{"id":9645,"date":"2023-04-24T15:11:02","date_gmt":"2023-04-24T13:11:02","guid":{"rendered":"http:\/\/www.ub.edu\/las_nubes\/elnubarron\/?page_id=9645"},"modified":"2023-04-24T15:27:38","modified_gmt":"2023-04-24T13:27:38","slug":"media-verguenza","status":"publish","type":"page","link":"https:\/\/www.ub.edu\/las_nubes\/elnubarron\/archivo\/27-a-proposito-del-perro-diogenes-y-su-secta\/media-verguenza\/","title":{"rendered":"Media verg\u00fcenza"},"content":{"rendered":"\n<p class=\"has-text-align-left has-luminous-vivid-orange-color has-text-color wp-block-paragraph\" style=\"font-size:24px\"><strong>JORDI VERNIS<\/strong><\/p>\n\n\n\n<div class=\"wp-block-columns is-layout-flex wp-container-core-columns-is-layout-8f761849 wp-block-columns-is-layout-flex\">\n<div class=\"wp-block-column is-layout-flow wp-block-column-is-layout-flow\" style=\"flex-basis:55%\"><div class=\"wp-block-image\">\n<figure class=\"alignleft size-full\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"1000\" height=\"775\" src=\"https:\/\/www.ub.edu\/las_nubes\/elnubarron\/wp-content\/uploads\/ribera-susana-y-viejos-san-diego.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-9636\" srcset=\"https:\/\/www.ub.edu\/las_nubes\/elnubarron\/wp-content\/uploads\/ribera-susana-y-viejos-san-diego.jpg 1000w, https:\/\/www.ub.edu\/las_nubes\/elnubarron\/wp-content\/uploads\/ribera-susana-y-viejos-san-diego-100x78.jpg 100w, https:\/\/www.ub.edu\/las_nubes\/elnubarron\/wp-content\/uploads\/ribera-susana-y-viejos-san-diego-768x595.jpg 768w\" sizes=\"auto, (max-width: 1000px) 100vw, 1000px\" \/><figcaption class=\"wp-element-caption\"><strong>DESCARGAR ART\u00cdCULO<\/strong><\/figcaption><\/figure>\n<\/div><\/div>\n\n\n\n<div class=\"wp-block-column is-layout-flow wp-block-column-is-layout-flow\" style=\"flex-basis:45%\">\n<div style=\"height:37px\" aria-hidden=\"true\" class=\"wp-block-spacer\"><\/div>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-right wp-block-paragraph\" style=\"font-size:15px\">Quer\u00eda demostrar que a menudo las palabras<br>se comprenden mejor a ellas mismas<br>que quienes las usan<br><em>F. Schlegel<\/em><br><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><em> <\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-right has-small-font-size wp-block-paragraph\"><\/p>\n<\/div>\n<\/div>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Volv\u00ed a hacerlo. No hay manera. Es una tentaci\u00f3n autom\u00e1tica, vulgar. La de buscar en la hemeroteca un primer rastro que explique algo. Ese primer precedente que, como una mirada pr\u00edstina, originaria, saque algo en claro. Pero esa atracci\u00f3n por el pasado funcion\u00f3 de nuevo y los resultados fueron apareciendo: eso de la \u201cimpostura\u201d&#8230; \u00bfA qu\u00e9 hace referencia esa palabra?<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">No, no me refiero a su significado. Ya se ha abusado demasiado de \u00e9l. Sino m\u00e1s bien \u00bfA qui\u00e9n hace referencia? \u00bfCu\u00e1l es su historia social reciente? Y me encontr\u00e9 con la entrevista. Una primera entrevista, que saque algo en claro. Es ese tipo de entrevistas tramposas. Son m\u00e1s la imagen de una entrevista que una entrevista como tal. Y precisamente esa conversaci\u00f3n va de im\u00e1genes. Le preguntan a Joan Fontcuberta (Barcelona, 1955):&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong>\u00bfQu\u00e9 m\u00e1s comprendi\u00f3?<br><\/strong>Que por eso la c\u00e1mara fotogr\u00e1fica es un instrumento autoritario: \u00a1crea realidad!<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong>\u00bfY se puso usted tambi\u00e9n a crearla?<br><\/strong>La fotograf\u00eda transmite sensaci\u00f3n de certeza: pod\u00eda usarla \u00a1para desvelar la impostura!<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong>Para desvelar que todo es mentira.<br><\/strong>Para demostrar c\u00f3mo miente la c\u00e1mara, c\u00f3mo la ficci\u00f3n hace comprensible la realidad.