{"id":3844,"date":"2015-04-08T17:22:39","date_gmt":"2015-04-08T15:22:39","guid":{"rendered":"http:\/\/www.ub.edu\/las_nubes\/elnubarron\/?p=3844"},"modified":"2018-05-14T13:03:30","modified_gmt":"2018-05-14T11:03:30","slug":"lynch_eudemonia","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.ub.edu\/las_nubes\/elnubarron\/2015\/04\/08\/lynch_eudemonia\/","title":{"rendered":"EUDEMON\u00cdA"},"content":{"rendered":"<p>Es muy sabido que dar un contenido preciso a la felicidad resulta una tarea imposible y que, en cambio, hay muchas maneras diferentes de ser \u2013o de sentirse\u2013 infeliz, tal como apuntaba la celeb\u00e9rrima primera frase de la novela <em>Anna Karenina<\/em> de Le\u00f3n Tolstoi. La indeterminaci\u00f3n de la felicidad remonta a tiempos muy antiguos. Ya en su \u00e9tica Arist\u00f3teles empleaba una f\u00f3rmula muy vaga para definirla: <em>eudemon\u00eda<\/em>, expresi\u00f3n que da nombre a algo semejante a la \u201csatisfacci\u00f3n en el bien\u201d y deja un sinf\u00edn de cuestiones importantes sin resolver, pues no cualifica la satisfacci\u00f3n \u2013que puede ser pensada como contento, gozo, recompensa, alivio, etc., al final de un proceso, o bien como el proceso mismo que desemboca en ese final feliz\u2013 y tampoco explica si ese \u201cbien\u201d que produce satisfacci\u00f3n hay que buscarlo en la posesi\u00f3n de un objeto apreciado o en la experiencia de algo como bueno. Todo lo cual resulta desconcertante pues ya se sabe que los humanos podemos ser tan perversos como para desear poseer o experimentar o amar, <em>incluso<\/em> aquello que nos hace da\u00f1o.<\/p>\n<p>Por otro lado, en la llamada <em>eudemon\u00eda<\/em> se deja el contenido de dicha felicidad sin resolver, lo cual puede deberse en parte a que ni la posesi\u00f3n ni la experiencia de la felicidad, tal como las entendemos nosotros en la condici\u00f3n moderna, eran conceptos claros para los antiguos, pese a que es notorio que los griegos cl\u00e1sicos eran gentes muy dadas a pasarlo bien y disfrutar de la vida. O quiz\u00e1 la indefinici\u00f3n aristot\u00e9lica haya sido deliberada y persegu\u00eda el prop\u00f3sito de advertir que solo alcanza la felicidad aquel individuo que ha conseguido escoger con relativa autonom\u00eda qu\u00e9 habr\u00e1 de complacerlo y qu\u00e9 no. O tal vez lo verdaderamente eudemoniaco consista en estar en condiciones de realizar esa elecci\u00f3n, de saber optar por el bien.<\/p>\n<p>En cualquier caso, los filosofantes que se dedican a investigar los vericuetos de las cuestiones \u00e9ticas suelen relacionar el concepto de <em>eudemon\u00eda<\/em> de la antigua Grecia con cierta idea o representaci\u00f3n de la virtud o de la vida o conducta virtuosas, pese a que esta asociaci\u00f3n no pasa de ser una simple argucia que tampoco resuelve el interrogante planteado y en cambio a\u00f1ade m\u00e1s problemas a la cuesti\u00f3n. Porque, \u00bfqu\u00e9 es la virtud fuera de cierto valor compartido por los miembros de una comunidad? \u00bfAcaso ser incapaz de alcanzar la virtud bastar\u00eda para hacerme pensar que mi infelicidad me est\u00e1 bien merecida? Si algo hay que nos hace felices o cabe a cierto estado de beatitud que identificamos con la felicidad, m\u00e1s importante que alcanzar tal estado virtuoso es tener un criterio preciso para reconocerlo; no vaya a ser que caigamos en alguna confusi\u00f3n como la del borracho, que se siente feliz sobre todo cuando est\u00e1 ebrio; o con los ideales caballerescos de la Hermandad del Santo Grial, fijados en aspiraciones irrealizables. Raz\u00f3n tienen los psicoanalistas freudianos cuando distinguen entre el deseo \u2013o la pulsi\u00f3n\u2013 y el objeto del deseo y asocian a cada contexto no solo una clase de experiencia sino adem\u00e1s un tipo de satisfacci\u00f3n, lo cual les permite reconocer cuando menos dos modelos de felicidad \u2013la del deseo realizado y la que proporciona gozar del objeto deseado\u2013 que no siempre coinciden, como bien saben la hist\u00e9rica y Don Juan, cuyas respectivas inclinaciones libidinosas quedan claramente fuera del dominio trazado por la \u00e9tica de Arist\u00f3teles. <\/p>\n<p>(Y a menudo, fuera de <em>toda<\/em> justificaci\u00f3n \u00e9tica en general.)<\/p>\n<p>El propio Freud era m\u00e1s claro con relaci\u00f3n a qu\u00e9 es y qu\u00e9 no es lo que nos hace felices. En una carta a Fliess del 28 de mayo de 1899, escribe:<\/p>\n<blockquote><p>Hoy me he hecho un regalo: <em>Ilios<\/em> de Schliemann; y disfrut\u00e9 mucho con sus memorias de infancia. El hombre se sinti\u00f3 feliz cuando hall\u00f3 el tesoro de Pr\u00edamo porque la felicidad solo llega con la realizaci\u00f3n de un deseo infantil.\n<\/p><\/blockquote>\n<p>Freud se sinti\u00f3 ni\u00f1o (y feliz) cuando comparti\u00f3 el anhelo infantil de Heinrich Schliemann, cuyo cumplimiento hizo de \u00e9l un arque\u00f3logo c\u00e9lebre; y, adem\u00e1s, aprendi\u00f3 algo que la \u00e9tica no ense\u00f1a, puesto que si es verdad que en la experiencia feliz nos comportamos como ni\u00f1os, cabe pensar que tambi\u00e9n lo somos cuando nos sentimos infelices, lo cual nos da una pista \u2013por cierto, no muy <em>filos\u00f3fica<\/em>\u2013 para juzgar \u00e9ticamente la buena y la mala conducta y, de paso, para separar a quienes nos hacen el bien de quienes nos hacen da\u00f1o. Como los ni\u00f1os, que nunca se equivocan cuando distinguen entre hadas y brujas, ogros y \u00e1ngeles.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Es muy sabido que dar un contenido preciso a la felicidad resulta una tarea imposible y que, en cambio, hay&#8230;<\/p>\n","protected":false},"author":2,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-3844","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-losnubarrones"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.ub.edu\/las_nubes\/elnubarron\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/3844","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.ub.edu\/las_nubes\/elnubarron\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.ub.edu\/las_nubes\/elnubarron\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.ub.edu\/las_nubes\/elnubarron\/wp-json\/wp\/v2\/users\/2"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.ub.edu\/las_nubes\/elnubarron\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=3844"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.ub.edu\/las_nubes\/elnubarron\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/3844\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.ub.edu\/las_nubes\/elnubarron\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=3844"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.ub.edu\/las_nubes\/elnubarron\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=3844"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.ub.edu\/las_nubes\/elnubarron\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=3844"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}