{"id":8570,"date":"2021-04-26T13:53:47","date_gmt":"2021-04-26T11:53:47","guid":{"rendered":"http:\/\/www.ub.edu\/las_nubes\/elnubarron\/?page_id=8570"},"modified":"2021-04-26T14:13:32","modified_gmt":"2021-04-26T12:13:32","slug":"representacion-pensamiento-pavel-torne-existencia-novela","status":"publish","type":"page","link":"https:\/\/www.ub.edu\/las_nubes\/elnubarron\/critica\/representacion-pensamiento-pavel-torne-existencia-novela\/","title":{"rendered":"Ni representaci\u00f3n ni pensamiento"},"content":{"rendered":"\n<p class=\"has-text-align-left has-luminous-vivid-orange-color has-text-color wp-block-paragraph\" style=\"font-size:24px\"><strong>Gonzalo Torn\u00e9 de la Guardia<\/strong><\/p>\n\n\n\n<div class=\"wp-block-columns is-layout-flex wp-container-core-columns-is-layout-8f761849 wp-block-columns-is-layout-flex\">\n<div class=\"wp-block-column is-layout-flow wp-block-column-is-layout-flow\" style=\"flex-basis:50%\">\n<p class=\"has-cyan-bluish-gray-color has-text-color has-small-font-size wp-block-paragraph\"><\/p>\n<\/div>\n\n\n\n<div class=\"wp-block-column is-layout-flow wp-block-column-is-layout-flow\" style=\"flex-basis:50%\">\n<p class=\"has-text-align-right has-text-color has-small-font-size wp-block-paragraph\" style=\"color:#4c4f50\"><\/p>\n<\/div>\n<\/div>\n\n\n\n<div style=\"height:20px\" aria-hidden=\"true\" class=\"wp-block-spacer\"><\/div>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-right has-small-font-size wp-block-paragraph\"><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Lo primero que llama la atenci\u00f3n al lector que se acerca a la versi\u00f3n castellana de la extensa monograf\u00eda que el profesor Thomas Pavel ha dedicado a la novela es que su t\u00edtulo original (<em>La pens\u00e9e du roman<\/em>) ha quedado relegado a la condici\u00f3n de subt\u00edtulo, sustituido por el de Representar la existencia. Si bien la decisi\u00f3n es un acierto en la medida que Pavel dedica menos de media docena de p\u00e1ginas a darnos su decepcionante versi\u00f3n sobre el \u2018pensamiento novelesco\u2019 (reducido a reflejar la ideas generales y predominantes de la \u00e9poca sobre el lugar del hombre en el mundo); el nuevo t\u00edtulo es un acierto s\u00f3lo a medias.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Lo que se propone en este libro es redactar una \u2018historia de la novela\u2019. Y Pavel se ha cuidado mucho en distinguirse de sus antecesores: de aquellos que confrontan la novela con otros g\u00e9neros (Rohde),<sup><a href=\"#nota1\" data-type=\"internal\" data-id=\"#nota1\">1<\/a><\/sup> de los que se centran en el estudio formal de las t\u00e9cnicas narrativas (Bajtin)<sup id=\"referencia2\"><a href=\"#nota2\" data-type=\"internal\" data-id=\"#nota2\">2<\/a><\/sup> y de quienes subrayan la preeminencia del entorno social y cultural (Watt).<sup id=\"referencia3\"><a href=\"#nota3\" data-type=\"internal\" data-id=\"#nota3\">3<\/a><\/sup> La historia de la novela seg\u00fan Pavel se propone atender al desarrollo de un concepto que al desplegarse, impelido por sus tensiones internas, trazar\u00eda la historia del g\u00e9nero. Un retrato en la l\u00ednea de Luk\u00e1cs<sup id=\"referencia4\"><a href=\"#nota4\" data-type=\"internal\" data-id=\"#nota4\">4<\/a><\/sup> (y, por tanto, de ascendencia hegeliana) que trata de alejarse de sus patrones al se\u00f1alar como \u00fanico responsable de dicho \u2018desplige\u2019 al novelista, cuyas decisiones, en competencia con los viejos maestros y los rivales coet\u00e1neos, configuran un relato hist\u00f3rico que bien pudiere haber sido de otra manera.