{"id":5350,"date":"2019-12-19T11:06:17","date_gmt":"2019-12-19T09:06:17","guid":{"rendered":"http:\/\/www.ub.edu\/las_nubes\/elnubarron\/?p=5350"},"modified":"2020-12-03T22:20:13","modified_gmt":"2020-12-03T20:20:13","slug":"lynch-literal","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.ub.edu\/las_nubes\/elnubarron\/2019\/12\/19\/lynch-literal\/","title":{"rendered":"LITERAL"},"content":{"rendered":"<p>Alguna vez observ\u00e9 que las dificultades de comprensi\u00f3n que plantean las anotaciones de Wittgenstein no devienen (solamente) de la complejidad de su pensamiento sino que son la consecuencia de que ninguno de sus escritos fue m\u00e1s all\u00e1 de ser un mero apunte y, en ocasiones, ni siquiera eso. Su escritura es coloquial, carece de cadencia o de estilo y no parece haber sido pensada como la exposici\u00f3n de nada. Las frases muchas veces est\u00e1n incompletas o son balbuceos que traducen constantes vacilaciones y divagaciones y reproducen sus idas y venidas sobre un asunto particular, o puntos de vista contradictorios que m\u00e1s adelante se supone que habr\u00e1 de resolver, o bien son escorzos: esto podr\u00edamos ponerlo as\u00ed, o as\u00e1, o quiz\u00e1s&#8230; Resulta curioso comprobar que los escritos \u201ceditados\u201d por sus albaceas intelectuales no se distinguen de los apuntes del pu\u00f1ado de alumnos que asist\u00edan a sus clases. Sus \u201clibros\u201d \u2013el <em>Tractatus<\/em> y las <em>Investigaciones filos\u00f3ficas<\/em>\u2013 son tan desordenados como los distintos repertorios de anotaciones que han ido public\u00e1ndose post-mortem (la <em>Philosophiche Grammatik<\/em>, las <em>Zettel<\/em>, las observaciones sobre los colores, etc.). Es in\u00fatil ponerle n\u00famero a los p\u00e1rrafos: esos bloques de palabras numerados se ordenan de acuerdo con una aritm\u00e9tica imposible. <\/p>\n<p>Es verdad que parte de su encanto tambi\u00e9n reside all\u00ed, en ese inmenso desorden argumentativo que sugiere al lector curioso la posibilidad de encontrar alg\u00fan matiz inesperado o algo que los incontables escoliastas que han hurgado en estos textos han pasado por alto; lo que no deja de ser sorprendente, porque lo habitual y previsible es que el lector \u2013aunque sea un torpe aficionado a la filosof\u00eda\u2013 en todo caso preferir\u00eda ser conducido por el autor a la soluci\u00f3n de un problema con la ayuda de alg\u00fan sentido en lugar de ir a tientas y quedar atrapado en <em>culs-de sac<\/em> conceptuales que, en algunos momentos, solo consiguen producirle perplejidad e irritaci\u00f3n. Cierto es tambi\u00e9n que Wittgenstein no es del todo culpable de este efecto. No sabemos si aprobar\u00eda ver publicados sus fragmentos. Lo m\u00e1s probable es que no, pues la verdad es que cuando los leemos tenemos la sensaci\u00f3n de estar revolviendo en un desv\u00e1n o \u2013peor\u2013 en un basurero.<\/p>\n<p>Creo que esta caracter\u00edstica de la escritura de Wittgenstein, adem\u00e1s de ser una limitaci\u00f3n intelectual suya, era la actuaci\u00f3n (<em>acting-out<\/em>) de la manera como \u00e9l mismo llegaba a concebir sus ideas y ocurrencias. Es decir, que esta escritura disl\u00e9xica ejemplifica la manera como Wittgenstein cre\u00eda que se generaba el sentido. Como es obvio, la m\u00eda es solamente una corazonada y no me atrever\u00eda a defenderla delante de los especialistas en la obra del fil\u00f3sofo vien\u00e9s, pero merece la pena que la anote aqu\u00ed. <\/p>\n<p>Por casualidad, mientras hojeaba las <em>Investigaciones<\/em> filos\u00f3ficas por un motivo que no viene al caso, el otro d\u00eda me pareci\u00f3 que all\u00ed estaba, si no una prueba, un indicio de que mi corazonada es consistente. En el par\u00e1grafo 652 de la primera parte, Wittgenstein sugiere (como de costumbre, <em>sugiere<\/em>, nunca <em>afirma<\/em>) c\u00f3mo es que llegamos a entender el significado de una proposici\u00f3n. <\/p>\n<p>Recordemos que el significado de un t\u00e9rmino, de acuerdo con una tesis suya universalmente admitida, est\u00e1 determinado exclusivamente por el uso de ese t\u00e9rmino. O sea que la inmensa mayor\u00eda de las palabras no significan nada m\u00e1s que aquello que los hablantes han querido dar a entender con ellas al usarlas. Por lo tanto, no aprendemos significados, sino que aprendemos a usar palabras con objeto de comunicarnos con los dem\u00e1s. O sea que, para entender una proposici\u00f3n, vale m\u00e1s saber c\u00f3mo se usa que aprender lo que sus t\u00e9rminos significan, lo que nos remitir\u00eda a otros tantos usos.