{"id":722,"date":"2011-07-11T14:25:15","date_gmt":"2011-07-11T14:25:15","guid":{"rendered":"http:\/\/lasnubes.p.ht\/elnubarron\/?p=722"},"modified":"2020-12-03T22:46:45","modified_gmt":"2020-12-03T20:46:45","slug":"lynch_el-objeto","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.ub.edu\/las_nubes\/elnubarron\/2011\/07\/11\/lynch_el-objeto\/","title":{"rendered":"EL OBJETO"},"content":{"rendered":"<p>En una observaci&oacute;n a prop&oacute;sito de la psicosis, Pepa Medina deja caer un comentario importante: advierte que el psic&oacute;tico, incapaz de ser sujeto, <em>s&oacute;lo puede ser objeto<\/em>. Al volver  sobre este inquietante comentario descubro que:<\/p>\n<p>a)  la imposibilidad de asumirse como sujeto &ndash;es decir, como agente, como responsable  o como v&eacute;rtice de una acci&oacute;n&ndash; hace al psic&oacute;tico incapaz, no s&oacute;lo de pensar, sino de <em>ser<\/em>. Su posici&oacute;n quebranta las condiciones fundamentales del <em>cogito<\/em> cartesiano. Piensa, pero no existe, porque no puede ser sujeto de nada. Sufre entonces no s&oacute;lo la angustia de no poder articular sus pensamientos sino el drama moderno descrito en la <em>boutade<\/em> de  Rimbaud (<em>Je est un autre<\/em>) en carne propia. Realiza as&iacute; la &quot;otredad&quot; en s&iacute; mismo, pero sin ninguna recompensa laureada. M&aacute;s que un otro po&eacute;tico, es un triste monigote.<\/p>\n<p>b) el psic&oacute;tico tiene un atisbo de la imposible experiencia de la muerte, &uacute;nica condici&oacute;n &ndash;para nosotros inimaginable&ndash; en la que se deviene objeto. En las contadas ocasiones en que es  capaz de asumir su locura cae, por lo tanto, presa de un horrible espanto.<\/p>\n<p>c) ser s&oacute;lo objeto de deseo, del deseo del otro, le impide la experiencia del desear en s&iacute; o la disemina en infinidad de peque&ntilde;os deseos dispersos, lo que explica la conducta confusa y desjerarquizada del psic&oacute;tico. Su propia condici&oacute;n, su identidad, siempre depende del deseo de que es objeto y que no puede ser asimilado.<\/p>\n<p>d) la condici&oacute;n de objeto inhibe de la experiencia de culpa, de ah&iacute; que para el psic&oacute;tico no haya nada inviable, vive en un mundo sin faltas. No hay  l&iacute;mite. Su cuerpo es  cuerpo invertido (copropagia, canibalismo, catatonia, vigilia absoluta). <\/p>\n<p>e)  en tanto que objeto puro, el psic&oacute;tico s&oacute;lo reconoce lo que hay como lo otro de s&iacute;, lo experimenta a la manera de un objeto entre otros objetos. Toda relaci&oacute;n con alguno que se aproxime a &eacute;l como   sujeto es sentida como avasalladora (l&oacute;gico, porque es lo que los sujetos hacemos todo el tiempo con nuestros objetos, intentar avasallarlos). La suya no es una  relaci&oacute;n sino un enlace en un solo sentido. Por tanto, todas sus pulsiones y sus actos son  vectores unidireccionales: de un objeto no se espera que produzca respuesta alguna. As&iacute; pues, el otro nunca existe para &eacute;l.<\/p>\n<p>f)  el psic&oacute;tico nunca entabla  relaci&oacute;n con los dem&aacute;s en sentido estricto sino que habita un mundo  en el que s&oacute;lo tiene lugar la mera colisi&oacute;n entre objetos que, como en la mesa de billar,  da lugar a innumerables figuras cuyo dise&ntilde;o est&aacute; siempre determinado por otro (Dios, el Destino, la Providencia, la Fatalidad, etc.). Sin la ilusi&oacute;n del orden de lo real (que siempre es hegemonizado por alg&uacute;n sujeto), el psic&oacute;tico vive en la contingencia absoluta. Es el perpetuo sobreviviente.<\/p>\n<p>Sin embargo, tiene conciencia. Bueno, en realidad, la suya es &uacute;nicamente autoconciencia. En tanto que objeto autoconciente, &iquest;puede decirse que es? S&iacute;, pero es lo m&aacute;s parecido &ndash;y esto, claro, es s&oacute;lo una conjetura&ndash; al ser de la conciencia de un fantasma.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>En una observaci&oacute;n a prop&oacute;sito de la psicosis, Pepa Medina deja caer un comentario importante: advierte que el psic&oacute;tico, incapaz&#8230;<\/p>\n","protected":false},"author":2,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-722","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-losnubarrones"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.ub.edu\/las_nubes\/elnubarron\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/722","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.ub.edu\/las_nubes\/elnubarron\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.ub.edu\/las_nubes\/elnubarron\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.ub.edu\/las_nubes\/elnubarron\/wp-json\/wp\/v2\/users\/2"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.ub.edu\/las_nubes\/elnubarron\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=722"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/www.ub.edu\/las_nubes\/elnubarron\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/722\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":6152,"href":"https:\/\/www.ub.edu\/las_nubes\/elnubarron\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/722\/revisions\/6152"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.ub.edu\/las_nubes\/elnubarron\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=722"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.ub.edu\/las_nubes\/elnubarron\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=722"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.ub.edu\/las_nubes\/elnubarron\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=722"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}