>que era todo cuanto \u00e9l era\u201d.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Gonzalo Torn\u00e9 de la Guardia Sharon Olds,\u00a0El padre, Madrid: Bartleby editores, 2004. Me gustan los t\u00e9rminos de la inmundiciaSharon Olds&#8230;<\/p>\n","protected":false},"author":14,"featured_media":8230,"parent":8018,"menu_order":35,"comment_status":"open","ping_status":"closed","template":"","meta":{"footnotes":""},"class_list":["post-8549","page","type-page","status-publish","has-post-thumbnail","hentry"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.ub.edu\/las_nubes\/elnubarron\/wp-json\/wp\/v2\/pages\/8549","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.ub.edu\/las_nubes\/elnubarron\/wp-json\/wp\/v2\/pages"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.ub.edu\/las_nubes\/elnubarron\/wp-json\/wp\/v2\/types\/page"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.ub.edu\/las_nubes\/elnubarron\/wp-json\/wp\/v2\/users\/14"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.ub.edu\/las_nubes\/elnubarron\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=8549"}],"version-history":[{"count":2,"href":"https:\/\/www.ub.edu\/las_nubes\/elnubarron\/wp-json\/wp\/v2\/pages\/8549\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":8552,"href":"https:\/\/www.ub.edu\/las_nubes\/elnubarron\/wp-json\/wp\/v2\/pages\/8549\/revisions\/8552"}],"up":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.ub.edu\/las_nubes\/elnubarron\/wp-json\/wp\/v2\/pages\/8018"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.ub.edu\/las_nubes\/elnubarron\/wp-json\/wp\/v2\/media\/8230"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.ub.edu\/las_nubes\/elnubarron\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=8549"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}