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La realidad creada por las im\u00e1genes habla m\u00e1s de las im\u00e1genes que de otra cosa. No queda ninguna realidad, entonces. Y le preguntaron al artista y te\u00f3rico de la post-fotograf\u00eda \u00bfpara qu\u00e9 serv\u00edan, pues, las capturas que forman un imaginario com\u00fan de momentos que marcaron el mundo? \u201cComo hizo Daguerre, seguramente son fotos manipuladas para que resulten m\u00e1s \u201creales\u201d&#8230; y as\u00ed ser m\u00e1s eficaces como propaganda en vez de un mero testimonio\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">En el fondo lo que hace la propuesta de Fontcuberta es recrear la lectura que, en tanto fen\u00f3meno que explora la reflexi\u00f3n, se hizo de la filosof\u00eda de Fichte en la \u00e9poca en que el fil\u00f3sofo alem\u00e1n ense\u00f1aba en Jena: el sujeto que conoce siempre conoce en c\u00edrculos. Volviendo a s\u00ed mismo. Porque el objeto de conocimiento es comprendido siguiendo una serie de movimientos que hablan tanto o m\u00e1s de quien conoce que de lo se est\u00e1 conociendo.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">No cabe, entonces, seguir apostando por la independencia del objeto. La impostura de la que habla Fontcuberta no es, entonces, solo una ficci\u00f3n. Es tambi\u00e9n algo ligado a la desverg\u00fcenza y quiz\u00e1s al cinismo. Su serie fotogr\u00e1fica <em>Sputnik<\/em> (1997) intentaba crear una ficci\u00f3n: la creaci\u00f3n de una serie de im\u00e1genes que le mostraban a \u00e9l como un cosmonauta perdido en el espacio. Todas ellas formaban un relato: las autoridades sovi\u00e9ticas habr\u00edan borrado su existencia en la controvertida carrera del espacio con Estados Unidos. Es f\u00e1cil, entonces, crear la impresi\u00f3n de que todo lo que vemos corresponde a una manipulaci\u00f3n. A una impostura.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Enric Marco, <em>Marbot<\/em> de Wolfgang Hildesheimer, los personajes de Enrique Vila-Matas o Fr\u00e9d\u00e9ric Bourdin: la figura del impostor sigue seduciendo a todos. Excepto a m\u00ed. A m\u00ed no me interesan los impostores -no por ninguna animadversi\u00f3n. Al contrario, me gustan y les admiro-. No, a m\u00ed me interesan los desvergonzados. Y la impostura, adem\u00e1s de con el enga\u00f1o, tiene que ver con la desverg\u00fcenza: con lo c\u00ednico y manipulador.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">II<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Odiada por Hegel y por Schiller, acusada de libertina y c\u00ednica, <em>Lucinde<\/em> (1800) fue la primera y \u00fanica novela de Friedrich Schlegel (1772-1829). Una historia sobre la sexualidad entre Julius y Lucinde, su amante, con escenas er\u00f3ticas expl\u00edcitas que, sin embargo, no llegaban a perturbar el sentido del texto hasta convertirla en material para adultos. Un detalle que nunca pasa por alto en las numerosas rese\u00f1as de la obra, pues&nbsp; \u201cLo que result\u00f3 escandaloso fue que todo el mundo supiera que la novela era autobiogr\u00e1fica\u201d. En efecto, Julius y Lucinde pod\u00edan interpretarse como la trasposici\u00f3n de Fridrich Schegel y de su pareja Dorothea Veit. M\u00e1s all\u00e1 de esto:<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Lucinde era una celebraci\u00f3n del amor sexual, espiritual e intelectual entre hombres y mujeres como compa\u00f1eros iguales. Los hombres y las mujeres eran tan iguales como los \u201cp\u00e9talos de una sola flor\u201d, escribi\u00f3, un sentimiento que contradec\u00eda radicalmente la imagen predominante que se ten\u00eda de las mujeres (&#8230;) en su opini\u00f3n, el fuerte empe\u00f1o que la sociedad ten\u00eda en se\u00f1alar las diferencias entre hombres y mujeres era el origen de los \u201cobst\u00e1culos m\u00e1s peligrosos para la humanidad\u201d<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><em>Lucinde<\/em> fue, entonces, un acto de desverg\u00fcenza y, al mismo tiempo, un desaf\u00edo a las convenciones sociales de la \u00e9poca que la vio publicarse. En su propuesta, Schlegel muestra una racionalidad que se anula a s\u00ed misma para convertirse en otra cosa, o en distintas cosas. Esa <em>Nouvelle<\/em> es una mezcla entre prosa, poes\u00eda, cartas, aforismos y especulaci\u00f3n filos\u00f3fica. Un texto fragmentario y arbitrario. Vac\u00edo, hasta cierto punto. Schlegel jugaba con los l\u00edmites de cada g\u00e9nero literario igual que Fontcuberta jugaba con los l\u00edmites de la verosimilitud en la imagen-documento que es la fotograf\u00eda.