{"id":4802,"date":"2017-04-05T19:07:40","date_gmt":"2017-04-05T17:07:40","guid":{"rendered":"http:\/\/www.ub.edu\/las_nubes\/elnubarron\/?p=4802"},"modified":"2021-07-23T15:11:06","modified_gmt":"2021-07-23T13:11:06","slug":"lynch_sobre-lo-sagrado-ii-o-del-valor-de-la-diferencia","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.ub.edu\/las_nubes\/elnubarron\/2017\/04\/05\/lynch_sobre-lo-sagrado-ii-o-del-valor-de-la-diferencia\/","title":{"rendered":"SOBRE LO SAGRADO (II) o del valor de la diferencia"},"content":{"rendered":"<p>El hecho capital en relaci\u00f3n con la condici\u00f3n denominada \u201cobra de arte\u201d no ata\u00f1e a su atributo definitorio \u2013el \u201carte\u201drepresentado por ella, que al fin y al cabo, es una invenci\u00f3n relativamente reciente y moderna\u2013 sino que involucra una crucial operaci\u00f3n que consiste en establecer la diferencia de la que la obra es ejemplo. La proposici\u00f3n de alguna cosa como arte presupone una discriminaci\u00f3n previa en el objeto original y la puesta de algo diferente en el lugar de este. Es esta una operaci\u00f3n simb\u00f3lica que, a partir de un momento y por una decisi\u00f3n compartida o colectiva, culmina en adorar el s\u00edmbolo (o lo que este simboliza) como <em>sagrado<\/em>.<\/p>\n<p>Pero, por m\u00e1s all\u00e1 de la operaci\u00f3n aludida, sagrado es propiamente aquello que en general se determina tras la imposici\u00f3n de su diferencia, que puede ser  (o no) del orden de lo art\u00edstico. Su posibilidad, pues, depende estrictamente de la humana capacidad de establecer diferencias en todos los \u00e1mbitos de la experiencia. Por ejemplo, cada vez que hago m\u00edo un objeto y declaro mi propiedad sobre \u00e9l \u2013\u00bfhay acaso algo m\u00e1s m\u00e1gico que <em>comprar<\/em> un objeto?\u2013, el objeto se convierte en sagrado para m\u00ed y para el otro. Puede que sea el mismo objeto, pero ahora adem\u00e1s es otro porque es <em>m\u00edo<\/em>. En este sentido, incluso entre los mam\u00edferos inferiores, se deja ver un rudimento de actividad simb\u00f3lica en la conducta territorial o en el modo en que el macho o la hembra defienden la propiedad exclusiva de su pareja.<\/p>\n<p>Hace muchos a\u00f1os, en ocasi\u00f3n de un simposio organizado por la UNESCO (o por alguna otra instituci\u00f3n plurinacional cuyo nombre no tengo presente) para discutir acerca de la actualidad o inactualidad de la noci\u00f3n de raza, Claude L\u00e9vi-Strauss hizo una observaci\u00f3n sumamente inteligente. Tras recordar que la idea de raza fue introducida en lo que anta\u00f1o se llamaban \u201cciencias humanas\u201d por el vizconde de Gobineau, un t\u00edpico representante de la ideolog\u00eda de la Restauraci\u00f3n y L\u00e9vi-Strauss advirti\u00f3 que es prejuiciosa, etnoc\u00e9ntrica y, a fin de cuentas, repudiable puesto que con ella se dio p\u00e1bulo a la injusta discriminaci\u00f3n entre semejantes. Sirvi\u00f3 adem\u00e1s para inspirar m\u00e1s de un genocidio durante la colonizaci\u00f3n europea y m\u00e1s tarde, durante la descolonizaci\u00f3n; y es una aberraci\u00f3n te\u00f3rica, por la sencilla raz\u00f3n de que su fundamento de raz\u00f3n es arbitrario e inconsistente pues las razas no existen; o quiz\u00e1s s\u00ed, pero solamente en la mirada de quien las utiliza como criterio para establecer diferencias. Sin embargo, la extensi\u00f3n de su uso \u2013apunt\u00f3 L\u00e9vi-Strauss\u2013 consigui\u00f3 desviar la atenci\u00f3n al estudio de la variedad de las culturas puesto que a cada raza \u201cdiferente\u201d le fue atribuida una cultura tambi\u00e9n diferente. Y as\u00ed, la diferencia dio lugar al reconocimiento, lo que sin embargo no supuso que los europeos \u2013siempre tan pagados de s\u00ed mismos\u2013 renunciaran a los vicios etnoc\u00e9ntricos que son propios del colonialismo, ya que la determinaci\u00f3n de las razas ven\u00eda acompa\u00f1ada del consabido supuesto de la \u201csuperioridad\u201d de la raza blanca y, con ello, la inevitable deriva etnocentrista de la que casi nadie qued\u00f3 a salvo. El siguiente caso es harto significativo. En su proyecto de genealog\u00eda de lo que denomin\u00f3 \u201cla Raz\u00f3n de la \u00c9poca Cl\u00e1sica\u201d, el mism\u00edsimo Michel Foucault tuvo por \u201cla raz\u00f3n\u201d por antonomasia (y el saber desarrollado por ella, as\u00ed como su valor de verdad) como una idea forjada durante los siglos de la hegemon\u00eda