{"id":4992,"date":"2013-03-15T14:44:44","date_gmt":"2013-03-15T12:44:44","guid":{"rendered":"http:\/\/www.ub.edu\/las_nubes\/elnubarron\/?p=4992"},"modified":"2021-05-07T11:10:37","modified_gmt":"2021-05-07T09:10:37","slug":"sobre-el-poder-de-la-conviccion","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.ub.edu\/las_nubes\/elnubarron\/2013\/03\/15\/sobre-el-poder-de-la-conviccion\/","title":{"rendered":"SOBRE EL PODER DE LA CONVICCI\u00d3N"},"content":{"rendered":"<p>El poder de una persona sobre otra \u2013el predominio de su imagen o su relevancia como modelo, su influencia, su grado de respetabilidad o el miedo que inspira en el otro, etc.\u2013 marca todas las relaciones que establecen los seres humanos entre s\u00ed. De hecho, lo que llamamos \u00abrelaci\u00f3n\u00bb no es la ligaz\u00f3n entre personas entendidas como signos sino, lisa y llanamente,<i> relaci\u00f3n de poder,<\/i>\u00a0que vehiculizan los signos. Todos los atributos que reconocemos en el poderoso, aquel que manda sobre nosotros, son en realidad la descripci\u00f3n de la relaci\u00f3n que nos une a \u00e9l.<\/p>\n<p>La relaci\u00f3n de poder requiere que se cumpla cierta colaboraci\u00f3n por nuestra parte. El poder que se nos impone no es simplemente el efecto de la coacci\u00f3n o de una fuerza. Una persona tiene poder sobre nosotros (o nosotros sobre ella) \u2013y lo tiene en cuanto se entabla la relaci\u00f3n\u2013 porque la hemos <i>autorizado<\/i>, como bien se observaba a prop\u00f3sito de la servidumbre voluntaria en aquel c\u00e9lebre op\u00fasculo de \u00c9tienne de La Bo\u00e9tie.<\/p>\n<p>Nuestra colaboraci\u00f3n se constituye tras deliberaci\u00f3n y decisi\u00f3n consiguiente, de suerte que cada uno de nosotros se aviene, por as\u00ed decirlo, a someterse a quien tiene poder sobre nosotros y a colaborar con \u00e9l para el mantenimiento de ese poder, como resultado de un proceso reflexivo que desemboca en un acto de convicci\u00f3n. (La expresi\u00f3n es defectuosa, pero no encuentro otra.) Sin convicci\u00f3n (sin convencimiento) no existe el poder ni la influencia ni la coacci\u00f3n ni la fuerza. A veces sucede, como en el caso de las relaciones llamadas amorosas, que la convicci\u00f3n pasa por estar convencido, no de nuestros propios sentimientos (nosotros <i>siempre<\/i> sabemos lo que queremos o deseamos) sino de los sentimientos que el otro nos dispensa o que creemos que nos dispensa. El reclamo de amor no es tal sino la exigencia de que la propia convicci\u00f3n de ser amado por el otro se vea confirmada o convalidada de alg\u00fan modo. No se demanda amor sino su prenda que, previamente, hemos concedido o entregado en custodia al otro al establecer el v\u00ednculo er\u00f3tico. Otras veces, como en las relaciones de servidumbre o de fuerza, la relaci\u00f3n se alimenta de la convicci\u00f3n de que cualquier resistencia al poder del otro es in\u00fatil y est\u00e1 llamada a fracasar. Naturalmente, las relaciones de poder, tanto si son er\u00f3ticas como si son de fuerza o sometimiento o de intercambio, etc., pueden combinarse y potenciarse rec\u00edprocamente. El amado tiene poder sobre nosotros y, por consiguiente nosotros entendemos como gesto amoroso por nuestra parte habernos sometido voluntariamente a \u00e9l. Quedar en poder del otro por efecto de nuestras propias convicciones es la expresi\u00f3n del sentimiento que nos une a \u00e9l. As\u00ed pues, el amado est\u00e1 libre y tiene fuerza sobre nosotros; y nosotros estamos convencidos de que la condici\u00f3n de sometidos es la que corresponde a nuestro amor por \u00e9l.