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El concepto al que remite Pavel es el dif\u00edcil encaje del individuo en un mundo que se ha vuelto irreductible al orden moral humano. La novela trata de un sujeto ofuscado ante la incapacidad de encontrar su lugar en un mundo inh\u00f3spito. Y articula \u00e9ste estado de cosas mediante tres preguntas: \u00bfPor qu\u00e9 el mundo se ha alejado del Ideal?, \u00bfPor qu\u00e9 su valor normativo se impone de forma tan evidente al individuo?, y \u00bfQu\u00e9 es mejor para defender el ideal: sumergirse en el mundo para tratar de restablecerlo o centrarse en remediar la fragilidad personal? Este concepto, que gu\u00eda la historia de la novela seg\u00fan Pavel, est\u00e1 atravesado por la tensi\u00f3n entre dos fuerzas antag\u00f3nicas: la tendencia a reflejar un Ideal que podr\u00eda reorganizar el mundo y la de representar, tal y como es, la existencia en el interior de ese mundo desarreglado. El t\u00edtulo castellano se ha inclinado por mencionar tan s\u00f3lo a uno de los litigantes.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Pavel tambi\u00e9n ha dejado al descubierto los presupuestos de su historia: (1) recoger en el mismo hilo argumental un amplio espacio de tiempo que abarcar\u00eda desde la novela bizantina hasta las \u00faltimas novedades de 2003, sin recurrir a la influencia de ning\u00fan otro g\u00e9nero ya sea el teatro isabelino, la obra de Rabelais o las cartas de S\u00e9neca<sup id=\"referencia5\"><a href=\"#nota5\" data-type=\"internal\" data-id=\"#nota5\">5<\/a><\/sup> y (2) explicar la eflorescencia del realismo cuya est\u00e9tica fij\u00f3 de forma casi definitiva una forma novelesca con la que herederos y antepasados deber\u00e1n medirse para alcanzar el rango de novela.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La dificultad de la empresa salta a la vista no tanto por su magnitud, sino por el temor a que se est\u00e9n restringiendo demasiado los intereses de los novelistas. Decisiones como la incluir a Stendhal entre los autores ex\u00f3ticos, obviar a Conrad, incluir al meditativo Broch entre los realistas sociales, dar m\u00e1s importancia a los ep\u00edlogos forzados y moralistas de Adolfo que al cuerpo de la novela, o afirmar que el narrador de En busca del tiempo perdido es v\u00edctima (\u00e9l, el m\u00e1s reflexivo de los personajes literarios) de pasiones que nunca comprender\u00e1, contribuyen a que arraigue la sospecha de que lejos de tratarse de los errores propios de un lector lego, estemos ante las calculadas deformaciones de un erudito que se ha propuesto ajustar un cuerpo extenso y variado de textos a unos temas y tensiones que en gran medida les son ajenos.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La piedra de toque de cualquier historia de la novela son las dos cesuras a las que (ya sea para negarlas o para afirmarlas) debe enfrentarse: dos momentos en \u2018lo que hay ahora\u2019 se resiste a una continuidad natural con \u2018lo que hubo antes\u2019. La primera coincide con la aparici\u00f3n del Quijote a principios del siglo XVII; la segunda, en torno a los a\u00f1os treinta del siglo pasado, cuando la novela empieza a desembarazarse de la est\u00e9tica de la representaci\u00f3n veros\u00edmil y desplaza la story del centro de sus preocupaciones. Pavel (que est\u00e1 intentando maquillar la primera cesura) tasa la importancia del Quijote por su contribuci\u00f3n al avance de la verosimilitud. La modernidad novelesca que inaugura Cervantes lejos de propiciar un corte quedar\u00eda integrada como un elemento m\u00e1s del proceso de maduraci\u00f3n que apunta hacia el triunfo del realismo. Lejos de amedrentarse ante los encuentros inveros\u00edmiles en la Posada, las palizas propias de la Warner en las que los dos protagonistas pierden varias veces la dentadura y se les quebrantan numerosos huesos, los juegos textuales de la primera parte y los cabreos hipertextuales de la segunda (que podr\u00edan haberle inducido a reflexionar sobre s\u00ed el supuesto antiidealismo de Cervantes no es el s\u00edntoma de una operaci\u00f3n m\u00e1s profunda) Pavel los interpreta como deficiencias de un m\u00e9todo que acaba de salir de la incubadora y al que le quedan todav\u00eda unas d\u00e9cadas de ajuste y pulimento antes de alcanzar la excelencia que el autor sit\u00faa en la obra de Walter Scott.