{"id":3729,"date":"2014-09-12T15:19:38","date_gmt":"2014-09-12T13:19:38","guid":{"rendered":"http:\/\/www.ub.edu\/las_nubes\/elnubarron\/?p=3729"},"modified":"2021-06-04T12:36:41","modified_gmt":"2021-06-04T10:36:41","slug":"lynch_exilio-2","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.ub.edu\/las_nubes\/elnubarron\/2014\/09\/12\/lynch_exilio-2\/","title":{"rendered":"EXILIO (II)"},"content":{"rendered":"<p>El autom\u00f3vil se desplaza sin contratiempos por la Avenida del Trabajo en direcci\u00f3n al aeropuerto de Ezeyza. El d\u00eda est\u00e1 nublado. Por la ventanilla se ven peque\u00f1as parcelas del paisaje porte\u00f1o, f\u00e1bricas y talleres entre grandes descampados salpicados de carteles con publicidad de bebidas, vallas con marcas de detergentes y una, muy grande, que anuncia los amortiguadores Wobron. El due\u00f1o de esa f\u00e1brica se llama Jos\u00e9 Broner, es el jefe de la corporaci\u00f3n de empresas afines al peronismo: \u00bfqui\u00e9n ser\u00e1 el socio al que corresponde el Wo- de la sigla?<\/p>\n<p>Ha visto ese mismo paisaje muchas veces y parece siempre el mismo, como si se tratase de un decorado puesto all\u00ed a prop\u00f3sito para los que viajan. Buenos Aires demuestra que es arqueol\u00f3gica porque casi no cambia; en esto se parece a los desiertos, que tampoco cambian. Por otra parte solo hay una ruta de acceso a Ezeyza, as\u00ed que no importa cu\u00e1ndo, siempre tiene \u00e9l la misma impresi\u00f3n: tanto si es \u00e9l quien se va de viaje como si va a recibir a alguien, esas im\u00e1genes que se deslizan a ambos lados de la avenida del Trabajo trazan un corte en el tiempo y se le representan como signos de que algo muy importante, feliz u ominoso, va a tener lugar.<\/p>\n<p>Al llegar a la autopista que conduce directamente al aeropuerto, a la derecha ve asomarse un cuartel de la Polic\u00eda Montada que resalta, impecable, en medio del desorden habitual de la vida urbana porte\u00f1a. Como todos los cuarteles argentinos, este tambi\u00e9n tiene un aire como de fortaleza anticuada, semejante a un fort\u00edn de los tiempos de la guerra contra el indio, con sus muros de blanco encalado, los canteros bien se\u00f1alados y los pabellones de la guarnici\u00f3n casi siempre desiertos; y una especie de mangrullo que seguro es un resabio de la arquitectura militar del siglo XIX y que ya no sirve para nada. Rara vez se ve a alguien caminando por el cuartel. Lo que m\u00e1s llama la atenci\u00f3n son unos letreros de grandes proporciones, visibles desde la carretera, que ense\u00f1an la silueta de un hombre en posici\u00f3n de tiro y advierten, por si acaso a alg\u00fan desprevenido no le hubiese quedado claro:<\/p>\n<p>NO SE DETENGA. EL CENTINELA ABRIR\u00c1 FUEGO.<\/p>\n<p>A \u00e9l esa determinaci\u00f3n anunciada de modo tan directo y tan literal le parece algo valiente.<\/p>\n<p>En el coche viajan tres: \u00e9l, que mantiene una reserva inusitada, serena y silenciosa y algo resignada tambi\u00e9n; su madre, con las facciones crispadas por la angustia; y el ch\u00f3fer de su padre, suboficial retirado de la Marina, que conduce el Ford Falcon sin movimientos bruscos, con la mano izquierda aferrada al volante y la derecha apoyada sobre la palanca de cambios que, en ese modelo de Ford todav\u00eda est\u00e1 acoplada a la barra de la direcci\u00f3n. El auto \u2013lo mismo que el cuartel de la Polic\u00eda Montada\u2013 est\u00e1 limpio e impecable, tanto por dentro como por fuera. La cabina huele al consabido ambientador con un fuerte aroma de pino. (\u201cUf, qu\u00e9 olor a amueblada\u201d, fue el comentario que hizo un d\u00eda su hermano menor al entrar al coche, con la clara intenci\u00f3n de agredir al ch\u00f3fer. \u00c9l y sus hermanos est\u00e1n habituados a dar y recibir ese tipo de frases punzantes que suenan a los o\u00eddos de los dem\u00e1s como pu\u00f1etazos en plena cara, pero su hermano, adem\u00e1s, desde muy peque\u00f1o detest\u00f3 al personal de servicio, cualquiera que fuese su funci\u00f3n.)