{"id":1793,"date":"2013-07-25T00:00:24","date_gmt":"2013-07-24T22:00:24","guid":{"rendered":"http:\/\/www.ub.edu\/las_nubes\/elnubarron\/?p=1793"},"modified":"2013-07-25T20:59:26","modified_gmt":"2013-07-25T18:59:26","slug":"yannuzzi_inefable","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.ub.edu\/las_nubes\/elnubarron\/2013\/07\/25\/yannuzzi_inefable\/","title":{"rendered":"INEFABLE"},"content":{"rendered":"<p>Los actos de habla abocados al entendimiento no tienen absolutamente nada que ver con los elementos locucionarios. M\u00e1s que la manida refutaci\u00f3n a la situaci\u00f3n ideal de di\u00e1logo que plantea Habermas (Cfr. 1987, I:357), la aut\u00e9ntica invenci\u00f3n de <em>Teor\u00eda de la acci\u00f3n comunicativa<\/em> es fundamentar en el lenguaje la comprensi\u00f3n. La imagen es tan absurda, como atribuir al tejido ocular nuestra capacidad de asociaci\u00f3n entre objetos de un mismo color.<\/p>\n<p>La perspectiva de Austin es v\u00e1lida, porque en su obra s\u00f3lo se pretende describir la comunicaci\u00f3n (1971:56), por tanto los elementos locucionarios, ilocucionarios y perlocucionarios son estadios de toda forma de expresi\u00f3n hablada, escrita o representada entre dos o m\u00e1s sujetos; pero que los hablantes comprendan, o tan siquiera entiendan el mensaje no afecta a la descripci\u00f3n del proceso.<\/p>\n<p>El terrible fallo es trasladar esas categor\u00edas formales de los soci\u00f3logos del lenguaje a condiciones necesarias y suficientes para la comprensi\u00f3n del otro. Es de una ingenuidad supina afirmar:<\/p>\n<blockquote><p>S\u00f3lo los actos de habla a los que el hablante vincula una pretensi\u00f3n de validez susceptible de cr\u00edtica tienen, por as\u00ed decirlo, por su propia fuerza, esto es, merced a la base de validez de una comunicaci\u00f3n ling\u00fc\u00edstica tendiente de por s\u00ed al entendimiento, la capacidad de mover al oyente a la aceptaci\u00f3n de la oferta que un acto de habla entra\u00f1a (Habermas, 1987, I: 390)<\/p><\/blockquote>\n<p>\u00bfEn cu\u00e1ntos casos de nuestra vida cotidiana se nos presentan las condiciones de \u201cverdad, rectitud y veracidad\u201d y, sin embargo, la comprensi\u00f3n se diluye por cauces inexpugnables?<\/p>\n<p>Entender lo que se nos quiere decir s\u00f3lo est\u00e1 sujeto a la m\u00e1s misteriosa, m\u00e1gica e incomprensible ausencia del lenguaje. Cuando los elementos elididos son m\u00e1s, cuando uno expresa menos, no por vaguedad, sino por identidad con el otro, entonces la comprensi\u00f3n aparece.<\/p>\n<p>\u201cNo hicieron falta las palabras&#8230;\u201d es una colocaci\u00f3n ling\u00fc\u00edstica que expresa esa comprensi\u00f3n mutua sin mediaci\u00f3n de elementos locucionarios. O \u201ca buen entendedor pocas palabras bastan\u201d, tambi\u00e9n sirve para ejemplificar ese fen\u00f3meno. Si lo queremos enunciar en forma de paradoja: nada comunica peor que el lenguaje.<\/p>\n<p>La connotaci\u00f3n de los t\u00e9rminos y su uso resultan tan equ\u00edvocos en la evoluci\u00f3n normal del lenguaje, que pocas veces logramos estructurar y unificar nuestro discurso con la intenci\u00f3n de lo que queremos transmitir.<\/p>\n<p>Como en los juegos de revistas de entretenimiento o las actividades de los malos profesores de idiomas, la comprensi\u00f3n surge cuando el emisor adivina o colige correctamente la palabra que uno ha dejado en el peque\u00f1o hueco que hay entre lo que ha dicho y lo que quiere transmitir.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Los actos de habla abocados al entendimiento no tienen absolutamente nada que ver con los elementos locucionarios. 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