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Jugar, ese es un t\u00e9rmino adecuado. La capacidad de manipulaci\u00f3n es algo inherente al dominio de un juego. Eso es lo que caracteriza, por ejemplo a Don Giovanni: juega con todas sus conquistas de tal modo que no se compromete con ninguna. Despliega una l\u00f3gica de la conquista donde lo importante es conquistar, no lo conquistado. Es una variante del t\u00f3pico que se cre\u00f3 sobre la \u00e9tica y la l\u00f3gica de Fichte: lo que importa es el desarrollo mediante el cual el sujeto cumple con el deber, no el contenido material de cada conflicto \u00e9tico al que se enfrenta.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Como seguidor de Fichte, Schlegel desarrollar\u00e1 una l\u00f3gica similar con su concepto de iron\u00eda: el creador debe tomar distancia del objeto de creaci\u00f3n, no comprometerse con \u00e9l. Jugar con \u00e9l\u2026para as\u00ed dominarlo por entero.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">En \u00faltima instancia, lo que est\u00e1 en juego en el concepto de iron\u00eda de Schlegel es la capacidad de negaci\u00f3n y manipulaci\u00f3n del objeto. Bien sea ese objeto un contenido concreto o lo meramente formal. De ah\u00ed que Schlegel pueda decir, en <em>Sobre la incomprensibilidad<\/em>, que a menudo las palabras se comprenden mejor a ellas mismas que a quienes las usan. Como las im\u00e1genes. No soy yo quien lo asegura, sino el mismo Fontcuberta, quien declara que \u201cCada vez m\u00e1s, la c\u00e1mara se gu\u00eda por designios que no controlamos los humanos\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Esa negaci\u00f3n -de las buenas costumbres, pero tambi\u00e9n de lo comprensible- no tiene ya en s\u00ed y por s\u00ed un v\u00ednculo con su destrucci\u00f3n? \u00bfLa negaci\u00f3n de las formas morales establecidas y de su sentido, no es algo compartido con la doctrina de los c\u00ednicos? \u00bfNo llevar\u00eda acaso el cinismo, bien en su acepci\u00f3n vulgar o bien en una propuesta vital pr\u00f3xima a la de Ar\u00edstines y Di\u00f3genes, a una l\u00f3gica de la destrucci\u00f3n?<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">III<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Nikol\u00e1i Vsevolodovich sac\u00f3 a madame Lip\u00fatina, una se\u00f1ora extraordinariamente atractiva que se sent\u00eda muy cohibida a su lado; bailaron dos rondas juntos, despu\u00e9s de lo cual Nikol\u00e1i Vs\u00e9volodovich se sent\u00f3 a su lado, charlando con ella, haci\u00e9ndola re\u00edr. Por fin, tras comentarle lo guapa que estaba cada vez que se re\u00eda, a la vista de todos los invitados, la agarr\u00f3se repente por la cintura y la bes\u00f3 en los labios dos o tres veces, con gran deleite. La pobre mujer, aterrada, se desvaneci\u00f3. Nikol\u00e1i Vs\u00e9volodovich cogi\u00f3 su sombrero, se acerc\u00f3 al marido, que se hab\u00eda quedado de piedra en medio del revuelo general, lo mir\u00f3 desconcertado y, tras farfullar: \u201cNo se enfade\u201d, sali\u00f3.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Nikol\u00e1i Vsevolodovich es uno de los personajes m\u00e1s atractivos de Dostoievski (1821-1881). Es uno de los protagonistas de <em>Los demonios<\/em> (1871-72), una novela que pretende criticar los movimientos revolucionarios y nihilistas que aparecen en Rusia en la d\u00e9cada de 1860. Concretamente estudiantes influidos por las inquietudes socialistas provenientes de Europa y que producen un gran impacto en el pa\u00eds, hasta el punto en que el propio Dostoievski perteneci\u00f3 a un grupo radical (el C\u00edrculo Petrashevski).&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Entre el gamberro y el loco, Nikol\u00e1i consume el anhelo destructivo que se proyecta sobre el radicalismo pol\u00edtico. Es ir\u00f3nico e imprevisible. Y desvergonzado, claro, capaz de saltarse los m\u00ednimos elementos de civilidad. Dostoievski siempre estuvo interesado en este tipo de personajes, un nexo entre desverg\u00fcenza, poder y destrucci\u00f3n. En su <em>Cr\u00edtica de la Raz\u00f3n C\u00ednica<\/em>, Peter Sloterdijk (Karlsruhe, 1947) menciona al Gran Inquisidor (narraci\u00f3n inclu\u00edda en los <em>Hermanos Karamazov<\/em>) de Dostoievski como un ejemplo de cinismo. La narraci\u00f3n nos sit\u00faa ante una Europa descre\u00edda y renegada del Cristianismo, que ser\u00eda capaz de arrestar al propio Mes\u00edas si \u00e9ste apareciera de nuevo en un ensayo de la Segunda Venida. El mundo solo obedece al Gran Inquisidor, quien le captura. Su piller\u00eda y atrevimiento son notables: \u201cCuando te dijeron, por mofa: \u201c\u00a1Baja de la cruz y creeremos en ti!