{"id":4914,"date":"2017-10-20T20:04:03","date_gmt":"2017-10-20T18:04:03","guid":{"rendered":"http:\/\/www.ub.edu\/las_nubes\/elnubarron\/?p=4914"},"modified":"2017-10-21T19:17:20","modified_gmt":"2017-10-21T17:17:20","slug":"lynch_en-comun","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.ub.edu\/las_nubes\/elnubarron\/2017\/10\/20\/lynch_en-comun\/","title":{"rendered":"EN COM\u00daN"},"content":{"rendered":"<p>De un tiempo a esta parte cada vez que, ya sea en una sala de conciertos o en una grabaci\u00f3n de video, asisto a la interpretaci\u00f3n de una pieza musical por una orquesta, experimento una emoci\u00f3n que desconoc\u00eda. La primera vez que la sent\u00ed pens\u00e9 que era un efecto de la m\u00fasica, pero muy pronto, al repetirse, comprend\u00ed que se deb\u00eda a otra cosa. A lo largo de los a\u00f1os he tratado de formar mi esp\u00edritu en una cantidad considerable de curiosidades y saberes no siempre \u00fatiles o coherentes entre s\u00ed, pero todos ellos gozosos para m\u00ed. Tanto como me ha disgustado ense\u00f1ar, he disfrutado aprendiendo. Sin embargo, por desgracia no he conseguido hacerme con una formaci\u00f3n t\u00e9cnica musical, de modo que la m\u00fasica es para m\u00ed puro y elemental goce dionisiaco. Por consiguiente, aquella emoci\u00f3n desconocida, si no ven\u00eda generada por la m\u00fasica ten\u00eda que ser el signo inequ\u00edvoco de que mi alma se estaba haciendo vieja y ya no era capaz de escapar al progresivo y fatal deterioro del cuerpo que la aloja.<\/p>\n<p>Comoquiera que sea, por mera asociaci\u00f3n, acab\u00e9 por admitir que simplemente me emocionan las orquestas lo mismo que me conmueven otras acciones colectivas que los humanos realizan mancomunadamente, en grupo, como los desfiles o las grandes ceremonias y los ritos solemnes. Tambi\u00e9n me emocionan los rascacielos, porque inevitablemente me hacen pensar en la multitud de voluntades y sue\u00f1os individuales que se han coordinado para elevarlos.<\/p>\n<p>\u00bfA qu\u00e9 puede deberse esta emoci\u00f3n? Una orquesta sinf\u00f3nica que interpreta una partitura lleva a cabo una labor enormemente compleja. Cada miembro de la orquesta act\u00faa por separado pero no est\u00e1 previsto que su acci\u00f3n se desentienda de las dem\u00e1s. Por fuerza, la ejecuci\u00f3n de cada uno de los instrumentos ha de estar \u201corquestada\u201d y en armon\u00eda. Por otra parte, las secciones que componen los instrumentos de la orquesta han de corresponderse entre s\u00ed con precisi\u00f3n de tal modo que sus respectivos <em>tempi<\/em> han de estar coordinados para sonar en com\u00fan. Ninguno de ellos puede robar protagonismo a los dem\u00e1s, salvo que as\u00ed lo haya dispuesto el compositor, o lo determine alguna veleidad del director de orquesta. Recuerdo aquella ocasi\u00f3n en que asist\u00ed a una <em>performance<\/em> de Sergiu Celibidache al frente de la Filarm\u00f3nica de Munich, en el Auditorio de Madrid. Celibidache hizo sonar los acordes iniciales de la primera sinfon\u00eda de Brahms durante un lapso que me pareci\u00f3 una eternidad. Su artima\u00f1a obligaba a una <em>distentio animi<\/em> en la experiencia musical, lo que me hizo descubrir una resonancia que nunca antes hab\u00eda escuchado en el muro de sonido que abre el primer movimiento de la pieza de Brahms que, desde ese momento, ya no fue la misma partitura.<\/p>\n<p>Un director puede manipular la emoci\u00f3n del p\u00fablico de muchas maneras, pero ver trabajar a una orquesta es emocionante en otro sentido. No es el capricho de un director, sino la constataci\u00f3n <em>in actu <\/em>de que asistes a una acci\u00f3n <em>en com\u00fan<\/em>; mejor dicho, al empe\u00f1o de una acci\u00f3n llevada adelante por un grupo abigarrado de simios inteligentes y sensibles que hacen sonar sus instrumentos para producir algo intangible: una cosa nueva y ef\u00edmera que no estaba all\u00ed ni volver\u00e1 a darse del mismo modo. Un objeto inmaterial del que ninguno de ellos, por separado, puede sentirse responsable y que, no obstante, es una obra de todos.<\/p>\n<p>La acci\u00f3n en com\u00fan por supuesto que no es algo exclusivo de las orquestas. La realizamos todos y todo el tiempo, tanto si lo sabemos como si no, pero solo en muy pocas ocasiones se pone ante nuestros sentidos de forma tan incontrovertible e intensa. La mayor parte del tiempo los individuos niegan o esconden su vida en com\u00fan y en cambio caen seducidos y abrazan todas las ideas y representaciones, buenas y malas, que estimulan su insaciable ego\u00edsmo. El individualismo contempor\u00e1neo, la autonom\u00eda moral, la imaginaci\u00f3n po\u00e9tica y la experiencia est\u00e9tica, no por casualidad son experiencias singulares. O ese cuidado de uno mismo que las ideolog\u00edas vulgares acostumbran a llamar <em>autoestima<\/em> y que hoy en d\u00eda los individuos no solo invocan a menudo sino que incluso se permiten medir en media, alta o baja, seg\u00fan su estado de \u00e1nimo o su humor, para autodiagnosticarse. Como esa tantas otras baratijas conceptuales que ponen a un lado nuestra acendrado gregarismo. Niegan una evidencia hist\u00f3rica y ancestral: que los humanos somos un ser g\u00e9nerico, como afirmaba Karl Marx, que somos y actuamos en comunidad y reba\u00f1o.<\/p>\n<p>La orquesta es emocionante porque, al verla trabajar, es f\u00e1cil observar c\u00f3mo cada uno de sus miembros se concentra en su ejercicio, comprometido y ausente en su peque\u00f1a m\u00f3nada, aferrado a su instrumento y no obstante consciente de la entrega a una acci\u00f3n en com\u00fan que resulta \u00fanica, pues consuma el milagro de la totalidad y la forma, el eco circunstancial de una armon\u00eda que cada uno de ellos produce por separado y que, sin embargo, los mantiene amarrados y confundidos en uno. <\/p>\n<p>Como la especie a la que pertenecen que \u2013pocos de ellos lo saben\u2013 los har\u00e1 inmortales.  <\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>De un tiempo a esta parte cada vez que, ya sea en una sala de conciertos o en una grabaci\u00f3n&#8230;<\/p>\n","protected":false},"author":2,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-4914","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-losnubarrones"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.ub.edu\/las_nubes\/elnubarron\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/4914","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.ub.edu\/las_nubes\/elnubarron\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.ub.edu\/las_nubes\/elnubarron\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.ub.edu\/las_nubes\/elnubarron\/wp-json\/wp\/v2\/users\/2"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.ub.edu\/las_nubes\/elnubarron\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=4914"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.ub.edu\/las_nubes\/elnubarron\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/4914\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.ub.edu\/las_nubes\/elnubarron\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=4914"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.ub.edu\/las_nubes\/elnubarron\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=4914"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.ub.edu\/las_nubes\/elnubarron\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=4914"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}