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">En el contexto de las tensiones entre el principio realista y el idealista, el Quijote se ve reducido a su punto de partida argumental: una cr\u00edtica matizada de las novelas caballerescas. Se logra as\u00ed la deseada continuidad entre las Eti\u00f3picas y Balzac, pero el precio a pagar es considerable. En primer lugar, se renuncia a explorar las diversas v\u00edas por las que los novelistas posteriores afirman haber sido influenciados por las novedades del Quijote que queda relegado en el relato de Pavel a deuteragonista de Los trabajos de Persiles y Segismunda elevados al rango de obra maestra por el logro incalculable de haber actualizado el modelo idealista de Heliodoro. En segundo lugar, la propia din\u00e1mica de la argumentaci\u00f3n conduce a convertir al autor de Waverley en el maestro supremo del arte de la novela, pues a \u00e9l le debemos la primera s\u00edntesis entre un h\u00e9roe de perfil inveros\u00edmil y un decorado que representaba escrupulosamente las exigencias de la descripci\u00f3n social e hist\u00f3rica veros\u00edmiles. Ante tales conclusiones no es temerario afirmar que la obstinaci\u00f3n del autor por ajustar las novelas singulares a la teor\u00eda general bien podr\u00eda estar nubl\u00e1ndole el gusto.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Para mitigar los dislates a los que le han conducido sus \u2018fuerzas en tensi\u00f3n\u2019, Pavel ha recurrido a una distinci\u00f3n entre \u2018autores de talento\u2019 y \u2018autores que han influido\u2019. De manera que \u00e9l no estar\u00eda diciendo que el talento de Scott fuera superior al de Cervantes, sino que su influencia tiene mayor alcance. Pero si bien es cierto que Balzac expres\u00f3 su entusiasmo por la po\u00e9tica de Scott, no es menos cierto que esta influencia s\u00f3lo cobra el relieve que la da Pavel cuando se ocultan no s\u00f3lo las influencias que recibieron otros escritores tan poderosos como Balzac (Pushkin, Stendhal o Dickens), sino a otras autoridades que dejaron su impronta en el autor de Las ilusiones perdidas. E, incluso, cuando hubi\u00e9ramos de atribuir ciertas innovaciones estil\u00edsticas y formales a los novelistas menores, \u00e9stas s\u00f3lo se propagan cuando los \u2018autores de talento\u2019 desarrollan sus posibilidades. \u00bfO es que cuando pensamos en la justificaci\u00f3n de la vida a trav\u00e9s del arte anteponemos a Huysmans a Proust?, \u00bfA qui\u00e9n debemos el mon\u00f3logo interior a Monsieur Dujardin o a Mr. Joyce?<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Curioso modo de proceder el de algunos eruditos. Circunscriben con claridad un periodo (o las obras de un autor) y esclarecen con gran esfuerzo su sentido \u2018aut\u00e9ntico\u2019. Lo maravilloso de su proceder no es la confianza con la que afirman haber encontrado una significaci\u00f3n a los textos que hab\u00eda permanecido oculta a generaciones de lectores atentos sino la pretensi\u00f3n de establecer un sistema de influencias basado en la continuidad de su \u2018interpretaci\u00f3n verdadera\u2019. De manera que no s\u00f3lo act\u00faan como si todos los escritores del canon lo hubieran le\u00eddo todo sobre sus colegas, sino como si lo hubiesen hecho siguiendo una \u2018interpretaci\u00f3n correcta\u2019 (la suya) que no se habr\u00e1 de revelarse hasta muchos siglos despu\u00e9s.