\u201d, no bajaste\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Oye, pues: no estamos contigo, estamos con&nbsp; \u00c9l&#8230; ; nuestro secreto es \u00e9se. Hace mucho tiempo \u2014 \u00a1ocho siglos! \u2014 que no estamos contigo, sino con \u00c9l. Hace ocho siglos&nbsp; que recibimos de \u00c9l el don que t\u00fa, cuando te tent\u00f3 por tercera vez mostr\u00e1ndote todos los reinos de la tierra, rechazaste indignado; nosotros aceptamos y, due\u00f1os de Roma y la espada de C\u00e9sar, nos declaramos los amos del mundo.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El cinismo de la escuela de Di\u00f3genes el C\u00ednico era una mejor opci\u00f3n que el cinismo derivado de la conciencia nihilista actual. Mejor que la actitud desesperanzada y ag\u00f3nica de que, desde la Modernidad, opta por fruncir el ce\u00f1o mientras observa todo desde la ventana. Parte de la filosof\u00eda contempor\u00e1nea, para Sloterdijk, parece haberse sumido en una especie de cinismo que, sin embargo, es resentimiento intelectual. Algo que parece articularse tambi\u00e9n en la historia de Dostoievski: \u201cTodos los millones de seres humanos ser\u00e1n as\u00ed, felices, salvo unos cien mil, salvo nosotros, los depositarios del secreto. Porque nosotros seremos desgraciados\u201d.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Mejor la desverg\u00fcenza que la desesperanza. La desverg\u00fcenza es, como hemos visto, la destrucci\u00f3n de las formas. La destrucci\u00f3n de las determinaciones por un lado, pero tambi\u00e9n la destrucci\u00f3n del otro.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La jovial destrucci\u00f3n que opera en Schlegel y en el Don Giovanni de Mozart es nihilismo del mismo modo que las extravagancias del joven Nikol\u00e1i Vs\u00e9volodovich antes de abandonarse a la espiral de terror. La diferencia, quiz\u00e1s, es que en todos ellos hay a\u00fan un v\u00ednculo con lo real. Schlegel sigue a Fichte, para quien toda filosof\u00eda ten\u00eda que desembocar en lo pr\u00e1ctico, en la intervenci\u00f3n en la realidad. <em>Lucinde<\/em>, la trasposici\u00f3n de la iron\u00eda -y el cinismo- a lo carnal, quiz\u00e1s es buena prueba de eso. En Don Giovanni y en Nikol\u00e1i la picard\u00eda est\u00e1 ligada al impacto de lo inadecuado, en la falta al respeto y al honor.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El \u00fanico cinismo (la \u00fanica impostura) soportable es el que para despreciar el mundo nos pide ser mundanos. Aqu\u00e9l que, ante la destrucci\u00f3n de lo que hay, nos pide antes que disfrutemos -o que intervengamos, manipulemos, poseamos &#8211; una porci\u00f3n de \u00e9l. Que ante lo vergonzoso de un mundo sin fines, incomprensible, no nos paralice totalmente la verg\u00fcenza. Sino s\u00f3lo a medias.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Medio mundo, media verg\u00fcenza.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong>Bibliograf\u00eda<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">ALIAGA, X.; 18\/11\/2022. <em>Cada vegada m\u00e9s, la c\u00e0mera es guia per designis que no controlem els humans<\/em>. El Temps.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">AMELA, V. 05\/04\/2013. <em>El fot\u00f3grafo es el ciego perfecto<\/em>, La Vanguardia.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">DOSTOIEVSKY, F.; <em>El gran inquisidor<\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">DOSTOIEVSKY, F.; <em>Los demonios. <\/em>Traducci\u00f3n de Fernando Otero. Alba editorial. Barcelona, 2020.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">SCHLEGEL, F.; <em>Fragmentos, seguido de Sobre la Incomprensibilidad<\/em>. Traducci\u00f3n y notas de Pere Pajerols. Marbot Ediciones. Barcelona, 2009.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">WULF, A.; Magn\u00edficos rebeldes: <em>Los primeros rom\u00e1nticos y la construcci\u00f3n del Yo<\/em>. Traducci\u00f3n de Abraham Gragera L\u00f3pez. Penguin Random House Grupo Editorial. Barcelona, 2022.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>JORDI VERNIS Quer\u00eda demostrar que a menudo las palabrasse comprenden mejor a ellas mismasque quienes las usanF. 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