<\/p>\n<p>En las relaciones comerciales o en los pactos con base jur\u00eddica, la convicci\u00f3n fortalece el v\u00ednculo, en la medida en que nos reasegura sobre la conducta de aquel con quien hemos pactado. Su modelo es la <i>confianza<\/i>: me f\u00edo, no del otro, sino de su convicci\u00f3n en relaci\u00f3n con los contenidos de nuestro pacto, como me f\u00edo de que, al depositar mi dinero en un banco, el papel que este extiende como comprobante es garant\u00eda suficiente de que, llegado el caso, me lo devolver\u00e1. Estoy convencido de ello, aunque no puedo tener ninguna garant\u00eda de que mi convicci\u00f3n est\u00e9 justificada. Yo mismo, al pactar, pongo sobre el escenario de la transacci\u00f3n mi propia convicci\u00f3n sobre lo pactado. El otro puede comprobarlo, a veces con la r\u00fabrica de un notario. En cualquiera de estos casos \u2013y podr\u00edan ejemplificarse muchos contextos semejantes\u2013 el haber sido convencido es lo que retroalimenta y hace posible la relaci\u00f3n de poder: la dependencia del que ama respecto de su amado, la fiabilidad de un acuerdo en el que hay comprometido un pago o de un acuerdo en un litigio patrimonial, la promesa de que t\u00fa no me volver\u00e1s a hacer la guerra, etc. No estar convencido \u2013la f\u00f3rmula coloquial suele ser \u201cesto no me convence\u201d o \u201ctengo la impresi\u00f3n de que esto no me conviene\u201d\u2013 produce el efecto contrario: o bien inhibe de que se establezca relaci\u00f3n alguna o bien genera una situaci\u00f3n de permanente precariedad en el v\u00ednculo, como cuando un propietario o un inquilino no est\u00e1n seguros de sus rec\u00edprocas intenciones, o cuando los componentes de una pareja se recelan constantemente, o al patr\u00f3n no le convence la convicci\u00f3n que pone en su trabajo el empleado, etc. La falta de convicci\u00f3n tiene por efecto el dejarnos en libertad, fuera de la relaci\u00f3n y, por lo tanto, nos asegura de que no hay manera de que nos dominen, pero conlleva la imposibilidad de cualquier v\u00ednculo, transacci\u00f3n o pacto.<\/p>\n<p>(Todo indica que no hay relaci\u00f3n que no implique el riesgo de ser dominado.)<\/p>\n<p>Pero, \u00bfqu\u00e9 es la convicci\u00f3n? \u00bfC\u00f3mo llegamos a ella? Evidentemente es un cambio de estado indicado por un t\u00edpico hito de la irracionalidad. Explicarlo es tan imposible como pretender explicar qu\u00e9 queremos decir cuando afirmamos que algo <i>tiene sentido<\/i>.<\/p>\n<p>A menudo sucede que en una relaci\u00f3n entre iguales una u otra de las partes se acusen de manipulaci\u00f3n. Con ello se pretende decir que quien manipula intenta hacer creer al otro (dicho de otra manera, intenta <i>convencerlo<\/i>) de que su falta de convicci\u00f3n (su desconfianza) en el v\u00ednculo va contra sus propios intereses o de que la relaci\u00f3n entre ellas solo es posible si el otro se convence de que tiene que ser as\u00ed. En el amor, como en el comercio o en la pol\u00edtica, el manipulado acaba por convencerse de que, por canalla o ego\u00edsta o cruel que sea el otro, siempre ser\u00e1 fiel al compromiso amoroso, o bien respetar\u00e1 las cl\u00e1usulas de la transacci\u00f3n, o bien cumplir\u00e1 con sus promesas electorales, etc. La argucia del manipulador consiste en desviar la desconfianza del otro hacia sus propias convicciones, que de lo que se trata es de desconfiar de lo que siente: la ad\u00faltera recriminada se defender\u00e1 diciendo: \u201cPiensa qu\u00e9 pasar\u00eda si todo lo que me achacas fuera falso\u201d; el estafador asegurar\u00e1 al estafado: \u201cYo cre\u00eda que por fin hab\u00eda encontrado al socio perfecto\u201d; el pol\u00edtico sin escr\u00fapulos tratar\u00e1 de comvencer a sus decepcionados electores: \u201c\u00bfCuando les he fallado?\u201d<\/p>\n<p>El verdadero poder en una relaci\u00f3n se obtiene tras una lucha por la hegemon\u00eda de las convicciones puestas en juego y siempre gana, no el que tiene m\u00e1s fuerza sino el que se da cuenta de que el poder en una relaci\u00f3n consiste en saber administrar las propias convicciones y las ajenas, lo que, en definitiva, nos colocar\u00e1 en la posici\u00f3n del manipulador o en la del manipulado.