{"id":8582,"date":"2021-04-26T14:26:33","date_gmt":"2021-04-26T12:26:33","guid":{"rendered":"http:\/\/www.ub.edu\/las_nubes\/elnubarron\/?page_id=8582"},"modified":"2021-04-26T14:28:53","modified_gmt":"2021-04-26T12:28:53","slug":"lenta-catarsis-comedias-contemporaneas-eric-rohmer-al-bert","status":"publish","type":"page","link":"https:\/\/www.ub.edu\/las_nubes\/elnubarron\/critica\/lenta-catarsis-comedias-contemporaneas-eric-rohmer-al-bert\/","title":{"rendered":"Lenta catarsis. Itinerario de un espectador por las \u00abComedias contempor\u00e1neas\u00bb de Eric Rohmer"},"content":{"rendered":"\n<p class=\"has-text-align-left has-luminous-vivid-orange-color has-text-color wp-block-paragraph\" style=\"font-size:24px\"><strong>Al Bert<\/strong><\/p>\n\n\n\n<div class=\"wp-block-columns is-layout-flex wp-container-core-columns-is-layout-8f761849 wp-block-columns-is-layout-flex\">\n<div class=\"wp-block-column is-layout-flow wp-block-column-is-layout-flow\" style=\"flex-basis:50%\">\n<p class=\"has-cyan-bluish-gray-color has-text-color has-small-font-size wp-block-paragraph\"><\/p>\n<\/div>\n\n\n\n<div class=\"wp-block-column is-layout-flow wp-block-column-is-layout-flow\" style=\"flex-basis:50%\">\n<p class=\"has-text-align-right has-text-color has-small-font-size wp-block-paragraph\" style=\"color:#4c4f50\"><\/p>\n<\/div>\n<\/div>\n\n\n\n<div style=\"height:20px\" aria-hidden=\"true\" class=\"wp-block-spacer\"><\/div>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-right has-small-font-size wp-block-paragraph\"><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">V\u00ed mis primeras pel\u00edculas de Eric Rohmer a una edad en que, de cualquier autor que se alejara de los tr\u00e1mites y estereotipos del cine comercial, esperaba el retorcimiento o la vehemencia suficientes para, primero, arrancarme durante dos horas de una vida triste, de esa tristeza furiosa que algunas adolescencias cultivan con mimo, y, luego, llevarme al entusiasmo de las iluminaciones. Salir de un cine con la cabeza hirviente de gestos, de frases y de atm\u00f3sferas, como se despierta de un sue\u00f1o denso cuyos ecos se prolongan en la vigilia; convertir esa vigilia, por unos d\u00edas, en el teatro interior de las r\u00e9plicas de los personajes, cada vez m\u00e1s encarnadas en uno mismo; saborear en secreto los cambios provocados por la pel\u00edcula en la propia mirada; tales efectos pon\u00eda como condici\u00f3n a mis descubrimientos cinematogr\u00e1ficos. Nada de eso se me ofreci\u00f3 all\u00ed: frente a otros compa\u00f1eros de viaje suyos, como Godard o Truffaut, que buscaban quebrar la superficie g\u00e9lida de las existencias burguesas con historias b\u00e1rbaras o descoyuntadas, Rohmer presentaba a sus personajes de clase media, incansablemente empe\u00f1ados en di\u00e1logos sobre problemas que estaban, m\u00e1s o menos, en la media de los nuestros, protagonizando tramas que discurr\u00edan sin grandes sobresaltos. Reconoc\u00eda la maestr\u00eda argumental y los temas sustanciosos, pero el tono y el ritmo en que se enunciaban me resultaba poco provocador.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Esta sorpresa inicial hizo que frecuentase su cine, durante alg\u00fan tiempo, de un modo distra\u00eddo, sin el apasionamiento que reservaba a mis favoritos. Pero cuando v\u00ed&nbsp;<em>Les nuits de la pleine lune<\/em>, cre\u00ed entender por qu\u00e9 hab\u00eda reincidido en \u00e9l, y me pareci\u00f3 que fructificaba algo que hab\u00eda dormido en m\u00ed mientras tanto.