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Las debilidades del modelo de Pavel son m\u00e1s evidentes si las contrastamos con las notas sobre el arte de la novela que Milan Kundera<a href=\"#nota6\" data-type=\"internal\" data-id=\"#nota6\"><sup id=\"referencia6\">6<\/sup><\/a> (a menudo en coincidencia con las ideas de Bajt\u00edn) ha elaborado en distintos trabajos. Para esta perspectiva el Quijote supone una triple novedad: (1) la exploraci\u00f3n de las posibilidades b\u00e1sicas de la existencia \u2018como s\u00f3lo puede hacerlo la novela\u2019 (es decir, no desde una perspectiva dictada por una disciplina ex\u00f3gena); (2) una actitud o tono peculiar de ascendencia rabelesiana que consiste en suspender el juicio moral, dejando el campo expedito a la ambig\u00fcedad y la iron\u00eda y (3) una radical libertad en la forma. La po\u00e9tica del Quijote se distingue de sus supuestos predecesores bizantinos, caballerescos y pastoriles quienes s\u00ed reflejaban sin iron\u00eda, y circunscribi\u00e9ndola a una forma dada, una conjunto de ideas generales, consabidas y previas a la composici\u00f3n de la obra. Y permite establecer un estrecho v\u00ednculo entre Cervantes y esos novelistas del siglo XX que los lectores formados en la est\u00e9tica de la \u2018verosimilitud representativa de la existencia\u2019 propia del XIX no reconocen como tales, pero cuyo ejercicio desde Joyce a Elizabeth Costelo se prolonga ya casi cien a\u00f1os. Un v\u00ednculo que el esquema de Pavel debilita hasta el punto que para preservar la continuidad se ve forzado a apelar a la literatura de consumo.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Indicios de que si se quieren comparar los diversos g\u00e9neros que la tradici\u00f3n ha etiquetado como novelas, m\u00e1s que forzar la continuidad escrutando la supuesta tensi\u00f3n entre \u2018representaci\u00f3n realista\u2019 e \u2018idealismo moralista\u2019 de lo que se tratar\u00eda es de distinguir entre el conocimiento (que no es moralista) hipot\u00e9tico (que no es realista) propio de la novela moderna (la del siglo XVII y la del siglo XX) y la doble sumisi\u00f3n a la representaci\u00f3n mim\u00e9tica y la moral preexistente.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">A lo que apunta un modelo como el de Pavel es a ningunear los esquemas basados en el m\u00e9rito personal que permite distinguir al autor de cuya invenci\u00f3n contribuye al progreso de la historia de la novela, de los autores rezagados o culones que siguen escribiendo dentro de modelos superados y cuyas ficciones novelescas quiz\u00e1s logren encontrar su espacio en el seno de la corporaci\u00f3n cultural o al amparo de los corazones sencillos, pero que han quedado fuera de la historia de la novela. Porque, aunque en literatura pocas cosas suenen tan rid\u00edculas como postular el progreso en sentido t\u00e9cnico es dif\u00edcil imaginar algo de peor gusto que la repetici\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Sin entrar a debatir con otros modelos m\u00e1s poderosos de la historia de la novela, el de Pavel fracasa en su propio campo de batalla. No es casualidad que el cl\u00edmax de su relato dial\u00e9ctico sea, a su vez, el momento m\u00e1s desconcertante del libro. Al situar la s\u00edntesis de las tendencias en conflicto a finales del siglo XIX uno espera que el m\u00e9rito de fijarla recayese a alguna figura con el empaque de Tolstoi. Pero tal logro se atribuye nada menos que a las novelas cortas (que para Pavel, en una iron\u00eda dif\u00edcil de superar, conforman un g\u00e9nero independiente) de