<\/p>\n<p>Su padre tiene dos choferes asignados que se turnan en el servicio seg\u00fan horarios prefijados pero trabajan a todas horas del d\u00eda y la noche, los siete d\u00edas de la semana. Los dos son hombres muy pulcros y discretos y est\u00e1n acostumbrados a obedecer. Son guardaespaldas \u2013o <em>custodios<\/em>, que es la forma eufem\u00edstica que se usa para denominar el trabajo de mat\u00f3n guardaespaldas. Desde hace meses, debido al creciente n\u00famero de secuestros y asesinatos de empresarios, a su padre le han asignado una custodia permanente y alguien \u2013la polic\u00eda quiz\u00e1s\u2013 dispuso nuevas medidas de seguridad en la casa de sus padres: la m\u00e1s espectacular, un poderoso reflector que encandila al que hace sonar el timbre del portal de entrada y una alarma ensordecedora que se dispara cuando alguien se aproxima demasiado a las ventanas de la casa. Su padre trata a los guardaespaldas correctamente y con deferencia pero los considera seres inferiores, como si fueran los perros de una cuadrilla de caza; o sea que no les atribuye entidad alguna fuera de la funci\u00f3n que cumplen. A \u00e9l siempre le ha asombrado la capacidad natural de su padre para dirigirse y entenderse con sus subalternos, vali\u00e9ndose de una autoridad que no necesita de uniforme, que le permite impartir una orden sin recurrir a los gritos, una autoridad que es en gran medida gestual, pese a que es un hombre menudo y m\u00e1s bien socarr\u00f3n y risue\u00f1o. La autoridad de su padre se basa en la manera como usa su propio cuerpo: suele acompa\u00f1ar una indicaci\u00f3n cualquiera con un movimiento de las manos de tal modo que sus largos dedos casi siempre apuntan al vac\u00edo en cada adem\u00e1n, pero lo hacen con precisi\u00f3n y determinaci\u00f3n. A veces, para dar la impresi\u00f3n de que una orden est\u00e1 acompa\u00f1ada de una decisi\u00f3n indiscutible, su padre respira fuertemente, hincha los pulmones y hace sonar la nariz, como cuando est\u00e1 muy molesto y a punto de estallar de ira, lo que no es habitual; desde luego, no con sus custodios. Suele montar en c\u00f3lera en cambio cuando trata con su secretario personal, un empleado joven y servil llamado Gabet, que le resulta especialmente irritante. Casi cada d\u00eda cuenta alguna an\u00e9cdota que muestra al secretario como un miserable, un incompetente o un traidor. Sin embargo, no prescinde de \u00e9l. Gabet es, efectivamente, muy servil y ladino, disimula la antipat\u00eda del trato que recibe con gestos exagerados de condescendencia, trata a su padre como a un viejo cascarrabias. A veces se permite sugerirle una alternativa para llevar a cabo una gesti\u00f3n cualquiera, que es otra manera de encarar un recado o incluso una opini\u00f3n sobre el pron\u00f3stico meteorol\u00f3gico o una noticia le\u00edda en la prensa: \u201cDoctor, pienso que lo mejor ser\u00eda&#8230;\u201d; lo cual desencadena un torrente de denuestos y descalificaciones por parte de su padre que suele responder: \u201cGabet, usted <i>no piensa<\/i>. \u00bfCu\u00e1ntas veces quiere que se lo diga? Usted tiene estrictamente prohibido pensar.\u201d A los ojos de los dem\u00e1s, ese trato puede parecer inhumano, pero a \u00e9l le parece que su padre hace lo correcto: que la brutalidad paterna es la respuesta espont\u00e1nea y merecida frente al servilismo.