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Sin que la pel\u00edcula me pareciese mucho mejor que las suyas otras que conoc\u00eda, represent\u00f3 mi clave de acceso a lo que en Rohmer era distinto de cualquier otro cineasta. En primer lugar, los demorados di\u00e1logos, muchas veces mon\u00f3logos, de los personajes. Suele ser dif\u00edcil que el cine acepte un texto copioso sin caer en lo afectado o \u201cliterario\u201d. No era \u00e9ste el caso, sin embargo: aqu\u00ed los textos se pon\u00edan en boca de unos personajes que les daban poderosa sensaci\u00f3n de realidad, cuando en tantos otros directores s\u00f3lo un di\u00e1logo \u00e1gil salva a los personajes de su inverosimilitud. Pero, m\u00e1s all\u00e1, los di\u00e1logos llegaban a suplir la acci\u00f3n que los detractores de Rohmer echan en falta, emblematizada en aquella c\u00e9lebre frase seg\u00fan la cual en sus pel\u00edculas \u201cse puede ver crecer la hierba\u201d. Muchas veces no hab\u00eda m\u00e1s acci\u00f3n que esas palabras: el laberinto que iban construyendo los equ\u00edvocos, las mentiras cruzadas, las confesiones inesperadas, determinaba la trama misma. Escuchar atentamente, m\u00e1s que ver, las pel\u00edculas de Rohmer se convirti\u00f3 en un descubrimiento.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Poco a poco, iba entrando en su juego. No era \u00e9ste, el de la lentitud, el menor de sus atractivos. Despu\u00e9s de a\u00f1os de haber confiado mi suerte de espectador a zarandeos s\u00fabitos, aquella manera apacible de entrar en un nuevo mundo me resultaba incluso misteriosa, y por lo tanto apetecible. A ello ayudaba que Rohmer situara a sus personajes, una y otra vez, en situaciones sociales y morales muy parecidas, simples e identificables: se repet\u00edan las vacaciones, las casas junto al mar o en el campo, los adolescentes de belleza \u2013f\u00edsica y moral- a un tiempo cotidiana e incre\u00edble, los burgueses atrapados en su confort, los encuentros inesperados, las promesas incumplidas, la perplejidad de los personajes ante lo irreconciliable de sus deseos y sus existencias, de sus roles y sus sentimientos. Me sentaba a ver estas pel\u00edculas saboreando de antemano el reencuentro con los azares cuidadosamente dispuestos por el autor. Los giros concretos de cada historia no hac\u00edan sino aumentar el placer, nunca decepcionaban. Se ha relacionado en ocasiones el cine de Rohmer con la cl\u00e1sica comedia de enredo. Se puede aceptar la comparaci\u00f3n (y de hecho la anterior descripci\u00f3n la avalar\u00eda), siempre que a\u00f1adamos que el espectador, en lugar de verse arrastrado por el v\u00e9rtigo de la acci\u00f3n, puede llegar a dominar sus reglas, sus secretos, en parte gracias a la citada reiteraci\u00f3n de situaciones, y en parte a los propios comentarios de los personajes. De hecho, la verbosidad de \u00e9stos es lo que a nuestros ojos los traiciona muchas veces: la falta de coincidencia entre sus palabras y sus acciones, o simplemente la incoherencia de sus argumentos. Podemos comprender de cabo a rabo lo inconsecuente del existir.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Satisfacci\u00f3n de abarcar un cosmos. Complicidad en la mirada. Tal era el estado en que me dejaba Rohmer entonces. La cotidianeidad de sus pel\u00edculas hac\u00eda el efecto contrario al de cualquier evasi\u00f3n anterior: no me refugiaba en su recuerdo, sino que lo actualizaba en mi vida. Tanto era as\u00ed, que las mismas observaciones que a veces dejaba caer alguien, o yo mismo, en una conversaci\u00f3n sobre terceras personas, de las que se suele hablar con un desapego y una perspicacia que rayan frecuentemente en la crueldad, me parec\u00edan adecuadas a algunas situaciones rohmerianas. Es m\u00e1s: en la agudeza desarrollada en tales comentarios, me identificaba con un punto de vista de sus pel\u00edculas. \u00bfEn qu\u00e9 consist\u00eda tal punto de vista? Se me apareci\u00f3, como por casualidad, cuando v\u00ed<em>&nbsp;Le genou de Claire.