Stiffer, Keller o Fontane, quienes descubrieron las virtudes incalculables de aovar personajes que inseridos gozosamente en su medio conservan en lo m\u00e1s profundo de sus almas un destello de extramundanidad. Cierto que Pavel trata de a\u00f1adir a Tolstoi en esta curiosa s\u00edntesis, pero en seguida advertimos que la operaci\u00f3n consiste en escoger de entre los m\u00faltiples aspectos de Guerra y paz aquellos que guardan un vago aire de familia con los que se est\u00e1 deseando sintetizar, y yuxtaponerlo en un agregado que no s\u00f3lo no alcanza a iluminar la est\u00e9tica del autor, sino que traiciona el esp\u00edritu de sus obras al reducir Anna Karenina a una exposici\u00f3n moralista sobre la perfidia del adulterio y las virtudes secretas de la vida conyugal.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Tras m\u00e1s de trescientas p\u00e1ginas de argumentaci\u00f3n la Gran S\u00edntesis de la Historia de la Novela no s\u00f3lo recae en autores pseudo-insignificantes, sino que sus logros son negados de inmediato por los primeros escritores del siglo XX, quienes, en poco menos de una d\u00e9cada hab\u00edan demolido los principios est\u00e9ticos de la representaci\u00f3n realista, releg\u00e1ndola (con todas las excepciones y salvedades que se quiera) a los estantes de la literatura de consumo.<sup id=\"referencia7\"><a href=\"#nota7\" data-type=\"internal\" data-id=\"#nota7\">7<\/a><\/sup>  Lejos de ser una historia de la novela, Representar la existencia es la historia de c\u00f3mo puede perseguirse una idea a lo largo de un g\u00e9nero literario, con el m\u00e9rito de enlazar una cantidad asombrosa de obras importantes y con el menoscabo de no aportar nada significativo a las mejores. Son las palabras del propio autor en el momento que trata de anudar la s\u00edntesis las que mejor transparentan la confusi\u00f3n de conjunto:<\/p>\n\n\n\n<blockquote class=\"wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow\"><p>\u2018George Eliot, Tolstoi, Fontane y P\u00e9rez Gald\u00f3s en la segundad [mitad del siglo XIX] imaginaron, cada uno a su manera, unos personajes a la vez admirables e imperfectos, rodeados por un mundo a veces hostil y a veces acogedor\u2019.<sup id=\"referencia8\"><a href=\"#nota8\" data-type=\"internal\" data-id=\"#nota8\">8<\/a><\/sup><\/p><\/blockquote>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El debate cr\u00edtico con las ideas del libro no debe ocultar las ramas de los aciertos. El lector agradecer\u00e1 la amplitud de perspectiva que apuesta decididamente por la&nbsp;<em>Weltliteratur<\/em>&nbsp;frente al provincialismo nacionalista y no s\u00f3lo disfrutar\u00e1 con un notable estudio de las t\u00e9cnicas narrativas, sino con decenas de p\u00e1ginas inspiradas sobre Las afinidades electivas, la est\u00e9tica de Balzac o notables indicaciones psicol\u00f3gicas sobre la actitud con la que uno deber\u00eda enfrentarse a la lectura de&nbsp;<em>Madame Bovary.<\/em>&nbsp;Representar la existencia es un libro imprescindible para los estudiosos de la novela, aunque el autor no haya podido superar el peligro que con tanta pericia supo intuir:<\/p>\n\n\n\n<blockquote class=\"wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow\"><p>&#8216;Resulta dif\u00edcil resistir la tentaci\u00f3n de las generalizaciones hist\u00f3ricas categ\u00f3ricas, y yo mismo propongo en esta obra una imagen de la historia de la novela que se apoya en un n\u00famero relativamente reducido de conceptos b\u00e1sicos\u2019.<sup id=\"referencia9\"><a href=\"#nota9\" data-type=\"internal\" data-id=\"#nota9\">9<\/a><\/sup><\/p><\/blockquote>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong>NOTAS<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><sup><a href=\"#referencia1\" data-type=\"internal\" data-id=\"#referencia1\">1<\/a><\/sup> E. Rohde, ,&nbsp;<em>Der griechische Roman und seine Vorla\u00fcfer,<\/em>&nbsp;Leipzig: Breitkopf und H\u00ebrtel, 1876.