<\/p>\n<p>Los signos de la conducta del otro pueden ser contradictorios, pero uno siente que el otro act\u00faa por amor, por fidelidad a su palabra o por fidelidad a sus ideas. Se tiene la convicci\u00f3n de la autenticidad del otro y acaba uno por someterse a sus designios. En el pensamiento decimon\u00f3nico, muy influido por Hegel, a esto se lo llamaba <i>enajenaci\u00f3n<\/i>. As\u00ed pues, para ganar poder sobre el otro no es preciso ejercer la fuerza sino manipular el sentimiento de convicci\u00f3n, algo parecido a inspirar confianza, pero no en los actos sino en los prop\u00f3sitos, las intenciones o las convicciones que los mueven. Y, como la \u00edndole de estas es siempre una inc\u00f3gnita, damos contenido a esa inc\u00f3gnita con materiales sacados de nuestros propios anhelos e ilusiones.<\/p>\n<p>En los juegos de naipes, donde muy a menudo se recurre a las t\u00edpicas artima\u00f1as de las relaciones de poder, generar convicci\u00f3n para convencer al contrincante de que se tiene una combinaci\u00f3n de cartas ganadora, una figura decisiva, un triunfo que permitir\u00e1 ganar la partida, es tan importante como efectivamente tenerlas, por haber sido favorecido por la suerte en el reparto de las cartas.<\/p>\n<p>Vista as\u00ed, cualquier relaci\u00f3n (y, repito,\u00a0<i>toda<\/i> relaci\u00f3n es relaci\u00f3n de poder) se sostiene no tanto por el poder efectivo que se alcanza en ella sino por la convicci\u00f3n que uno es capaz de inspirar en los dem\u00e1s. Consecuentemente, la liberaci\u00f3n o la ruptura del v\u00ednculo en el que uno est\u00e1 a merced del poder del otro no pasa por oponerle un poder mayor sino por combatir la propia convicci\u00f3n que nos mantiene vinculados al otro.<\/p>\n<p>La convicci\u00f3n puede ponderarse a trav\u00e9s de decisiones menores y c\u00e1lculos racionales pero su n\u00facleo y su elemento es irracional. El poderoso, el que acaba dominando una relaci\u00f3n y decidiendo en ella es el que es consciente de la irracionalidad de todos los v\u00ednculos y no tiene prurito en manipularlos en provecho propio, convenciendo al otro de lo que sea.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El poder de una persona sobre otra \u2013el predominio de su imagen o su relevancia como modelo, su influencia, su&#8230;<\/p>\n","protected":false},"author":2,"featured_media":0,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[12],"class_list":["post-4992","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-losnubarrones","tag-comba_ed"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.ub.edu\/las_nubes\/elnubarron\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/4992","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.ub.edu\/las_nubes\/elnubarron\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.ub.edu\/las_nubes\/elnubarron\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.ub.edu\/las_nubes\/elnubarron\/wp-json\/wp\/v2\/users\/2"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.ub.edu\/las_nubes\/elnubarron\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=4992"}],"version-history":[{"count":2,"href":"https:\/\/www.ub.edu\/las_nubes\/elnubarron\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/4992\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":8754,"href":"https:\/\/www.ub.edu\/las_nubes\/elnubarron\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/4992\/revisions\/8754"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.ub.edu\/las_nubes\/elnubarron\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=4992"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.ub.edu\/las_nubes\/elnubarron\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=4992"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.ub.edu\/las_nubes\/elnubarron\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=4992"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}