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Se trata de la escena central de la pel\u00edcula, el momento en que el protagonista, Jerome, \u201cconsigue\u201d acariciar por fin el objeto de su fetichismo largamente insatisfecho. En una tarde de lluvia, Jerome y Claire, que navegaban por el lago, atracan en la orilla y se refugian en una caseta aislada. A Jerome, hombre de mediana edad fascinado por las adolescentes en general y por \u00e9sta en particular, el di\u00e1logo le viene como anillo al dedo para explicar a la muchacha una supuesta infidelidad de su novio, que la hace estallar en llanto. Mientras ella llora desconsoladamente, el&nbsp;<em>vieux salaud<\/em>&nbsp;pone su mano sobre la rodilla de la chica y la acaricia lentamente. Aquello dura uno o dos minutos de una tensi\u00f3n que me pareci\u00f3 inusitadamente violenta. El silencio de los personajes, acompa\u00f1ado del sonido de la lluvia y del llanto hiposo, lamentable, de Claire, es denso, cargado de algo distinto. No s\u00e9 si para aligerar ese peso, o por inercia estil\u00edstica, Rohmer a\u00f1adi\u00f3 a continuaci\u00f3n un mon\u00f3logo de Jerome que recapitula y filosofa sobre lo sucedido aquella tarde.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Tras el choque, cuando tuve que definirme lo distintivo de esa escena, conclu\u00ed que era la presencia inquietante de la mirada. Detener la fluencia amable del di\u00e1logo y del costumbrismo m\u00e1s o menos c\u00f3mico de las situaciones, significaba poner quiz\u00e1 por \u00fanica vez al espectador ante lo que se obvia en el resto de la obra de Rohmer: el mir\u00f3n en que nos convierte el tipo de situaci\u00f3n y de personajes que se nos ofrecen, verdaderos, identificables, cotidianos. Mir\u00f3n afable, por lo general. Pero ya no tanto cuando lo mirado es inquietante, como lo era all\u00ed.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Entonces una incomodidad creciente sustituy\u00f3 mi anterior sensaci\u00f3n de complicidad. M\u00e1s inc\u00f3modo cuanto m\u00e1s descubr\u00eda que mi condici\u00f3n de c\u00f3mplice iba inexorablemente ligada a una cierta suficiencia, a una infatuaci\u00f3n de la mirada, del mismo modo que uno se siente a gusto cuando chismorrea sobre terceros, tanto por la hermandad de perspicaces que establece con los contertulios, como por la superioridad sobre el personaje espiado que comparte con ellos. En definitiva: no me causaba rabia y tristeza Jerome, sino yo vi\u00e9ndolo a trav\u00e9s de Rohmer.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Un tiempo m\u00e1s tarde, me contaron una an\u00e9cdota que se me revel\u00f3 adecuada a esta situaci\u00f3n. Un d\u00eda de verano, dos estudiantes en vacaciones, chico y chica, se sentaron a tomar una cerveza. Empezaron a hablar de su \u00faltima lectura:&nbsp;<em>Crimen y castigo<\/em>. Muy dostoievskianamente, se apasionaron en la discusi\u00f3n, ajenos al mundo que les rodeaba. Cuando, tras un buen rato, se acercaron a la barra para pagar, el camarero les inform\u00f3 de que alguien hab\u00eda pagado sus consumiciones. \u00bfQui\u00e9n?: un se\u00f1or que hab\u00eda estado sentado en una mesa cercana. Tras la sorpresa inicial, les embarg\u00f3 una s\u00fabita verg\u00fcenza que enseguida se convirti\u00f3 en ira: las de saber que hab\u00edan sido contemplados con ir\u00f3nica condescendencia por alguien que, sin pedir permiso, se hab\u00eda colado en su historia. Lo imaginaron: un&nbsp;<em>vieux salaud<\/em>. De alguna manera, se sintieron violados. Para ser m\u00e1s precisos, de una manera tan leve y tan aleve, que ni siquiera les permit\u00eda la queja o la respuesta.