<\/p>\n<p>Pero los usos est\u00e1n, por fuerza, dentro de juegos discursivos. Como es bien sabido, en las <em>Investigaciones<\/em> [&#8230;] introduce Wittgenstein el concepto de \u201cjuego de lenguaje\u201d, una idea bastante oscura e imprecisa. De acuerdo con ella, una ilocuci\u00f3n est\u00e1 relacionada con un estado de la mente, pero necesariamente a trav\u00e9s de un v\u00ednculo establecido por una regla. Como el juego y la regla del juego vienen a ser lo mismo, respetar la regla que establece el uso correcto de un t\u00e9rmino quiere decir lo mismo que jugar con \u00e9l. Naturalmente, esto supone que primero captamos el juego con su regla espec\u00edfica y despu\u00e9s el sentido de la proposici\u00f3n como estado del juego. En consecuencia, puede darse el caso que usemos la proposici\u00f3n sin saber a ciencia cierta a qu\u00e9 regla de juego se atiene; y ah\u00ed cabe encontrar un origen posible del error (sobre esto he hecho algunas observaciones pertinentes cfr. <a href=\"https:\/\/www.ub.edu\/las_nubes\/elnubarron\/2016\/02\/20\/lynch_el-error-radical\/\">El error radical<\/a>). Ahora bien, \u00bfc\u00f3mo se aprende la regla del juego? Comoquiera que sea, ese \u201caprendizaje\u201d viene a ser lo mismo que la comprensi\u00f3n; con algunos matices importantes a tener en cuenta. <\/p>\n<p>Consideremos el par\u00e1grafo 652 de las <em>Investigaciones<\/em> [&#8230;]. Wittgenstein no presenta all\u00ed una proposici\u00f3n directa sino la descripci\u00f3n de un hecho en una narraci\u00f3n:<\/p>\n<blockquote><p>\u201cLo midi\u00f3 con una mirada hostil y dijo&#8230;\u201d<\/p><\/blockquote>\n<p>Que la mirada haya sido hostil es una interpretaci\u00f3n del narrador, no una propiedad intr\u00ednseca de la mirada referida. Podr\u00eda darse \u2013piensa Wittgenstein, siempre tan paranoide\u2013 que esa \u201chostilidad\u201d fuera simulada y que los personajes involucrados fueran amigos. En tal caso la descripci\u00f3n, que presupone la interpretaci\u00f3n de un gesto, m\u00e1s que en una conjetura, est\u00e1 basada en algo mucho m\u00e1s fuerte y arriesgado: una adivinanza. \u201c\u00bfSer\u00e1 que la mirada ha sido hostil?\u201d, parece querer decir la frase del narrador. El sentido de esa mirada no est\u00e1 determinado sino que ha sido adivinado; y para que esa adivinanza sea efectiva, es necesario imaginar un contexto que la haga veros\u00edmil. En suma, los t\u00e9rminos de la proposici\u00f3n no tienen m\u00e1s sentido que lo que indica un estado de cosas, que es un contexto imaginario. <\/p>\n<p>\u00bfPero cu\u00e1l contexto? \u00bfEl de la mirada o el de la proposici\u00f3n que califica la mirada? Uno parece haber reducido al otro. Hemos de considerar, pues, solamente el contexto fijado por el juego de lenguaje en que est\u00e1 inscrita la proposici\u00f3n y no el que establece el sentido de la hostilidad. El lector puede imaginar muchas especies de hostilidad, pero si se trata de establecer una hostilidad literal, el \u00fanico juego de lenguaje v\u00e1lido es el que dicta la observaci\u00f3n del narrador.  Wittgenstein adelanta la siguiente \u201cconclusi\u00f3n\u201d al galimat\u00edas, entre doble par\u00e9ntesis y comillas (\u00bfpara resaltarla o para advertir que se trata de una cita?):<\/p>\n<blockquote><p>{{\u00abSi quieres entender la proposici\u00f3n, tienes que imaginarte el estado mental, los estados mentales.\u00bb}}<\/p><\/blockquote>\n<p>De nuevo, \u00bfa qu\u00e9 estado mental debemos referirnos con la imaginaci\u00f3n para entender la ilocuci\u00f3n del narrador? En el estado mental del narrador la especie de hostilidad aparece como indeterminada e indeterminable.<\/p>\n<p>Toda proposici\u00f3n del lenguaje encuentra su sentido (se hace inteligible) en el marco del juego de lenguaje que sus t\u00e9rminos hacen posible (o imaginable), pero ninguna proposici\u00f3n establece de forma clara cu\u00e1l es la regla de ese juego. Dicho con otras palabras, todo enunciado es literal en la medida en que esconde su literalidad o la disuelve en innumerables estados imaginables. De manera pues que la mayor dificultad que plantean los fragmentos de Wittgenstein es que, con mucha frecuencia, resulta imposible adivinar cu\u00e1l es el estado mental que dicta la regla de su enunciaci\u00f3n. O lo que es igual, que es imposible entenderlos literalmente. De esta manera, nunca sabremos si los hemos entendido o no.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Alguna vez observ\u00e9 que las dificultades de comprensi\u00f3n que plantean las anotaciones de Wittgenstein no devienen (solamente) de la complejidad&#8230;<\/p>\n","protected":false},"author":2,"featured_media":0,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-5350","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-losnubarrones"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.ub.edu\/las_nubes\/elnubarron\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/5350","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.ub.edu\/las_nubes\/elnubarron\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.ub.edu\/las_nubes\/elnubarron\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.ub.edu\/las_nubes\/elnubarron\/wp-json\/wp\/v2\/users\/2"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.ub.edu\/las_nubes\/elnubarron\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=5350"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/www.ub.edu\/las_nubes\/elnubarron\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/5350\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":5483,"href":"https:\/\/www.ub.edu\/las_nubes\/elnubarron\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/5350\/revisions\/5483"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.ub.edu\/las_nubes\/elnubarron\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=5350"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.ub.edu\/las_nubes\/elnubarron\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=5350"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.ub.edu\/las_nubes\/elnubarron\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=5350"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}