<\/p>\n<p>Con los guardaespaldas, en cambio, no es necesario formalizar ninguna advertencia. Ellos la tienen grabada en sus mentes desde los tiempos en que todav\u00eda pertenec\u00edan a las Fuerzas Armadas; m\u00e1s a\u00fan, act\u00faan como si carecieran de voluntad o como si tuvieran el sentido de la responsabilidad desplazado, por lo tanto, ni cometen errores y ni sienten culpa alguna; y de todas formas su trabajo como guardaespaldas no tiene demasiados secretos: son individuos que cuidan de la seguridad de su padre y lo traen y lo llevan donde se les manda; su tarea como choferes, cuando mucho, debe de resultarles un oficio extra\u00f1o y hasta subsidiario: no saber nunca a d\u00f3nde vas a ser enviado, no preguntar nada salvo la direcci\u00f3n, memorizar un encargo y guardar silencio, salvo cuando, por las razones que sean, el patr\u00f3n les dirige la palabra. Su padre cuenta la an\u00e9cdota de uno de estos choferes que era tan corto de miras y tan estricto y literal con respecto a las \u00f3rdenes que recib\u00eda que un d\u00eda, cuando se le encarg\u00f3 que entregara un paquete a una direcci\u00f3n, no bien hubo llegado al punto de destino con el paquete, llam\u00f3 por tel\u00e9fono: \u201cDoctor, ya he llegado. \u00bfY ahora qu\u00e9 hago?\u201d Su padre, fuera de s\u00ed, contest\u00f3: \u201c\u00bfC\u00f3mo que \u2018qu\u00e9 hago\u2019? Ahora <i>entregue <\/i>el paquete, infeliz. \u00bfPara qu\u00e9, si no, piensa que lo he enviado?\u201d<\/p>\n<p>Frucchi \u2013as\u00ed se llama el chofer de ese lunes a primera hora de la tarde en que se dirigen a Ezeyza\u2013 es especialmente circunspecto y callado. Es un hombre fornido, vestido casi siempre con la misma indumentaria anodina de colores pardos y una corbata de color liso. Va armado con una pistola Ballester Molina del calibre .45 que guarda discretamente en una cartuchera debajo del sobaco.\u00a0Un d\u00eda lo vio sentado en el Falcon, a la puerta de la casa de sus padres, montando guardia como siempre pero en una postura un tanto fuera de lo com\u00fan. Se acerc\u00f3 discretamente y vio que Frucchi le\u00eda una novela de Gabriel Garc\u00eda M\u00e1rquez.<\/p>\n<p>Frucchi bien podr\u00eda ser el personaje de una novela de su madre, piensa \u00e9l, mientras lo observa de reojo, sentado a su lado en el asiento delantero del coche, imperturbable y misterioso. A su madre le gustan ese tipo de individuos tortuosos, doblemente intrascendentes, por lo que muestran y por lo que ocultan. En sus novelas suele describirlos siempre con la misma pauta de car\u00e1cter: una vez es un soldado venido de provincias, o un locutor de radio, o una secretaria o el director de una escuela inglesa, id\u00e9ntico a Mr Heath, que fue el <i>headmaster<\/i> de su colegio primario. Siempre parecen sacados de una galer\u00eda de fracasados. Incluso en una novela en que hace literatura con los \u00faltimos meses en la vida de Ernesto Guevara, describe la vocaci\u00f3n de la guerrillera Tania como el in\u00fatil sacrificio de una mujer comprometida en la guerrilla por amor. \u00c9l mismo aparece all\u00ed como un adolescente atolondrado, dominado por una novia fr\u00eda y arribista, adorado por su abnegada mam\u00e1 y ganado a la causa revolucionaria por las canciones de unos curas progresistas. Una patra\u00f1a; y, para colmo, sin ninguna gracia.<\/p>\n<p>Siempre es lo mismo: su madre es incapaz de humor cuando escribe y menos a\u00fan es capaz de imprimir iron\u00eda en sus historias. Escribe abrumada por un contumaz sentimiento tr\u00e1gico que resulta inexplicable. \u00bfDe d\u00f3nde le viene? \u00bfDe la educaci\u00f3n cat\u00f3lica quiz\u00e1s? Lleva su propia tragedia personal a cuestas (que \u00e9l apenas conoce, o que ha conseguido reconstruir solo de o\u00eddas, desentra\u00f1\u00e1ndola a partir de un c\u00famulo de vaguedades y mentiras de familia) y no consigue despojarse de ella cada vez que trama algunas de sus historias. En sus novelas, sus sucesivos personajes principales son siempre versiones idealizadas de ella misma \u2013mujeres sufridoras, generosas, at\u00f3nitas, sensuales e inocentes\u2013; o bien son figuras vampirizadas de la vida de las personas que tiene m\u00e1s cerca, o bien son transcripciones literales de ella misma: La se\u00f1ora Ord\u00f3nez, la Colorada Villanueva, Sof\u00eda; o meros nombres cambiados de personas reales: Tulio, Rocky, el Jote&#8230;. Unas y otros, figuras que aparecen rodeadas de un aire como de calamidad inminente. Seguramente ella los piensa como sujetos tr\u00e1gicos, pero a \u00e9l siempre le han parecido p\u00e1jaros de mal ag\u00fcero. En los cuentos, donde ella rara vez se representa tal como esa mujer moralmente excepcional que se imagina ser, los personajes sufren por el solo hecho de vivir pero sobre todo sufren porque est\u00e1n <i>destinados<\/i> a sufrir.