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Entonces entend\u00ed qu\u00e9 quer\u00edan decir ciertos comentaristas de Rohmer cuando afirmaban que en sus pel\u00edculas se pon\u00eda a un lado, se dejaba ver al trasluz, magnificaba su callada presencia. Nunca hubiera esperado una presencia tan poco reconfortante en quien, un tiempo antes, tanto me hab\u00eda reconfortado. Y ello me hizo desplegar una irritaci\u00f3n retrospectiva: me sent\u00ed de alguna manera enga\u00f1ado, estafado. Sent\u00ed que, de hecho, todos los espectadores de Rohmer lo estaban siendo. A menos que fueran unos c\u00ednicos redomados. \u00bfC\u00f3mo pod\u00edan reiterar su admiraci\u00f3n ante una obra que les hac\u00eda entra\u00f1able el propio desprecio ante la miseria moral, la tonter\u00eda, la ceguera humana?<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Este amargo distanciamiento, este despu\u00e9s-de-la-fiebre-del-oro, es seguramente aplicable a muchos de los directores, y tambi\u00e9n a muchas de las cosas de la vida, que m\u00e1s nos han complacido en alg\u00fan momento. Pero me gustar\u00eda incidir aqu\u00ed, no en el desenga\u00f1o del espectador trasquilado que reclama su dinero por algo que, de hecho, en su momento le hizo disfrutar, sino en las posibilidades que m\u00e1s tarde me abri\u00f3 esta decepci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Porque a\u00fan hemos dejado una pregunta abierta: \u00bfpor qui\u00e9n se sentir\u00eda estafado el espectador, en realidad? \u00bfPor Eric Rohmer, sea lo que sea que signifique eso? No: \u00e9l nos da su mirada y, si mi interpretaci\u00f3n de la escena de la rodilla no es descabellada, tambi\u00e9n su negativo, o su ant\u00eddoto. De cada uno depende saberlo tomar. M\u00e1s bien habr\u00eda que sentirse, entonces, cara a cara con la propia estupidez; la de quien ans\u00eda compartir su selecta superioridad moral con alguien, a su vez selecto y superior, y no se da cuenta de que \u00e9sa, la de creerse superior, es la bajeza m\u00e1s vulgar del mundo. Tal vez es \u00e9sta la verdadera cara del Rohmer \u201cmoralista\u201d, que no hab\u00edamos cre\u00eddo poder ver nunca.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La \u201cmoral\u201d de sus cuentos, sin embargo, no tiene origen en el escepticismo sobre la condici\u00f3n humana (Sloterdijk ha escrito que \u201cse llama moralista a aquel hombre que pone en duda la capacidad humana de comportamiento moral\u201d), que ser\u00eda la marca del moralista cl\u00e1sico, sino m\u00e1s bien en una iron\u00eda sobre las ilusiones morales, o sobre la moral como ilusi\u00f3n. En este sentido, Rohmer viene a ser un perfecto representante del moralista contempor\u00e1neo, o nihilista.