{"id":4149,"date":"2015-11-23T20:39:09","date_gmt":"2015-11-23T18:39:09","guid":{"rendered":"http:\/\/www.ub.edu\/las_nubes\/elnubarron\/?p=4149"},"modified":"2017-03-24T00:52:53","modified_gmt":"2017-03-23T22:52:53","slug":"lynch-la-penitencia","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.ub.edu\/las_nubes\/elnubarron\/2015\/11\/23\/lynch-la-penitencia\/","title":{"rendered":"LA PENITENCIA"},"content":{"rendered":"<p>En un plano estrictamente individual, la culpa tiene dos dimensiones que a veces se articulan con sentido y otras veces se repelen, como los polos magn\u00e9ticos invertidos. Como bien sabe todo el mundo, la culpa es un sentimiento del que tenemos noticia o bien porque nos es impuesto por sanci\u00f3n, propia o de otro, o bien porque se confunde con su experiencia opuesta: la expiaci\u00f3n. Con bastante frecuencia ocurre que un individuo siente culpa simplemente porque ha de expiarla.<\/p>\n<p>Nuestra relaci\u00f3n con la culpa pasa necesariamente por la expiaci\u00f3n: o bien nos sometemos a sus condiciones; o si no, intentamos no tener que pasar por ellas; es decir, evitamos el proceso de la expiaci\u00f3n que casi siempre resulta muy doloroso. <\/p>\n<p>En nuestra cultura se dan dos variantes de la culpa, la jud\u00eda y la cristiana, que contrastan de forma incompatible. La culpa jud\u00eda no se puede expiar y se la describe como consustancial a la condici\u00f3n humana; en cambio la culpa cristiana nos ofrece una v\u00eda siempre abierta a la expiaci\u00f3n por mediaci\u00f3n del infinito amor de Dios, que todo lo comprende y acoge dentro de s\u00ed.<\/p>\n<p>Los psicoanalistas, que como sabemos difunden ideas jud\u00edas en culturas predominantemente cristianas, trafican con una noci\u00f3n muy confusa del sentimiento de culpa. De la versi\u00f3n jud\u00eda toman la idea de que el individuo es proclive a sentir culpa incluso a pesar de no haber cometido falta alguna y, a modo de salvaci\u00f3n, le asocian una <em>askesis<\/em> terap\u00e9utica que mucho se parece a la soluci\u00f3n cristiana con la diferencia de que requiere un oficiante que ni es sacerdote ni gu\u00eda espiritual pero simula ambas funciones: el propio psicoanalista; y un n\u00famero interminable de sesiones que no solo hay que pagarle sino que, por a\u00f1adidura e inexplicablemente, son muy caras. O sea que en el psicoan\u00e1lisis la culpa b\u00edblico-judaica aparece fundida mediante un contrato de servicios con la idea cristiana del pecado redimible, con el a\u00f1adido de que se oblitera el fundamento de una u otra al presuponerse que todo sentimiento de culpa es v\u00e1lido por el solo hecho de que as\u00ed se lo siente; con lo que, de paso, el freudismo se ahorra tener que explicar cu\u00e1l pueda ser el origen de este extra\u00f1o sentimiento.<\/p>\n<p>Justo es matizar que en el psicoan\u00e1lisis hay, efectivamente, una tentativa de dar explicaci\u00f3n acerca del origen del sentimiento de culpa: por medio del c\u00e9lebre \u201ctri\u00e1ngulo ed\u00edpico\u201d, drama cotidiano que se apoya en un mito y se reinterpreta a trav\u00e9s de otro mito que se vale de los protagonistas y los hitos del mito antiguo para construir un modelo que sirve como remedo de explicaci\u00f3n causal de <em>todas las culpas<\/em>. Puesto que todos los individuos necesariamente nacemos en el marco de la estructura tri\u00e1dica ed\u00edpica, depender\u00e1 de c\u00f3mo estemos integrados en ella para que la f\u00f3rmula sirva a cada uno para paliar sus tribulaciones culposas. M\u00e1s a\u00fan, como si refrendara la archicitada frase de H\u00f6lderlin, en el drama ed\u00edpico se busca tanto la causa como la soluci\u00f3n de la culpa consecuente que desencadena.<\/p>\n<p>De todas formas, lo que aqu\u00ed me interesa no es tanto el sentimiento de culpa, sea o no producido por el tri\u00e1ngulo ed\u00edpico, ni su generalidad o particularidad ni la determinaci\u00f3n precisa de su causa, sea real o imaginaria, sino el sentimiento en s\u00ed, que como he observado m\u00e1s arriba, parece estrechamente ligado a su necesaria expiaci\u00f3n, puesto que est\u00e1 claro que ninguna existencia (feliz) es posible si el individuo vive embargado por el sentimiento de culpa. Dicho de forma palmaria: lo m\u00e1s dram\u00e1tico y significativo de la culpa no tiene lugar en la experiencia de sentirse culpable, sino en el proceso de expiaci\u00f3n o reparaci\u00f3n que, de una u otra manera, es siempre una <em>penitencia<\/em>, entendida no como un castigo o una pena o un cargo por una falta cometida, sino como el largo proceso de reconstrucci\u00f3n del yo que sufre, herido, descompuesto o fracturado, por la culpa.<\/p>\n<p>En la penitencia sobresalen tres aspectos notables: en primer lugar, que no es tal si no media la propia voluntad de someterse a ella y que no siempre consigue su prop\u00f3sito (los psicoanalistas afirman que el costo elevado de las sesiones act\u00faa como reaseguro para que el paciente no abandone su penoso \u201ctratamiento\u201d, es decir, su penitencia); en segundo lugar, el modo de llevarla a cabo, que inevitablemente conlleva retiro y meditaci\u00f3n; y, por \u00faltimo, el resultado, que no se puede dar por seguro. De ello resulta que toda penitencia es por su propia naturaleza arriesgada, pues puede llegar a buen t\u00e9rmino tras la expiaci\u00f3n de la falta o, de lo contrario, puede devolver al penitente a la vor\u00e1gine de una culpa may\u00fascula, irreparable, y a la certeza de que el suyo es un <em>burnt-out case<\/em>, un caso acabado, constataci\u00f3n que lo aboca a quitarse de en medio.<\/p>\n<p>El penitente, por lo tanto, no es aquel que sobrevive abrumado por su falta y nunca consigue escapar de ella sino uno cuyo coraje destaca entre la molicie, la desidia y la cobard\u00eda de los dem\u00e1s, puesto que en definitiva el sentimiento de culpa es tambi\u00e9n la consciencia de que las acciones humanas nunca son gratuitas sino, en todo momento, responsables. En suma, que en cada una de nuestras acciones la vida propia se pone en peligro.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>En un plano estrictamente individual, la culpa tiene dos dimensiones que a veces se articulan con sentido y otras veces&#8230;<\/p>\n","protected":false},"author":2,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-4149","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-losnubarrones"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.ub.edu\/las_nubes\/elnubarron\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/4149","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.ub.edu\/las_nubes\/elnubarron\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.ub.edu\/las_nubes\/elnubarron\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.ub.edu\/las_nubes\/elnubarron\/wp-json\/wp\/v2\/users\/2"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.ub.edu\/las_nubes\/elnubarron\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=4149"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.ub.edu\/las_nubes\/elnubarron\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/4149\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.ub.edu\/las_nubes\/elnubarron\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=4149"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.ub.edu\/las_nubes\/elnubarron\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=4149"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.ub.edu\/las_nubes\/elnubarron\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=4149"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}