<br><sup><a href=\"#referencia2\" data-type=\"internal\" data-id=\"#referencia2\">2<\/a><\/sup> M. Bajtin,&nbsp;<em>Teor\u00eda y est\u00e9tica de la novela<\/em>, Madrid: Taurus, Madrid, 1\u00aa reimpresi\u00f3n, 1991.<br><sup><a href=\"#referencia3\" data-type=\"internal\" data-id=\"#referencia3\">3<\/a><\/sup> I. Watt,&nbsp;<em>The Rise of the Novel,<\/em>&nbsp;Berkeley: University of Califormia Press, 1957.<br><sup><a href=\"#referencia4\" data-type=\"internal\" data-id=\"#referencia4\">4<\/a><\/sup> G. Luk\u00e1cs,<em>&nbsp;Teor\u00eda de la novela<\/em>, Barcelona: Edhasa, 1971.<br><sup><a href=\"#referencia5\" data-type=\"internal\" data-id=\"#referencia5\">5<\/a><\/sup> Con la curiosa excepci\u00f3n de las obras introspectivas de San Agust\u00edn sin las que son tan incomprensibles algunos de los temas estudiados como otros tan b\u00e1sicos como estos lo son sin acudir a Shakespeare o a Gargant\u00faa.<br><sup><a href=\"#referencia6\" data-type=\"internal\" data-id=\"#referencia6\">6<\/a><\/sup> M. Kundera,&nbsp;<em>El arte de la novela,<\/em>&nbsp;Barcelona: Tusquets,1986 ;&nbsp;<em>Los testamentos traicionados<\/em>, Barcelona: Tusquets, 1993;&nbsp;<em>El tel\u00f3n<\/em>, Barcelona: Tusquets, 2005.<br><a href=\"#referencia7\" data-type=\"internal\" data-id=\"#referencia7\"><sup>7<\/sup><\/a> D\u00f3nde los lectores (como recuerda con roma pedanter\u00eda el escritor Carlos Ruiz Zaf\u00f3n, a quien nadie podr\u00eda acusar de sutil malevolencia ni de cualquier otra forma de sutileza): \u2018el lector recuerda por qu\u00e9 se le\u00edan las novelas\u2019.<br><sup><a href=\"#referencia8\" data-type=\"internal\" data-id=\"#referencia8\">8<\/a><\/sup> P\u00e1g. 26.<br><a href=\"#referencia9\" data-type=\"internal\" data-id=\"#referencia9\"><sup>9<\/sup><\/a> P\u00e1g. 385.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Gonzalo Torn\u00e9 de la Guardia Lo primero que llama la atenci\u00f3n al lector que se acerca a la versi\u00f3n castellana&#8230;<\/p>\n","protected":false},"author":14,"featured_media":8232,"parent":8018,"menu_order":37,"comment_status":"open","ping_status":"closed","template":"","meta":{"footnotes":""},"class_list":["post-8570","page","type-page","status-publish","has-post-thumbnail","hentry"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.ub.edu\/las_nubes\/elnubarron\/wp-json\/wp\/v2\/pages\/8570","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.ub.edu\/las_nubes\/elnubarron\/wp-json\/wp\/v2\/pages"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.ub.edu\/las_nubes\/elnubarron\/wp-json\/wp\/v2\/types\/page"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.ub.edu\/las_nubes\/elnubarron\/wp-json\/wp\/v2\/users\/14"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.ub.edu\/las_nubes\/elnubarron\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=8570"}],"version-history":[{"count":3,"href":"https:\/\/www.ub.edu\/las_nubes\/elnubarron\/wp-json\/wp\/v2\/pages\/8570\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":8574,"href":"https:\/\/www.ub.edu\/las_nubes\/elnubarron\/wp-json\/wp\/v2\/pages\/8570\/revisions\/8574"}],"up":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.ub.edu\/las_nubes\/elnubarron\/wp-json\/wp\/v2\/pages\/8018"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.ub.edu\/las_nubes\/elnubarron\/wp-json\/wp\/v2\/media\/8232"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.ub.edu\/las_nubes\/elnubarron\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=8570"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}