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Algo parecido ocurre con el progreso de la decepci\u00f3n, que se me antoja el hilo conductor de la pr\u00e1ctica totalidad de sus historias: que al final de cada pel\u00edcula los personajes no consigan lo que con tanta intensidad, insistencia o locura quer\u00edan, que sus propios deseos los confundan hasta el rid\u00edculo, llega a ser lo de menos. No los vemos, al acabar el relato, m\u00e1s sabios o distantes de s\u00ed mismos que al principio: no hay en absoluto aprendizaje del desencanto en los personajes rohmerianos. Es m\u00e1s profundo el apego a la peque\u00f1ez de su mundo y de ellos mismos: porque lo comparten con nosotros. Hay un movimiento de iron\u00eda, cuando con displicente arqueo de cejas les vemos estrellarse; hay otro de empat\u00eda inevitable al recordarlos como a vagos conocidos de nuestro entorno. Y de ello resulta que las experiencias de tales personajes sean realmente decepcionantes: no s\u00f3lo, y sobre todo no en especial, para ellos mismos, sino m\u00e1s bien para el espectador, que despu\u00e9s de haberse encari\u00f1ado durante largo tiempo con sus leves historietas, descubre que ese cari\u00f1o tambi\u00e9n lo era hacia la propia insignificancia. Y que tras \u00e9l, tal vez, no lat\u00eda m\u00e1s que el miedo a la otra cosa: a afrontarla como muerte. Por cierto, la muerte no suele aparecer como motivo argumental en las pel\u00edculas de Rohmer. Al trasluz, posiblemente nos dejar\u00eda ver su filigrana por todas partes.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El final de este itinerario me lleva a proponer una lectura distinta de su cine. \u00c9sta podr\u00eda llamarse \u201cpositiva\u201d, como dir\u00eda un libro de autoayuda, o \u201cdial\u00e9ctica\u201d, como dir\u00eda un hegeliano. Verse en el espejo de la estulticia ya es un primer paso para no caer, al menos tan a menudo, en ella. O: la mera autoconciencia nos mejora. He preferido, para no salir del campo del arte, un viejo t\u00e9rmino de la po\u00e9tica aristot\u00e9lica: catarsis. S\u00f3lo que aqu\u00e9lla era inmediata y convulsiva. La de Rohmer, dilatada y tenue. No menos dura, sin embargo, y tal vez m\u00e1s duradera.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Al Bert V\u00ed mis primeras pel\u00edculas de Eric Rohmer a una edad en que, de cualquier autor que se alejara&#8230;<\/p>\n","protected":false},"author":13,"featured_media":8235,"parent":8018,"menu_order":40,"comment_status":"open","ping_status":"closed","template":"","meta":{"footnotes":""},"class_list":["post-8582","page","type-page","status-publish","has-post-thumbnail","hentry"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.ub.edu\/las_nubes\/elnubarron\/wp-json\/wp\/v2\/pages\/8582","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.ub.edu\/las_nubes\/elnubarron\/wp-json\/wp\/v2\/pages"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.ub.edu\/las_nubes\/elnubarron\/wp-json\/wp\/v2\/types\/page"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.ub.edu\/las_nubes\/elnubarron\/wp-json\/wp\/v2\/users\/13"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.ub.edu\/las_nubes\/elnubarron\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=8582"}],"version-history":[{"count":2,"href":"https:\/\/www.ub.edu\/las_nubes\/elnubarron\/wp-json\/wp\/v2\/pages\/8582\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":8585,"href":"https:\/\/www.ub.edu\/las_nubes\/elnubarron\/wp-json\/wp\/v2\/pages\/8582\/revisions\/8585"}],"up":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.ub.edu\/las_nubes\/elnubarron\/wp-json\/wp\/v2\/pages\/8018"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.ub.edu\/las_nubes\/elnubarron\/wp-json\/wp\/v2\/media\/8235"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.ub.edu\/las_nubes\/elnubarron\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=8582"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}