<\/p>\n<p>\u00c9l ama y respeta a su madre, cuya diab\u00f3lica inteligencia le parece asombrosa, tanto como repudia el mundo literario que ha creado con ella, donde la felicidad o la beatitud son ilusorias y la realidad es alguna especie de penuria necesaria de la que no se puede escapar. Incluso en esa ocasi\u00f3n, a \u00e9l no se le escapa que en todo lo que est\u00e1n viviendo ese lunes al mediod\u00eda hay algo de c\u00f3mico: el militante parte al exilio en un autom\u00f3vil conducido por un <i>milico<\/i> que es chofer y custodio de su padre, que est\u00e1 amenazado por la guerrilla de la que \u00e9l mismo formaba parte. Una perfecta banda de Moebius. Su madre es incapaz de percibir que la situaci\u00f3n tiene algo de grotesco; muy al contrario, su rostro est\u00e1 desfigurado por el llanto cuando despachan las maletas frente al mostrador de la compa\u00f1\u00eda a\u00e9rea que lo llevar\u00e1 a R\u00edo de Janeiro y sigue llorando mientras lo acompa\u00f1a hasta la l\u00ednea misma de la frontera. Camina por los pasillos del aeropuerto agarrada al brazo de \u00e9l, que la oye implorarle: \u201cPrometeme que no te ir\u00e1s a Europa, prometeme que no te ir\u00e1s a Europa&#8230;\u201d Su madre no experimenta lo mismo que \u00e9l, no ve el comienzo del exilio. En ese momento comprende que ella est\u00e1 encerrada en s\u00ed misma, que su ego\u00edsmo es una prisi\u00f3n de la que nunca conseguir\u00e1 salir y que \u00e9l ese d\u00eda no escapa para salvar su vida sino que huye del funesto destino que su madre ha pensado para \u00e9l. As\u00ed que cuando ya sentado en el avi\u00f3n escucha el clic de la hebilla del cintur\u00f3n de seguridad, de pronto tiene una clara sensaci\u00f3n de alivio.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El autom\u00f3vil se desplaza sin contratiempos por la Avenida del Trabajo en direcci\u00f3n al aeropuerto de Ezeyza. El d\u00eda est\u00e1&#8230;<\/p>\n","protected":false},"author":2,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[14],"class_list":["post-3729","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-losnubarrones","tag-biografico"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.ub.edu\/las_nubes\/elnubarron\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/3729","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.ub.edu\/las_nubes\/elnubarron\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.ub.edu\/las_nubes\/elnubarron\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.ub.edu\/las_nubes\/elnubarron\/wp-json\/wp\/v2\/users\/2"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.ub.edu\/las_nubes\/elnubarron\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=3729"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/www.ub.edu\/las_nubes\/elnubarron\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/3729\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":9000,"href":"https:\/\/www.ub.edu\/las_nubes\/elnubarron\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/3729\/revisions\/9000"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.ub.edu\/las_nubes\/elnubarron\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=3729"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.ub.edu\/las_nubes\/elnubarron\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=3729"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.ub.edu\/las_nubes\/elnubarron\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=3729"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}