cultural francesa en Europa, de tal modo que la historia del hombre, o de Europa, o de la humanidad entera, acab\u00f3 siendo interpretada <em>sub specie<\/em>, seg\u00fan el patr\u00f3n de una peque\u00f1a historia de las ideas que quiz\u00e1s no fuera del todo provinciana pero s\u00ed hab\u00eda sido a todas luces <em>local<\/em>: la del racionalismo franc\u00e9s, en sus versiones cl\u00e1sica e Ilustrada. Lo que, por cierto, no ha sido reparado en absoluto por los afrancesados ep\u00edgonos de Foucault, que generalizan las ideas de este y las emplean como medida y patr\u00f3n de an\u00e1lisis de nuevos universales tales como el Poder, la Biopol\u00edtica, la Sociedad Disciplinaria, la Producci\u00f3n de Sujetos, etc., etc. y que aplican a cualquier contexto dominio o condici\u00f3n social que se propongan analizar.<\/p>\n<p>Claude L\u00e9vi-Strauss observaba que, pese a la deplorable tradici\u00f3n que se deriva de ella, plagada de injusticias y atrocidades, la noci\u00f3n de raza sirvi\u00f3 para poner las culturas en el punto de mira de lo que en un momento se pensaron como <em>ciencias humanas<\/em> y as\u00ed, contribuy\u00f3 a abrir el camino a una ciencia nueva, la antropolog\u00eda (o la etnolog\u00eda, como se prefiera llamarla), necesaria para aprender m\u00e1s acerca de nosotros mismos. <\/p>\n<p>Asimismo, L\u00e9vi-Strauss reconoc\u00eda en la noci\u00f3n de raza una <em>trouvaille<\/em> metodol\u00f3gica: en la medida en que es imposible determinar una diferencia racial sin el ejercicio de un acto discriminatorio, cabe admitir que la aparici\u00f3n de este concepto sirve como pauta para mostrar el modo como siempre procede el saber, incluso cuando \u2013como sucede en este caso\u2013 piensa equivocadamente. En efecto, L\u00e9vi-Strauss observaba que el saber no se constituye por la afirmaci\u00f3n de identidades de g\u00e9nero o de especie sino por efecto de sucesivas y razonadas discriminaciones, seguidas o no por taxonom\u00eda o clasificaci\u00f3n. Solo se conoce en verdad cuando se discrimina una diferencia en el objeto, que unas veces es un contraste imprevisto; y otras, una anomal\u00eda inexplicable. El saber en cambio se estanca o se agota y muere cuando se contenta con reducir el objeto de investigaci\u00f3n a una identidad t\u00e9cnicamente manipulable. En suma: que nada aprendo si descubro que dos objetos se parecen o son id\u00e9nticos. Mi conocimiento crece solo cuando consigo explicar en qu\u00e9 o por qu\u00e9 se diferencian.<\/p>\n<p>De lo que se trata, pues, es de tener algo \u2013y de pensarlo\u2013 como <em>diferente<\/em>. <\/p>\n<p>\u00bfPero c\u00f3mo hemos aprendido a desentra\u00f1ar las diferencias? En este punto resulta fundamental abordar la idea de lo sagrado puesto que esa es la diferencia arquet\u00edpica. Al abordar la idea de lo sagrado, \u00c9mile Durkheim introduce una serie de matices que permiten comprender por encima de una teor\u00eda de arte e incluso de una est\u00e9tica filos\u00f3fica la importancia que cobra la humana capacidad de establecer\/reconocer diferencias. (Cfr. <em>Las formas elementales de la vida religiosa.<\/em> Edici\u00f3n, introducci\u00f3n y notas de Santiago Gonz\u00e1lez Noriega. Madrid: Alianza, 1993.)<\/p>\n<p>Empieza Durkheim por advertir que todas las cosas, en alg\u00fan momento y por alguna raz\u00f3n, pueden ser sagradas (o profanas). El paso de una condici\u00f3n a la otra es <em>metamorfosis<\/em>: o, <em>transfiguraci\u00f3n<\/em>, t\u00e9rmino que \u2013dicho sea de paso\u2013 nos suena tanto o m\u00e1s esot\u00e9rico que \u201cmetamorfosis\u201d pero que en cualquier caso describe bastante bien el grado del contraste entre lo sagrado y lo profano, comparable a la diferencia que se distingue a un cuerpo cuando est\u00e1 vivo de ese mismo cuerpo cuando es cad\u00e1ver. En definitiva, la misma diferencia que separa al objeto corriente de la \u201cobra de arte\u201d que lleva consigo o simboliza.<\/p>\n<p>Que todas las cosas puedan ser sagradas implica que lo sagrado es el atributo universal. Tan universal como puede ser atribuir a las cosas un \u201cser\u201d, es decir, que el solo constatar que <em>hay<\/em> implica tener ese haber como sagrado.<\/p>\n<p>Durkheim no parece consciente del alcance extraordinario de su observaci\u00f3n pero extiende su campo de atenci\u00f3n a la pr\u00e1ctica social en general. Puesto que el paso de lo sagrado a lo profano \u2013y viceversa\u2013 presupone la intervenci\u00f3n de una consciencia oficiante, en la medida en que est\u00e1 regulada y se repite, toda conducta ha de ser entendida como rito. La acci\u00f3n social es por fuerza ritual y su contenido, necesariamente religioso. La conclusi\u00f3n es previsible: de hecho nunca hemos trascendido el dominio de la religi\u00f3n puesto que la religi\u00f3n no es lo propio y exclusivo del mundo que habitan los dioses sino que \u201ctodas las religiones han sido en mayor o menor medida sistemas de ideas que tend\u00edan a abarcar la totalidad de las cosas y a darnos una completa representaci\u00f3n del mundo\u201d. As\u00ed pues PANT\u00c1 PLER\u00c9 THE\u00d3N no solo quiere decir que todo est\u00e1 lleno de dioses sino que introducimos lo divino en todas partes. Por consiguiente, lo sagrado no est\u00e1 limitado seg\u00fan creencia a la persona de los dioses y la secularizaci\u00f3n nunca ha sido completa. La pr\u00e1ctica del arte es, en mi opini\u00f3n, la prueba irrefutable de ello.<\/p>\n<p>Podemos, adem\u00e1s, invertir la propuesta durkheimiana. Interpretada toda conducta o toda pr\u00e1ctica como un ritual, tanto si se trata de un juego o incluso de la infracci\u00f3n a su regla, por secularizada que esta sea, asume o desentra\u00f1a una nunca asumida connotaci\u00f3n religiosa. La fe en la veracidad de la ciencia o en la eficacia de la t\u00e9cnica o en la necesaria reciprocidad de todos los intercambios \u2013por ejemplo, la expectativa de que siempre es posible alcanzar un sentido\u2013 o, en que la llamada \u201cobra de arte\u201d est\u00e1 <em>dotada<\/em>, investida o es espiritual, que es sobre todo aquello que se supone que representa, justifica que la hagamos objeto de adoraci\u00f3n, de estudio o de culto. Por contraste, si bien la diferencia entre la cosa y la obra de arte nos lleva a aspirar a alcanzar un conocimiento de ella, su diferencia ontol\u00f3gica (lo que la hace ser sagrada) por fuerza ha de permanecer como misterio. \u00bfPor qu\u00e9? Quiz\u00e1 porque la determinaci\u00f3n de algo como \u201carte\u201d es parte de un rito inconfesado donde se renueva el voto para la diferencia originaria \u2013sagrado\/profano\u2013 que es <em>absoluta<\/em>. \u00bfNo era esta la cualidad excepcional que Heidegger atribu\u00eda a la obra de arte: el desocultar el ser de lo ente? En una obra de arte no se descompone un mundo para hacer de \u00e9l dos, sino que se nombran dos mundos afines y ajenos uno respecto del otro.<\/p>\n<p>Durkheim se pregunta c\u00f3mo ha llegado a establecer el hombre una diferencia tan radical. Yo tambi\u00e9n.<\/p>\n<p>(Continuar\u00e1)<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El hecho capital en relaci\u00f3n con la condici\u00f3n denominada \u201cobra de arte\u201d no ata\u00f1e a su atributo definitorio \u2013el \u201carte\u201drepresentado&#8230;<\/p>\n","protected":false},"author":2,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[13],"class_list":["post-4802","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-losnubarrones","tag-abada_ed"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.ub.edu\/las_nubes\/elnubarron\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/4802","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.ub.edu\/las_nubes\/elnubarron\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.ub.edu\/las_nubes\/elnubarron\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.ub.edu\/las_nubes\/elnubarron\/wp-json\/wp\/v2\/users\/2"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.ub.edu\/las_nubes\/elnubarron\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=4802"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/www.ub.edu\/las_nubes\/elnubarron\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/4802\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":9138,"href":"https:\/\/www.ub.edu\/las_nubes\/elnubarron\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/4802\/revisions\/9138"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.ub.edu\/las_nubes\/elnubarron\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=4802"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.ub.edu\/las_nubes\/elnubarron\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=4802"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.ub.edu\/las_nubes\/elnubarron\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=4802"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}